El cementerio de Darwin es un cementerio militar de las islas Malvinas que fue construido y habilitado por el Reino Unido para sepultar a combatientes de Argentina que murieron en la guerra de las Malvinas en 1982.
Se encuentra localizado a dos kilómetros de Puerto Darwin en la isla Soledad y a 88 kilómetros de la localidad de Puerto Argentino/Stanley, con la cual enlaza a través de un camino de ripio.
Del total de 649 argentinos que murieron en el conflicto, 237 de ellos fueron enterrados en este cementerio, de los cuales menos de diez se encuentran sin identificar. Todos ellos fueron declarados por la Argentina como «Héroes nacionales» a través de la Ley Nacional 24 950 de 1998.
Historia
El cementerio sirvió inicialmente para el entierro de los 47 efectivos que murieron en la cercana batalla de Pradera del Ganso, librada entre el 27 y 29 de mayo en el istmo de Darwin. Al finalizar el conflicto, las autoridades militares británicas identificaron e inhumaron en el cementerio a 218 soldados argentinos más, algunos de los cuales se encontraban en tumbas colectivas y antiguos campos de batalla en distintos puntos del archipiélago. Las tareas fueron llevadas a cabo por la Commonwealth War Graves Commission, bajo supervisión del Comité Internacional de la Cruz Roja.
Después del conflicto el Reino Unido se ofreció a enviar los cuerpos al territorio continental argentino, pero los familiares de los caídos se negaron argumentando que «no hay nada que repatriar, porque están en su patria», reivindicando el reclamo argentino sobre las islas. (en inglés) (16 de julio de 2008). Consultado el 21 de agosto de 2014. (en inglés)
Todos fueron enterrados individualmente con todos los honores militares y una sola misa cristiana. La construcción y organización del sitio fue llevada a cabo por el coronel británico Geoffrey Cardozo. La labor del coronel fue fundamental para la posterior identificación de los cuerpos, ya que decidió recubrirlos con tres bolsas plásticas e incluir una nota con el nombre del lugar donde habían sido encontrados los restos, además de los efectos personales que se encontraban cerca de cada cuerpo. Posteriormente, escribió un informe con sus hallazgos para el Gobierno Británico, quien se lo envió a la Cruz Roja y esta, posteriormente, al gobierno argentino, quien nunca lo difundió entre los familiares de los caídos. Además, solicitaba a las autoridades argentinas que enviasen un grupo para reconocer los restos. En muchas oportunidades, el gobierno ubicó a los soldados argentinos como víctimas, siendo el victimario la dictadura militar, y dejando a los británicos fuera de la discusión.
Una de las posiciones es aquella que argumenta que los caídos en Malvinas fueron víctimas de la dictadura y del proceso militar. Se sumó a esto la “victimización” de los conscriptos, donde los obligaban a llevar armas. Como consecuencia, fueron un recuerdo vivo de la derrota para la sociedad. De igual manera que se dio el olvido hacia los militares, se silenció totalmente la presencia de las enfermeras que asistieron a los heridos.
Los veteranos de guerra rechazan la “victimización” y nombran a la “desmalvinización” como políticas de Estado que apoyaron los gobiernos sucesivos.
Los cuerpos de tres pilotos argentinos hallados después del final de la guerra conflicto, fueron enterrados también allí. El capitán Jorge Osvaldo García salió expulsado con éxito de su Skyhawk después de ser derribado por un misil tierra-aire Sea Dart el 25 de mayo de 1982, pero su cuerpo no fue recuperado del agua. Al año siguiente fue encontrado y llevado a la isla Golding y luego al cementerio de Darwin. El teniente Giménez, fue piloto de un Pucará y su cuerpo no fue encontrado sino hasta 1986. A su entierro asistieron sus familiares, quienes fueron los primeros parientes de los soldados argentinos en visitar las islas tras la guerra, en el año 1991, 9 años después de que la guerra ya había finalizado. Todavía se desconocía la identidad de muchos soldados, lo que significó que muchas familias no pudieron encontrar a quien estaban buscando. Por esta razón, se decidió que cada familia adoptaría una de las 123 tumbas sin identificación, para rendir tributo a su hijo, aunque no tuviese certeza de que yacía en ella. Eligieron un soldado por el que rezarían y a quien le llevarían flores. De hecho, las familias fueron quienes impulsaron el proyecto de identificación que se llevó a cabo en 2017.
