thumb|El entierro del Conde de Orgaz (1588), de El Greco (óleo sobre lienzo, 212 x 112cm, iglesia de Santo Tomé) La pintura renacentista española es realizada a lo largo del en las Coronas de Castilla y Aragón. El Renacimiento italiano se difundió por la península ibérica a partir del litoral mediterráneo. Así, se aprecian diferencias entre las regiones a la hora de incorporarse al italianismo: es más rápido en la Corona de Aragón, más vinculada con Italia, y tarda más en llegar al corazón de la Península, donde perviven los modelos flamencos preponderantes en la época de los Reyes Católicos. El rey Carlos I estuvo predispuesto al nuevo arte, llamado la manera antigua puesto que remite a la antigüedad clásica. Su patrocinio directo logró algunas de las más bellas obras del especial y único estilo renacentista español: el mecenazgo sobre Alonso de Covarrubias, sus encargos a Tiziano, que nunca accedió a trasladarse a España. Pintores de gran calidad fueron, lejos del núcleo cortesano, Pedro Berruguete, Juan de Juanes, Paolo de San Leocadio, del que destacamos la delicada Virgen del Caballero de Montesa, Yáñez de la Almedina y Fernando de los Llanos.
Suele diferenciarse en tres momentos, dividiendo el siglo en tres períodos. Es característico del Renacimiento español el predominio prácticamente absoluto de la pintura religiosa, siendo muy ocasionales los temas mitológicos, históricos, alegóricos, o géneros como el bodegón o el paisaje. Sí se producen retratos, especialmente vinculados con la corte. Las obras se realizan normalmente al óleo, con interiores perfectamente sujetos a las reglas de la perspectiva, sin agolpamiento de los personajes y con figuras todas del mismo tamaño y anatómicamente correctas. Los colores y los sombreados se administran en gamas tonales, según las enseñanzas italianas. Para acentuar el estilo italiano es frecuente además añadir elementos directamente copiados de allí, como son los adornos a candelieri (cenefas de vegetales y cupiditos que rodean los marcos), o ruinas romanas en los paisajes, incluso en escenas de la vida de Cristo.
España, en la época del Renacimiento, recibe la visita de algunos grandes artistas. Las posesiones italianas así como las relaciones establecidas por Fernando II de Aragón, entrañaron movimientos de intelectuales y también de artistas a través del crecimiento de la influencia española en Europa, y más particularmente en Italia. Llegan a lo largo de todo el siglo numerosos artistas italianos, pero también flamencos. De todos los pintores que trabajan en España en el , destaca la figura del Greco a finales de siglo.
En cuanto a los museos en los que hoy en día pueden verse cuadros de esta época y estilo, ante todo debe mencionarse el Museo del Prado, siendo también destacados los fondos del Museo de Bellas Artes de Valencia. Para conocer la obra de El Greco y otros, es fundamental la ciudad de Toledo y su catedral. Finalmente, en la catedral de Sevilla pueden verse diversas obras de esta época.
Influencias y fusión de estilos La pintura del Renacimiento en España fue resultado de una síntesis de corrientes italianas, flamencas y tradiciones locales. El contacto con Italia introdujo principios como la perspectiva lineal, el sfumato y el estudio anatómico, difundidos por artistas formados en Roma y Florencia. A su vez, la tradición flamenca ejerció gran influencia en la primera mitad del , especialmente en el detallismo, el uso del color y la representación de objetos y tejidos con gran realismo.Fernando Marías, El largo siglo XVI: los usos artísticos del renacimiento español, Madrid: Alianza Editorial, 1989.
La asimilación de estas corrientes se combinó con el contexto religioso español marcado por la Contrarreforma. De ahí surgió un estilo donde lo espiritual y lo devocional adquirieron protagonismo, a menudo con un tono más místico y dramático que en Italia o Flandes.Álvarez Lopera, José, El Greco, Madrid: Ediciones Akal, 2005.
Innovaciones técnicas Los pintores españoles adoptaron y adaptaron técnicas como la perspectiva lineal y aérea, el claroscuro y la pintura al óleo, otorgando mayor realismo y dramatismo a las escenas. El colorido vibrante y la atención al detalle reflejan la influencia flamenca, mientras que la composición dinámica y la expresividad de las figuras muestran un sello propio. Estas innovaciones contribuyeron al desarrollo posterior de la pintura barroca española.Brown, Jonathan, La pintura en la España del Siglo de Oro, Madrid: Cátedra, 1998.
Períodos El primer tercio del siglo
thumb|Yáñez de la Almedina: Santa Catalina, 1505-1510, óleo sobre tabla, 212 x 112cm, Museo del Prado. thumb|Pedro Berruguete: La prueba del fuego, Museo del Prado.
En esta época siguen presentes elementos flamencos propios del gótico, incorporando poco a poco elementos italianizantes. Es decir, que es más bien una época de transición en que se combina lo flamenco que predominó durante el reinado de los Reyes Católicos con lo italiano. Penetra el Renacimiento en la Península a través de Valencia, siendo sus primeras figuras Rodrigo y Francisco de Osona, padre e hijo, llamados por ello «el Viejo» y «el Joven». Rodrigo, activo entre 1440 y 1518, trabajó a finales del y principios del , con un estilo que recuerda más a los italianos del Norte de Italia. Destaca su Calvario en la iglesia de San Nicolás (Valencia) y La Adoración de los Magos (Museo del Prado). Francisco, fallecido antes que el padre, parece haber añadido a su estilo un carácter más moderno, con elementos decorativos como los grutescos, aunque no resulta fácil distinguir las obras de uno y otro. En Valencia trabajó igualmente Pablo o Paolo de San Leocadio (entre 1472 y 1514), un italiano que introdujo rasgos del renacimiento de Venecia y Ferrara. Se le atribuyen la Virgen del Caballero de Montesa (en el Museo del Prado) y el San Miguel (1480-1490, en la catedral de Orihuela).
