Caso Malaya u Operación Malaya fue el nombre que recibe una operación contra la corrupción urbanística en España, iniciada y dirigida en su mayor parte por el juez Miguel Ángel Torres Segura y la Fiscalía Anticorrupción, cuyas primeras investigaciones se remontan a noviembre de 2005. Con el epicentro en el Ayuntamiento de Marbella, la operación destapó un entramado de asociaciones que encubrían numerosas actividades delictivas —cohecho, malversación de caudales públicos, prevaricación, tráfico de influencias, etc.— llevadas a cabo, entre otros, por políticos del Ayuntamiento de Marbella, aunque las ramificaciones se extendieron a otras localidades como Málaga, Madrid, Huelva, Cádiz, Murcia, Granada, Córdoba, Sevilla y Pamplona. En la trama estuvieron implicados empresarios, abogados, políticos, funcionarios y otras personalidades famosas de la prensa del corazón. Por su complejidad y particularidades es un ejemplo paradigmático de la corrupción asociada al desarrollo inmobiliario hasta la crisis de 2008, sirvió de modelo para otras investigaciones por corrupción urbanística y abrió el camino para una sucesión casi ininterrumpida de instrucciones judiciales en decenas de ayuntamientos españoles.
Además de la trama principal, múltiples piezas separadas fueron también juzgadas y ratificadas tras recurso al Tribunal Supremo. Para parte de los condenados el 'caso Malaya' y sus piezas derivadas han supuesto soportar más condenas y una deuda abultada con la Hacienda Pública.
La operación judicial se denominó así por el método de tortura malayo o de la gota china, en el que se inmoviliza al preso y le cae una gota de agua cada cinco segundos produciéndole daños en la piel pero también la imposibilidad de dormir.
Antecedentes
Inicio de la corrupción asociada al turismo en Marbella Marbella es una localidad emplazada en la Costa del Sol, una región andaluza al sur de la península ibérica. Desde los años 1950 pasó de ser una región poco desarrollada a experimentar un rápido crecimiento por el sector turístico. Para esa actividad la costa malagueña cuenta con las ventajas de un clima mediterráneo subtropical y una franja interior montañosa que sirve de pantalla al frío del Norte, y cuya ladera se orienta a la vertiente de solana. En comparación con el resto de las localidades de la Costa del Sol, Marbella presentaba las ventajas adicionales al poseer superficies llanas usadas tradicionalmente para la explotación agrícola. Estos terrenos se encuentran a cierta altura pero no lejos de la playa, que resultan más adecuadas para la construcción de urbanizaciones. Sin embargo, el sustrato de pizarras al oeste del municipio, las calizas del interior y las zonas de pendientes dificultan extraordinariamente la edificación de tal manera que quedan limitadas las potenciales áreas urbanizables en Marbella.
La transformación del municipio por la revolución del turismo fue abrupta. Ante la falta de una infraestructura administrativa y de un marco regulatorio para las constructoras y promotoras turísticas, la construcción de urbanizaciones y zonas de ocio fue muy rápida. En un principio el aparato burocrático estatal arrancó tímidamente con la creación del ministerio de Información y Turismo en 1951. Poco después, el régimen de Franco fue incrementando el interés en la industria turística cómo modo rápido de compensar la balanza de pagos en la política económica de la dictadura. Ya entrados en la década de 1960 es cuando el gobierno apuesta decididamente por el desarrollo del turismo, poniendo la costa malagueña, y en concreto el proyecto de Nueva Andalucía de Marbella, en el epicentro del desarrollo urbanístico de cara a ofrecer un servicio turístico al resto de Europa. Sin embargo, los inversores en la economía turística lo hacen con un objetivo de beneficio rápido sin el convencimiento de hacer una empresa estable de explotación a lo largo del tiempo. Estas inversiones eran de origen diverso, ya fuese nacional o internacional, pero cuentan con una proliferación de antiguos propietarios y figuras políticas cercanas al régimen que favorece tácitamente el desarrollo de sociedades ad hoc ante la falta de un marco regulatorio. Ello, unido a una ausencia de empresas financieras especializadas, orientaba la economía turística a una de tipo especulativo: fuertemente vinculada al poder político de la dictadura, y que no repercute en la población en general. Así y todo, entre 1950 y 1980 la población empadronada en Marbella se multiplico por 7. Marbella durante los primeros años de democracia
Desde mediados de la década de 1970 el turismo de litoral en la Costa del Sol experimentó cambios a consecuencia de dos acontecimientos de gran impacto para el sector. En primer lugar, la crisis del petróleo de 1973 causó un alza de los costes energéticos que afectaron al modelo que ofrecía España al resto de Europa, debido a su dependencia en energía barata y mano de obra abundante. Aparte de la bajada generalizada de las visitas a la región, se produjo la quiebra de varias empresas del sector, como SOFICO, con gran presencia en toda la Costa del Sol. En 1979 una nueva crisis económica que arrastra una nueva alza de los precios afectó severamente al sector por segunda vez en un breve espacio de tiempo. El segundo acontecimiento que afecto al modelo fue la transición política en España de la dictadura franquista a un sistema democrático representativo de manera homologable al resto de Europa occidental. El cambio de régimen trajo consigo la creación de un marco legislativo para la explotación turística y la primera normativa para la conservación de la costa mediterránea. La Ley 22/1988, o ley de costas de 1988 era la primera respuesta a la necesidad de conservar el paisaje y la ecología de las costas españolas, algunas de ellas sobreexplotadas y con síntomas de degradación. Además de la administración central, los ayuntamientos van a tratar de controlar el uso del litoral con normas locales o actuaciones locales, como la construcción de paseos marítimos o los planes de regeneración de playas.
