thumb|derecha|Guayaquil,1920 después de la reconstrucción del Gran Incendio de 1896.|346x346px El Gran Incendio de Guayaquil, también conocido como el Incendio Grande, fue un incendio de enormes proporciones que arrasó la ciudad de Guayaquil, en el Ecuador. El fuego inició en la noche del 5 de octubre y se extendió hasta la tarde del 8 de octubre de 1896. El fuego destruyó aproximadamente la mitad de la ciudad, desde el sector de la Gobernación hasta el inicio del barrio Las Peñas.PP El Verdadero. Historia de mi barrio: Las Peñas, cuna de héroes y refugio de artistas. Consultado el 2 de julio de 2013.

Antecedentes Se inició aproximadamente a las 11 de la noche del 5 de octubre de 1896. Se habló de un sabotaje al edificio de la gobernación iniciado en la manzana de enfrente, donde funcionaba el almacén de lencería denominado "La Joya", sin tomar en cuenta la dirección en la que el viento corría, dejando Miles de muertos

Desarrollo del incendio

El incendio grande El domingo 4 de octubre de 1896, Guayaquil amaneció tranquilo. El Grito del Pueblo, un diario de aquella época, publicó en una de sus páginas que esa noche a las 8:30 se estrenaba en el Teatro Olmedo la preciosa y siempre aplaudida zarzuela «El Juramento», los templos de la urbe se llenaron de fieles y nada indicaba que se produciría una de las mayores tragedias que registra la historia de la ciudad de Guayaquil: El Incendio Grande conocido también como el Gran Incendio de Guayaquil.

El lunes 5, a las 11 y 40 de la noche, unos gritos llamaron la atención del vecindario de las actuales calles de Aguirre, Malecón, Illingworth y Pichincha. Estaban ardiendo los bajos de la casa de un doctor llamado Carlos Matheus y Pacheco, situada en la esquina de Malecón y Aguirre, donde funcionaba el almacén de novedades «La Joya» de propiedad de los extranjeros Manessevitz y Bowsky, con el n.º 161 por el Malecón. Al poco rato las llamas han contaminado los almacenes vecinos con frente a la ría y arden las tiendas de José Feldman con el n.º159. El bazar Parisién, de Alejandro Meret, con el n.º 158; la Capital, con el n.º157, La Opera, que recién ha sido fundado por un señor de apellido Raymond; los almacenes de Aquiles Rigail, con el n.º 150, y ya en la esquina de lllingworth, el Casino Español, donde los caballeros de la época saboreaban deliciosos vinos europeos.

Esta primera manzana comprendía 5 casas, a saber: Por el Malecón, la del doctor Matheus y de la señora V. de Aguirre que vivía en París en el momento del flágelo; luego la del doctor Vallejo que estaba en construcción; la de la familia Ycaza, donde vivía una familia de apellido Wright, teniendo en los bajos a la Librería Española de Pedro V. Janer y las oficinas de González Bazo. Por último está la casa de don Adolfo Hidalgo Arbeláez, en cuyos bajos funcionaba el Banco Territorial y la Compañía Ecuatoriana de Seguros contra Incendios, que quebró a consecuencia del siniestro, como las demás compañías de seguros que existían en Guayaquil, que no pudieron cubrir los daños que el público asegurado reclamaría después.

Extensión del fuego thumb|Mapa de Guayaquil después del incendio de 1896|274x274px José María Carbo Aguirre, gobernador de la provincia, al saber que las llamas amenazaban contaminar el histórico edificio de la Gobernación, se trasladó a las 12 de la noche a los bajos y organizó su defensa con piquetes de voluntarios que subidos al techo apagan los maderos encendidos que saltaban por los aires a través de la bocacalle. Igualmente junto a algunos caballeros de la localidad salvó el archivo administrativo de Guayaquil y su provincia, trasladándole al Cabildo, donde permaneció varios meses en calidad de depósito. Ambos edificios fueron magníficamente defendidos y esta labor impidió que el fuego se extendiera por el río, hacia el sur, salvándose el Barrio Villamil y el Astillero.

