thumb|rigth|250px|Escultura del Conde Arnau en Sant Joan de les Abadesses, detrás de la iglesia de Sant Pol

El Conde Arnau (en catalán Comte Arnau o Comte l'Arnau) fue un rico noble de la mitología catalana, relacionado con mito europeo de la cacería salvaje. Debido a varios pecados (como relacionarse con una abadesa o no hacer bien los pagos prometidos), fue condenado eternamente. Condenado a cabalgar durante toda la eternidad como alma en pena sobre un caballo negro al que le salen llamas por la boca y los ojos, el Conde l'Arnau va siempre acompañado por un grupo de perros diabólicos que le hacen de cortejo.

La figura

Este personaje legendario y mítico catalán, más conocido universalmente como "el conde Arnau", es probablemente el más conocido de todos los espíritus, almas en pena y fantasmas del Condado. En principio, también es un personaje literario que tiene su origen en una canción tradicional catalana, posiblemente aparecida en Ripoll a finales del en la que se narra el diálogo entre el alma del conde Arnau, que purga el incumplimiento de sus deberes militares y su viuda. Desde Ripoll, el mito se extendió a toda la zona de influencia cultural catalana y se le incorporaron elementos de una leyenda anterior, del 1017, en que se le relaciona amorosamente con una monja del monasterio de Sant Joan de les Abadesses.

Fue Marian Aguiló quien reunió el material sobre el mito en 1843 y Manuel Milá y Fontanals quien lo publicó en 1835. Parece que partía del convencimiento de que el conde Arnau era un personaje histórico. Romeu Figueras ha recalcado: Arnau es el mito más fuerte, más robusto y más popular de Cataluña, es el mito por antonomasia de la literatura catalana. Víctor Balaguer se basó e hizo una narración en 1858. De ahí que los literatos de la Renaixença hayan convertido su figura en el personaje medieval más romántico. El tema ha sido tratado también por Anicet de Pagès, Frederic Soler, Jacinto Verdaguer, Josep Carner, Joan Maragall (el que dio al personaje perfiles rebeldes y románticos), Josep Maria de Sagarra, Ambrosi Carrion, Antonio Ribera y Miquel Arimany. Felipr Pedrell musicó el poema de J. Maragall. Joan Amades destaca: (...) es difícil averiguar si se trata de un personaje histórico o si su figura es simplemente legendaria.

Versiones históricas del mito

La versión histórica del personaje lo hace miembro de la familia Mataplana y señor de esta baronía, que dominaba buena parte del Ripollés y que era señora de los castillos de este nombre y los de Solans, de Sant Amanç o Amand, de Castellar y de Blancafort o de las Damas.

Los Mataplana estaban vinculados al castillo del mismo nombre en Gombrèn y tienen como primer miembro documentado Hugo I de Mataplana (1076-1089). En el los Mataplana tuvieron bajo su vasallaje los vizcondes de Bergadá, lo que indica el poder que tenían. Hugo IV de Mataplana (señor entre 1172 y 1197), rindió vasallaje a Alfonso II de Aragón y lo sucedió otro Hugo, llamado Hugo V de Mataplana, que participó en la conquista de Mallorca y murió luchando en 1229 en la batalla de Portopí. Otro Hugo de Mataplana (Gombrèn-Zaragoza 1291) fue consejero de los reyes Jaime I, Pedro II y Alfonso II de Aragón y obispo de Zaragoza en 1289, donde coronó al rey Jaime II (1291). Una dama de la familia, Blanca de Mataplana (fallecida en 1290), se vinculó en matrimonio con la familia noble de los Urtx. Hugo VII de Mataplana (muerto en 1328) se convirtió en conde de Pallars Sobirá por su boda con la condesa Sibila I, iniciando la dinastía condal de los Mataplana del Pallars. En 1320 la familia dejó el castillo originario y se instaló en un palacio en La Pobla de Lillet. Curiosamente, en 1373 la señoría fue adquirida por Pere Galceran de Pinós, lo que concuerda con la leyenda que explica que la viuda del Conde vendió su patrimonio a esta otra familia de la nobleza catalana.

