Supay es un tipo de entidades espirituales dentro de la mitología incaica. De acuerdo al diccionario quechua-castellano de 1560 del fraile Domingo de Santo Tomás, el término en su forma original era neutral y podía ser utilizado para referirse a un espíritu moralmente bueno (allisupa, 'ángel bueno') o a un espíritu moralmente malo (manaallisupa, 'ángel malo'). Posteriormente, el término es utililizado para referirse al diablo cristiano.
Etimología Según los diccionarios de Jesús Lara, Fray Diego González de Holguín, Lira y Anónimo, el nombre Supay proviene vocablo quechua supa que se traduce como sombra, enfermedad, muerte, poseído o loco.
Características
Según la mitología incaica, el término Supay comprende a una raza entera de demonios, así como también al dios de la muerte, dueño del inframundo y de una raza de guerreros abisales.
Supay es comúnmente descrito con una apariencia "demoníaca", pues tenía largos cuernos, ojos vidriosos y estelares, un rostro felinico poblado de largos colmillos y largas orejas. Al igual que otros dioses andinos, Supay es un dios multiforme; puesto que puede manifestarse bajo la forma de cualquier cosa. Sumando lo anterior con su personalidad conflictiva e impredecible, Supay es clasificado como Trickster, pues puede tanto proteger a la humanidad en su travesía hacia el más allá como también tiene la potestad de engañar y/o instar a la humanidad a relucir su más retorcida versión. Dichas características y habilidades lo convertían en un ser muy peligroso para aquellos que no le mostraban respeto.
Aún después de lo antes mencionado, existieron y existen personas que creen firmemente en su poder al punto de venerarlo, para que de esta manera el dios les haga favores, tanto para el mal como para el bien. Su veneración era a través de ofrendas, altares y rituales.
Supay es colocado comúnmente como la personificación de toda la maldad. A pesar de esto, el concepto original de Supay lo retrata como un dios ambivalente, podía ser considerado tanto malo como bueno. Las antiguas leyendas mencionaban que Supay iba más allá de la maldad que evocaba. Debido a que él es descrito como el protector y guía del camino que toman los muertos. Rol muy similar al del dios Anubis.
Supay fue creado por Viracocha, con el propósito de mostrar a la humanidad que siempre habrá maldad en el mundo, pero no la suficiente. Debido a esto, los incas creyeron que él era un ser que equilibraba la balanza entre el bien y el mal. El hecho de que Huiracocha lo haya creado, lo hace hermano del dios Inti, Illapa y Mama Quilla.
Podía ser benevolente con los vivos de su agrado y con los que tenían una muerte digna, pero era terrible y malvado con el resto, tanto en el mundo inferior como en el mundo terrenal, porque podía inclinar la balanza de la mala suerte con solo pensarlo.
Supay era una divinidad maquiavélica y se burlaba de los sufrimientos ajenos, de las creencias y hasta los conocimientos, porque lo ponía todo en duda, y era capaz de cambiar las ideas y los pensamientos, haciendo del hombre santo un malvado, y de un hombre sabio un loco sin conciencia ni conocimiento.
Hurin Pacha, era su hogar natural, pero podía ir y venir de la Tierra al Cielo cuando se le antojara. Esto último lo establece como una deidad impredecible, voluble y de carácter ubicuo (podía ser benevolente o maquiavélico; podía manifestarse bajo cualquier forma y en todo lugar, demostrando ser omnipresente y que las leyes no están del todo sujetas a él). Por donde sea que se manifestaba, Supay iba extendiendo un manto de terror y desazón. Asimismo, esta deidad iba recordándole a todos y cada uno (dioses o humanos), que estaban siempre bajo la amenaza de la destrucción, la desaparición y la muerte. Este pensamiento aplica para cualquier cosa que creyeran hermosa o segura, puesto que esta misma podía desaparecer en un instante y para siempre, frustrando todos los sueños y los planes de los dioses y los hombres (como personificación de la muerte, Supay y su naturaleza ubicua evocan la realidad omnipresente e inevitable de la propia muerte, que está al acecho en cada esquina del universo).
Supay también fue creador de hombres, pero le salieron a su imagen y semejanza convirtiéndose con el tiempo en terribles demonios de las profundidades, de los caminos, de las montañas, de las aguas, de la selva y de las cuevas.
Los españoles lo asimilaron con el Diablo; sin embargo, según las tradiciones y leyendas andinas, Supay aparece como huaca de la buena y mala suerte, del amor sexual o del enamoramiento, de la transgresión y de la aventura, de los excesos y de la diversión que no se toma la vida en serio, porque la vida es pasajera y nada seria.
Supay según los cronistas Al igual que los primeros evangelizadores, muchos cronistas han descrito y expuesto a la divinidad Supay de la misma manera errónea. La referencia más atávica hacia Supay se encuentra en el lexicón de Fray Domingo de Santo Tomás. En ella, él alega la naturaleza de Supay de la siguiente manera:
En este testimonio, se puede identificar la equiparación de Supay con los ángeles malos, siendo estos considerados como manaalliçupay. La cita alude falazmente a que, las almas de los que se convertían en los ancestros que iban al Uku Pacha (mundo interior) eran demonios. Esto se hizo para homologar forzosamente los conceptos andinos asociados a la muerte con el demonio y el infierno. Dicha equiparación de Supay con el demonio fue cuestionada por algunos, entre ellos, está el clérigo Bartolomé Álvarez. Esta persona cuestionaba la antedicha equiparación, pues reconocía que, al hacerlo, se estaría confirmando que el demonio solo podía tratarse del individuo muerto.
Otra interpretación es la descripción de Supay como una divinidad de alineamiento dual. El dualismo en los dioses incas es algo muy frecuente, puesto que los dioses pueden ser benevolentes o por su furia, causar desgracias.
