Los perros de Amundsen en el Polo Sur fueron los perros esquimales que se convirtieron en uno de los factores principales que posibilitaron el viaje de ida y vuelta al Polo Sur del explorador noruego Roald Amundsen (Borge, Noruega, 16 de julio de 1872 - Mar de Barents, 18 de junio de 1928) que organizó y dirigió la expedición que trasladada en 1910 en el barco Fram desde Noruega hasta la placa de hielo Ross en la Antártida, invernó sobre ella y al año siguiente, el día 15 de diciembre de 1911, fue la primera que logró llegar al Polo Sur. Para alcanzar esta meta se basó en que los expedicionarios eran todos excelentes esquiadoresAmundsen. Tomo I. Pág.4 y que para el transporte en trineos de los enseres y de los alimentos empleó perros esquimales

Había leído los relatos de Scott y Shackleton sobre sus intentos de alcanzar este polo, por lo que conocía la característica del territorio que era necesario recorrer para llegar hasta él y que se componía de tres fases muy diferenciadas al estar conformado por la placa de hielo de Ross con sus grietas cubiertas de frágiles puentes de nieve, una cadena montañosa que era preciso remontar por alguno de sus glaciares rotos por las grietas y en los que sobresalían enormes rocas, unas ancladas en la corteza terrestre, otras, sueltas e inestables, y el altiplano cubierto de nieve que llevaba al Polo Sur.Amundsen. Tomo I. Págs. 155-158 thumb|Roald Amundsen.

Tanto Scott como Shackleton habían empleado perros y ponis manchurianos para tirar de los trineos cuando atravesaron la placa de Ross. Amundsen conocía muy bien las características de los perros esquimales y se extrañaba de que Scott los considerara inferiores a los ponis manchurianos para moverse sobre una placa de hielo. No se explicaba la mala experiencia que había tenido el expedicionario inglés con sus perros y que solo podía deberse a que los perros no entendieron a su amo o era el amo el que no entendía a los perros. Entre amo y perro es preciso que desde el primer momento se llegue a un correcto entendimiento.Amundsen. Tomo I. Pág. 156 El animal tiene que comprender que tiene que obedecer inevitablemente, imponiéndole el amo su poder. Si esta relación ha tenido lugar, el perro estará en condiciones, superiores a otros animales de tiro, para recorrer grandes distancias sobre el hielo.

Amundsen consideró que únicamente era posible llegar al Polo Sur con éxito si se empleaban perros esquimales.Amundsen. Tomo I. Págs. 155-156 Las tres ventajas principales en las que basaba su empleo eran que estos, debido a su menor peso, pueden pasar mejor sobre los puentes de nieve formados sobre las grietas que había en el hielo y si el puente se hunde y cae el perro, no ocurre una desgracia, puesto que se le agarra de la nuca y ya está otra vez sobre el hielo firme. La segunda gran ventaja es que el perro puede ser alimentado con carne de perro, con lo que se puede disminuir notablemente la provisión de alimentos para estos animales. Según se avanza, el peso que se arrastra con los trineos va disminuyendo por la comida consumida tanto por los hombres como por los perros, al igual que se reduce el del petróleo utilizado. Por ello se puede prescindir durante la marcha de algunos perros y sacrificando los menos buenos, se alimenta con ellos a los demás. El recibir los perros de vez en cuando carne fresca, fue lo que hizo que pudiesen realizar el esfuerzo que se les exigió durante el viaje al Polo Sur.Amundsen. Tomo I. Pág. 157 Y la tercera, la más importante, era que una vez recorrida la placa de Ross y llegados a las montañas que precisaban ser remontadas por un glaciar, a los perros, aunque con gran dificultad, les resultaría posible seguir tirando de los trineos si estos eran aligerados de peso y los hombres les ayudaban a arrastrarlos, y una vez superado este tramo, habiendo alcanzado la superficie del altiplano cubierto de nieve, estarían capacitados para conducirles rápidamente a la meta.Amundsen. Tomo I. Pág. 158

