La batalla del Gránico fue la primera en la que el rey macedonio Alejandro Magno se enfrentó y derrotó a los persas durante su famosa campaña de conquista del Imperio Aqueménida. La batalla tuvo lugar en el noroeste de la actual Turquía, cerca del emplazamiento de Troya sobre un río conocido como el Gránico. Allí, un ejército bajo el mando combinado de los sátrapas persas de Asia Menor, que contaba con numerosos mercenarios griegos, fue derrotado por Alejandro.

La batalla se dio cuando Alejandro cruzó el río Gránico con su ejército bajo un intenso ataque por parte de las fuerzas imperiales persas se encontraban en el banco opuesto del río, las cuales trataron sin éxito de prevenir el cruce de los griegos. Al final, a pesar de que los persas se encontraban en una posición defensiva excelente tras un caudaloso río de bancos empinados, los griegos no solo lograron cruzar, sino que neutralizaron o destruyeron a la mayor parte del ejército persa mientras que la mayoría de sus comandantes murieron.

Fue la primera batalla a gran escala entre Alejandro y el Imperio aqueménida y la victoria le permitió a Alejandro asegurarse firmemente una cabeza de playa en el territorio persa de Asia Menor, provocó que los persas perdieran de un solo golpe varias satrapías (provincias) y animó a la mayoría de las colonias griegas en Asia Menor (que eran increíblemente numerosas) a renunciar a su lealtad a los persas y unirse a Alejandro, apoyándolo con hombres y suministros.

Antecedentes históricos miniaturadeimagen|Extensión del imperio de Alejandro Magno Las guerras greco-persas fueron una serie de conflictos militares entre los años de 499 a. C. y 449 a. C. entre el Imperio aqueménida (la más grande y poderosa potencia del mundo en su época, centrada en Mesopotamia) y las ciudades-estado griegas, que no eran más que una colección de pequeñas naciones ubicadas en la actual Grecia y la costa de Asia Menor, cada una de las cuales era independiente. Notablemente, la colección de pequeñas ciudades independientes griegas repelieron a la superpotencia de su época y finalmente llegarían a conquistarlo.

Estos conflictos comenzaron cuando Aristágoras, el derrocado tirano de la ciudad-estado griega de Mileto, lanzó una campaña militar con apoyo persa para tratar de recuperar su trono, comenzando con la conquista de la isla de Naxos en una batalla conocida como el sitio de Naxos el cual fracasó. Tras esto, Aristágoras incitó una rebelión masiva de todos los griegos viviendo en Asia Menor (que era una posesión persa) lo cual dio lugar a la revuelta jónica. Esta revuelta, eventualmente, arrastró a todos los estados de Grecia a un conflicto abierto con el Imperio persa, forzando a los griegos a poner de lado sus rivalidades y aliarse. El Imperio persa intentó invadir y conquistar Grecia en 492 a. C., con éxito parcial. Más tarde, Persia intentó invadir de nuevo Grecia en 480 a. C., intento que concluyó en una decisiva victoria griega asegurando su independencia, acabando así con la guerra pero no con el conflicto, que siguió con baja intensidad hasta 449 a. C.

Pero en 359 a. C. un rey llamado Filipo II llegó al trono de una atrasada y pobre nación griega conocida como Macedonia; Filipo demostró ser un líder capaz, eficiente, astuto y un genio militar: pronto Filipo inició la expansión de Macedonia transformándolo en el estado más poderoso de Grecia. Filipo unió a la mayoría de los estados y reinos griegos en una alianza llamada la Liga de Corinto de la cual el era líder, comandante en jefe y hegemón. Su propósito era invadir el propio Imperio aqueménida, pero antes se dio una rebelión por parte de una alianza de dos ciudades griegas: Atenas y Tebas. Filipo no podía lanzar una expedición a miles de kilómetros de su hogar dejando atrás un alzamiento armado, por lo que antes hubo de combatirlo con la ayuda de su hijo y sucesor, Alejandro, en la que sería su primera batalla;La rebelión fue aplastada y las ciudades rebeldes regresaron a la alianza antipersa. Filipo murió dos años después, antes de poder lanzar su campaña, y su hijo Alejandro se encargó de realizarla.

