thumbnail|300px|Un misil AGM-88 HARM en caza de la Armada de los Estados Unidos. thumbnail|derecha|300px|Un misil ALARM en un Tornado GR4 de la Real Fuerza Aérea.

La Supresión de Defensas Aéreas Enemigas o SEAD (Suppression of Enemy Air Defenses, por sus siglas en inglés) es una acción militar de interdicción aérea llevada a cabo para suprimir las defensas aéreas enemigas situadas en la superficie terrestre.

Es conocida también como operación Wild Weasel (Comadreja Salvaje, en español) y Iron Hand (Mano de Hierro, en español), en Estados Unidos. Tiene como objetivo destruir los misiles superficie-aire (SAM, del inglés Surface to Air Missile) y la artillería antiaérea del enemigo, principalmente en las primeras horas de un ataque.

Este tipo de misión no requirió especialización hasta la guerra de Vietnam, ya que anteriormente no había ningún entrenamiento, equipo o fuerza especial para atacar la defensa aérea enemiga.

Durante la guerra de Vietnam se crearon unidades especializadas, empiezan a aparecer los primeros aviones modificados para especializarse en estas misiones y se crean las tácticas especiales.

Definición

La batalla aérea busca el dominio del aire mediante la ejecución de operaciones aéreas dirigidas a la destrucción de todos los medios de combate enemigos, ofensivos y defensivos que puedan oponerse a la acción aérea propia.

La superioridad aérea es necesaria para ejecutar operaciones militares libremente y con reducido riesgo y al mismo tiempo niega al enemigo la suya. Lograr el dominio del aire incluye operaciones de supresión de las defensas antiaéreas enemigas y operaciones ofensivas y defensivas contra los aviones enemigos. Las misiones SEAD consisten en la neutralización, destrucción o degradación del sistema de defensa aérea del enemigo, lo cual permite que otras operaciones aéreas se realicen sin pérdidas innecesarias.

Las operaciones SEAD no son misiones por sí mismas sino un medio para crear condiciones favorables para todas las operaciones propias.

La supresión de las defensas aéreas enemigas (SEAD) emplea medios destructivos o degradativos. Los requisitos para estas misiones dependen de los objetivos, las capacidades de los sistemas y la complejidad de la amenaza. Las operaciones SEAD se dividen en tres categorías: Supresión de defensas aéreas: se trata de operaciones contra sistemas defensivos específicos para degradar o destruir su efectividad. Los blancos son aquellos cuya neutralización procure la mayor degradación posible de la capacidad total de los sistemas enemigos, permitiendo operaciones propias efectivas. Los objetivos son centros de C3i (mando, control, comunicaciones e inteligencia), depósitos logísticos, SAM, etc. Supresión localizada: se trata de operaciones confinadas a un área geográfica asociada con sistemas determinados o rutas de tránsito aliadas, contribuyendo a la obtención de la superioridad aérea local. Los objetivos son todas las defensas aéreas que puedan poner en peligro la operación en una zona determinada y se coordinará con ataques a bases aéreas enemigas. Supresión de oportunidad: Se trata de operaciones no planificadas, que incluye por tanto la autodefensa realizada por las tripulaciones y el ataque a blancos discrecionales.

Estas capacidades solo están al alcance de un exclusivo club del que pocos países son miembros. Las misiones SEAD se asocian con las operaciones de ofensiva contra-aérea (Offensive Counter-Air, OCA), que engloban: Supresión de la defensa aérea enemiga (SEAD): realizadas por plataformas capaces tanto de ataque físicos como electrónicos (Electronic Attack, EA) contra radares hostiles. Dentro de estas misiones se habla de la destrucción de la defensa aérea enemiga (DEAD por sus siglas en inglés) cuando se busca la destrucción física. Recolección de datos (Electronic Intelligence, ELINT): la elaboración de mapas electrónicos con la ubicación de radares y sus frecuencias permite planificar misiones y conocer como opera el enemigo su defensa aérea.

