thumb|300px|Entrada de Roger de Flor en Constantinopla, de José Moreno Carbonero. 1888. (Palacio del Senado de España). La Gran Compañía catalana (Exercitus francorum,1305: Sigillum felicis exerciti Francorum in Romaniae parte comorantis Societas exercitus catalanorum,1312: Societatis exercitus catalanorum, Archivo Vaticano, Carta de Clemente V, del 2 de mayo del 1312 Societas cathalanorum,1312: Societatis cathalanorum commorantium in partibus Romanie, Archivo Vaticano, Carta de Clemente V, del 2 de mayo del 1312 (C.L. Bolea; Almugávares, pag. 150 Magna Societas Catalanorum)1321: documento fechado el 6 de octubre de 1321 (G.M. Monti; Nuovi Studi Angioini, pag.614) o de almogávares fue una compañía de mercenarios liderada por Roger de Flor a comienzos del y contratada por el emperador bizantino Andrónico II Paleólogo para combatir el creciente poder de los turcos otomanos en Anatolia. Estuvo formada por almogávares aragoneses, catalanes y valencianos veteranos de la Guerra de Sicilia principalmente, aunque entre sus filas contaban con gentes de orígenes diversos como navarros, teniendo al líder Corberan d'Alet de ejemplo, los cuales habían quedado desocupados tras la firma en 1302 de la Paz de Caltabellotta entre la Corona de Aragón y la dinastía francesa de los Anjou.
Llegada a Constantinopla. Masacre de los genoveses La Gran Compañía partió de Mesina con treinta y seis naves (entre ellas dieciocho galeras) y transportes con un total de ocho mil hombres (mil quinientos caballeros, cuatro mil almogávares y un número indeterminado de criados y personal auxiliar). Las cifras exactas son motivo de disputa, pues aunque el dato aportado por Ramón Muntaner es dado por bueno por los historiadores Francisco de Moncada y Jorge Paquimeres, Nicéforo Grégoras da una cifra total de tan solo mil hombres.
Tras una breve escala en Monemvasia, la Gran Compañía arribó a Constantinopla en enero de 1303, donde fue recibida por el Emperador y alojada en el barrio de Blanquerna. Roger de Flor contrajo allí matrimonio con la princesa de quince años María Asanina, hija del zar de Bulgaria Iván Asen III y la hermana de Andrónico Irene Paleóloga, adquiriendo así el título de Gran Duque.
La llegada de este nuevo contingente mercenario convulsionó el equilibrio de poderes que sostenía al Imperio bizantino; en especial irritó a los genoveses, que vieron la llegada de los aragoneses como una intromisión de la Casa de Aragón en el área de influencia de la República de Génova: el Mediterráneo oriental y el Imperio bizantino. El conflicto armado no tardó en desencadenarse, resultando muertos en la confrontación unos tres mil genoveses (incluido su capitán Roseo del Final) en lo que fue llamada Masacre de los genoveses (septiembre de 1303).
Campañas en Anatolia
Batalla del río Cízico (1303)
Tras estos incidentes y la reciente derrota de los bizantinos en la batalla de Bafea, el emperador ordenó a Roger de Flor trasladar lo antes posible a sus almogávares al frente de batalla en Anatolia. Así, comandada la marina por el almirante aragonés Ferran de Ahonés, las tropas de Roger de Flor desembarcaron en el cabo de Artacio, cerca de las ruinas de la antigua Cízico, y muy pronto consiguieron una gran victoria frente a los turcos del Emirato de Karesi en la denominada batalla del río Cízico (octubre de 1303). Más que una batalla se trató de una nueva masacre: los almogávares atacaron por sorpresa el campamento de turcos oghuz situado en el cabo de Artacio, matando a unos tres mil caballeros y diez mil infantes y capturando a muchas mujeres y niños. Tras esta victoria, Roger de Flor decidió posponer su marcha sobre Filadelfia y pasó el invierno en el cabo de Artacio, posición que contaba con buenas defensas y un fácil abastecimiento. Durante este periodo Ferran Jiménez de Arenós abandonó temporalmente la compañía por desavenencias con Roger de Flor, poniéndose al servicio del duque de Atenas. Roger de Flor, por su parte, aprovechó la espera para viajar con su mujer a Constantinopla con cuatro galeras, reclamar la paga al Emperador y planificar con él las próximas campañas. Andrónico II pagó holgadamente a Roger de Flor y le encomendó la liberación de Filadelfia.