Pero siguiendo con el Conde, se supone que vivió durante la primera mitad del , ya que se encuentra un testamento su otorgado el 15 de julio de 1353. El maestro Manuel Milá y Fontanals lo cree fundador de un campesinado ripollés existente el , llamada Pernal o Pernau; esta masía fue fundada por un tal Pere Arnau, campesino. Así pues, en opinión del maestro Milá, estos dos personajes debían ser uno solo. Este Arnau, de personalidad imprecisa, parece que fue nieto de Blanca de urgió o Blanca de N'Hug, señora del castillo de las Damas o de Blancafort, que en 1278 hizo renuncia de sus derechos señoriales a favor de sus vasallos. Su nieto Arnau de N'Hug tuvo fuertes cuestiones con el abad del monasterio de Ripoll sobre los límites jurisdiccionales del monasterio y la baronía y volvió a imponer los malos usos feudales a los vasallos. Ha sido identificado erróneamente con el conde de Pallars, señor de Mataplana, que ya hemos mencionado, o con Arnau, un despótico señor del castillo de Montmur (Noguera), que abusó de la hija del vizconde de Albesa, y esta le maldijo, condenándolo a vagar mientras quedara una sola piedra del castillo y por eso ronda de noches por sus ruinas.

Es difícil averiguar si se trata de un personaje verdaderamente histórico o si su figura es simplemente legendaria. Sea como sea, considerada desde un punto de vista tradicional, la leyenda es universal y cae dentro del ciclo de aquellas que nos describen almas más o menos sacrílegas condenadas a vagar eternamente en castigo por los pecados cometidos. El conde del Arnau tiene muchos puntos de contacto con el héroe del norte de Francia conocido como Hellequin, Harlequin, Hielequin, Hölle-Koenig o Hernequin, nombre que se escribe de maneras diferentes. Se considera el personaje Hernequin o Hellequin del mito de la cacería salvaje como origen del arlequín de la farsa.

Se cree equivalente también nuestro Arnau con un conde de Borgoña llamado Arnold, personaje que unos consideran histórico mientras que otros lo creen eminentemente legendario, que vivió en el y se le supone nieto y enemigo del conde Arnold el Grande de Borgoña y marqués de Flandes que floreció entre los años 918 y 965. El héroe de quien hablamos combatió contra los agarenos y gentiles que invadían su país, como el nuestro Conde, y murió en la pelea junto con su esposa, llamada Berta y su hijo. El héroe, al sentirse herido, se refugió en la abadía de Samer y pudo llegar hasta el pie del altar, donde cayó muerto. La gente de la región lo consideran como el héroe de la reconquista del país, y de noches, similar a nuestro Conde, lo ven volar por los aires seguido de la lista de los guerreros y de su esposa Berta. Se reproduce la lucha con los moros y se oye el ruido de la brega y el embate de la batalla, que a veces se convierte en una cacería loca y desenfrenada dirigida por el conde Arnold. La caza de la llamada reina Berta es tradicional por diferentes regiones nórdicas. Evidentemente, el conde Arnold de la Borgoña, medio histórico y medio legendario, tiene muchos puntos de contacto con nuestro conde Arnau, de gran fuerza legendaria y sin una verdadera base histórica hasta ahora conocida.

En dicha leyenda del conde l'Arnau destacan tres aspectos:

1 - El del héroe de la reconquista, que también reúne Hernequin, que le da rango de personaje de gesta y que lo hace entrar en una jerarquía de héroes común a todos los legendarios.

2 - Otro aspecto es el del señor feudal despótico con sus vasallos y de costumbres licenciosas y libertinos, aspectos que lo sitúan en otro ciclo universal de cuentos.

3 - Un tercero es el de sacrílego sin escrúpulos ni remordimientos, enemigo del cielo y amigo del diablo, condenado a vagar eternamente en castigo de sus profanaciones.