Sin embargo, a las 12 y 15 p.m., el fuego pasó a la casa de los Herederos de Don Ildefonso Coronel y Mora, donde actualmente funciona el Banco de Descuento y 15 minutos después ya ardía esa manzana, porque se contaminó el edificio vecino, donde funcionaba el Banco Comercial y Agrícola.

Entonces el fuego se propagó con dirección suroeste porque soplaba una fuerte brisa. Para la madrugada eran 5 o 6 manzanas que estaban siendo consumidas y no había poder humano que detuviera al enemigo. Los bomberos luchaban denodadamente pero siendo las casas de madera y otros elementos de fácil combustión cualquier intento por apaciguar la furia del incendio era inútil. En la mañana del martes 6 de octubre el fuego cambió de curso, con dirección norte y el incendio avanzó por la calle Pichincha. Al poco rato y en las cuadras situadas entre avenida Nueve de Octubre y Aguirre ya no existían las casas donde antes había prósperos negocios; Vignolo, García y Ninci, varios almacenes de chinos, las oficinas de Rohde, la Joyería de Philips, R.B. Jones y Co. Defranc y Compañía, el Salón La Ganga, la peluquería de Corrons y varias cantinas.

Después continuaron los daños propagándose por Pichincha siempre hacia el norte y con dirección a la iglesia de la Concepción, que estaba situada donde ahora existe la Planta Proveedora de Agua del Cuerpo de Bomberos frente a la Plaza Colón. Por el Malecón la devastación también fue grande. Los almacenes La Perla, La Opera, Lorenzo Paba, A. Ycaza Gómez, Osa y Compañía, El Louvre, Rodríguez, R. y L. García, Duran y Compañía, La Botica, Joaquín Ycaza, La Ninfa y La Maravilla fueron destruidos por las llamas. Ya nada quedaba en el Malecón porque desde Aguirre hasta el Colegio de los Sagrados Corazones todo había desaparecido. Numerosas casas exportadoras de cacao despedían un magnífico olor a chocolate. Esa tarde a las seis desapareció el Barrio de Las Peñas hasta la Atarazana. Por el oeste el fuego llegó a la calle Boyacá y en la noche sopló un viento huracanado que fomentó aún más las llamas. El edificio de la Aduana, que era grande y contenía mucho material combustible, incendió algunas casuchas del cerro Santa Ana, de las más próximas.

El miércoles 7 de octubre amaneció la ciudad en ruinas, pero el incendio continuó en dirección oeste. Las familias de la Plaza de la Merced abandonaron sus inmuebles por el calor enorme que se sentía en ese sector. Lo mismo las de la calle Bolívar.

A las 9:45 de la mañana ardieron las casas de la Plaza de San Francisco. Primero se quemó el Depósito de Cerveza. Luego la Bomba Salamandra, los Talleres, Imprenta y Redacción del Diario «El Tiempo». Una hora después pasaron las llamas a la acera del frente quemándose la casa de los Caamaño, en 9 de Octubre y Córdova, por donde se metió el fuego hasta la Merced.

La Estatua de Rocafuerte sufrió un tremendo calor a causa de las llamas pero no se destruyó porque es de metal, en cambio, la base de piedra se rajó en dos partes y la desquició con peligro de caer.

A las tres de la tarde se quemó el Cuartel de Artillería «Sucre» situado en la esquina de 9 de Octubre y Boyacá, explotando el parque. El estruendo que se escuchó fue comparado al de una batalla y salían los cartuchos disparados al aire en enorme cantidad. Al mismo tiempo se alzó un viento huracanado en el potrero de las calles Junín y Boyacá, hacia el norte, donde numerosos fugitivos habían almacenado sus pertenencias. Algunos baúles se levantaron del suelo hasta 30 metros de altura, desparramando su contenido. A las 6 ya no quedaba nada por quemar por el norte y en la madrugada del jueves 8 el fuego plantó su avance y desapareció como por encanto. Había terminado el Incendio y renació la calma sobre un Guayaquil chamuscado y mal oliente, negro de humo y miseria, donde deambulaban seres que de la noche a la mañana pasaron de la opulencia a la miseria más espantosa, sin siquiera tener un sitio de descanso. Todo perdido en el Incendio Grande. thumb|La mañana del 7 de octubre de 1896

