Manuel Antonio de la Torre Tranche (1705-1776) religioso español, fue el vigésimo quinto obispo del Paraguay y undécimo obispo de Buenos Aires (1765-1776). Fue el responsable de cumplir con la orden de expulsar a la Compañía de Jesús.

Biografía thumb|140px|Carlos III de España. Manuel Antonio de la Torre Tranche nació en la villa de Autillo de Campos, provincia de Palencia, Castilla, el 1 de enero de 1705, hijo de Manuel De la Torre De la Herrán y Melchora Tranche Rodríguez.Archivo Histórico Diocesano de Palencia Proveniente de una humilde familia de origen campesino, realizó sus estudios elementales con los Dominicos en Palencia y Valladolid sin efectuar estudios superiores.

Formó parte del presbiterio de Palencia y se desempeñó hasta los cincuenta años de edad como párroco de su ciudad natal en sustitución del obispo de Palencia, quien poseía ese cargo en propiedad.

Se lo nombró luego, visitador en su diócesis cuando en febrero de 1756 se le comunicó su designación como obispo de Asunción del Paraguay por influencia del arzobispo inquisidor general Manuel Quintano Bonifaz, llegando su nombramiento el 24 de mayo de ese año.

En su nombramiento no se efectuó el trámite normal: el Consejo de Indias no intervino con propuesta sino que fue directamente nombrado por el rey Carlos III de España. De la Torre era un regalista convencido y se suele ver en su designación la elección de un hombre adecuado para cooperar en la expulsión de la Compañía de Jesús.

Paraguay Arribó a Buenos Aires en junio de 1757 siendo consagrado obispo por el titular de esa diócesis, Cayetano Marcellano y Agramont, el 25 de julio de 1757.

Días más tarde partió para su sede, donde llegó el 18 de diciembre de aquel año, convirtiéndose en el vigésimo quinto obispo del Paraguay. Inició su visita pastoral y atendiendo tanto a su importancia como a las instrucciones específicas del rey se concentró en las reducciones jesuíticas en la región guaranítica.

En efecto, a consecuencia de los graves desórdenes suscitados en las misiones poco tiempo antes, la oposición al Tratado de Madrid (1750) y la Guerra Guaranítica, tenía órdenes reservadas de inspeccionar las Misiones. El padre Panas que lo acompañaba confirma en sus notas de viaje el origen de las instrucciones: "El Sr Obispo (...) vino de la Corte con orden de pasar luego a visitar los pueblos de su jurisdicción en dichas misiones, que son trece".

De la Torre escribió un exhaustivo informe que tituló "Razón que de su Visita General da el Dr. Dn. Manuel Antonio de la Torre, Obispo del Paraguay al Real y Supremo Consejo de Indias. Año de 1761". No obstante, el informe fue recibido por los oficiales de gobierno con desprecio por su estilo literario considerado pueril. Escribe el fiscal: "No puede menos de lascimarse, que un trabajo que podía ser utilísimo, Imprimiéndose todos estos papeles, para que cada Señor Ministro tuviese reservado un tanto de ellos, deje de serlo por el modo y accidentes con que están escritos".

Iniciada la visita por el territorio constató una enorme pobreza. A las razones culturales y climáticas agregaba que se obligaba a los campesinos a ocuparse "continuamente en el militar servicio y defensa de esta Provincia" contra la amenaza portuguesa y de los pueblos indígenas tobas, mocovíes y abipones. En las guardias de los 32 fuertes para la defensa del territorio que existían en ese entonces en la provincia "se ocupa cada vecino diez días al mes, con armas, municiones, caballos y alimentos a sus expensas; viniendo a ser en cada un año, ciento y veinte días, los de este ejercicio, sin otros muchos que gastan en diferentes correrías".

