thumb|Acuario monegasco. Los acuarios cumplen muchas funciones y son un pasatiempo muy antiguo.
Un acuario es un recipiente de vidrio o de otros materiales, generalmente transparentes, que incluye los componentes mecánicos que hacen posible la recreación de ambientes subacuáticos de agua dulce, marina o salobre, a fin de albergar un ecosistema correspondiente a esos ambientes, con peces, invertebrados, plantas y casi cualquier animal fluvial o marino.
La cría de seres acuáticos en cautividad es muy antigua, sin embargo los acuarios nacieron en el , al menos en su forma contemporánea. El entretenimiento de mantener y disfrutar de un entorno acuático a la vista de todos surgió con la moda de coleccionar animales y sobre todo plantas acuáticas. Estas últimas necesitaban humedad tanto para vivir como para ser transportadas, para lo cual se desarrollaron recipientes sellados que podían contener cierta cantidad de líquido. Más adelante, dicha cantidad fue aumentando hasta convertirse en los modelos actuales.
Un acuario es una instalación muy planificada. Los exitosos requieren algún estudio preliminar para su correcta ubicación, así como una previsión del contenido que albergarán, pues se precisa conocer de antemano el tipo de agua, el tipo de fauna y flora, la decoración o el suelo. Del mismo modo, resultan imprescindibles un conjunto de mecanismos y sistemas automáticos con la capacidad y potencia suficientes para lograr condiciones como la temperatura necesaria, la oxigenación adecuada o la luz precisa que mantenga un ambiente saludable para la flora y la fauna, sin perder con ello transparencia y vistosidad.
Los acuarios son ecosistemas vivos y, por lo tanto, dinámicos. Razón por la cual siguen demandando cuidados extras, aún con todas las automatizaciones conseguidas. Tareas como el cambio de agua, la combinación de nutrientes para la fauna y la flora, la limpieza del biotopo o la sustitución de filtros siguen siendo imprescindibles para la salud de los seres vivos y no se han conseguido automatizar por el momento.
Todas las tareas y los desembolsos necesarios para hacerse con un acuario y mantenerlo no desaniman a los aficionados a esta disciplina de la biología, por las ventajas que presenta para sus propietarios, convirtiéndose incluso en una industria propia. Asimismo, han proliferado acuarios profesionales en muchos países, abiertos al gran público, con millones o decenas de millones de litros de capacidad. En ellos viven peces, plantas e, incluso, mamíferos marinos, como belugas, morsas u orcas, y realizan programas de reproducción y repoblación con especies amenazadas.
La popularización de los acuarios, públicos y privados, se ha expandido hasta el punto de volverse un elemento más de la cultura popular.
Etimología La palabra acuario proviene del latín aqua, que significa ‘agua’, más el sufijo -rium, que significa ‘lugar’ o ‘edificio’. El término se le atribuye a Philip Henry Gosse, explica , quien utilizaba la expresión vivario en su libro (sic) A Naturalist's Rambles on the Devonshire Coast, publicado en 1885, como vocablo intercambiable con «acuario marino». Pero al año siguiente ya lo sustituyó por la nueva voz en su trabajo (sic) The Aquarium: An Unveiling of the Wonders of the Deap Sea. Siguiendo las explicaciones de Burnner, para Gosse «acuario» constituía una palabra más fácil de pronunciar y de recordar, dejando «vivario» para las urnas con anfibios y reptiles. Se podía llamar también aqua vivarium, pero entendió que aquarium era la forma neutra de aquarius, además de aportar reminiscencias latinas.
Por derivación, la ciencia o la parte de la biología que estudia los acuarios se llamaría acuariología. Pese a ser acuñado en el , el término no lo recoge la Real Academia Española, aun siendo muy utilizado en la literatura especializada, no solo en manuales de instrucciones y divulgación, investigaciones como la de Pedro ya lo llevaban por título a finales de los años 50 a.C.
El concepto de «acuario» se diferencia del de «pecera» por las condiciones ambientales. Para el primer caso estas son permanentes, controladas y adaptadas a los organismos que van a vivir en él. Los acuarios más sofisticados pueden albergar ecosistemas tan delicados como un arrecife de coral, al estar dotados de sistemas de iluminación, generadores de olas, filtros físicos, biológicos y químicos, termostatos, bombas dosificadoras de elementos, relojes, alimentadores y un largo etcétera. Por su parte, una pecera carece de todo ese instrumental. Es un recipiente de diferentes tamaños, formas y materiales, construido con el fin de mantener y observar peces y otros organismos acuáticos.
La voz acuario es de uso neutro, no así el término pecera, el cual posee connotaciones negativas por representar una especie de tortura para los inquilinos que les haya tocado en suerte malvivir en ella, pues la pecera típica es una bola de cristal, abierta por arriba a través de un agujero circular, con un fondo plano, en el que se mantiene agua y los peces de colores. Al no estar controladas las condiciones ambientales, el agua debe ser sustituida cada cierto tiempo por otra sin clorar para eliminar toxinas y aportar oxígeno, respirado por los animales del interior. En estas circunstancias generalmente solo sobreviven especies robustas, como carpas doradas (Carassius auratus). Afortunadamente para sus pobladores, las peceras casi han desaparecido, según .
