El choque hemorrágico es un tipo de choque hipovolémico que se produce debido a la pérdida de sangre. Los primeros síntomas pueden incluir frecuencia cardíaca rápida y estrechamiento de la tensión diferencial. Con una mayor pérdida de sangre pueden aparecer ansiedad, brazos y piernas fríos, pérdida del conocimiento e hipotensión. Las complicaciones pueden incluir hipotermia, problemas de coagulación sanguínea y síndrome de disfunción multiorgánica.
La causa de la pérdida de sangre puede incluir traumatismo, sangrado gastrointestinal, parto, embarazo ectópico y problemas subyacentes en los vasos sanguíneos. El sangrado puede ocurrir dentro del cuerpo o externamente. Puede producirse una pérdida de sangre importante en el abdomen, el pecho y el retroperitoneo. El mecanismo subyacente implica un flujo sanguíneo insuficiente a los tejidos corporales. Un índice de choque (frecuencia cardíaca/presión arterial sistólica) mayor que 1 puede indicar la probabilidad de necesitar transfusiones de sangre. La ecografía, en el servicio de urgencias, puede ser útil para determinar la ubicación de la pérdida de sangre.
El manejo inicial se basa en Apoyo Vital Avanzado en Trauma (ATLS). El tratamiento primario es detener la fuente del sangrado. Esto puede incluir hacer presión directa o hacer un torniquete. Otras medidas pueden incluir la administración de ácido tranexámico, hemoderivado y el control de la temperatura. En aquellos pacientes que no han sufrido una lesión en la cabeza, se puede permitir que la presión arterial permanezca relativamente baja hasta que se pueda realizar la cirugía. El choque hemorrágico es relativamente común. Aproximadamente la mitad de las muertes por traumatismos se deben a hemorragias, y estas siguen siendo la principal causa prevenible de muerte relacionada con traumatismos. El riesgo de muerte o de malos resultados es alto.
Referencias
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