Santa María Eugenia de Jesús, o Marie-Eugénie de Jésus en francés, nombre secular: Ana Eugenia Milleret de Brou (Metz, 25 de agosto de 1817 - París, 10 de marzo de 1898) fue una religiosa católica francesa, fundadora de la congregación apostólica Religiosas de la Asunción. Fue beatificada en 1975 y canonizada en 2007, y su fiesta se fijó el 10 de marzo. Ella es una candidata en análisis a Doctora de la Iglesia.
Biografía
Anne-Eugénie Milleret de Brou nació en Metz el jueves 25 de agosto de 1817. Compartió su infancia entre la casa natal de los Milleret de Brou y la vasta propiedad de la familia en Preisch, cerca de la frontera entre Luxemburgo, Alemania y Francia. Creció en el seno de una familia no religiosa cuyo padre, volteriano, era un alto funcionario y su madre, una excelente educadora, que solo practicaba un formalismo religioso. Ana Eugenia tendrá un verdadero encuentro místico con Jesucristo el día de su primera comunión, en la Navidad de 1829, en la Iglesia de Santa Sigolena.
En 1830, su padre cae en la ruina y tiene que vender el Castillo de Preisch y más tarde la casa de Metz. Sus padres se separan; ella se va a París con su madre, a la que una epidemia de cólera - una enfermedad que en aquella época azotaba con gran fuerza París - se llevará brutalmente en 1832. La recoge una familia amiga rica en Châlons. En su adolescencia de 17 años, conocerá el desarraigo y la soledad en medio de las mundanidades que la rodean: "Viví unos años preguntándome sobre la base y el efecto de las creencias que no había comprendido… Mi ignorancia de la enseñanza de la Iglesia era inconcebible y con todo había recibido las instrucciones comunes del catecismo." (Carta al P. Lacordaire, 1841). Su padre la hace volver a París.
Durante la Cuaresma de 1836, encuentra la luz al oír al P. Lacordaire predicar en la Catedral de Notre-Dame. "Vuestra palabra despertaba en mí una fe que nada pudo hacer vacilar." "Mi vocación empezó en Notre-Dame" dirá más tarde. Se apasiona por la renovación del cristianismo suscitada por Lamennais, Montalembert y sus amigos. Entre ellos está el padre Combalot, al que oye predicar en San Sulpicio en marzo de 1837. Ana Eugenia se encontrará por primera vez con él en San Eustaquio. El soñaba en fundar una congregación dedicada a Nuestra Señora de la Asunción, para formar a jóvenes de los medios dirigentes, la mayoría irreligiosos. Ella soñaba en la vocación religiosa. Primero duda en seguirla, luego la acepta.
EL P. Combalot la envía al Convento de la Visitación de La Côte-Saint-André (Isère), experiencia que dejará en ella la marca del espíritu y de la espiritualidad de San Francisco de Sales. Ya tiene las bases de su pedagogía; rechaza una educación mundana en la que la instrucción cristiana es muy poca; quiere un cristianismo auténtico y no un barniz superficial; quiere dar a las jóvenes una educación de todo el ser a la luz de Cristo.
En abril de 1839, se le unen dos jóvenes para realizar este proyecto, en un apartamento pequeño de la rue Férou; en octubre, serán ya cuatro en un piso de la calle de Vaugirard; estudian teología, la Sagrada Escritura y las ciencias profanas. Kate O’Neill, una irlandesa, ya está con ellas, y tomará el nombre en religión de Thérèse-Emmanuel; de fuerte personalidad, acompañará a María Eugenia de Jesús ofreciéndole su amistad y su ayuda durante toda su vida.