La situación en el Imperio aqueménida En ese momento, el Imperio aqueménida se encontraba en crisis debido a la repentina e inesperada muerte del emperador Artajerjes III en el año 338 a. C, que, según algunos escritos, había muerto envenenado por Bagoas, un eunuco que servía como visir. De acuerdo a esta versión, Bagoas envenenó al emperador y a gran parte de la familia real, y luego instauró a uno de los hijos de Artajerjes III como nuevo emperador, Artajerjes IV Arsés, pensando que sería fácilmente manipulable debido a su corta edad. En contra de sus expectativas, Arsés intentó resistir su influencia y Bagoas finalmente decidió envenenarlo y suplantarlo con un familiar lejano, esperando poder influir sobre él: Darío III. Sin embargo, Darío III resultó ser más independiente de lo esperado y en venganza por la muerte de sus familiares asesinó a Bagoas.

El caos de la sucesión real animó a la satrapía de Egipto (estratégicamente, la más importante y también la más rica) a proclamar su independencia.En ese momento, el imperio persa no tenía ejércitos de tamaño considerable en Egipto, el Levante mediterráneo o Asia Menor. Además, la flota aqueménida había sido retirada del mar Egeo para bloquear los puertos egipcios, lo que dejó desprotegida esa región, permitiendo a los griegos transportar un ejército por mar al Imperio persa de Asia Menor.

La primera expedición macedonia La inestable situación persa animó a Filipo II a enviar un cuerpo expedicionario, dirigido por Parmenio y asistido por Átalo, con el propósito de funcionar como una invasión preliminar que establecería puestos de avanzada y conquistaría los puertos persas más importantes para que el resto del ejército macedonio pudiese desembarcar sin peligro.

Pero Filipo II fue asesinado en octubre del año 336 a. C. y fue sucedido por su hijo Alejandro Magno, que de inmediato tuvo que ir a los Balcanes para aplastar una rebelión que había surgido aprovechando la muerte de Filipo. Esto distrajo a los macedonios de la campaña persa y dio tiempo a Darío III de organizar una contraofensiva que expulsó a los macedonios de Asia Menor y también sometió a la satrapía rebelde de Egipto.

Preludio Una vez asegurada la situación en Grecia, Alejandro abandona Macedonia con su ejército. El objetivo era continuar los planes de su padre y atacar el Imperio aqueménida. Cruza el Helesponto en el 334 a. C., avanzando por la carretera hacia Dascilio, capital de la satrapía de Frigia.

En respuesta a la invasión, los sátrapas de las regiones de Asia Menor que estaban siendo atacadas sostuvieron un consejo de guerra en Zelea, a unos 45 kilómetros del Gránico.

A pesar de que los servicios de inteligencia del imperio persa sabían que los griegos los invadirían desde que zarparon de Grecia, Darío y sus oficiales no consideraron que la amenaza fuese importante: Normalmente, el emperador hubiera designado a un general de alto rango para dirigir la defensa del imperio y lo hubiera enviado con un ejército grande; sin embargo, en este caso, Darío dejó que sus sátrapas se encargaran de responder a la invasión como mejor les pareciese dado que no sabía de las habilidades militares de Alejandro o de su ejército y el Imperio persa era una nación docenas de veces más grande que el Reino de Macedonia y con una población aun mayor. Estas fueron las causas de que Darío subestimara a Alejandro en un inicio.

Estrategia persa Desafortunadamente para los persas, tantos generales eran incapaces de ponerse de acuerdo en un único plan, rechazando la sagaz táctica de Memnón, de quemar los campos de trigo y retirarse después, dejando sólo tierra estéril a su paso. Sin embargo, a los gobernadores persas y al pueblo persa naturalmente no les gustaba la idea de arrasar sus propias tierras y destruir sus propiedades.