Los perros

thumb|Perro de Groenlandia. Lo más arriesgado de la expedición consistiría en hacer llegar a los perros fuertes y sanos hasta la barrera de hielo de Ross. Todos los miembros de la expedición eran de la misma opinión, con lo que el común esfuerzo para cuidarlos tuvo como resultado que los perros llegaron al lugar de desembarco aún más sanos y fuertes que cuando fueron embarcados. Estos perros que tan extremas bajas temperaturas aguantan, sufren, sin embargo, mucho con la humedad por lo que para protegerlos contra ella se cubrió la cubierta del barco con un piso de tablas sueltas de ocho centímetros de grosor y con ello se consiguió que la lluvia y el agua de las olas que saltaba sobre la cubierta se escurriese entre las juntas de estos tablones.

Viaje a la placa de hielo Ross thumb|Los perros a bordo del Fram. El 23 de julio de 1910 embarcaron los 93 perros polares que poco antes habían llegado de Groenlandia, siendo hembras diez de ellos, por lo que durante el viaje en barco aumentó notablemente su número. No tenían aspecto de asustados ni tampoco eran agresivos.Amundsen. Tomo I. Pág. 196 Aun así, cada perro fue sujetado con una cadena anclada en la borda para evitar las peleas entre ellos. Uno de los miembros de la expedición fue el encargado principal de los perros ya que tenía un gran talento para tratarlos, así como conocimientos veterinarios. Fueron agrupados de diez en diez y cada grupo disponía de uno o dos cuidadores expedicionarios que tenían toda la responsabilidad sobre el suyo. Darles la comida exigía la presencia de toda la tripulación, por lo que se realizaba simultáneamente con el cambio de guardia. La mayor afición de los perros polares es tragar la mayor cantidad de comida posible, por lo que se puede afirmar que el camino al corazón de un perro polar llega a través del estómago.Amundsen. Tomo I. Pág. 202 Les dieron ya desde el primer día gran cantidad de comida con lo que se consiguió muy pronto que los perros de cada grupo y sus respectivos cuidadores hiciesen buena amistad. El estar encadenados no les complacía, moverse les habría sentado muy bien pero en un principio no se podía asumir la responsabilidad de soltarlos antes de haber sido mínimamente educados.Amundsen. Tomo I. Pág. 203 Ganar su amistad fue sencillo pero educarlos fue tarea difícil aunque se mostraban siempre agradecidos por cualquier atención que les daban.Amundsen. Tomo I. Pág. 195 El primer saludo mañanero tenía un carácter especialmente cariñoso ya que con un potente y alegre ladrido recibían a sus cuidadores cuando aparecían en la cubierta. Pero no se conformaban con verlos, no se tranquilizaban hasta que los hombres habían caminado entre ellos, acariciándolos y diciéndoles unas palabras amistosas. Si casualmente uno de ellos era pasado por alto en el recorrido, inmediatamente protestaba con gran vehemencia.Amundsen. Tomo I. Pág. 204 A bordo había casi un centenar de perros y poco a poco, con el trato diario, los expedicionarios fueron conociendo el carácter de cada uno de ellos. No había dos perros iguales ni en su aspecto físico ni por su carácter.Amundsen. Tomo I. Pág. 205 Y para la a veces monótona vida a bordo, el trato con los perros resultó ser muy gratificante para los expedicionarios.

Un barco debe ser mantenido siempre limpio pero en este caso, con tantos perros a bordo, el mantenerlo limpio exigía un gran trabajo. Dos veces al día se limpiaba la cubierta empleando mangueras y por lo menos una vez cada semana se desmontaba totalmente la cubierta de tablas sueltas y cada tabla era cepillada con esmero. Aun así, sí ocurría que llegada la oscuridad un tripulante tenía que realizar un trabajo que le obligaba a caminar por la cubierta, muy pronto se le oían exclamar airadas palabras porque había pisado algo que había evitado pisar.Amundsen. Tomo I. Pág. 210 Dada la gran cantidad de perros tumbados en la cubierta y la abundante comida que habían recibido durante el día, la continua existencia de excrementos no podía sorprender y con el tiempo las maldiciones se convirtieron en bromas.