La misión SEAD consiste en reducir, neutralizar o destruir los sistemas antiaéreos y de mando, control y de comunicaciones de forma que las operaciones aéreas puedan llevarse a cabo con la mayor libertad y menor número de pérdidas. Incluye tanto el ataque físico como la guerra electrónica.

Las defensas antiaéreas contra las que se lucha, móviles o fijas, están integradas en una red que combina cañones y misiles SAM con sistemas C³ (centros de mando, control y comunicaciones) y sistemas de guerra electrónica. Por ello la supresión de las defensas puede suponer una neutralización temporal de algunos elementos y la destrucción total o parcial de otros elementos esenciales de la defensa aérea enemiga.

Las armas con que cuentan los aviones SEAD son los misiles antirradar (ARM), misiles stand-off, bombas convencionales o guiadas, chaff y equipos de contramedida e interferencia electrónica. Los objetivos prioritarios a atacar son los emplazamientos de misiles SAM y artillería antiaérea que protegen las bases aéreas y centros de mando del enemigo.

La relación entre SEAD y guerra electrónica es muy estrecha. Como los sistemas de defensa antiaérea se basan en el radar y emplean redes de comunicaciones para transmitir datos esto permite emplear energía electromagnética para neutralizarlos. Históricamente los aviones dedicados a realizar ataques electrónicos han sido considerados como plataformas SEAD y se han convertido en una herramienta fiable para inhabilitar las defensas antiaéreas. Esto ha llevado a trabajar en perfeccionar una estrecha coordinación entre aviones SEAD y aviones de guerra electrónica.

Armas

La supresión se puede lograr destruyendo físicamente la defensa enemiga, interrumpiéndola, engañándola a través de guerra electrónica o mediante señuelos y drones. Las operaciones SEAD se pueden realizar por cualquier medio naval, aéreo o terrestre, incluido el empleo de artillería y las acciones de fuerzas especiales.

Misiles y bombas guiadas thumbnail|derecha|350px|Dibujo mostrando los subsistemas del misil HARM. El AGM-88 tiene una velocidad de 2.200 km/h y un alcance de 150 km en sus últimas versiones. thumbnail|derecha|350px|Misil Rudram-1 indio en el ala de un Su-30MKI. India trabaja en versiones que mejoren sus prestaciones.

El arma por excelencia es el misil antirradiación o ARM, que tiene un buscador capaz de rastrear la misma banda del radar antiaéreo. Los misiles antirradiación (ARM) están equipados con un sistema de guiado por radar pasivo: el radar enemigo emite señales y el misil detecta esa señal y se dirige a la fuente de la misma. La fuente de las emisiones puede ser el radar de una batería antiaérea, un sistema de misiles antiaéreos, un radár de vigilancia terrestre, el radar de un barco o el radar de otro avión. Normalmente son lanzados desde aviones pero pueden también ser lanzados desde tierra, si la distancia lo permite. Muchos misiles ARM tienen una espoleta de proximidad, que ayuda a compensar la falta de precisión. A su vez, dado que la detonación se produce bastante lejos de la superficie, las defensas aéreas se han convertido en objetivos blindados como modo de protección.

El primer misil antiradiación fue el AGM-45, empleado en combate en Vietnam. Desde la Guerra de Vietnam, los misiles ARM han avanzado significativamente, incluyendo mayores alcances, capacidades de búsqueda mejoradas y la capacidad de superar las contramedidas enemigas (incluido el apagado del radar).

