Conciertos para piano de Wolfgang Amadeus Mozart 250px|center Número de conciertos: Veintisiete Instrumentación: Piano y orquesta (de dimensiones y composición variables, pero siempre presenta una sección de cuerdas al completo y varios instrumentos de viento madera; también son frecuentes instrumentos de viento metal, principalmente trompetas y trompas). Fechas de composición: 1767–1791 Números en el Catálogo Köchel (KV): 37394041107175238242246271365413414415449450451453456459466467482488491503537595 Tonalidades fa mayorsi bemol mayorre mayorsol mayordo mayormi bemol mayorla mayorre menordo menor

Los conciertos para piano y orquesta de Wolfgang Amadeus Mozart son un conjunto de veintisiete obras de este género escritas por el compositor austriaco entre 1767 y 1791.

La estructura de estos conciertos está escrita en tres movimientos siguiendo el esquema clásico: un primer movimiento rápido (suele ser un allegro), un segundo movimiento lento (suele ser un Adagio o un andante) y un tercer movimiento rápido (normalmante, allegro, aunque también aparece con indicaciones de allegretto o presto).Radcliffe, p. 6. En cuanto a la forma, los primeros movimientos siempre están compuestos en forma bitemática tripartita o forma sonata, el segundo movimiento en forma sonata abreviada, mientras que el tercero suele ser un rondó.Radcliffe, p. 6. Todos los conciertos están escritos en tonalidades mayores, excepto dos: el n.º 20, en re menor, y el n.º 24, do menor. Los conciertos presentan sus segundos movimientos en la tonalidad de la subdominante, a excepción de siete: dos escritos en modo menor (números 20 y 24), en los que el segundo tiempo está en la tonalidad del VI el 20, y el III el 24; y otros cinco conciertos, cuyos segundos movimientos están escritos en el relativo menor de la tonalidad principal: el n.º 4 (KV 41), el n.º 9 (KV 271), el n.º 18 (KV 456), el n.º 22 (KV 482) y el n.º 23 (KV 488).Radcliffe, p. 6.

En sus conciertos para piano, Mozart exhibe una enorme habilidad técnica y un dominio completo de los recursos que ofrece la orquesta, creando un amplio abanico de afectos y emociones.Véase Arbor.Radcliffe, p. 6. Sus conciertos presentan, en líneas generales, un carácter improvisatorio y virtuosístico, sobre todo en los primeros movimientos, que explotan todas las posibilidades técnicas del piano de la época.Véase Arbor.Radcliffe, p. 6. En la actualidad, se considera que los conciertos para piano de Mozart constituyen la cumbre del concierto clásico y son los más influyentes para la posterioridad.Radcliffe, p. 6. Tres de sus conciertos para piano (números 20, 21 y 23) se hallan entre las obras más grabadas y conocidas del repertorio clásico.Véase Arbor.

La primera edición completa de los conciertos fue la de Richault de alrededor de 1850. Desde entonces las partituras y los autógrafos han resultado asequibles a través de las publicaciones de, entre otros, W. W. Norton, Eulenberg y Dover Publications.Véase el prólogo de Radcliffe.

Los conciertos para piano

Orígenes

En la historia los primeros conciertos para piano fueron escritos, entre otros, por Carl Philipp Emanuel Bach, Johann Christian Bach, Antonio Soler, Georg Christoph Wagenseil, Johann Schobert, Johann Baptist Vanhal y Joseph Haydn. Aún antes, en el Concierto de Brandeburgo n.º 5 de Johann Sebastian Bach, la parte de teclado es la más prominente entre los instrumentos. Esas obras, con su alternancia de tutti orquestales y pasajes solistas virtuosísticos, deben su estructura a la tradición de las arias barrocas, de los que los primeros movimientos de los conciertos para piano de Mozart heredaron sus básicas estructuras ritornélicas. Una estructura similar puede observarse en los conciertos para violín de Antonio Vivaldi, quien estableció la forma, a lo largo del armazón en tres movimientos del concierto; o en Viotti, quien dividía el concierto en seis secciones.Véase Grout.Irving, págs. 17-31.