Fueron comprobando que los perros se encontraban cada vez más a gusto a bordo y si antes había habido alguna duda sobre ello, pronto desapareció. Se les suministraba comida abundante y de buena calidad, pescado seco y grasa dos días seguidos y el tercero, pescado picado, sebo y harina de maíz, todo ello cocido hasta formar una espesa masa, siendo la comida así preparada muy de su agrado. Pronto adivinaron cuales eran los días en los que habían de recibir este alimento y tan pronto como oían el ruido de las cacerolas, organizaban una alegre algarabía. El pescado seco, a pesar de su monotonía, nunca les hartaba, por grande que fuese la ración que recibían, aún más, siempre trataban de robarle algo a su vecino, lo que producía peleas que tenían que ser resueltas con una tanda de azotes. No consiguieron eliminarles su ansia de robo de comida ajena, era una costumbre que habían traído desde su tierra y nunca se deshicieron de ella.Amundsen. Tomo I. Pág. 213-214

Otra mala costumbre que les era propia eran los conciertos de alaridos que acostumbraban a organizar inesperadamente y nunca llegaron a saber si los perros los organizaban para distraer la monotonía o lo hacían para manifestar su satisfacción. Estando todos adormilados era cuando repentinamente uno de ellos soltaba un largo aullido, inmediatamente los demás comenzaban a aullar también, organizando un alarido que duraba varios minutos. La única satisfacción que producía el concierto era que éste terminaba repentinamente, con la misma precisión con la que un coro termina su canto al obedecer el movimiento de la batuta del director de un coro cuando indica el final. Para los tripulantes que durante el concierto tenían su turno de dormir, estos conciertos no suponían ningún placer, ya que incluso el inesperado final los desvelaba y no les permitía volver a conciliar el sueño. Pero pronto aprendieron que dando un buen azote al maestro cantor nada más comenzar con su aullido, el concierto ya no tenía lugar.Amundsen. Tomo I. Pág. 214-215

Los perros llevaban más de seis semanas atados desde que fueron embarcados. Tras este tiempo la mayor parte de ellos se mostraba bastante dócil y consideraron realizar la prueba de soltarlos. Si ésta resultaba satisfactoria, habría sido muy ventajosa para los animales, ya que su modo de vida habría dejado de ser monótono y, especialmente, habrían podido ejercitar sus músculos. Para evitar accidentes, cada perro fue provisto de bozal y el resultado fue sorprendente, ya que liberados de sus cadenas, continuaron largo tiempo sin abandonar su sitio. Cuando uno de ellos comprobó que ya no estaba sujeto y se le ocurrió realizar un paseo, los demás, al ver de pronto un perro suelto, se lanzaron sobre él con intención de destrozarlo. Pero toda su alegría se desvaneció pronto cuando comprobaron que con sus bozales les era imposible morder. Aun así organizaron una auténtica batalla de perros. La lucha contra otro perro es la distracción principal de un perro esquimal y la realizan con pasión. Pero en este caso, al no poderse morder, pronto perdieron el deseo de enfrentarse y en adelante solamente fue necesario atarlos durante las comidas. Mientras estuvieron libres, ya no ocuparon voluntariamente sus lugares asignados cuando querían descansar sino que cada uno de ellos se buscaba en el barco el lugar que más le apetecía. Amundsen. Tomo I. Pág. 238-239 Pero lo más sorprendente fue cuando algunos reconocieron con gran alegría a los que habían sido sus compañeros en Groenlandia y de los que habían estado separados a bordo. Tras esta experiencia, se formaron grupos nuevos, juntando a los que habían sido amigos.Amundsen. Tomo I. Pág. 240