miniaturadeimagen|Torrespaña, centro de emisión de TVE desde 1982. La televisión en España, como en la mayor parte de los países europeos y al igual que sucede con la radiodifusión, está considerada como un servicio público y sigue un modelo mixto en el que conviven emisoras privadas o comerciales, con emisoras de titularidad pública, ya sean propiedad del Estado (TVE), como de las distintas comunidades autónomas (regiones) del país. Se trata del principal medio de comunicación del país. En 2005, un 99,6% de viviendas españolas disponía de al menos un aparato de televisión. En el periodo 2005-2019, la cifra cayó ligeramente hasta el 98,5%. Pese a ello, sigue siendo el medio elegido por los ciudadanos para la información y el entretenimiento. Desde sus inicios ha sufrido diversas modificaciones tecnológicas y de regulación legal.
Marco jurídico Antecedentes Durante los primeros años de la televisión en España, no hubo una regulación específica, diferenciada de la que ordenaba la radifusión. Así, en 1951, se crea el Ministerio de Información y Turismo, al que se incorpora la Dirección General de Radiodifusión, con competencias sobre los servicios de radio y televisión. En 1960, este centro directivo modifica su denominación por el de Dirección General de Radiodifusión y Televisión. Concretamente el Decreto 2460/1960, de 29 de diciembre, le atribuye en su artículo 1 que la Dirección General de Radiodifusión y Televisión la misión de estructurar, organizar y cuidar el funcionamiento del servicio público de radiodifusión de sonidos e imágenes, en todos sus aspectos por medio de la dirección y gestión de instalaciones propias y de la regulación, fomento y fiscalización de las actividades de las restantes, así como de los medios técnicos transmisores y receptores, y ejecutar las Órdenes que el Ministerio dicte en materia de radiodifusión para el mejor desarrollo y perfeccionamiento de los servicios existentes o de cualquiera otros que los progresos económicos permitan.
Finalmente, el Decreto 2509/1973, de 11 de octubre, por el que se reorganizan determinados Servicios del Ministerio de Información y Turismo procede a la creación de un servicio público al que se llamó RTVE (Radio Televisión Española) llamado a ejercer las competencias sobre la materia y que se habría de regirse por las disposiciones de la Ley de Régimen de Entidades Estatales Autónomas, de 26 de diciembre de 1958.
La primera gran norma aprobada en Democracia fue la Ley 4/1980, de 10 de enero, de Estatuto de la Radio y la Televisión, que establece que La radiodifusión y la televisión son servicios públicos esenciales cuya titularidad corresponde al Estado. Además, define la televisión como la producción y transmisión de imágenes y sonidos simultáneamente, a través de ondas o mediante cables destinados mediata o inmediatamente al público en general o a un sector del mismo, con fines políticos, religiosos culturales, educativos, artísticos, informativos, comerciales, de mero recreo o publicitarios. Se abría por primera vez la posibilidad de romper el monospolio estatal en la gestión de cadenas de televisión, al indicarse que El Gobierno podrá conceder a las Comunidades Autónomas, previa autorización por Ley de las Cortes Generales, la gestión directa de un canal de televisión de titularidad estatal que se cree específicamente para el ámbito territorial de cada Comunidad Autónoma.
Siguientes hitos jurídicos fueron la Ley 46/1983, de 26 de diciembre, reguladora del tercer canal de televisión, que autorizaba al Gobierno para que tomara las medidas necesarias para la puesta en funcionamiento de un tercer canal de televisión de titularidad estatal y para otorgarlo, en régimen de concesión, en el ámbito territorial de cada Comunidad Autónoma, previa solicitud de los órganos de gobierno de éstas, y en los términos previstos en los respectivos Estatutos de Autonomía, en el Estatuto de la Radio y la Televisión, en sus disposiciones complementarias de orden técnico y en la presente Ley.
La Ley 10/1988, de 3 de mayo, de Televisión Privada, que reguló la gestión indirecta del servicio público esencial de la televisión, cuya titularidad corresponde al Estado español. Ley 37/1995, de 12 de diciembre, de Telecomunicaciones por Satélite y la Ley 42/1995, de 22 de diciembre, de las telecomunicaciones por cable.