Mozart dio importancia a sus conciertos para piano, algunos fueron concebidos para ser interpretados por él mismo en Viena entre 1784 y 1786.Véase Schuring.Véase Andrés.Grout, p. 628. Cabe hacer alusión a que el padre del compositor le hizo escribir un «concierto para clavecín» a los cuatro años de edad, pocos meses después de haber iniciado sus estudios de composición.Radcliffe, p. 5. Según Philip Radcliffe, el concierto clásico es quizá el género más próximo a la ópera; por tanto, no es de extrañar que Mozart, uno de los pocos grandes compositores que sintió una gran atracción tanto por la ópera como por la música instrumental, encontrara en el concierto una forma particularmente agradable.Radcliffe, p. 5.

Los conciertos para piano y orquesta de Mozart fueron estudiados por Donald Francis Tovey en sus Essays in musical analysis (1903),Véase Tovey. y más tarde, se abordaron como tema principal en los libros de Cuthbert Girdlestone y Arthur Hutchings de 1940Véase Girdlestone. y 1948,Véase Hutchings 1997. respectivamente. Hans Tischler publicó un análisis estructural y temático de los conciertos en 1966,Véase Tischler. así como Charles Rosen,Véase Rosen. y Leeson y Robert Levin.Véase Leeson y Levin.Sobre la autenticidad del KV Anh. C14.91/279b, una sinfonía concertante para viento y orquesta, véase Leeson y Levin, págs. 70-96. En los últimos años, dos de los conciertos (concretamente los números 20 y 21) han sido por primera vez analizados en profundidad en una publicación elaborada por David Grayson y que forma parte de las colecciones del Cambridge Music Handbook.Véase Grayson.

Primera etapa (1767-1779) thumb|left|260px|Wolfgang tocando el clavicordio y Thomas Linley (de la misma edad) el violín, durante su estancia en Florencia en 1770; un año después, el pequeño Mozart escribiría sus cuatro primeros conciertos para piano, que son arreglos orquestales y para teclado de movimientos de sonatas de otros compositores, y no obras originales. El lienzo refleja la importancia que tuvo la música de cámara en la educación musical del joven genio.Grout, p. 628.Véase el prólogo de Radcliffe. Los primeros conciertos para piano de Mozart, números 1–4 (KV 37, 39, 40 y 41) fueron arreglos orquestales y para teclado de movimientos de sonatas de otros compositores, y no obras originales. El reconocimiento de este hecho llevó a considerar la numeración de los conciertos como incorrecta, por lo que en algunos libros recientes (por ejemplo, en los de Girdlestone) se hace referencia a los conciertos con numeraciones cuatro unidades más reducidas que sus cifras conocidas y familiares usadas en la actualidad.Véase Girdlestone.

Mozart también escribió tres arreglos de sonatas para piano de Johann Christian Bach (op 5. n.º 2, en re mayor; op. 5. n.º 3, en sol mayor y op. 5. n.º 4, en mi bemol mayor, todas compuestas en 1766), catalogadas como KV 107/1, KV 107/2 y KV 107/3 respectivamente. Estas obras fueron escritas entre 1771 y 1772, fechas que se han podido obtener basándose en el análisis de la caligrafía de los autógrafos.Véase Girdlestone.Grout, p. 630.

El primer concierto original de Mozart, en el que introduce nuevo material temático en la primera sección del piano solo, es el n.º 6, KV 238, en si bemol mayor que data de 1776. Fue su primer inicio real en el género, y gozó de gran popularidad durante mucho tiempo.Irving, págs. 173-175.Véase la partitura en Mozart VII (primera edición). thumb|150px|right|Mozart en 1777, año en que compuso su Concierto para piano n.º 9. Este retrato fue pintado en Bolonia por un artista desconocido. Los dos siguientes, números 7 y 8 (KV 242 y KV 246) no son generalmente considerados como obras en las que se produjera un gran avance, a pesar de que el n.º 7, el concierto para tres pianos, sea muy conocido en la actualidad.Irving, págs. 176-180. Sin embargo, nueve meses después de haber escrito el n.º 8, Mozart produjo una de sus primeras obras maestras, el Concierto «Jeunehomme», n.º 9, KV 271. Esta obra ofrece un avance decisivo en la organización del primer movimiento; además, presenta ciertos rasgos atípicos, tales como la interrupción dramática del inicio orquestal por parte del piano tan solo después de un compás y medio.Irving, págs. 185-187.Grout, p. 628. El último concierto que escribió Mozart en Salzburgo fue el célebre concierto n.º 10 para dos pianos, KV 365: la presencia del segundo piano altera la estructura "normal" de la interacción piano-orquesta.Robbins Landon, págs. 12.Irving, págs. 188-190.

