Las elecciones generales de Sudáfrica de 1994 se realizaron del 26 al 29 de abril de 1994. Fueron los primeros comicios celebrados en Sudáfrica aplicando el derecho al sufragio universal y consolidaron el fin del régimen del apartheid. La elección se desarrolló bajo la dirección de la Comisión Electoral Independiente.

Durante los cuatro días de votación se formaron largas colas por las que desfilaron millones de ciudadanos. El proceso estuvo marcado por los asesinatos de veintiún personas en atentados terroristas perpetrados por grupos vinculados a la extrema derecha sudafricana opuesta al proceso de democratización. En total, fueron computados 19 726 579 votos, de los cuales 193 081 fueron invalidados. El ganador fue el Congreso Nacional Africano (ANC) —apoyado por el Partido Comunista de Sudáfrica (SACP) y el Congreso de Sindicatos Sudafricanos (COSATU)—, con más del 62 % de los sufragios. Tal y como estaba previamente pactado, se formó un gobierno tripartito compuesto por el ANC, el Partido Nacional (PN) y el Partido de la Libertad Inkatha (PLI), las tres fuerzas políticas que habían obtenido al menos el 5 % de los votos.The 1994 Elections

Antecedentes 130px|left|thumb|P.W. Botha intentó mantener el apartheid. Durante los años 1980, el régimen racista del apartheid instaurado en 1948 dio muestras de agotamiento debido a la combinación de oposición interna y sanciones externas. El presidente Botha, consciente de la situación, promovió en 1984 una reforma constitucional que concedía el derecho al voto a las minorías mulata y asiática con el fin de ampliar la base social del régimen. Como resultado, se crearon dos nuevas cámaras legislativas para representar a ambas minorías, que se sumaron a la ya existente para la minoría blanca.

Pero la situación continuó empeorando. Aunque los grupos violentos de oposición no podían vencer al Estado, el coste económico y humano era demasiado alto. Además, el boicot internacional afectaba negativamente a la economía y los acreedores internacionales cada vez eran más exigentes. Adicionalmente, la caída del comunismo en Europa hizo que los afrikáneres y los propios Estados Unidos percibieran de forma distinta al Congreso Nacional Africano (ANC), la principal fuerza de oposición al régimen. Aunque Botha introdujo otras pequeñas reformas para suavizar el sistema de segregación racial, no tuvo intención de cuestionarlo. Sin embargo, ya en 1985 tuvo lugar el primer encuentro entre el encarcelado Nelson Mandela y el ministro de Justicia Kobie Coetsee. Los contactos culminaron el 5 de julio de 1989 con un encuentro igualmente secreto de Mandela con el propio presidente Botha en su residencia oficial, reunión que marcó el inicio de las negociaciones.

En febrero de 1989, Botha sufrió un accidente cerebrovascular y fue obligado a renunciar al liderazgo del Partido Nacional y, más tarde, a la presidencia, siendo reemplazado en ambos cargos por Frederik de Klerk.

Inicio de la transición Solo tras el reemplazo de Botha por De Klerk se acentuó el ritmo de reformas. El 2 de febrero de 1990, en su discurso de apertura del parlamento, De Klerk pronunció un discurso que algunos consideran el inicio del proceso de transición. En él dijo lo siguiente: El ANC fue legalizado y su líder, Mandela, puesto en libertad tras 27 años de estancia en prisión. Igualmente fueron legalizados el Partido Comunista Sudafricano (PCSA), el Congreso Panafricano (PAC) y el Congreso de Sindicatos Sudafricanos (COSATU). El movimiento de De Klerk sorprendió totalmente al ANC, que la misma víspera creía imposible que el gobierno diera un paso semejante. Mandela hizo público su deseo de cooperar con el proceso reformista abierto por De Klerk, pero el radical CPA decidió seguir apostando por la vía revolucionaria. El estado de emergencia, vigente desde 1986, fue levantado en junio en casi todo el país, y en octubre en Natal. La mayoría de las leyes racistas fueron derogadas entre 1990 y 1991, de forma que se fue suprimiendo todo el entramado legal que regulaba la segregación racial. El 6 de agosto de 1990, el ANC renunció formalmente al uso de la violencia, si bien no disolvió todavía a su brazo armado, La Lanza de la Nación.

