Ana Pauker (nacida como Hannah Rabinsohn; Codăești, 13 de diciembre de 1893-Bucarest, 14 de junio de 1960) fue una política rumana, que desempeñó el cargo de ministra de Asuntos Exteriores a finales de los años 1940 y principios de los años 1950. Fue la líder oficiosa del Partido Comunista Rumano después de la Segunda Guerra Mundial.
Infancia y juventud Ana nació el 13 de diciembre de 1893 en una mísera familia judía de Codăești, distrito de Vaslui, en la región de Moldavia. En esa aldea residían sus abuelos, pero sus padres se mudaron a la capital rumana, Bucarest, a finales de siglo, como muchos otros judíos rumanos. Estos, Hersh Kaufman Rabinsohn y Sarah Rabinsohn, pertenecían a la gran masa de judíos pobres que formaban el grueso de la comunidad judía capitalina, la mayor del país. El padre, hombre ultrarreligioso y severo, se ganaba la vida como carnicero y empleado de una de las treinta sinagogas de Bucarest, pero la familia en realidad malvivía de los escasos ingresos de la madre. La pareja tuvo seis vástagos, pero dos fallecieron en la infancia. La figura principal de la familia era el abuelo paterno de Ana, un rabino culto e inteligente al que la niña estaba muy unida y que había sido quien le había dado el nombre, por las diversas figuras de la tradición judía, a las que esperaba la nieta que emulase en importancia. Con siete años. dominaba ya los escritos religiosos más complejos, gracias a la instrucción del abuelo paterno, que insistió en que la niña, muy inteligente, asistiese a una escuela en la capital: tradicionalmente, solo los varones recibían formación en las escuelas judías. El abuelo, en general tradicionalista, se enfrentó a su hijo para que la joven Ana fuese a la escuela. Así, Ana logró cursar la enseñanza primaria en la escuela askenazí de la principal sinagoga de Bucarest, una de las dos con las que contaban la comunidad askenazí. En 1905, habiendo acabado los estudios primarios la primera de su clase y pese a desear continuar formándose, tuvo que ponerse a trabajar de costurera, pues la familia no podía costearle más educación.
Gracias al apoyo de un destacado rabino de Bucarest, logró recibir formación en la única escuela profesional judía de la ciudad, pero, al terminar estos estudios en 1909, nuevamente tuvo que volver a la costura por falta de medios económicos para continuar formándose, pese al ánimo de sus profesores. Sin embargo, en 1910 o 1911, tras haber aprobado ciertos exámenes de hebreo y religión, pudo emplearse como profesora de primer curso en la escuela en la que ella misma había estudiado, la Fraternitatea Zion. Pese a haber podido asistir a la escuela tan solo ocho años, Ana recibió más educación reglada que la gran mayoría de las mujeres judías del este europeo de la época, en el que aquella se reservaba en general a los varones. Tanto la pobreza como la discriminación oficial de la población judía le impidieron seguir formándose.
Socialista: guerra mundial y posguerra Sin romper los lazos con la comunidad judía —colaboró en la gestión de un albergue para niños judíos pobres fundado en la capital y en 1918 se unió las brigadas de defensa que trataban de evitar pogromos—, en 1915 se hizo socialista. La influyó en este paso su colega y amante de entonces, el también maestro Henry Steinberg. La atracción de Ana por el internacionalismo revolucionario era típico de muchas judías pobres de la época en Europa oriental. Durante casi dos años más después de afiliarse al Partido Obrero Socialdemócrata Rumano, siguió trabajando de profesora, primero de enseñanza primaria y luego en la escuela profesional en la que ella misma se había formado. Su conciencia política, que se oponía a inculcar religión a los alumnos y le llevó a enseñarles canciones revolucionarias, hizo que finalmente fuese despedida. Pasó entonces a trabajar de profesora particular en familias acomodadas, al tiempo que mantenía su afiliación al partido, que fue proscrito en 1916 cuando Rumanía entró en guerra. El partido, diminuto y baladí en la política nacional, dependiente del escaso proletariado urbano y de las minorías, se dividió en dos fracciones, moderada y radical, por la guerra y la Revolución rusa.
Conoció a su esposo, Marcel Pauker, de origen judío pero casi completamente asimilado a la cultura rumana, en 1918. Por entonces, en la posguerra mundial, la situación rumana era revolucionaria y las huelgas se multiplicaron; pese a que Ana participó en algunas de las actividades clandestinas de los socialistas radicales, se centró en mejorar su educación. Así, después de ahorrar durante varios meses, en septiembre de 1919 partió a Suiza para cursar la enseñanza secundaria que le debía permitir, al volver a Rumanía, estudiar medicina. Marcel Pauker se encontraba ya en el país alpino, en Zúrich, mientras que Ana se instaló en Ginebra. Alejada de la actividad socialista y concentrada en sus estudios, tuvo que ponerse a trabajar en una fábrica para cubrir sus gastos; mientras se hallaba en Suiza se suicidó uno de sus hermanos, que le había ayudado a realizar el viaje. Finalmente tuvo que abandonar los estudios; marchó a Zúrich donde se casó con Marcel a comienzos de 1921. Juntos regresaron a Rumanía en el verano de ese año.
Primeras actividades en el partido y exilio El partido se había dividido en mayo de ese año: la mayoría del congreso celebrado ese mes optó por ingresar en la Comintern y formar un nuevo partido, el Partido Socialcomunista de Rumanía —luego Partido Comunista de Rumanía—. La detención de los delegados que habían votado a favor de la Tercera Internacional allanó el ascenso de los Pauker en la jerarquía de la nueva formación política.
