El islam es una religión que se extendió en la península ibérica desde el con la conquista omeya hasta su prohibición a mediados del por la Corona de Castilla y la expulsión de los moriscos en 1609. Por ello, el islam tuvo una presencia fundamental para la cultura (el arte, la arquitectura, el lenguaje), las ciencias y la historia de al-Ándalus y en numerosas cuestiones socioculturales de lo que finalmente se convirtió en España.

Según la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE), la población musulmana en España representa alrededor del 5 % del total, con más de 2,4 millones de personas. Sin embargo, la UCIDE considera musulmanas a todas las personas con origen en países tradicionalmente musulmanes, sin considerar a aquellas que se han secularizado o convertido a otras religiones. Mientras tanto, el Centro de Investigaciones Sociológicas, entrevistando directamente a la población, ha hallado consistentemente que la suma de todas las religiones no católicas en España (incluyendo al Islam, pero también a cristianos protestantes, evangélicos u ortodoxos) no supera el 3,5% en 2026.Centro de Investigaciones Sociológicas: , barómetro de marzo de 2026, pregunta 25, «¿Cómo se define Ud. en materia religiosa: católico/a practicante, católico/a no practicante, creyente de otra religión, agnóstico/a, indiferente o no creyente, o ateo/a?»

Aparte, aproximadamente el 45 % de los musulmanes en el país tienen nacionalidad española, mientras que el 55 % mantiene su nacionalidad de origen, principalmente marroquí (36 %).

El islam fue reconocido por el Estado español como religión de notorio arraigo en el año 1989 y se firmaron en 1992 los Acuerdos de Cooperación entre el Estado y la Comisión Islámica de España, órgano creado en 1992 para representar a las comunidades islámicas en el territorio español.

Las comunidades autónomas con mayor presencia musulmana son Cataluña, Andalucía, Madrid y la Comunidad Valenciana. Las cifras pueden variar según la fuente y la metodología utilizada para su cálculo.

Historia Al-Ándalus

Conquista Omeya de la península ibérica

miniaturadeimagen|derecha|El Patio de los Leones, una de las muestras icónicas del arte nazarí en la Alhambra de Granada.

Se conoce como Etapa Omeya de la península ibéricaCastro, A.: La realidad histórica de España. Porrúa, México, 1965, p. 175.Perspectivas de la Filosofía, hoy. Entrevista a Julián Marías. Lauand, J., en Notandum, Revista Semestral Internacional de Estudios Académicos, Año I N. 1 enero-junio 1998 y específicamente a la conquista árabe de Hispania,Roger Collins, La Conquista Árabe 710-794, Historia de España Ed. Crítica. al complejo proceso político y militar que a lo largo del explica la formación y consolidación del Emirato dependiente de Córdoba, así como la génesis de los principales reinos cristianos medievales peninsulares.Pérez, J.: "De los tiempos prehistóricos a la invasión musulmana". En Historia de España, Crítica, 2001, ISBN 84-8432-091-X

La conquista del reino visigodo por parte del Califato Omeya fue un proceso relativamente rápido, ya que en solo quince años se llegó a ocupar buena parte del actual territorio peninsular; desde el año 711 al 725, si bien lo que era el territorio peninsular del reino estaba completamente ocupado en el 720, tras diez años del inicio de la conquista. Dicha conquista, además de larga, requirió de constantes refuerzos militares, y de pactos con núcleos resistentes.

Aunque el proceso en total ocupó todo ese tiempo, la cronología no es exacta en cuanto a los años y las fechas, sino solo aproximada, pues las fuentes difieren entre sí, y los historiadores no se ponen de acuerdo. Hemos optado por una datación que siempre puede retrasarse en un año según qué historiador tomemos.

Además de estos años de conquista, hay que sumar los años anteriores que los árabes llevaban diseñándola, reconociendo el terreno, y preparando, al parecer, futuras alianzas. Lo largo de este proceso de conquista del reino visigodo se debe a varios motivos: lo escaso de las fuerzas musulmanas que los invadieron, las constantes luchas y levantamientos de sus aliados entre los visigodos, la orografía del territorio y la fuerte base de asentamiento social del anterior reino visigodo.

Sin embargo, la gran centralización política del reino, la inseguridad causada por bandas de esclavos fugitivos, el empobrecimiento de la hacienda real (especialmente durante el reinado de Witiza) y la pérdida de poder del rey frente a los nobles, fueron elementos que facilitaron la acción de los conquistadores.

Pero el factor quizás más importante fue la grave crisis demográfica del reino, que en los últimos veinticinco años había perdido más de un tercio de su población. Esto fue debido a las epidemias de peste y los años de sequía y hambre de finales del , especialmente durante el reinado de Ervigio; y que se repitieron también con gran dureza bajo el de Witiza, el antecesor de Rodrigo.

Además, existía una fractura política importante entre dos grandes clanes político-familiares godos en su lucha por el trono, y que llevaba varios decenios dividiendo políticamente el reino y generando constantes problemas. De una parte estaba el clan gentilicio de Wamba-Égica, al que perteneció o al que estaba vinculado Witiza, y de otra el clan de Chindasvinto-Recesvinto, al que pertenecía Rodrigo. Esta situación dividió al estamento aristocrático-militar en dos facciones cada vez más irreconciliables; hasta el punto de considerar alguna historiografía a los witizanos como instigadores e incluso aliados, explícitos u oportunistas, de los conquistadores.