200px|thumb|izquierda|La colaboración entre el presidente De Klerk y el líder del ANC Nelson Mandela fue decisiva para el éxito de la transición.

En diciembre de 1991 se constituyó la Convención para una Sudáfrica Democrática (CODESA), un organismo compuesto por diecinueve personas representantes de los distintos grupos étnicos sudafricanos. En marzo de 1992 se acordó la constitución de un gobierno interino multirracial y el 17 de marzo de 1992 la minoría blanca aprobó en referéndum una reforma constitucional que garantizaba la igualdad de derechos con independencia de la raza. Tras difíciles negociaciones, la Convención aprobó una Constitución Provisional y varias leyes que debían regular el proceso de transición. Las distintas normas fueron aprobadas por el parlamento tricameral racial entre septiembre y diciembre de 1993. La Constitución Provisional establecía 34 principios —entre ellos, los principales derechos fundamentales— a los que debía ajustarse la constitución definitiva. El respeto a dichos principios sería examinado con carácter previo por el Tribunal Constitucional ya creado y presidido por Arthur Chaskalson, uno de los defensores de Mandela en el proceso de Rivonia de 1963-1964. Curiosamente, dos partidos claramente antiliberales como el PN y el ANC, pactaron una constitución marcadamente liberal. El 10 de diciembre, Mandela y De Klerk recibieron en Oslo el Premio Nobel de la Paz, símbolo del respaldo internacional al proceso que lideraban.

Se designó un Consejo Ejecutivo de Transición (CET) para asesorar en todo el proceso de celebración de elecciones legítimas. La Constitución Provisional establecía que se elegiría por sufragio universal un parlamento bicameral que nombraría una autoridad ejecutiva compuesta por un presidente y dos vicepresidentes. Todos los partidos que superaran el 5 % de los votos tendrían derecho a formar parte de un Gobierno de Unidad Nacional que duraría cinco años, tiempo previsto para la realización de las reformas necesarias para establecer un nuevo régimen. El CET determinaría el modo más adecuado de elaborar una nueva constitución definitiva que sustituyera a la provisional.

De esta forma, la transición se realizó manteniendo siempre la legalidad vigente, sin ruptura con el régimen anterior. Este camino continuista fue defendido en todo momento tanto por Mandela como por De Klerk, ambos abogados de profesión y formación. El objetivo fue mantener el imperio de la ley durante todo el delicado proceso. Pese a sus evidentes diferencias políticas, ambos líderes eran conscientes de que era imprescindible el diálogo con el otro. De Klerk estaba convencido de que Mandela sería el próximo presidente de Sudáfrica, y Mandela opinaba que no podía haber un cambio pacífico sin la participación del presidente.

La influencia moderadora de Mandela se hizo notar en una reunión de la ejecutiva del ANC celebrada a principios de 1994 en la que se trató la delicada cuestión del himno nacional. En ausencia del veterano activista, los asistentes acordaron por unanimidad sustituir el tradicional himno de la Sudáfrica del apartheid —«La llamada»— por el popular «Dios bendiga a África», himno extraoficial de la oposición negra. Cuando Mandela se reincorporó a la reunión les hizo notar que esa decisión suponía pisotear los sentimientos de una parte de la población y que impediría el objetivo de lograr la reconciliación. Nadie se opuso y, como resultado, el himno nacional se compone de las dos canciones cantadas sucesivamente: «Dios bendiga a África» y «La llamada».