Las hermanas se separan definitivamente del P. Combalot en mayo de 1841. Su manera de dirigir la obra era muy desconcertante y sus relaciones con el arzobispo de París eran un tanto desmesuradas, lo que podía poner en peligro la obra naciente. Monseñor Affre les ofrece el apoyo de su vicario general, Monseñor Gros. Fue una liberación. Las hermanas vuelven a los estudios y hacen su primera profesión religiosa el 14 de agosto de 1841. La pobreza en la que vivían era grande y la comunidad no aumentaba. Esto no impidió a S. María Eugenia abrir el primer colegio en la primavera de 1842, en el Impasse des Vignes. Más tarde se instala en Chaillot porque la comunidad crece y es cada vez más internacional. Se queja a veces de los sacerdotes y de los laicos demasiados replegados en sus costumbres piadosas:"Su corazón no latía por nada que fuera grande."
En octubre de 1838, se encontrará con el P. d’Alzon que fundará los Asuncionistas en 1845. Esta gran amistad durará 40 años. Impregnado de las ideas de Lamennais, lleno de amor a Jesucristo, unido a la Iglesia, arrastra a Ana Eugenia; ella le modera. Es combativo; ella mesurada. Las fundaciones se multiplican a través del mundo. Roma reconoce a esta nueva Congregación en 1867. Las Constituciones o la Regla de la Congregación de la Asunción se aprobarán definitivamente el 11 de abril de 1888. La muerte del P. d’Alzon en 1880 presagia el despojo que ella había entrevisto como necesario en 1854: "Dios quiere que todo caiga a mi alrededor." S. Thérèse-Emmanuel morirá el 3 de mayo de 1888, y su soledad se hace más profunda. El crecimiento de la Congregación es ya una carga pesada para ella. Entre 1854 y 1895, nacen nuevas comunidades en Francia, luego las fundaciones en Inglaterra, España, en Nueva Caledonia, en Italia, en América Latina, en Filipinas. Los viajes se suceden, las construcciones, los estudios, las decisiones… Pero su preocupación constante será siempre su intuición inicial a la que las hermanas tienen que responder, fieles a las llamadas del Señor y sin medianías. "En la educación, una filosofía, un carácter, una pasión. Pero ¿qué pasión dar? La de la fe, la del Amor, la de la realización del Evangelio». O más aún: "Sería una locura no ser lo que se es con la mayor plenitud posible." Las religiosas serán profesoras educadoras adaptándose a las necesidades que va presentando la evolución de la vida y de la Iglesia, sin dejar de lado las observancias monásticas. Cuando descubre la debilidad de la vejez, "un estado en el que solo queda el amor", se va borrando poco a poco. "Solo me queda ser buena." Su salud se altera. Vencida por una parálisis en 1897, no le quedará más que su mirada para expresar esa bondad. El 10 de marzo de 1898, se encuentra definitivamente con Cristo resucitado, su única pasión mientras ella estaba en la tierra.
La experiencia espiritual de Santa María Eugenia
Toda experiencia espiritual está unida a nuestra historia personal, al mundo en el que vivimos, a las personas que nos rodean (hermanos, familia, amigos, congregación…) Cada una de nosotros tiene su camino espiritual y cada camino es único, una vida en el espíritu y una vida según el Espíritu de Dios. Es importante saber cual es nuestro camino y nuestra vida y experiencias espirituales. María Eugenia ha hecho su camino espiritual. Al fin de su vida toma conciencia de haberlo recorrido. Después de su muerte, a través de las personas que vivieron con ella u a través de sus escritos, es cuando vemos dibujarse ms claramente este camino.
El contexto del camino espiritual de María Eugenia.