Finalmente, cabe mencionar la Ley 17/2006, de 5 de junio, de la radio y la televisión de titularidad estatal estableció el régimen de RTVE. Más tarde, con la Ley 7/2009, de 3 de Julio, de Medidas Urgentes en Materia de Telecomunicaciones, se permitió la fusión de las cadenas de ámbito estatal; finalmente se promulgó la Ley 7/2010, de 31 de marzo, General de la Comunicación Audiovisual, derogada en 2022.
Regulación vigente El artículo 20 de la Constitución Española de 1978 garantiza: </ref> miniaturadeimagen|150px|left|Joaquín Prat, presentó en los años 1960 Un millón para el mejor y Galas del sábado
Por otro lado, la retransmisión de la boda entre Balduino de Bélgica y Fabiola de Mora y Aragón el 15 de diciembre de 1960, supuso el enlace definitivo con los sistemas de Eurovisión. Otro avance fundamental fue la llegada, en 1960, del magnetoscopio, que permitía la grabación de programas y su posterior emisión, soslayando de ese modo las limitaciones del directo. miniaturadeimagen|150px|Los Chiripitifláuticos
En 1964 se inauguraban los Estudios de Prado del Rey, lo que implicaba una ventana de oportunidades para la creación televisiva, pues se pasaba de 1.200 a 3.064 metros cuadrados. Propiciaba también la eclosión de la edad de oro de los programas dramáticos, con teatro y novelas televisados. Dan cuenta de ello, espacios como Primera fila (1962-1965), Estudio 1 (1965-1984) o Novela (1962-1979). Al tiempo se incorporaban al medio grandes creadores como Narciso Ibáñez Serrador (Historias para no dormir), Jaime de Armiñán, Adolfo Marsillach o Pilar Miró. El panorama de la ficción española se completó con series como La casa de los Martínez (1966-1970) o Crónicas de un pueblo (1971-1974).
Fue la época en la que también se consolidan los concursos: X-O da dinero (1959-1960), Cesta y puntos (1965-1971), Un millón para el mejor (1968-1969) y ya en los 70 el concurso por excelencia en la historia de la televisión en España: Un, dos, tres...Responda otra vez (1972-2004). En los albores de la telerrealidad se emitían con gran éxito programas como Ésta es su vida (1962-1968) o Reina por un día (1964-1965). Hubo también un mayor interés por atraer a la audiencia infantil con espacios muy bien aceptados por los niños como Día de fiesta (1965-1969), con la marionetista Herta Frankel, Los Chiripitifláuticos (1966-1974), Con vosotros (1970-1974), Hoy también es fiesta (1970-1975) o La casa del reloj (1971-1974). Por otro lado, en 1964 había llegado la técnica del play back al país, con el programa de éxito Escala en hi-fi (1961-1967), que abrió las puertas a un tiempo de grandes programas musicales y de variedades, como Amigos del martes (1961-1964) o Galas del sábado (1968-1970).
Por su parte, la ficción estadounidense seguía contando con el favor mayoritario del público, con series como Bonanza (1962), El virginiano (1964), El fugitivo (1965), Misión imposible (1967) o Colombo (1973). miniaturadeimagen|150px|left|Massiel, ganadora de Eurovisión 1968
En 1966 comenzaba sus emisiones en pruebas el segundo canal de TVE, La 2, conocido en aquel momento como el UHF, un canal con una audiencia más reducida y centrado en áreas de seguimiento minoritario en el periodo (cultura, deporte, música).
Fue esta también una etapa - los años del desarrollismo y la apertura al turismo exterior - en la que las autoridades del régimen se esforzaron en mejorar su imagen internacional. Y una buena forma de lograrlo fueron los concursos internacionales de televisión en los que durante este periodo, España consiguió muy buenos resultados: Solo en el Festival de Televisión de Montecarlo alcanzaron la Ninfa de Oro, Historias para no dormir (El asfalto, 1967),Historia de la frivolidad (1968) - ambas de Ibáñez Serrador -, El Irreal Madrid (1969), de Valerio Lazarov, La cabina (1972) y Los pajaritos (1974), las dos últimas de Antonio Mercero.