Renacimiento de Guayaquil thumb|Plaza San Francisco en 1928 El Gobernador convocó a los principales ciudadanos, ese mismo día, a reunión en la Gobernación; a las 2 p.m. asistieron numerosos vecinos y como primera medida formaron la Guardia Urbana y eligieron Primer Jefe a Antonio Gil, dividiendo la Ciudad en Secciones y dando a cada una de estas un cuartel de reunión. En la Sección A fue Jefe Juan F. Fioravanti y el depósito estaba en la Bomba Ecuador en el Astillero. La Sección B tuvo a Francisco Durán y Rivas y depósito en la Bomba Luzarraga en la calle del Teatro. De la sección C fue Jefe Vicente Campuzano Morla, con depósito en la bomba Aviles situada en las calles Municipalidad y Chanduy; y la sección D estaba presidida por Eleodoro León y depósito en la bomba Olmedo de las calles Municipalidad y Boyacá.

Igualmente se constituyó una Junta de Padres de Familia para colectar fondos y especies y distribuirlas entre el pueblo. La formaron Luis Adriano Dillon Reyna, Martín Aviles Garaycoa, Emilio Estrada Carmona y Tomás Gagliardo, actuando como Tesorero Guillermo Higgins Carbo. Esa Junta levantó carpas para albergue de familias que habían quedado sin hogar sobre los solares que Martín Ycaza Paredes gratuitamente ofreció al Gobernador en el barrio del Astillero, en nombre de sus hijos Martín y Julio, los propietarios.

La Junta pidió al Gobernador que dispusiera al Intendente la ocupación de las escuelas fiscales y municipales, así como de los templos y teatros de la ciudad, para momentáneo albergue de la población, y para solucionar el problema de la desocupación se creó una Comisión de Agricultura que empleó doscientos hombres en faenas propias del campo. Cada miembro tomó a cargo este número de trabajadores por 6 meses cuando menos y fue así como Jaime Puig Mir, Luis Adriano Dillon Reina, Emilio Estrada Carmona y el Dr. Agustín L. Yerovi se comprometieron a tan laudable propósito en detrimento de sus economías privadas, con tal de solucionar siquiera en parte la angustia de la población.

La colecta se efectuó con éxito y el 11 de octubre ya son algunos miles los que se distribuyen entre el pueblo: El Capitán Geo Chambers Stock dio 50 pesos: J. A. Weller, por la empresa de Teléfonos de Guayaquil, 100; Geo Nilson, 50; y otros más entregaron sumas menores.

Problemas que surgieron luego del Incendio El Diario «El Grito del Pueblo» en sucesivas ediciones comenzó a relatar las anécdotas del flagelo. Por eso se conoce que la señora Adela Méndez solicitó la devolución de una máquina de coser perdida en la calle Sucre y pedía que se la depositaran en su domicilio entre las avenidas Municipalidad y Quito. Algunos opinaban que era necesario frenar el abuso de los cargadores de muebles, que con tanto trabajo cobraban sumas astronómicas.

La familia Urbina dio cuenta de la pérdida de dos retratos grandes, al óleo, donde aparecía de cuerpo entero don Gabriel Fernández de Urbina, solicitando que lo devolvieran a la imprenta del diario. Estos retratos posiblemente no se hallaron porque a la presente fecha nadie da razón de ellos. Los señores Zevallos pusieron a disposición de las personas que habían quedado sin abrigo unas covachas de su propiedad, ubicadas en la calle Vivero a orillas del río, en el barrio del Astillero y solicitaban a los interesados que se acerquen a tratar con el señor Samuel Carcelén, que las administraba a módicos precios.

El General Cornelio E. Vernaza Carbo se lamentó de la pérdida de su biblioteca de temas militares, la más lujosa y completa del país, indicando que los Códigos, Tácticas y Proyectos de Ley que tenía en su casa, casi todos propios aunque algunos eran ajenos, se habían quemado en su totalidad. Otros anotaron que había más de 5.000 personas viviendo al aire libre. Algunos opinaban que en cada portal se debían levantar paredes de tablas para albergar provisionalmente a los sin techo.

El servicio de cable con el exterior se cortó desde el martes y recién se reparó a las 4 de la tarde del día siguiente, hora en que se comunicó la noticia al mundo.

La asamblea nacional constituyente