Otras razones eras derivadas de la estructura comercial colonial. El tabaco y yerba mate que lograban cosechar se vendía en Buenos Aires o, más frecuentemente, en la ciudad de Santa Fe, a orillas del río Paraná. Los santafecinos cobraban "de cada arroba (de tabaco) seis reales de plata" para dejar pasar las embarcaciones hacia Buenos Aires.

thumb|140px|La Santísima Trinidad de Paraná. De las poblaciones paraguayas menciona a sólo una "ciudad única llamada de la Asunción, sede del gobierno provincial; y a dos villas pequeñas, denominadas Villa Rica del Espíritu Santo y San Isidro de Curuguatí". De Asunción afirma que está mal ubicada por su clima, es en extremo pobre y que sufre por naturaleza pero también por desidia los embates continuos del río. De Villa Rica que su nombre es una ironía "porque a la verdad no es rica villa, sino muy pobre, aun de Santo Espíritu". En cuanto a Curuguatí menciona que el pueblo se reducía "a muy pocas útiles, abreviadas casas, por habitar sus vecinos esparcidos en diferentes, remotos valles, a usanza de esta provincia".

Hace hincapié en su informe al soberano que existía una enorme diferencia entre los pueblos de indios gobernados en todo por sus curas, con aquellos gobernados en lo temporal por un administrador secular: estos últimos robaban y esclavizaban a los guaraníes con el único propósito de acrecentar sus riquezas personales. Esa división se originaba en un conflicto ocurrido años atrás entre el gobernador y el obispo Fr. Joseph Cayetano Palavicino que culminó con la separación de los clérigos de los asuntos temporales en los pueblos de indios.

thumb|140px|San Ignacio. Una vez en las misiones jesuíticas todo cambia: "Todos (los trece pueblos antiguos) se hallan con especialísimo orden, y viva observancia de su primer establecimiento; y lográndose piadosa y justamente la excepción gravosa de encomiendas. Están muy poblados de indios, y muy fértiles y abundantes de los frutos de su trabajo, con copiosa cría de ganados, a influjos, celo, dirección, y cuidado de sus curas".

Los indígenas, excluyendo las tribus salvajes, eran entonces el 61,6% de la población del Paraguay y de esos un 88,7% habitaban las misiones jesuíticas y un 11,2% a los de las misiones dirigidas por clérigos y franciscanos. Según de la Torre los gobernados por la Compañía son distintos a todos los demás que ha visto "porque todos éstos, se hallan conformadas y bien ordenadas, espaciosas calles (..) [y en muchos pueblos] son todas las casas de piedra y teja".

A su regreso a Asunción una delegación de indios Mbaya solicitó el envío de misioneros y De la Torre resolvió apoyar la medida y derivarla a los jesuitas, con lo que el superior de la Compañía designó a dos sacerdotes para ese propósito, uno de ellos el padre José Sánchez Labrador.Destacado sacerdote y naturalista que escribió un catecismo y un vocabulario en lengua mbaya, la "Historia de las regiones del Río de la Plata", de cuyos once tomos se conservan solamente algunos, entre ellos el "Paraguay Natural Ilustrado" y el "Paraguay Católico". Sería la última misión confiada a los jesuitas del Paraguay.

La visita le llevó buena parte de su estadía. Para octubre de 1760 De la Torre solicitó al rey su traslado alegando razones de salud. Estando vacante el obispado de Buenos Aires por la muerte de José Antonio Bazurco y Herrera, el 25 de marzo de 1762 Carlos III presentó su nombre al papa, nuevamente sin intervención del Consejo de Indias.

Buenos Aires thumb|Exterior de la Catedral Emprendió su viaje al Río de la Plata en octubre de 1763, realizando un minucioso recorrido por Corrientes - donde fundó el curato de Caá Catí-, Chaco y Santa Fe (1764), ciudad en la que permaneció cuatro meses y consagró a los nuevos obispos del Tucumán, Manuel Abad Illana y de Arequipa, Diego Salguero de Cabrera. En su visita a Santa Fe recriminó a los sacerdotes por permitir velorios que se extendían durante varios días y noches con juegos, bailes y fandangos, y borracheras, empleándose "lloradoras lamentatrices mulatas que gritan en estudio".