Relacionado con el vínculo entre las almas y Supay, Guamán Poma de Ayala también destaca dicha relación en su obra Nueva corónica y buen gobierno. El cronista expone que:
En esta cita, se destacan dos aspectos importantes: el primero remite al origen de la idolatría en los Andes, asociada con el gobernante inca. El segundo se refiere al término Supay, el cual es traducido nuevamente como diablo, para indicar que los incas ya tenían conocimiento del demonio. El Supay presentado por Guamán está relacionado con la autoridad del Inca y a su transformación una vez muerto en "demonio", que exigía de los nativos su veneración y ofrenda de sacrificios.
Como es axiomático, no todos los difuntos podían ser considerados como Supay o ancestros, ya que solo los que habían tenido cierto prestigio, es decir, aquellos que habían sido jefes políticos o personajes destacados cuya investidura les permitía, aún después de muertos, demandar el cumplimiento de los rituales que le correspondían.
Vale mencionar que, el Inca al fallecer pasaba a su estado de ancestro, en el cual era momificado en posición fetal y ofrendado como muestra de apoyo para que el alma atravesase el camino hacia la otra vida. El mallqui (momia o cuerpo de los antepasados) del gobernante y/o líder étnico era colocado en sepulcros denominados machays (cuevas). En diversas ceremonias y eventos especiales, la momia era expuesta al exterior de su recinto y era paseada por diversos sitios.
En la obra, también se alude a Supay de manera no explícita, es decir, usa el término diablo y/o demonio para reemplazarlo. Sin embargo, en una cita de su obra, él escribe lo siguiente:
Esta cita se complementa con la ilustración que hay en la sección Abuciones y agüeros de su obra, puesto que la ilustración exhibe a lo que parece ser un hechicero inca rodeado de diversos animales, entre los cuales aparece un zorro en primer plano. En el dibujo, el zorro arrastra en su hocico algo que parece ser un pequeño reptil o un insecto de gran tamaño. Este acto alude a una superstición de aquella época, un agüero que era, a su vez, interpretado por el hechicero inca.
Después de la antedicha cita, el cronista menciona: "oyendo bramar a las zorras o algún animal". Esto se interpreta como ejemplo de un anuncio de muerte. En relación con lo anterior, algunas leyendas andinas asocian al zorro con daños y percances. Asimismo, el animal mantiene una relación de perpetua enemistad con el hombre. Sin embargo, la figura del zorro tiene un significado ambivalente. En el manuscrito de Huarochirí, el zorro conoce los secretos del héroe Tantañamca, pero se rehúsa a coadyuvar a la huaca Cuniraya Huiracocha y, por ende, es objeto de maldición que lo encizaña con los hombres. En zonas andinas, los campesinos asocian al zorro como el "perro del Mallku" (espíritu de la montaña que protege a la comunidad) y/o el "perro de los gentiles" que protege las casas de los antepasados finados y las chullpas (monumentos funerarios) en los que se encuentran enterrados.
La palabra Supay se puede apreciar por segunda vez en el capítulo de los ídolos como elemento principal de una maldición entre hechiceros:
Esta cita es, prácticamente, una continuación semántica entre el pensamiento del zorro que arrastra a Supay en el hocico y Supay como el demonio mismo que arrastra el alma de los hombres a una muerte que va más allá de la muerte.
Por su parte, el Inca Garcilaso de la Vega también ha mostrado su punto de vista acerca del Supay. En su obra Comentarios Reales, él intenta explicar la equivocación de los españoles al considerar al dios Pachacámac como un demonio. Acto seguido, él menciona que el quien debería llevar dicho título sería Supay. En sus palabras:
En esta cita, se alude a Pachacámac como Dios, mientras que Supay es relegado como el demonio cristiano. También se le atribuyen caracteres malignos a Supay, como el hecho de entrar y poseer los objetos de veneración y culto de los nativos con el fin de engañarlos. En este punto, parece que Garcilaso hace hincapié a las huacas (sacralidades) que como bien se sabe, eran un conjunto de elementos sagrados para el pueblo inca. Dentro de estas huacas, se encontraban los ídolos y representaciones de diversos dioses, los cuales eran sumamente venerados. Para comprobar su veracidad, las huacas debían entrar en comunicación con los gobernantes incas para manifestar su poder y, por ende, ser objetos de veneración y respeto. En caso de que la huaca no hablase, se trataba de una huaca falsa y que no debía recibir prestigios como tal. En relación de estos elementos con Supay, Garcilaso alude a la posesión de estos elementos por parte del Supay para engañar y desorientar a la población. Múltiples cronistas han asociado las huacas con actos idólatras y, por ende, del diablo. El Inca Garcilaso no es la excepción en este aspecto.
Continuando con Garcilaso, en otra cita de su antedicha obra, él hace una equiparación del Uku Pacha con el infierno y/o inframundo. A continuación, la cita respectiva:
En la cita de Garcilaso, él expone que, para los nativos, el mundo se dividía en tres planos universales. También vale precisar que, la equiparación entre estos elementos y la trilogía del cristianismo (Padre, Hijo y Espíritu Santo) resulta palpable. Y más al notar la comparación entre el Uku Pacha y su gobernante, es decir, Supay con el infierno y el demonio respectivamente. De hecho, sería el Inca Garcilaso quien haría que el Uku Pacha cobre un sentido semejante a lo que muchos conocen como el "inframundo".
Otro punto a destacar, es la manera en cómo Garcilaso describe a lo que podría ser el Kay Pacha (este mundo), pues él le llama Hurin Pacha, el cual es tomado comúnmente como un sinónimo del Uku Pacha. Sin embargo, esto presentaría una mayor complejidad que algunos estudiosos sostienen.
Inframundo