Los cambios progresivos en la normalización de la actividad turística empujaron a las empresas explotadoras a un cambio de modelo desde un turismo masificado, basado en una amplia oferta hotelera, a un turismo residencial. Este cambio estaría sostenido en un constante ritmo de construcción de inmuebles para viviendas de segunda residencia, puertos deportivos y otros complejos a imitación de los desarrollados en la Costa Azul francesa.
En Marbella se caracterizó por un aumento de la inversión internacional que transformó el casco urbano y sus alrededores. En 1981 el rey Fahd de Arabía Saudí construyó un palacio en Marbella, lo que suposo la llegada de capitales de países del Golfo Pérsico y la generación de un turismo árabe en Marbella. Estos nuevos propietarios se incorporaron progresivamente a la jet set marbelli. Este grupo estaba en un principio conformado por personalidades de la nobleza europea a los que se fueron sumando otras figuras de clase alta europea y algunos actores del Hollywood de los años 1950 y 1960. En los años 1980 se dejan ver en este grupo personalidades del mundo financiero, banqueros y empresarios que prosperaron en los primeros años de democracia y con conexiones con cargos del PSOE, en el gobierno del Estado entre 1981 y 1996. Con la explosión del turismo árabe en Marbella, al círculo de la jet set se van a incorporar empresarios del petróleo junto con otros presuntos delincuentes de bandas organizadas delincuencia internacional, traficantes de armas u otras personalidades de reputación más que dudosa.
En 1986 el Ayuntamiento de Marbella aprobó el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) que establece los límites para la construcción urbanística. Ese mismo año Jesús Gil, en aquel momento tan solo un empresario de la construcción y propietario del equipo de fútbol Atlético de Madrid desde 1987, inicia varios proyectos de construcción a través de su sociedad Vegángeles. En este periodo sufrió varios encontronazos con el ayuntamiento debido a que sus técnicos municipales paralizaron las obras por presuntas irregularidades. En 1990 Gil se encontraba en una situación delicada financieramente. Los proyectos inmobiliarios acumulaban multitud de infracciones administrativas por no pagar las cotizaciones de sus empleados a la Seguridad Social, ni los impuestos a la Hacienda Pública. Además, contaba multitud de viviendas sin vender y con problemas de liquidez. Como solución a esta situación, y con el objetivo de hacerse con el control de la planificación urbanística de Marbella, presentó una candidatura para la alcaldía del Ayuntamiento de Marbella con un partido creado a imagen y semejanza del propio Gil: Grupo Independiente Liberal (GIL).
Marbella bajo el gobierno del GIL
A finales de los 1980 en Marbella convivían habitantes con altos niveles de desigualdad en el que las clases más humildes sufrían altas tasas de desempleo y pobreza. Por su parte, la jet set marbellí veía peligrar sus inversiones al afrontar un declive de Marbella como destino predilecto para las viviendas de segunda residencia para la clase alta. La estrategia de Jesús Gil para ganar la alcaldía pasaba por ganar popularidad entre la población marbellí. Para ello empezó a frecuentar las procesiones religiosas de la localidad. También puso el nombre de Marbella en las camisetas del Atlético de Madrid gratuitamente y regalaba material publicitario del club en los actos públicos. También llegó a acuerdos con la jet set de que sus intereses económicos estarían garantizados. Por último, Gil acordó un crédito para financiar la campaña con el banco Banesto, con cuyo presidente Mario Conde guardaba una relación de amistad. La campaña electoral de su partido fue de corte populista con un resultado espectacular. La candidatura de Gil logró el 65% de los votos (20531 de un total de 31928 votos emitidos), alzándose con la alcaldía de Marbella en las elecciones municipales de 1991.
La política de Gil en los primeros años respondió a un estilo caudillista del alcalde donde con demasiada frecuencia los intereses de la corporación y los personales de Jesús Gil se mezclaban. Muchos de los gastos asumidos por la corporación municipal eran a costa de negocios de Gil. El gobierno municipal se caracteriza en esta etapa en hacer cambios del PGOU de 1986 para rectificación de terrenos con el que obtener plusvalías y la privatización de servicios municipales llevadas a cabo por empresas privadas. Empresas que en último término eran propiedad del propio Gil o de sus allegados. Una tercera característica fue aumentar significativamente la dotación de policías municipales, a los cuales Jesús Gil alentó para cometer abusos policiales y coacciones a todo aquel que le mostraba oposición.
En este periodo se evidencian claramente en la Costa del Sol las consecuencias de la sobreexplotación del entorno natural y los desastres paisajísticos. En reacción a la degradación del entorno natural crece una mayor concienciación de conservación que se va a manifestar en una normativa más estricta a nivel estatal y autonómico de Andalucía. Estos cambios legislativos van a chocar directamente con el gobierno de Jesús Gil en el Ayuntamiento de Marbella.
Caso Ballena Blanca El GIL, el partido personalista de Jesús Gil, volvió a ganar las elecciones municipales de 1995 y 1999 por mayoría absoluta. En torno a la figura del alcalde crecieron figuras de su confianza que le venían acompañando desde la tragedia en la urbanización de Los Ángeles de San Rafael de 1969, en la que fallecieron 58 personas al derrumbarse un techo por defectos en la fabricación y de la que el constructor fue el responsable. También nacieron otras carreras políticas dentro del círculo de confianza de Jesús Gil que también serían protagonistas en el Caso Malaya.