Uno de los grandes hitos del periodo fue la llegada de la televisión en color al país, con la adopción del sistema PAL. La primera grabación en color fue el Festival de la Canción de Eurovisión de 1969 desde Madrid (el año anterior Massiel había ganado el certamen y ese año, lo haría, en empate, Salomé).
La etapa finaliza con la muerte de Francisco Franco el 20 de noviembre de 1975 con el oportuno comunicado emitido por televisión en voz del entonces Presidente del Gobierno Carlos Arias Navarro, y la célebre frase Españoles, Franco ha muerto. Se iniciaba el camino hacia la instauración de un régimen democrático.
Transición (1976-1982) miniaturadeimagen|250x250px|Tip y Coll Durante esta etapa TVE, convertida en Ente público, por efecto de la Ley de 1980 mantuvo su monopolio. Fue un tiempo políticamente convulso en el país, lo que tuvo su reflejo en la propia televisión pública, que en siete años, tuvo siete directores generales distintos. miniaturadeimagen|150px|left|Narciso Ibáñez Serrador
La llegada de las libertades hizo comprender al nuevo Presidente del Gobierno, Adolfo Suárez (que previamente había sido director general de RTVE), que la pequeña pantalla era el vehículo ideal para asentar y difundir entre la población los nuevos valores democráticos así como ensalzar la figura del nuevo jefe del estado, Juan Carlos I. El contrapeso se situó en el Congreso de los Diputados que finalmente iba a tener capacidad para controlar la acción del Gobierno sobre los contenidos que emitía la televisión pública, y que permitió a los partidos de la oposición lanzar la crítica siempre que así lo entendieran necesario. De igual manera, la existencia de una prensa libre trajo como consecuencia que medios ajenos por primera vez tuvieron la ocasión de denostar las actuaciones gubernamentales.
Una primera y evidente muestra del cambio fue la remodelación de los informativos. Se pasó de un modelo en el que lo que se dio en llamar busto parlante se limitaba a leer comunicados que previamente habían pasado por el ojo de la censura a noticieros más cercanos y didáctivos. Esto no impidió continuos relevos, destituciones o dimisiones por discrepancias en la manera de afrontar la información. Claro ejemplo fue la dimisión conjunta en enero de 1978 de los directores de las cuatro ediciones de Telediario, Eduardo Sotillos, Lalo Azcona, Pedro Macía y Miguel Ángel Gozalo por entender que su margen de autonomía se veía recortado por la reestructuración de los informativos. miniaturadeimagen|150px|Eduardo Sotillos, presentador de Telediario durante esta etapa
Por otro lado, la libertad de expresión - pese al mantenimiento de conatos de censura en esta época - permitió el nacimiento de los programas de tertulia en los que se podía abordar casi cualquier temática, incluso la política. El pionero fue La clave (1976-1993), de José Luis Balbín que marcó el camino de otros en los siguientes años, como Su turno (1981-1983), de Jesús Hermida. Las críticas incipientes y más o menos veladas a las políticas gubernamentales también llegaron desde la ironía y los dobles sentidos (Vivir para ver, 1976-1977, de Alfredo Amestoy) o el humor (Tip y Coll en 625 líneas, 1977-1979).
Del mismo modo, proliferaron los espacios de entrevistas a personajes de relevancia y sin mayores cortapisas, inviables hasta pocos años antes. A este género pertenecen A fondo (1976-1981), con Joaquín Soler Serrano, Dos por dos (1978), con Isabel Tenaille y Mercedes Milá, De cerca (1980-1981), de Hermida o con un enfoque más innovador Esta noche (1981-1982), dirigido por Fernando García Tola y presentado por Carmen Maura. miniaturadeimagen|150px|left|Torrebruno, presentador numerosos programas infantiles