miniaturadeimagen|Hans Christian Andersen miniaturadeimagen|Hermanos Grimm Se entiende por literatura infantil la literatura dirigida hacia el público infantil, es decir, el conjunto de textos literarios que la sociedad ha considerado aptos para éste público ya que la pueden entender y disfrutar, al igual que todos los textos adoptados por los lectores más jóvenes como propios, pero que en origen se escribieron pensando en lectores adultos (por ejemplo Los viajes de Gulliver, La isla del tesoro, El libro de la selva, o Platero y yo). Se puede definir, entonces, a la literatura infantil como aquella que también leen niños y niñas.

La literatura infantil es la expresión escrita de la creatividad con un toque artístico .También está compuesta principalmente por los cuentos ,los mismos son narraciones con personajes estereotipados como recurso de representación social que presentan aspectos de la vida real y por eso es tan importante.

Estimula potencialmente el pensamiento, el vocabulario, la discriminación auditiva, la formación de juicio, el crecimiento de los procesos básicos de aprendizaje (atención, memoria, concentración, habituación a la tarea, motivación, etc) Hacer comentarios y preguntas sobre un cuento, observar e interpretar imágenes influyen en el proceso de aprendizaje de la lecto-escritura. Los cuentos infantiles tienen elementos únicos que hacen de ellos una herramienta pedagógica excepcional y divertida. Se representa la literatura infantil como una expresión cultural y del lenguaje.

La literatura infantil es principalmente una fuente de placer, pero también es un medio para enriquecer la experiencia de la niñez al utilizarla como herramienta para potenciar su imaginación y creatividad a partir de las lecturas de obras artísticas de ficción. Así también adoptan el hábito de la lectura por medio del acercamiento a los libros estimulando la creación de criterios de preferencia en la elección de las obras literarias, desarrollando un canon personal en cada uno. La literatura infantil es un instrumento didáctico importante para el desarrollo de las habilidades lingüísticas y de los procesos cognitivos superiores.

Definición de literatura infantil El concepto de literatura infantil ha hecho correr mucha tinta desde los inicios de la literatura científica sobre este género. Juan Cervera Borrás, incluyó en su definición el corpus que se estaba utilizando para la investigación en LIJ y así, concibieron la definición integradora, en la que se incluía prácticamente todo lo que en algún momento se podía haber llamado literatura: "En ella se integran todas las manifestaciones y actividades que tienen como base la palabra con finalidad artística o lúdica que interesen al niño, han preferido una definición que se ajustara a las características formales que presenta la LIJ. Pero los críticos aducen que las características formales no son inmutables y que lo que en una época se consideraba LIJ, puede no serlo en otra. Por otra parte, algunos rasgos como “sencillez” resultan difíciles de definir ya que una sencillez formal puede no corresponderse con una sencillez conceptual y viceversa.

Juan Cervera en su publicación "En torno a la literatura infantil", menciona que existe una visión en alza de la literatura infantil que se caracteriza por su afán de globalización. Según esta concepción, bajo el nombre de literatura infantil deben acogerse todas las producciones que tienen como vehículo la palabra con un toque artístico o creativo y como receptor al niño. A su vez Marisa Bortolussi, reconoce como literatura infantil «la obra estética destinada a un público infantil».

También existe una serie de ensayos que con mayor o menor fortuna, niegan la propia existencia de la LIJ. En España son famosas las declaraciones de Rafael Sánchez Ferlosio, aunque no han tenido un sustento sólido en la investigación académica. En el ámbito anglosajón, la obra emblemática de Jacqueline Rose ha tenido algunos seguidores ya que, en vez de la apreciación simplista de que la literatura no requiere apellidos, también añade la paradoja de que la LIJ se escribe para niños por adultos que imaginan estos niños que se configuran como constructos de los mismos adultos.

La línea que parece tener mayor aceptación es la de considerar que, siguiendo los postulados del posestructuralismo, la literatura se define sobre todo por su uso y su consideración social. Es decir, la literatura es aquello que las instituciones consideran literatura. Se debería añadir la importancia de las obras que dan importancia al lector como las de o la Estética de la recepción. Desde este punto de vista la LIJ es aquella literatura que se dirige a un lector infantil.

Xavier Mínguez realiza una síntesis de estas aportaciones y establece una definición basada en un triángulo en cuyo principal vértice estaría la literatura, en otro el lector modelo (el/la niño/a) y en otro la función educativa, principalmente, la función que ejerce la LIJ en la educación literaria de niños y jóvenes. Descarta las definiciones formalistas, las integradoras y, evidentemente, también la negación de su existencia.

Esta definición es más restrictiva ya que no incluye la literatura ganada, es decir, la literatura no dirigida inicialmente a los niños pero que tradicionalmente se ha considerado como tal. Tampoco incluye la literatura de base oral ya que tampoco era escrita necesariamente para un público infantil. Este autor incluye estas obras, junto con otras como los dibujos animados, dentro de los ámbitos de estudio de la literatura infantil.

Sin embargo no es hasta la llegada de Charles Dickens (1812-1870) que se nombra la literatura infantil como tal y se relaciona de manera profunda con el inicio de un concepto de infancia y de derechos infantiles.