Un itinerario o un camino espiritual está marcado por el mundo por el que se vive. El francés fue un siglo muy rico en muchos aspectos, y de muchos cambios desde un punto de vista político, social, económico. Algunos puntos de referencia para comprender mejor la experiencia de Santa María Eugenia de Jesús: Ana Eugenia Milleret nace en Lorraine, una región que limita con tres países diferentes: Francia, Alemania, Luxemburgo. En su familia hay antecedentes belga, italiano, francés… vive en un contexto internacional, con múltiples contactos sociales, en una vida familiar intelectualmente de su tiempo (sobre todo a través de la lectura). Su familia; una familia buena en el sentido de una usencia de maldad; un clima sano a pesar de los desacuerdos familiares. En torno a ella se crea un cierto vacío a nivel de la religión. Solo nos cuenta la gracia de si primera comunión (la contara varias veces a lo largo de su vida) En la familia, vivió acontecimientos dolorosos: la separación de sus padres, la muerte de su madre, de varios hermanos, la ruina económica de la familia…. Por su situación social, familiar, Ana Eugenia vivía una vida social mundana, de fiestas, de salones…. A partir de su conversión (cuaresma 1836, en Notre-Dame de Paris) Ana Eugenia empieza a hablar de su vida, a releer su historia, a descubrir la presencia de Dios en ella, a volver sobre el acontecimiento fundente de su fe y de su experiencia espiritual. Ana Eugenia amaba la vida, el mundo a su alrededor y en ella misma. Debió vivir una soledad afectiva, muchos sufrimientos, momentos difíciles a nivel de su fe, el sentimiento, a veces, de la ausencia de Dios, una falta de consuelo en la fe… Como también vivimos nosotros… En este mundo, descrito brevemente, es en el que Ana Eugenia ha vivido su experiencia espiritual. Dos acontecimientos fundadores de la experiencia espiritual de Santa María Eugenia.
Todos conocemos esta página de María Eugenia, una página escrita en 1841 (¿?) sobre el acontecimiento de 1829. En este texto encontramos lo esencial de su experiencia espiritual.
Dios estaba presente en la vida de Ana Eugenia antes de su primera comunión, y ya entonces había conocido la pérdida de la fe. … Me asombro tanto más cuanto que este tiempo apenas rezaba y que ya había perdido la fe.
Dios buscaba a Ana Eugenia: … soñaba en las gracias que Dios me ha hecho para atraerme a EL desde mi infancia…
Ana Eugenia buscaba a Dios. Tenía una gran sed de absoluto; Aquel que es el Absoluto habita en el corazón de María Eugenia desde su infancia y su adolescencia. La gracia de la primera comunión se encuentra con sed. Dios se da a conocer como el Grande- la inmensidad de Dios-el completamente Otro. No olvidemos que estamos en el , el siglo del seísmo, de las grandes ideas de Dios. Más tarde ella nos dirá que hay que tener una gran idea de Dios. Pero el Dios de María Eugenia es Grande porque es el Amor, la Bondad que se entregan. Dios es DON. Dios será siempre el horizonte de su vida: una presencia, una Providencia, una alegría. Al principio será sobre todo su Creador a quien ella debe todo, de quien recibe todo. Hay en ello un gran impulso de adoración. A través del tiempo y de la experiencia, María Eugenia conocerá a Dios como Padre, un Padre que le llama a la existencia, a una existencia cada vez más plena. Amar a Dios es una alegría para María Eugenia. Pero Dios es invisible, no podemos olvidarlo. Aquí es donde encontramos una lógica absoluta en María Eugenia: Si Dios es, si Dios existe, si es Amor, si recibimos todo de El… EL es el todo de nuestra vida. La lógica de María Eugenia es una lógica de fe, pero esta lógica se le impones como una consecuencia de su experiencia de Dios. Es experiencia de la grandeza de Dios está unida a otra experiencia: Una experiencia de separación silenciosa de todo aquello a lo que estaba hasta entonces unido de alguna manera para entrar sola en la inmensidad de Aquel que poseía por primera vez. Experiencia de unión a Dios y de reparación de todo lo demás para encontrar ese todo de otra manera, en Dios: para unirse a Dios, vivir para EL SOLO, vivir de su vida… pero también para poder acoger, mirar, contemplar toda realidad huma a partir de Dios. Separación no es abandono. La realidad de Dios pide a aquel que se une a EL otra manera de vivir, de pensar, actuar de estar en el mundo. María Eugenia hará del resto de su vida un camino para llegar a esta desposesión de si para pertenecer a Dios solo, para no ocuparse de otros asuntos ms que de los de Dios. Esto pide un trabajo espiritual y María Eugenia quiso comprometerse en él. Este trabajo espiritual no tenía otro fin que la perfección del amor hacia aquel que era verdaderamente todo para ella.