Mientras su hermano menor era sionista ella optó por el comunismo, incluyéndose a la facción probolchevique del grupo que tomó el control del Partido Socialista de Rumanía en el Congreso de 12 de mayo de 1921 y se unió al Comintern bajo el nombre de Partido Social-Comunista (futuro Partido Comunista de Rumanía). Ella y su marido, Marcel Pauker, se hicieron miembros destacados.
Mientras que Marcel ingresó inmediatamente la dirección del partido, Ana quedó relegada a tareas menos importantes: presidió la Comisión Central Femenina —organización adjunta al partido—, organizó varias células comunistas y participó en la actividad sindical de varias fábricas. En octubre de 1922 participó en el segundo congreso, clandestino, del partido, celebrado en Ploiești y en noviembre marchó a la URSS a asistir al cuarto congreso de la Comintern que iba a tener lugar en Moscú. Siguió enfrascada en actividades de los grupos femeninos del partido e ingresó en la junta editorial del PCR, Socialismul. En 1923 ingresó, junto con su marido, en el comité comunista de Bucarest y organizó una huelga de mil seiscientos trabajadores antes de participar en el congreso sindical de Cluj en el otoño. Nombrada secretaria del comité central Socorro Rojo Internacional, fue arrestada por ello en noviembre. Pasó cuatro meses encarcelada en espera de juicio; como este no se celebraba, finalmente se la liberó. El juicio se celebró por fin en 1928, cuando ya no se hallaba en el país, y se la condenó a veinte años de cárcel. En 1924 fue detenida de nuevo, junto con otros ochocientos correligionarios, en una operación policial contra el partido, que había sido proscrito por las autoridades. Fue puesta en libertad tras llevar a cabo dos huelgas de hambre, tras cinco meses de encarcelamiento.
La vida personal no trajo alegrías: en diciembre de 1921 tuvo un hijo, Tanio, pero, como Marcel había sido despedido de su puesto de ingeniero por comunista y rechazaba la ayuda financiera paterna, Ana tuvo que ponerse a trabajar, aunque esto no sacó a la familia de la miseria. El niño murió de disentería en julio de 1922.
Tanto ella como su marido se opusieron a la posición de la dirección comunista de mediados de la década de 1920, que favorecía la cesión de Besarabia a la URSS. Incapaz de encontrar trabajo al salir de la cárcel a mediados de 1925, montó su propio taller de costura y participó en el sindicato local de sastres, por lo que las autoridades la detuvieron de nuevo brevemente. Por las desavenencias con la dirección y porque se hallaba de nuevo embarazada, el partido le permitió salir del país para dar a luz y unirse con su esposo, hospitalizado en Praga con escarlatina en febrero de 1926. A continuación, le ordenó que no regresase, pues se esperaba que la arrestasen si volvía a Rumanía. Estuvo en Berlín varios meses en 1926 antes de pasar a París y a Viena en julio de 1927; trató en vano de obtener permiso de la dirección comunista para retornar a Rumanía. En el cuarto congreso del PCR celebrado a finales de junio y principios de julio de 1928, Marcel Pauker acaudilló a los opositores a la línea de la dirección del partido, que contaba con el respaldo del Comintern.
Ascenso en el partido Tras varios intentos fallidos por ingresar en la Escuela Internacional Lenin de Moscú, que fracasaron por al oposición de la jefatura del PCR, Ana viajó por su cuenta a la capital soviética a principios de 1928, en teoría por vacaciones con su esposo. Sin embargo, gracias a la intercesión de Klara Zetkin, con la que había trabajado en el Socorro Rojo, pudo finalmente ingresar en el centro, primero como oyente y luego como alumna, con el beneplácito de la nueva dirección del PCR que sustituyó a la anterior en el verano de ese año. Ana pudo cursar el programa de tres años reservado a dirigentes veteranos de los partidos comunistas y miembros de sus comités centrales, en el que pronto destacó. Pronto se le encomendaron tareas que solo solían desempeñar los alumnos más veteranos: en diciembre se la envió a París durante un mes para hacer un informe sobre el Partido Comunista Francés (PCF) y luego encabezó una delegación a la República Autónoma Socialista Soviética de los Alemanes del Volga para ayudar en la colectivización. Sin tener que cursar el tercer y último año de formación, se la asignó a la secretaría latina de la Comintern. En los meses que trabajó en la secretaría, que supervisaba el trabajo de los partidos comunistas francés, italiano, portugués y español, forjó una duradera amistad con su jefe, Dmitri Manuilski.
Manuilski la envió a Francia en el otoño de 1930 de organizadora y representante de la Comintern; pasó allí los siguientes dos años. Durante su estancia en Francia, tuvo una relación con el instructor principal de la Comintern Eugen Fried, hombre inteligente y carismático encargado de la estalinización del PCF, y de vuelta en Moscú dio a luz una hija, Marie. Marcel había tenido otra relación de la que tuvo un hijo en 1931. De los tres hijos de Ana, Vlad (nacido en 1925), Tatiana (1928) y Marie (1932), los dos primeros vivían en un centro del Socorro Rojo debido a la actividad de su madre y la tercera quedó a cargo de la esposa del antiguo secretario general del PCF Maurice Thorez, Aurore, que en 1933 la llevó a Francia.
Entre 1932 y 1934 trabajó en la central del Comintern. Se desconocen con exactitud sus actividades, pero parece que viajó varias veces clandestinamente a Rumanía en 1932 y 1933 antes de regresar finalmente a su patria en 1934, probablemente para colaborar en la formación de un frente popular, tarea en la que tuvo de cooperar con su marido, que por entonces dirigía la prensa del PCR.
Nuevo periodo en la cárcel