El tercer piloto argentino fue el teniente Jorge Casco, cuyos restos se encontraron en 1999 cerca de la Isla de los Arrecifes. Estos no pudieron ser reconocidos, ya que no se encontraron sus placas identificatorias, y recién en julio de 2008, cuando fueron entregados a la Argentina, se los pudo enviar al Banco Nacional Genético del Hospital Durand, donde luego de realizar las pruebas de ADN se confirmó su identidad. Fue enterrado con honores militares en el cementerio el 7 de marzo de 2009, tras un pedido de los familiares.
200px|thumb|right|Cementerio de Darwin en 2008. Desde la declaración conjunta de Argentina y el Reino Unido del 14 de julio de 1999, hecha por los ministros de exteriores Guido Di Tella y Robin Cook, los familiares de los fallecidos son responsables del mantenimiento del cementerio. El acuerdo también permitió los viajes de dichos familiares a las islas y la construcción de un monumento a los caídos.
En marzo de 2002, el monumento fue aprobado por el gobierno británico de las islas luego de varias modificaciones de tamaño. La Asamblea Legislativa de las Islas Malvinas había rechazado la propuesta de la Comisión de Familiares de los Caídos en tres ocasiones. Los diseños propuestos habían sido objetados por su tamaño (ya que la cruz y los muros les parecían a los malvinenses «demasiado altos») y la posibilidad de construir una capilla pequeña junto a las tumbas, rechazada. Posteriormente, la cruz del monumento se redujo a la mitad, como así también los muros, las placas con los nombres de los combatientes muertos y la imagen de la Virgen de Luján. Además, se aceptó que los nombres de los enterrados no contuvieran ninguna inscripción que identifique la fuerza operada en 1982 ni el rango, sino solamente el nombre. El objetivo de las críticas, rechazos y demoras de los malvinenses era que el monumento no estuviera listo para el 20° aniversario del conflicto.
La obra del monumento fue diseñada por los arquitectos Mónica Cordero de Berraz y Carlos D'Aprile. Su estructura fue premoldeada en el Aeropuerto de Ezeiza, luego transportada por camión hasta Campana, y en barco desde allí a Uruguay, desde donde se la envió al puerto East Cove (Base Militar Mount Pleasant) en un barco de bandera antiguana. Su armado fue realizado por la empresa escocesa AWG, finalizando en abril del mismo año. El costo total fue de casi un millón de dólares, financiado por la comisión de familiares y por el empresario argentino Eduardo Eurnekián. Luego de todas las modificaciones que hubo, al cementerio se le añadieron monumentos hechos con piedras llevadas de todas partes de Argentina, lo que dio a los Argentinos la sensación de que una parte de su territorio estaba en Malvinas.
El empresario también financió los viajes de los familiares a las islas.
Hasta entonces, el cementerio estaba rodeado por una pequeña cerca blanca. La parcela está ahora cubierta de césped y protegida por un recinto amurallado con un cenotafio incluyendo una imagen de la santa patrona de Argentina, la Virgen de Luján. El cenotafio y el monumento fueron ideados, construidos y financiados por la Comisión de familiares de los caídos. La imagen de la Virgen de Luján recorrió todas las provincias argentinas antes de llegar a la isla. Pararelamente a la construcción del monumento se restauraron las cruces, hasta entonces de madera y posteriormente blancas con lápidas de pórfido negro.