Violencia política

La transición distó de ser sencilla y se caracterizó por una fuerte violencia de origen político debida a varios factores. Seis meses antes de las elecciones, John Carlin —por entonces corresponsal en Sudáfrica del diario británico The Independent— calculaba que desde la liberación de Mandela habían muerto más de diez mil personas a consecuencia de la violencia política. Además, el temor al estallido de una guerra civil similar a la que se estaba librando en Bosnia se extendía entre diversos sectores. Paradójicamente, del total de muertes violentas por motivos políticos habidas durante el largo período de gobierno del Partido Nacional, más de la mitad tuvieron lugar en el período 1990-1994, una vez abolido el apartheid.

Uno de los focos de violencia estuvo en los ultraderechistas blancos contrarios al fin del régimen del apartheid, cuyos escuadrones de la muerte actuaban sin control. El ANC decía que existía una «tercera fuerza» ajena al Ejército y la Policía amparando la violencia, pero nunca pudo demostrar su existencia. Quizá el momento de mayor tensión provocado por este sector fue el ocasionado por el asesinato del líder del Partido Comunista de Sudáfrica, Chris Hani. Afortunadamente, la pronta detención de su asesino gracias a la colaboración de un ciudadano afrikáner y el llamamiento a la calma hecho por Mandela evitaron una respuesta violenta.

250px|thumb|izquierda|Los violentos milicianos del extremista Movimiento de Resistencia Afrikáner fueron un factor de desestabilización.

Otro de los motivos de la violencia fue la resistencia a perder su poder por parte de algunos de los líderes de los bantustanes creados por el régimen racista. En septiembre de 1992, el ANC convocó una marcha hacia Bhisho, la capital de Ciskei. Las fuerzas armadas del bantustán —teóricamente independiente y gobernado por Oupa Gqozo— abrieron fuego contra la multitud y causaron veintiún víctimas mortales.

Ambos sectores —extrema derecha afrikáner y gobernadores de los bantustanes— confluyeron en la crisis de Bofutatsuana en marzo de 1994, poco antes de la celebración de las elecciones. El puesto de su líder, Lucas Mangope, estaba en peligro. El general Viljoen entró con milicianos del Frente del Pueblo Afrikáner para apoyar su tambaleante régimen, al que veían como un aliado de los supremacistas blancos. A sus paramilitares se unieron indisciplinados milicianos del extremista Movimiento de Resistencia Afrikáner que dispararon indiscriminadamente contra la población. Las fuerzas armadas del bantustán reaccionaron atacando a los invasores y tres milicianos murieron durante la retirada, dos de ellos asesinados por un coronel ante las cámaras de televisión. El Ejército sudafricano tuvo que intervenir para restablecer el orden, y el Gobierno de De Klerk acordó terminar con la «independencia» del bantustán.

Uno de los conflictos más sangrientos fue el enfrentamiento entre el Congreso Nacional Africano y el Partido de la Libertad Inkatha (PLI) en el bantustán de KwaZulu. Mangosutu Buthelezi era su primer ministro y líder de Inkatha, e intentaba mantener su predominio territorial frente al auge del ANC. Aunque el ANC se presentó como víctima, su dirección provincial tuvo responsabilidad en el agravamiento del conflicto por negarse a que Mandela negociara directamente con el líder del PLI —como hizo con otros líderes— lo que podía haber mitigado el enfrentamiento. El momento de mayor tensión se produjo en junio de 1992, cuando miembros del PLI asesinaron a cuarenta y seis personas en Boipatong (Transvaal) y Mandela acusó al gobierno de De Klerk de complicidad en los hechos. Por su lado, también la rama militar del ANC, La Lanza de la Nación, asesinó a cientos de líderes de Inkatha actuando como escuadrones de la muerte. A pesar de las acusaciones del ANC, no hay constancia de que el Gobierno apoyara a Inkatha, aunque no hay duda de que muchos policías y militares estaban dispuestos a favorecerlo en el conflicto. Por el ANC fue el zulú Jacob Zuma el encargado de negociar con Buthelezi, si bien su designación como candidato de su partido al cargo de primer ministro de KwaZulu-Natal enfureció al líder de Inkatha.