Finalmente, a esta primera etapa pertenece un fragmento de un concierto para violín y piano, KV A056/315f, iniciado por Mozart en Mannheim en noviembre de 1778 para ser interpretado por sí mismo (piano) y por el violinista Ignaz Fränzl.Para una biografía de Fränzl, véase este enlace (en inglés). El proyecto se abandonó cuando el príncipe elector Carlos Teodoro de Baviera trasladó la corte y la orquesta (de la que formaba parte Fränzl) a Múnich.Véase Hutchings 1997.Para una disertación sobre el concierto incompleto y sobre por qué no fue completado, véase este enlace (en inglés).Mozart mantuvo su relación con los músicos de Mannheim gracias a las visitas que realizó a dicha ciudad entre 1777 y 1778, con el resultado de que su primera gran ópera, Idomeneo, fue estrenada en Múnich en 1781: Carlos Teodoro la encargó para un carnaval de la corte.

Los tres primeros conciertos vieneses (1782-1783)

Tras su ruptura definitiva en 1781 con el Príncipe-arzobispo de Salzburgo, Hieronymus von Colloredo, Mozart se estableció en Viena como músico por cuenta propia.Mozart nunca dejó de ser músico en la corte arzobispal de Salzburgo de forma oficial. Debido a su espíritu alegre y cosmopolita, el compositor se fue distanciando progresivamente del arzobispo, quien lo consideraba «un joven insolente». Colloredo lo hizo llamar a Viena en 1781 para lanzarle un ultimátum por su irresponsable actitud; Mozart llegó a la ciudad para reunirse con él el día 16 de marzo. En este encuentro, tuvo lugar un duro enfrentamiento entre ambos, que desembocó en la presentación de una carta de renuncia por parte de Mozart, y concluyó con la célebre «patada de despedida» que el conde Arco, miembro de la corte arzobispal, le propinó a Mozart en el trasero. El arzobispo, consciente de la valía de Mozart como compositor, se negó a firmar la carta de renuncia que éste le había presentado, lo que convirtió a Mozart durante el resto de sus días en un vasallo huido, condición peligrosa en la Europa del siglo XVIII. Véase Hutchings 1986, cap. 5: «De la servidumbre a la libertad»; para más información sobre el carácter de Mozart, véase la sección «Personalidad y creencias» del artículo Aspecto físico y personalidad de Wolfgang Amadeus Mozart. Los diecisiete conciertos escritos en esta etapa vienesa ocupan un lugar central en la producción mozartiana. Los compuso en primera instancia como repertorio de sus propios conciertos públicos y procuró que agradasen a toda una multiplicidad de oyentes.Grout, p. 628. Cada uno de los conciertos de Viena es una obra maestra individual; todos juntos evidencian al mejor Mozart.Grout, p. 629.

Aproximadamente dieciocho meses después de que llegase a Viena, en el otoño de 1782, Mozart escribió una serie de tres conciertos destinados a ser interpretados por él mismo en sus conciertos por subscripción. Escribió, sin embargo, en la primavera de ese año, un rondo finale de sustitución, KV 382, para el n.º 5, una obra que resultó ser muy popular (en octubre de 1782 completó otro rondó, en la mayor, KV 386, posiblemente destinado a ser un final alternativo para el KV 414, n.º 12).Grout, p. 628. Este grupo de tres conciertos fue descrito por Mozart a su padre en una famosa carta:Grout, págs. 628-629.Véase la carta en Mozart I.

Este pasaje apunta a un importante principio de los conciertos de Mozart: que éstos fueron diseñados para entretener al público y no solamente para satisfacer un impulso artístico.Grout, p. 628.