A su vuelta a Cízico, Roger de Flor encontró que sus tropas, siempre indisciplinadas, habían gastado ya el doble o triple de sus pagas y se habían dado al pillaje (cuentan los historiadores griegos que la región de Cízico se encontraba devastada por los saqueos de los almogávares, hasta tal punto que la hermana del emperador Andrónico hubo de acudir a la ciudad para exhortar a Roger la salida inmediata de sus tropas a Filadelfia). Roger de Flor resolvió perdonar las deudas de sus soldados y darles su paga correspondiente.
Batalla de Germe
La campaña de 1304 se inició con un mes de retraso debido a continuas disputas entre almogávares y alanos, que provocaron trescientos muertos en el bando de los segundos. Al fin, a primeros de mayo, Roger de Flor comenzó la campaña con seis mil almogávares y mil alanos con el objetivo de liberar Filadelfia, que en esos momentos sufría el asedio de Yakup bin Ali Şir, gobernador del poderoso Emirato de Germiyan-oğhlu. Transcurridos unos días, los almogávares llegaron a la ciudad bizantina de Achyraus y descendieron por el valle del río Kaikos hasta llegar a la ciudad de Germe, plaza fuerte bizantina que había caído en manos de los turcos. Los turcos que allí se encontraban trataron de huir a toda velocidad, pero su retaguardia fue masacrada por las tropas de Roger de Flor en la batalla de Germe.
Batalla de Aulax y liberación de Filadelfia
Tras la victoria en Germe, la Compañía reanuda su marcha atravesando Chliara y Tiatira, internándose en el valle del río Hermos con dirección a Filadelfia. Por el camino se detienen en diversas plazas, comportándose con dureza con los gobernadores bizantinos por su falta de valor. Roger de Flor planeó incluso ahorcar a algunos de ellos, habiéndonos llegado el nombre del capitán búlgaro Sausi Crisanislao que finalmente logró el perdón.
Al enterarse de la inminente llegada de la Gran Compañía, el bey Yakup bin Ali Şir, cabeza de la coalición de las tropas turcas de los emiratos de Germiyan-oğhlu y Aydın-oğhlu, decide levantar el sitio sobre Filadelfia y enfrentarse a la Gran Compañía en un campo de batalla propicio, con ocho mil caballeros y doce mil infantes.
Roger de Flor se puso al mando de la caballería, dividiéndola en tres contingentes con criterio étnicoPachymeres, Georgius. De Michaele et Andronico Palæologis libri tredecim (en griego y latín). Editado por Weber, 1835, 1308. (los hombres a caballo de la Compañía, luego los alanos, y finalmente los griegos), mientras Corbarán de Alet haría lo propio con la infantería, obteniendo una gran victoria sobre los turcos en la batalla de Aulax, donde tan sólo lograron escapar con vida quinientos infantes y mil caballeros. Tras esta batalla Roger de Flor entró triunfalmente en Filadelfia, siendo recibido por sus magistrados y por el obispo Teolepto.
Habiendo cumplido ya la misión principal encomendada por el emperador, Roger de Flor decidió consolidar la defensa de Filadelfia conquistando las fortalezas próximas que habían caído en manos de los turcos. Así, los almogávares marcharon al norte hacia la fortaleza de Kula, provocando la huida de los turcos que allí se encontraban. La guarnición griega de Kula recibió a Roger de Flor como un liberador, pero este, no entendiendo cómo una fortaleza aparentemente inexpugnable había caído en manos de los turcos sin presentar batalla, decapitó al gobernador y condenó a la horca al comandante. La misma dureza fue aplicada cuando, días más tarde, los almogávares tomaron la fortaleza de Furnes, situada aún más al norte. Tras esto, Roger de Flor regresó con sus tropas a Filadelfia para reclamar el pago de sus contribuciones de guerra.