Los buscadores del misil ARM están sintonizados para detectar bandas de radar específicas. Por esto es muy importante el trabajo previo de conocer los sistemas enemigos y en qué bandas operan. El misil no verá un objetivo si emite radiación de una longitud de onda diferente o desconocida. En las operaciones se programa los buscadores en función de la gama de los posibles radares enemigos que se encontrarán. Normalmente se ha elaborado previamente una lista de sistemas de defensa aérea que emiten señales en cada banda y se han priorizado y localizado. Muchos misiles antirradiación antiguos solo podían ver una o dos bandas de radar, generalmente centradas en los misiles SAM, y ahora empiezan a verse algunos capaces de detectar las bandas utilizadas por radares aerotransportados y SHORAD. Aunque los buscadores de banda ancha con los años han incluido la mayoría de las bandas de radar en uso, los misiles más modernos probablemente podrían guiarse sobre casi cualquier emisión electrónica.

Lo que se pide a un misil antiradiación es que pueda dispararse fuera del alcance del misil SAM al que ataca (stand off) y que sea más rápido que este. Muchas veces el avión SEAD que lo dispara hace de cebo y debe operar dentro del alcance del misil. Por ello que el misil sea más rápido que el SAM y pueda destruir el radar antes de que este pueda guiar el misil SAM contra el avión es una necesidad. Ante los SAM de gran alcance rusos y chinos están apareciendo misiles ARM de también largo alcance.

El misil antirradiación sin embargo necesita una buena captación de las emisiones radar. No todos los modelos son lo suficientemente sensibles como para guiarse por los lóbulos laterales del radar, y necesitan seguir el lóbulo principal hasta la antena. Por lo tanto en caso de lanzarse, serían más efectivo desde el aspecto frontal, e idealmente volando directamente hacia un radar que escanea un volumen pequeño o incluso en modo de seguimiento, recibiendo una ráfaga de radiación más frecuente para guiarse. Dado que los misiles antirradiación utilizan principalmente buscadores pasivos (aunque los misiles antirradiación modernos tienen múltiples modos de guiado, incluido el radar activo) su objetivo no sabrá que han sido disparados. Los misiles antirradiación también pueden teóricamente apuntar a las interferencias de radar, no solo a los radares de búsqueda/seguimiento.

Para un uso eficiente y letal de los misiles ARM es necesario que su empleo se complemente con sistemas de apoyo electrónico que determinan la intensidad de la señal radár y sus coordenadas. Estos sistemas proporcionan la designación de objetivos para los misiles. Además estos sistemas también pueden determinar el tipo de amenaza.

Los sensores ESM muchas veces se instalan en pods especiales, que a veces se complementan con los equipos de los misiles antirradiación. Por ejemplo, el AGM-88 HARM funciona de esta última manera. A veces los sensores se integran directamente en los sistemas del avión, es el caso de los aviones dedicados a la misión SEAD y de los aviones más modernos como el F-35 o el F-15EX. thumbnail|derecha|350px|La última versión del AGM-88 es el AARGM-EM, con prestaciones mejoradas para hacer frente a las defensas aéreas más modernas. El primer misil antiradiación en entrar en servicio fue el AGM-45 Shrike. Siendo una mejora no era un arma perfecta y tenía varias limitaciones. Una de ellas era que cada variante estaba preparada para enfrentar un radár soviético específico. Así la AGM-45B-2 buscaba las emisiones del SNR-75 Fan Songy la AGM-45B-7 las del radar P-15 Flat Face. Eso obligaba a tener una variedad de versiones en el inventario y saber a qué se iba a enfrentar el avión antes de despegar.

Actualmente las armas que suelen ser asociadas con la misión de ataque SEAD, son los nuevos misiles antirradiación (ARM) como el AGM-88 HARM de Estados Unidos o los MBDA SPEAR y MBDA ALARM de Europa. Estos misiles se enfocan exclusivamente en destruir los radares de la defensa aérea, guiándose por sus emisiones.

Para encontrar su objetivo el misil antiradiación tiene un buscador pasivo capaz de rastrear la señal de un radar hasta su fuente para destruirlo, incluso si el radar deja de transmitir ya que el misil apunta a la última posición conocida y puede destruir la fuente a menos que se mueva rápidamente.