Historia alt=Primera ministra de Israel, Golda Meir, viendo las novedades de literatura infantil en la feria internacional del libro, Jerusalén 1969|miniaturadeimagen|Primera ministra de Israel, Golda Meir, viendo las novedades de literatura infantil en la feria internacional del libro, Jerusalén 1969 La crítica literaria moderna considera esencial el carácter de "literatura" dentro de este tipo de escritos, por lo que hoy se excluye, de la producción actual los textos básicamente morales o educativos, aunque todavía siguen primando estos conceptos en toda la LIJ dado el contexto educativo en el que se desarrolla su lectura. Esta es una concepción muy reciente y casi inédita en la Historia de la Literatura.

La literatura para niños ha pasado de ser una gran desconocida en el mundo editorial a acaparar la atención del mundo del libro, donde es enorme su producción, el aumento del número de premios literarios de LIJ y el volumen de beneficios que genera. Esto se debe en gran parte al asentamiento de la concepción de la infancia como una etapa del desarrollo humano propia y específica, es decir, la idea de que los niños no son, ni adultos en pequeño, ni adultos con minusvalía, se ha hecho extensiva en la mayoría de las sociedades, por lo que la necesidad de desarrollar una literatura dirigida y legible hacia y por dicho público se hace cada vez mayor.

La concepción de infancia o niñez, no emerge en las sociedades hasta la llegada de la Edad Moderna y no se generaliza hasta finales del siglo XIX. En la Edad Media no existía una noción de la infancia como periodo diferenciado y necesitado de obras específicas, por lo que no existe tampoco, propiamente, una literatura infantil. Eso no significa que los menores no tuvieran experiencia literaria, sino que esta no se definía en términos diferenciados de la experiencia adulta. Dado el acaparamiento del saber y la cultura por parte del clero y otros estamentos, las escasas obras leídas por el pueblo pretendían inculcar valores e impartir dogma, por lo que la figura del libro como vehículo didáctico está presente durante toda la Edad Media y parte del Renacimiento. Dentro de los libros leídos por los niños de dicha época podemos encontrar los bestiarios, abecedarios o silabarios. Se podrían incluir en estas obras algunas de corte clásico, como las fábulas de Esopo en las que, al existir animales personificados, eran orientadas hacia este público.

Llegado el siglo XVII, el panorama comienza a cambiar y son cada vez más las obras que versan sobre fantasía, siendo un fiel reflejo de los mitos, leyendas y cuentos, propios de la trasmisión oral, que ha ido recopilando el saber de la cultura popular mediante la narración de estas, por parte de las viejas generaciones a las generaciones infantiles. Además de escribir estas obras o cuentos, destacan en Francia autores como Jean de La Fontaine y Jean-Pierre Claris de Florian con sus Fábulas, Charles Perrault con sus cuentos de hadas, François Fénelon con su novela bizantina Telémaco o Madame Leprince de Beaumont con su Almacén de los niños (1757), donde aparece por vez primera el tema de La bella y la bestia. Siguiendo a La Fontaine y a sus modelos Esopo y Fedro, destacan los fabulistas españoles Félix María de Samaniego o Tomás de Iriarte en el XVIII, y muchos otros en el XIX, en especial Juan Eugenio Hartzenbusch; la fábula se pone de moda en todo el mundo desde el siglo XVIII. En esta época, además, ocurren dos acontecimientos trascendentes para la que hoy se conoce como Literatura Infantil, la publicación, por un lado, de Los viajes de Gulliver-Jonathan Swift- y, por otro, de Robinson Crusoe -Daniel Defoe-, claros ejemplos de lo que todavía hoy, son dos temas que reúne la LIJ: los relatos de aventuras y el adentrarse en mundos imaginados, inexplorados y diferentes.

Una vez llegado el siglo XIX con el movimiento romántico, arriba el siglo de oro de la literatura infantil. Son muchos los autores que editan sus obras con una extraordinaria aceptación entre el público más joven. Son los cuentos (Hans Christian Andersen, Condesa de Ségur, Wilhelm y Jacob Grimm y Oscar Wilde en Europa, y Pedro Antonio de Alarcón, Gustavo Adolfo Bécquer, Saturnino Calleja y Fernán Caballero en España) y las novelas como Alicia en el país de las maravillas -Lewis Carroll-, La isla del tesoro -Robert L. Stevenson-, El libro de la selva de Rudyard Kipling, Pinoccio -Carlo Collodi-, los folletines de aventuras de Alejandro Dumas (Los tres mosqueteros, El conde de Montecristo...) las escritas por Jules Verne (20.000 leguas de viaje submarino, La isla misteriosa, De la Tierra a la Luna) o Emilio Salgari (El corsario negro, Sandokán); Jack London; las novelas históricas de Walter Scott y sus discípulos: las novelas del oeste de Karl May, las novelas policiacas de Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle, las novelas góticas o de terror como Drácula o Frankenstein; Las aventuras de Tom Sawyer de Mark Twain, entre otras, las que propiciaron un contexto novedoso para la instauración de un nuevo género literario destinado al lector más joven en el siglo XX, donde la ingente producción de LIJ coexiste con las obras del género adulto.

Son muchas las obras de renombre por citar de la LIJ, como es el caso de Peter Pan, El Principito, El viento en los sauces, Pippi Calzaslargas, los libros de Guillermo de Richmal Crompton, los múltiples de Enyd Blyton, los cómics DC o Marvel, los de la Escuela Bruguera o la colección de relatos sobre la familia Mumin; en todas ellas destaca una nueva visión que ofrecer al pequeño lector, donde, además de abordar los temas clásicos como las aventuras o el descubrimiento de nuevos mundos, se tratan la superación de los miedos, la libertad, las aspiraciones, el mundo de los sueños y los deseos, como actos de rebeldía frente al mundo adulto.