Ocupación de Magnesia
Los capitanes de la Compañía resolvieron entonces atacar las provincias marítimas de los otomanos. Así, desde Filadelfia la Compañía retrocedió por el valle del río Hermos y entró en la prefectura de la ciudad de Magnesia del Sipilos, el único territorio de Anatolia que permanecía bajo control de los bizantinos. Magnesia del Sipilos contaba con unas sólidas murallas y se encontraba a pocos kilómetros de la isla de Quíos, donde estaba anclada la flota de la Compañía a las órdenes de Fernando de Ahones. Dadas las circunstancias, Roger de Flor decide ocupar la ciudad bizantina para establecerla como cuartel general, trasladar allí el botín de guerra y acantonar a sus tropas. Para los griegos, Roger de Flor comenzaba a actuar no tanto como un mercenario o caudillo militar, sino como el gobernador de toda Anatolia, granjeándose así la enemistad del prefecto Nostongos Ducas y el gobernador de la ciudad de Magnesia, Demetrios Ataliota. Nostongo Ducas viajó a Constantinopla para denunciar los hechos ante el emperador, causando consternación en la capital.
Batalla de Tira
Tras dejar el botín y una pequeña guarnición de almogávares en Magnesia, las tropas de Roger de Flor llegaron a la ciudad de Nif, recibiendo allí la petición de auxilio de dos habitantes de Tira. En efecto, las tropas otomanas supervivientes de la batalla de Aulax unidas a las del Emirato de Menteşe-oğhlu habían comenzado un ataque conjunto sobre Tira. Roger de Flor apartó entonces a la mitad de sus tropas y ordenó a la otra mitad que regresase a Magnesia del Sipilos. Las tropas a las órdenes de Roger de Flor iniciaron una marcha a gran velocidad llegando a las murallas de Tira en plena noche, desde donde entraron en la ciudad sin que los turcos descubrieran su presencia. La denominada batalla de Tira comenzó a la mañana siguiente, cuando los turcos se agruparon en una llanura cercana a la ciudad para preparar el asalto, confiados en encontrar en Tira sólo una pequeña guarnición de soldados griegos.
Ya dentro de Tira, Roger de Flor ordenó a su senescal Corberan d'Alet que preparase un destacamento formado por doscientos hombres a caballo y dos mil almogávares. Cuando los turcos se aproximaron a las murallas, las tropas acaudilladas por Corberan d'Alet salieron violentamente de la ciudad y embistieron a las aterrorizadas tropas otomanas, que en poco tiempo sufrieron la pérdida de setecientos hombres a caballo y de aún más soldados de infantería. Presos del pánico, el resto de los turcos a caballo emprendieron la huida hacia las montañas mientras eran perseguidos por la caballería almogávar.
Corberan d'Alet decidió mantener la persecución contra los turcos en retirada cuando estos comenzaron a trepar por las montañas, para lo cual ordenó desmontar a sus caballeros y proseguir la ascensión. En respuesta, los turcos hostigaron a los almogávares lanzando piedras y disparando flechas, una de las cuales dio muerte a Corberan d'Alet impactando en su cabeza, pues justo en aquel momento se había quitado su casco. Las tropas almogávares, conmocionadas por la muerte del senescal de la Compañía, interrumpieron la persecución y se replegaron a Tira portando el cadáver de Corberan d'Alet, permitiendo así la huida de los turcos supervivientes.
Cuando las tropas volvieron a Tira, informaron inmediatamente a Roger de Flor de la muerte de su senescal, ordenando aquel que Corberan d'Alet fuese enterrado con todos los honores en la Iglesia de San Jorge, situada a dos leguas de la ciudad de Tira, y que su sepulcro fuese bellamente decorado. La Compañía permaneció acantonada ocho días más en Tira.
Llegada de Bernat de Rocafort