También en Valencia trabajan dos manchegos que muestran una clara influencia de los cuatrocentistas italianos. Son Fernando Yáñez de la Almedina y Fernando o Hernando de los Llanos. Juntos realizan una obra trascendental dentro de la pintura del Renacimiento español: el retablo de la catedral de Valencia (1507-1510). Yáñez de la Almedina conoció la obra de Leonardo, a quien imita en muchos aspectos, y lo mismo a Bramante, a quien recuerdan fondos arquitectónicos de sus pinturas. Después marchó a trabajar a Cuenca hasta el año 1531. Realizó una conocida Santa Catalina (h. 1510) que se guarda en el Museo del Prado y que es plenamente leonardesca. Llanos, por su parte, marchó a Murcia, donde estuvo trabajando hasta 1520.
Por lo que se refiere a Castilla, continuaron los modelos flamencos durante más tiempo. Los primeros rasgos renacentistas aparecen en la obra de Pedro Berruguete (ca. 1450-1504), que estuvo en Urbino (Italia). En su obra se conservan claros elementos flamencos como los fondos dorados, la atención a los detalles como las lacerías moriscas en los techos y el gusto en representar las texturas; hay incluso ocasionales rasgos medievales, como el diferente tamaño de las personas dependiendo de su jerarquía religiosa, con los santos de mayor tamaño como puede verse en su Auto de Fe presidido por Santo Domingo de Guzmán. Pero es renacentista en la perspectivas, las formas y la luz, o la incorporación de espacios arquitectónicos. Por todo ello, sería una figura intermedia entre el estilo gótico flamenco y el renacimiento. Sus obras más destacadas son retablos, como el de la Virgen de Paredes de Nava, el de Santo Tomás de Ávila y parte del retablo de la catedral de Ávila. Se le ha atribuido aunque no con seguridad, el retablo de Santa María del Campo, con escenas como el «Bautismo de Cristo» y la «Degollacion del Bautista».
En Toledo trabaja Juan de Borgoña (ca. 1468/1470-ca. 1536). Este artista se formó en Italia, conociendo la pintura del Quattrocento, aunque conserva algunos detalles de la pintura gótica estilo flamenco. La composición es clara, enmarca las escenas en paisajes amplios o en arquitecturas clásicas con adornos vegetales y de otro tipo, las figuras idealizadas son claramente italianizantes. Influyó mucho en la posterior pintura de la zona toledana. Realizó numerosos retablos. Además pintó los frescos de la sala Capitular de la catedral de Toledo y los de la llamada capilla mozárabe.
Finalmente, en Andalucía destaca la figura de Alejo Fernández (ca. 1475-1545), con una producción de estilos diversos, en unos intensamente flamenco dado el gusto por el detalle que muestra, y en otros italianizantes con perspectivas. Parece que era de origen alemán. De todas sus obras, es muy conocida la Virgen de los Navegantes en el Real Alcázar de Sevilla, donde aparece un retrato de Cristóbal Colón. Creó escuela.
El segundo tercio del siglo
thumb|Juan de Juanes: La Última Cena, h. 1562, tabla, 116 × 191cm, Museo del Prado. thumb|Luis de Morales: Virgen con Niño, h. 1570, óleo sobre tabla, , Museo del Prado.
En esta segunda fase la influencia de Leonardo se ve sustituida por la de Rafael. También se dejan sentir los ecos del primer manierismo, tanto toscano como nórdico.
Nuevamente fue Valencia la puerta de entrada de estas nuevas tendencias, en la figura, en primer lugar, de Vicente Macip (1475-1545), a quien se le nota la influencia italiana (Rafael, Sebastiano del Piombo), recordando algo a Yáñez de la Almedina y Paolo de San Leocadio. De su obra destaca el retablo de la catedral de Segorbe, con escenas de la «Vida de Cristo». Su hijo Juan de Juanes (1523-1579), menos original que su padre pues se limitó a divulgar su estilo, fue sin embargo mucho más popular, y creó numerosas estampas religiosas, sentimentales y de cierta blandura. De sus obras es muy conocida La Última Cena, hoy en el Museo del Prado. Otras obras son: Sagradas Familias, Salvador eucarístico, Vírgenes con el Niño, varias obras representando la Inmaculada Concepción, o las tablas de San Esteban (también en el Prado), Asunción de Nuestra Señora, Bodas místicas del Venerable Agnesio.
Pero el centro más destacado de producción artística es Sevilla, ciudad que cobró gran auge económico gracias al comercio con las Indias. La ciudad llegó a ser un centro multicultural lo que ayudaría al florecimiento de las artes. En este centro al que afluían artistas de otros países llegó Pedro de Campaña (1503-hacia 1580), llamado en realidad Peter Kempeneer, nacido en Bruselas. A partir de 1529 se le localiza en Italia. Estuvo en Sevilla desde el año 1537 hasta 1563. De la obra realizada en Sevilla destaca el Descendimiento de la Cruz, en la catedral de Sevilla, y el retablo mayor de la iglesia de Santa Ana del barrio de Triana. Se conserva un autorretrato en el Museo del Prado.