En resumen, básicamente existían dos cursos de acción a tomar en la estrategia de los sátrapas persas contra el invasor macedónico: un ataque directo y concreto o la retirada con táctica de campo arrasado. Los persas, elegirían entonces la primera.

Estudiando la situación, identificaron como uno de los mayores puntos débiles del ejército invasor que este se encontraba focalizado en su cadena de suministros. El ejército de Alejandro, en el momento de pisar suelo asiático, contaba con provisiones para un lapso de tiempo de 30 días a lo mucho. Si bien la racionalización de alimentos por parte del ejército macedónico era una práctica bastante bien ejercitada desde los tiempos de Filipo II, las enormes distancias y las dificultades logísticas implicaban un serio riesgo para las tropas de Alejandro. Más aún si consideramos que la supremacía naval era enteramente persa, mientras que la pequeña flota de Alejandro se centraba enteramente en la porción de navíos atenienses de dudosa fidelidad.

Esta estrategia era la apoyada por el general griego al servicio persa Memnón el rodio, quien era a la sazón estratega general de todos los mercenarios griegos al servicio del Imperio aqueménida y un experimentado general. Su objetivo era evitar choques directos con el ejército macedónico y en lugar de eso evacuar todas las áreas por donde el ejército macedonio transitaría, destruyendo todas las edificaciones que le pudiesen servir de refugio, destruyendo todos los sembradíos para no dejarles ningún suministro y destruir los caminos o vías de comunicación para entorpecer su progreso. Esta estrategia se conoce como la estrategia de tierra quemada.

Con esto, tras continuas marchas sobre un terreno hostil, yermo, y arrasado, donde el aprovisionamiento sería escaso o nulo; el ejército macedonio sería desgastado poco a poco y no lograría nada; se adueñarían de regiones despobladas y estériles. De esta manera se podrían causar enormes bajas al ejército macedonio sin una sola batalla y sin perder un solo soldado persa y, una vez debilitado el ejército macedónico, se procedería a atacarlo con el ejército persa que estaría intacto y después cortar las líneas de comunicación marítima con Macedonia, y aniquilar al invasor.

Esta estrategia tenía sentido en términos militares y es muy probable que hubiera obligado a Alejandro a retroceder del territorio persa ya que su completa estrategia consistía en confrontar al ejército imperial aqueménida y derrotarlo decisivamente cuantas veces fuese posible, al mismo tiempo viviendo de los suministros y recursos que le proporcionase la región.

Los sátrapas, dirigidos por el sátrapa de Frigia helespóntica, Arsites, rechazaron tajantemente esta propuesta que hubiera requerido la destrucción de sus propios dominios y fuentes de riqueza; ya que, como ya se mencionó, la táctica de tierra arrasada incluía la quema de los campos cosechados, destrucción de los almacenes de alimentos y el traslado de la población útil; adicionalmente, esta estrategia también tenía la desventaja de que causaría descontento entre la población que se vería obligada a abandonar sus hogares y destruir sus propiedades y además la estrategia tendría un impacto negativo considerable sobre la moral del ejército persa que se limitaría a vigilar de lejos al ejército macedonio retrocediendo continuamente y evitando batalla. Además, los generales persas consideraban más honorable combatir a Alejandro frente a frente y también confiaban en que su ejército, el ejército de la superpotencia más poderosa del mundo en el momento, podría aplastar a Alejandro. Más aún, los generales persas desconfiaban de Menmón por varias razones: pensaban que deseaba alargar el conflicto para seguir siendo contratado por más tiempo, dudaban de su lealtad ya que lo consideraban un extranjero y él mismo era griego y su lealtad a Persia se basaba solo en dinero y, más aún, cuando Alejandro conquistó el puerto de Abydos, dejó la gran hacienda y otras propiedades de Memnón intactas, lo que dio pie a rumores de que había algún tipo de colusión entre ambos.