Los conquistadores árabes también contaron con el apoyo de parte de la población judía, muy numerosa en la Bética, en la Galia Narbonense, y en toda la cuenca mediterránea. Estaba presente principalmente en los centros urbanos, destacando, entre otras, las comunidades de Narbona, Tarragona, Tortosa, Sagunto, Elche, Lucena, Elvira, Córdoba, Mérida, Zaragoza, Sevilla y de la capital, Toledo.

La ayuda que los judíos prestaron a los conquistadores se debió a que aquellos, en su mayoría conversos forzados pero fingidos, eran reiteradamente hostigados por la legislación visigoda (con algunas excepciones, como bajo los reyes Witerico y Suintila, y contra el criterio de obispos como San Isidoro, que los defendía). Y sabían, por lo que había ocurrido en el norte de África, que mejoraría su situación al recibir de los gobernantes árabes el mismo estatus que la población cristiana.

Pero además de los judíos étnicamente puros de la diáspora, en el norte de África había bereberes que profesaban el judaísmo por proselitismo y mestizaje, muchos de los cuales dieron apoyo a los árabes en su conquista, y se unieron a ellos (como muchos bereberes cristianos) por lazos de clientela.

Finalmente, las divisiones dinásticas internas entre los nobles visigodos sobre la sucesión de Witiza facilitaron aún más el desarrollo de la conquista.

De acuerdo con las fuentes conservadas, la conquista de la península por los musulmanes habría tenido lugar el año 711, una vez concluida la conquista militar musulmana de la mayor parte del norte de África, aprovechando de ella la arabización de los bereberes, a los que se acaba enrolando en el ejército para la próxima conquista, la península.

En aquel momento en el reino visigodo Roderic (conocido más tarde como Rodrigo) estaba luchando contra el hijo del antiguo rey Witiza, Agila II, y por tanto, el legítimo heredero. Rodrigo sería posiblemente en estos momentos un dux de la Bética mientras que Agila, asociado al trono, sería el dux de la Tarraconense.

En la primavera de 711 una expedición formada por unos 9000 hombres y mandada por Táriq Ibn Ziyad, gobernador de Tánger, entró en la península sin el conocimiento de Musa ibn Nusair, el gobernador árabe en Ifriqiyya, Túnez. Esta expedición surcaría el estrecho el 27 de abril de 711 y conquistaría Algeciras, donde Tariq aumentó el número de hombres y desde donde se enfrentó a Don Rodrigo el 19 de julio de 711, en la batalla de Guadalete, llamada así porque tradicionalmente se localizó junto al río Guadalete, aunque los últimos estudios la sitúan a orillas del río Guadarranque. Un año más tarde, y al saber la noticia, Musa cruzaría el estrecho para controlar las conquistas bereberes y del Imperio árabe.

En el año 711 caía la ciudad de Córdoba, al igual que la zona del estrecho de Gibraltar, la comarca de Córdoba, y la ruta hasta Toledo, con las retaguardias de Sevilla y Mérida, de donde podía proceder el peligro.

No obstante, los hechos se desarrollaron mejor de lo que Musa podía esperar. Las ciudades de Medina Sidonia, Carmona y Sevilla les recibieron casi sin lucha, se dice porque los partidarios de Rodrigo habían huido y predominaban los de Witiza o cuando menos los neutrales, pero probablemente fueron grupos hispanorromanos descontentos con el gobierno visigodo, quienes los recibían como a un pueblo civilizado y en cierto modo como una manera de cambiar el gobierno. Los partidarios de Rodrigo se concentraron en Mérida. Musa sitió la ciudad que resistió a los embates enemigos. Dieciséis meses necesitó para tomar la ciudad, que capituló el 30 de junio del 713. A la vez fueron tomados otros territorios, especialmente en el sudeste, como el Reino de Tudmir (Murcia, Alicante y otras comarcas de Andalucía y Albacete) gobernada por el duque visigodo Teodomiro, en este caso, por el hijo de Musa, Abd al-Aziz.

En este momento los musulmanes dominaban la Bética, una parte de Lusitania, parte de la Cartaginense y la Tarraconense Occidental. Es probable que durante el sitio de Mérida, Musa concertase acuerdos con los nobles godos de las ciudades, a los que garantizaba su mantenimiento en el poder, sus bienes y su religión, a cambio de que reconocieran la soberanía del califa. Los magnates godos que firmaron los tratados se obligaban a ser fieles y sinceros con el wali de Hispania (éste era el título que se arrogaba Musa), a no conspirar con sus enemigos, a pagar un tributo anual por cada uno de sus súbditos cristianos; a cambio les serían respetados sus dominios y la libertad de sus súbditos, los cuales no podrían ser violentados en su religión, ni quemadas sus iglesias. Estos acuerdos se extendieron también a los magnates que, aun sin el título de conde, gobernaban de hecho sobre extensos territorios en los que no había ninguna ciudad importante, y a algunos duques, a todos los cuales debieron entregarse las propiedades de los magnates partidarios de Rodrigo. Una parte de las tierras reales visigodas, que eran muy extensas, serían entregadas a los participantes en las expediciones (los que ya estaban en Hispania y los que llegaran en el futuro), excepto una quinta parte que quedaría para el califa.

Musa no estableció ninguna modificación en los impuestos, los cuales seguirían recaudándose en igual forma que hasta entonces, pero su importe pasaría a poder del wali árabe de Hispania, el cual remitiría un quinto de su importe al Califa. Las convenciones mejoraban la posición de la nobleza, que además de mantener sus posesiones, con seguridad lograrían sin duda evitar algunos impuestos. Se cree que a los humildes se les rebajaron los impuestos, lo que provocó una mejora de su situación y la legislación antijudía desapareció.