Historia thumb|El koi ha sido criado en estanques decorativos durante siglos en China y Japón. Pese al origen latino de la palabra, el nombre no proviene de la literatura romana, si bien es verdad que los romanos practicaban un arte similar, si hacemos caso de los datos proporcionados por Plinio el Viejo, citado por Bernd . El cuidado de peces en entornos cerrados o artificiales, acuariofilia o acuicultura, es una práctica que se remonta varios siglos antes de Cristo.
Los sumerios eran conocidos por mantener peces en estanques, antes de su consumo. Peter W. indica que también se han encontrado descripciones del pez sagrado Oxyrhynchus en el arte egipcio antiguo. Para las primeras evidencias arqueológicas sobre la tenencia de peces en recipientes con fines recreativos provienen de esta civilización, no de la sumeria. mantiene que costumbres similares a la acuariología se daban en otras culturas y cita la reproducción selectiva en China de la carpa entre el 618 y el Dicha reproducción derivó en los hoy populares kois y carpas doradas. Asimismo, también menciona la existencia de sólidas evidencias sobre el gusto de los chinos durante la dinastía Song por los peces de colores en recipientes cerámicos grandes con fines recreativos. Autores como Pedro indican que no se cuenta con pruebas sobre las prácticas chinas en particular y orientales en general, pero el autor no duda en afirmar que debieron existir y se orientaban casi exclusivamente a especies de agua dulce. Esta práctica perduró, de algún modo, en varios países de Asia, como Corea del Norte, tanto es así que destacaban lo muy común de esta afición entre los niños de Pionyang, quienes acudían a los ríos para capturar ejemplares nuevos.
thumb|left|Diseño de un acuario marino hacia 1860.
El concepto de un recipiente transparente para su uso en interiores con el fin de observar distintos tipos de animales y plantas, en muchas ocasiones muertos, surgió aproximadamente en el . constata la pasión de gentes acomodadas por coleccionar conchas y animales, especialmente marinos, para disfrute de propietarios e invitados. Nuevamente Bernd , autor de una monografía sobre la historia de la acuariología, destaca la colección reunida por Levinus Vincent, hacia 1706, en la que sobresalían los corales.
El biólogo Abraham Trembley conservó, en grandes cilindros de vidrio, una hidra que capturó en los canales del jardín 'Sorgvliet', en los Países Bajos. El fin no era estético sino científico, pues Trembley pretendía estudiar la hidra. Pese a este logro, la ciencia impulsó pocos avances para llegar al acuario actual. Para el primer gran paso hacia el acuario moderno lo trajo de nuevo el coleccionismo, pero en esta segunda etapa sería el coleccionismo de seres vivos. Durante la primera mitad del , en Gran Bretaña se puso de moda coleccionar helechos, especialmente tropicales. Por tanto tenían que ser transportados desde su lugar de origen en buenas condiciones de humedad. Esto solo podía lograrse llevando las plantas en urnas estancas capaces de conservar tierra húmeda y agua en su interior. El siguiente paso para llegar al acuario moderno consistiría en añadir más agua que tierra. Nathaniel Bagshaw Ward propuso en 1838 conseguir algo así y en 1841 logró llenar un recipiente de agua, con plantas acuáticas y peces de juguete. Entre las dos fechas, el zoólogo francés Félix Dujardin afirmó poseer un acuario de agua salada. Pero fue la zoóloga marina Anna Tynne la que logró mantener un acuario marino con corales durante varios años gracias a la casualidad, el agua se renovaba gracias a la lluvia caída por la ventana. Una longevidad como esa constituyó un logro sin parangón para la época y atrajo la curiosidad de otros científicos .
Los primeros acuarios consistían en armazones metálicos en los que se incrustaban los cristales, lo cual reducía la visión del interior.
Pese a que los objetos y animales más demandados para coleccionar y admirar eran los marinos, los acuarios de agua salada tuvieron un desarrollo mucho más lento que los de agua dulce, aun siendo los primeros en investigarse. La razón de dicho retraso estriba en que la ciencia de la época disponía de menos conocimientos sobre los distintos medios marinos y, por tanto, no se sabía cómo recrearlos y especialmente cómo mantenerlos. El agua salada era difícil de obtener y más aún de sintetizar. Además, los márgenes de temperatura son más estrechos para estos ambientes que para los fluviales y lacustres, y lo mismo sucede con los rangos de oxigenación. Por todo, autores como Michael S. afirman que los avances conseguidos en el cuidado de acuarios marinos han sido más bien especulaciones o adquisiciones por medio del ensayo y error, sin partir de conocimientos ictiológicos u oceanográficos previos. Según el mismo autor, los acuarios de agua salada vivieron su gran avance tras la Segunda Guerra Mundial, con el desarrollo del buceo con escafandra autónoma, momento en el que los fondos marinos tropicales pudieron ser contemplados por gran cantidad de personas, lo que volvió a disparar su demanda y la necesidad de indagaciones para el asesoramiento.
Beneficios de un acuario thumb|derecha|Instalación en un centro comercial de Kaunas, Lituania. Los acuarios son un buen elemento decorativo y arquitectónico.