Como alma dañada, la leyenda del Conde se confunde con el Mal Cazador, con la relación del cual se entronca a buen seguro por el detalle de tener que vagar eternamente. Hay quien siente pasar el Conde seguido de una llorigada de perros que manchas y suena y que le siguen raudos en su loco caminar. Se le cree cazador encarnizado, aunque la tradición casi ni menciona que sintiera la pasión de la caza. Hay quien le exculpa aduciendo que Arnau de Mataplana fue obligado a casarse a los quince años con Elvira, quien le doblaba la edad y era carente de atractivo, por lo que la dejó, atraído por Riquilda o Adelaisa, que la vez fue obligada a profesar en el monasterio de Sant Joan de les Abadesses. Riquilda o Adelaisa murió, y el conde Arnau, una noche de tormenta, robó su cadáver y, cabalgando loco con su cuerpo en brazos, al despeñarse en un risco. Y, en noches de tormenta, algunos comarcanos del Ripollés ven, o creen ver, a la luz de los relámpagos, el excitado corcel de fuego corriendo por los aires.

La tradición de la caza infernal es bien universal y su malogrado héroe es conocido con nombres muy diferentes, según los pueblos: Ribaud, Galerie, Hollifernes, Geletnien, Treschutz, el gran rey Arturo, héroe de la mesa redonda; hopera, Bodet el ya referido Hellequin, que Dante Alighieri convierte en Alicgino y hace figurar entre los condenados de la Divina Comedia. La misteriosa cabalgata del conde Arnau remite a los mitos de la festividad de San Juan, noche en que, al punto de las doce, el noble sale del agujero de San Huevo montado en un caballo negro que escupe fuego por la nariz todo escapando del infierno.

Viene seguido de unos perros y de una tropa de condenados que corren tras su locamente, malditos por la eternidad a perseguir una presa inalcanzable. Por miedo a encontrarse con la llodrigada del conde nadie se atrevía a salir de noche por las comarcas ripollesas, pues se decía que quien se topaba con la maléfica procesión quedaba también encantado y condenado a correr poseso tras el conde del Arnau . Este mito tiene similitudes palpables en otros, como el de la Santa Compaña gallega o la persecución bretona del rey Arturo.

Entre los héroes de la cacería infernal también hay mujeres. Ya nos hemos referido a la reina Berta. Para las regiones nórdicas conocen una dama, Hold, y los pueblos germánicos ven dar vueltas por el cielo Frau Gauden, seguida de veintiún cuatro hijas estribillos perros. Cuentan que la dama Gauden tenía una pasión loca por la caza y, como ella, sus hijas. Llevadas por su afán, un día la madre dijo que ojalá pudiera cazar para siempre y las chicas manifestaron el mismo deseo. Y el Cielo satisfizo su voluntad: condenó la madre a cazar eternamente seguida de las hijas estribillos perros, que nunca la dejan. La noche de San Silvestre, si encuentran una casa abierta, entran y dejan un perrito dentro de los fogones o junto al hogar. Una campesina descubrió la manera de saber si los perritos eran o no de buen ser. Puso cerveza en una cáscara de huevo. El perrito, sorprendido, dijo que, pese a ser muy, muy viejo, nunca había visto algo parecido. Y, dicho esto, subió por la chimenea y huyó. Obró como "el hijo del diablo" de nuestra rondalla así llamada.

El rey Arturo, el caballero de la mesa redonda, está condenado a cazar eternamente por los bosques de Inglaterra y de Bretaña, especialmente para las tierras más inmediatas a Finisterre. Va seguido de un gran ejército de sirvientes que continuamente hacen sonar el cuerno y atizan los perros y los caballos en la carrera desenfrenada, pero solo puede cazar una miserable mosca cada siete años.

Los vecinos de Frankfurt creen que las ruinas del cercano castillo de Fudenstein son habitadas por un cazador que sólo sale momentos antes de estallar una guerra, de la que viene a ser el anuncio o agüero. Lleva un largo cortejo de carruajes que, al rodar ilusoriamente por el espacio, producen una gran ruido que estamordeix la gente, angustiosa de lo que pasará.