Llegó finalmente a Buenos Aires el 5 de enero de 1765. Era un decidido defensor de la autoridad absoluta del rey, crítico de la sociedad colonial incluyendo sus cabildos secular y eclesiástico, de la relativa laxitud en sus costumbres y de autonomía en sus criterios, propios de una sociedad de frontera, acostumbrada por otra parte a que sus últimos obispos y provisorios fueran naturales de la ciudad, celoso por último de sus prerrogativas y de violento carácter, De la Torre pronto chocó con todos en la ciudad, empezando por su gobernador Pedro de Cevallos, a causa del apoyo que este daba los jesuitas.

La expulsión de los jesuitas thumb|300px|Misiones jesuíticas en el actual territorio de Argentina, Brasil y Paraguay. Pese a lo que vio e informó en el norte, De la Torre se mantuvo fiel a su mandato y elevó críticas e informes negativos hacia los miembros de la Compañía de Jesús.

Pronto el gobernador Cevallos fue reemplazado por Francisco de Paula Bucarelli y Ursúa, quien se hizo cargo del gobierno el 15 de agosto de 1766. Al igual que De la Torre pronto se enemistó con buena parte de la sociedad criolla. Traía por principal misión apoyar el cumplimiento de la expulsión de los jesuitas que fue finalmente dispuesta el 27 de febrero de 1767 por Carlos III.

En la madrugada del 3 de julio de 1767 los jesuitas establecidos en Buenos Aires, en San Ignacio y en el Colegio de Belén, fueron reunidos y conducidos como prisioneros a la misma Casa de Ejercicios construida por ellos, adyacente a la iglesia de la Residencia. La medida se extendió a Montevideo (6 de julio), Córdoba (día 12), y Santa Fe (13). En su marcha a Buenos Aires, aunque los frailes prisioneros percibían gestos de dolor en muchos vecinos, estos no podían hablarles o auxiliarlos por orden del obispo y bajo pena de excomunión. Una vez reunidos en Buenos Aires el 29 de julio, los jesuitas fueron embarcados y expulsados del Río de la Plata.

Nuevos Curatos El 3 de noviembre de 1769 reorganizó el curato de la Catedral creando las parroquias de San Nicolás de Bari, Nuestra Señora de la Concepción del Alto de San Pedro, Nuestra Señora de Montserrat, Nuestra Señora de la Piedad y de Nuestra Señora del Socorro.San Nicolás de Bari tenía 7 cuadras de ancho y 10 de largo. Estaba limitaba por la Zanja de Matorras (calle Paraguay), San Pedro (Maipu-Chacabuco), Cabildo (Hipólito Yrigoyen) y la actual Uruguay. Nuestra Señora de la Concepción del Alto de San Pedro estaba limitaba por las calles San José, México, la ribera del Riachuelo y el Río de la Plata. Nuestra Señora de Montserrat estaba limitada por las calles Hipólito Yrigoyen, Piedras, México y San José, y la proyección de estas dos al Sur y al Oeste. La mayoría de los vecinos eran catalanes. Nuestra Señora de la Piedad estaba limitada por las calles Hipólito Yrigoyen a Paraguay, y de Uruguay hasta la zona de chacras. Finalmente la parroquia de Nuestra Señora del Socorro quedaría en suspenso. La Capilla era propiedad de Alejandro Valle y por problemas entre sus herederos se demoró hasta 1783. En 1806 se agregó la Parroquia de San José de Flores, en el Partido del mismo nombre.

La medida había sido solicitada a Cevallos quien la rechazó, debiendo esperarse al nombramiento de su sucesor Bucarelli. Mientras por un lado se agregaban los nuevos curatos, por otro el obispo eliminaba el curato de indígenas San Juan Bautista, creado para atender las necesidades de los indios nativos por considerar que en la ciudad quedaban ya muy pocos y la mayoría se había mestizado.

En la campaña inmediata también reorganizó las parroquias: creó el curato de Las Conchas (1770), el de Nuestra Señora del Pilar (1771) separándolo del curato de Luján y el de Exaltación de la Cruz (1772).

Conflicto en el monasterio de las monjas capuchinas Existían en Buenos Aires dos monasterios de monjas: el de Santa Catalina de Siena y el de Nuestra Señora del Pilar.