El monumento fue inaugurado en octubre de 2009 junto con la remodelación del cementerio ante 300 familiares de caídos. El acto formal de la inauguración incluyó una ceremonia religiosa compartida por el capellán durante el conflicto, Vicente Martínez, el obispo de Río Gallegos, Juan Carlos Romanín, el sacerdote Sebastián Combiny de la provincia de Santiago del Estero y el sacerdote de las islas, Peter Norris. También participaron autoridades civiles y militares británicas, entre ellos el comandante de la guarnición militar británica, comodoro Gordon Moulds, y el primer secretario de la gobernación, Paul Martínez. El viaje fue organizado, luego de un acuerdo entre los gobiernos argentino y británico, por la Comisión de Familiares y Cascos Blancos. 170 personas viajaron el 3 de octubre y 205 el día 10 a través de vuelos chárter. Para el viaje, el gobierno británico pidió que los familiares no cantaran el Himno Nacional Argentino ni enarbolaran o hicieran flamear banderas argentinas, ya que «podrían haber sido interpretados como actos provocadores» por la población local.
En 2007, Sebastián Socodo, un argentino que se casó con una malvinense y reside en las islas, fue empleado para ser el cuidador del cementerio. Socodo conoció a su pareja, que residía en Buenos Aires, durante el secundario y se casaron. Uno de sus hijos nació en Argentina. Pese a ello, tiene una postura probritánica en el conflicto de soberanía.
En marzo de 2014, la Comisión de Familiares de Caídos comunicó la intención de construir una capilla o santuario bajo la advocación de María de la Paz para convertir el sitio en un espacio de peregrinación. El pedido fue hecho al Papa Francisco en una reunión con familiares y excombatientes, para que mediase por la construcción del templo, ya que la prefectura apostólica de las Islas Malvinas depende directamente de la Santa Sede. El pontífice accedió al pedido, solicitando el inicio de las gestiones necesarias.
Características thumb|250px|Réplica del cementerio en el Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur en Buenos Aires. En 2013 el cementerio de Darwin tenía 237 sepultados; 230 se encuentran en tumbas individuales, mientras que siete fallecidos están en dos fosas comunes: una con cuatro tripulantes de un helicóptero y otra con tres tripulantes de un Learjet. De las 230 tumbas, menos de diez son desconocidos y están marcados con la frase «Soldado argentino solo conocido por Dios». 89 cuerpos fueron enterrados en otros lugares o en su gran mayoría no fueron recuperados. A todos los soldados enterrados se les dio sepultura con honores militares. Cada tumba está marcada por una cruz de madera blanca con el nombre del soldado en ella, si se conoce, o con la frase anteriormente citada. En todas ellas cuelgan rosarios.
El cementerio está dividido en tres sectores: Norte, Este y Oeste. El Monumento inaugurado en 2009 está formado por 24 placas de granito con el nombre de todos los 649 argentinos fallecidos en el conflicto, sin ninguna indicación de rango militar o de servicio, conforme a lo solicitado por sus familias. También hay una ermita, una gran cruz principal y una placa conmemorativa. izquierda|miniaturadeimagen|329x329px|Réplica del cementerio en el Museo Municipal Virginia Choquintel, ciudad de Río Grande, Tierra del Fuego El sitio es también visitado por cientos de turistas al año, algunos de ellos provenientes de los cruceros que llegan a las islas.
Durante los últimos años, el gobierno del territorio británico de ultramar ha sido muy respetuoso y receptivo a las peticiones de los familiares de los caídos interesados en visitar el cementerio. En ocasiones, cuando el número de visitantes es grande, proporciona la logística necesaria. La única limitación que se le da a los veteranos, sus familias y turistas argentinos, de forma no escrita, es la del «respeto a la ceremonia», evitando cualquier ostentación de banderas o símbolos similares, ya que es clasificado como «intento de hacer un evento político». También se solicita el respeto a la población isleña.