La Hermandad del Santísimo Cristo del Perdón y María Santísima de los Dolores de La Puebla del Río es una hermandad religiosa de la localidad sevillana de La Puebla del Río.

Los orígenes

thumb|left|200px|Escudo de la Hermandad.El origen de la Real, Antigua y Fervorosa Hermandad Servita y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo del Perdón y María Santísima de los Dolores es todavía hoy una verdadera incógnita. Según algunas investigaciones, su fundación se remonta casi con toda seguridad a mediados del siglo XVIII, ya que fue la época de más esplendor de la orden Servita en Andalucía, a la que la Hermandad pertenece desde el comienzo. Además, se han encontrado escritos en el archivo parroquial que acreditan la existencia de la misma en 1789. No obstante, los documentos más antiguos pertenecientes a la Hermandad que se conservan datan del año 1848, fecha de un libro de cuentas de aquella época que hoy día se conserva y se guarda en la Casa–Hermandad y un cartel anunciador del tradicional Septenario a la Santísima Virgen de 1.870. Además, también han llegado hasta nuestros días, dos varas de oficiales de plata y cuatro arcángeles pasionarios en madera que escoltaban la peana de salida de la Virgen.

En dicho libro aparecen las cuentas de la Hermandad desde 1.848 hasta 1.880, los cambios de Junta de Gobierno, las visitas de los Visitadores Generales del Arzobispado para examinar y aprobar las cuentas de la Hermandad y un inventario de 1.859, realizado con motivo de un cambio de Junta de Gobierno, en el que se detallan todos los bienes que poseía. Los Hermanos Mayores que se sucedieron durante estos años fueron cuatro. Los nombres de éstos y los periodos en los que desarrollaron el cargo son los que a continuación siguen:

D. Francisco Javier de la Fuente y Herrera (¿? - 12 de junio de 1859).

D. José Soriano y Gómez (12 de junio de 1859 a 23 de marzo de 1862).

D. Juan Miguel Peñuela (23 de marzo de 1862 a 6 de enero de 1868).

D. Francisco Javier de la Fuente y Campos (6 de enero de 1868 - ¿?).

La economía de la Hermandad en aquel tiempo no presentaba grandes ingresos, no obstante, durante más de 25 años, éstos se mantuvieron en cantidades superiores a los gastos, sobrando siempre una remanente de un año a otro. Pero, a partir del año 1.874, la Hermandad parece entrar en crisis y empieza a acumular deuda hasta el último año que aparece contabilizado en el libro, es decir, 1.880. Esto puede ser un indicio de la fecha o de la época en la que la Hermandad perdió su actividad. En referencia a los ingresos, la Hermandad los obtenía de diferentes fuentes que apenas si variaron a lo largo de los años. Estas eran: Mensualidades de los hermanos. Venta de escapularios (a 2 Reales cada escapulario). Limosna recogida en la batea durante el Septenario. Hermandad Callejera (aunque no se especifica qué es exactamente, seguramente eran los donativos que se recogían pidiendo por la calle). Pagos para la procesión (2 Reales por persona). Enseres de la Hermandad. Venta de cera vieja. Asistencias. Venta de velas (a 3 Reales cada vela). Entrada de hermanos (10 Reales por persona). En el capítulo de gastos había una mayor diversidad, como se puede comprobar en los numerosos conceptos en los que la Hermandad desembolsaba el dinero: Derechos Parroquiales. Al organista por tocar en las meditaciones y en la Función. Al predicador del Septenario. Entierros de los hermanos (75 Reales por hermano fallecido). Compra de cera. Compra de escapularios a las monjas (1 Real cada escapulario). Compras diversas. Flores. Compra y restauración de enseres. Artículos de la Virgen (encajes, enaguas, mantos, tocas,…) Incienso para la Función. Músicos para la Función y la procesión. Gratificación al sacristán. Por repicar en la Función. Convocatorias (carteles para los Cultos). thumb|200px|Cartel de Cultos del año 1870.La Hermandad pertenecía al Orden Tercero de los Servitas y rendía culto a la Santísima Virgen de los Dolores, a San Felipe Benicio y a Santa Juliana Falconieri, santos italianos del siglo XIII pertenecientes a dicha Orden, cuyas imágenes se sitúan en el mismo altar de la Virgen a ambos lados de Ella. Por tanto, el Santísimo Cristo del Perdón, no pertenecía originariamente a la Hermandad, sino que sería después, con la reorganización del año 1965, cuando entró a formar parte como titular. El nombre de la corporación era "Ilustre y Fervoroso Venerable Orden Tercero de Siervos de María Santísima de los Dolores". Los principales actos de culto que realizaba al cabo del año eran el Septenario en honor a la Virgen de los Dolores y la procesión del Viernes de Dolores. El Septenario empezaba el Sábado antes del Viernes de Dolores, teniendo en este día su Función Principal. Durante estos cultos se contrataba a un organista y, en ocasiones, a algunos músicos que solemnizaban aún más esos actos. Además, el Viernes de Dolores había absolución y comunión general para todos los hermanos y exposición del Santísimo. La misa del último día empezaba tres horas antes de lo habitual, lo que nos puede hacer suponer que esto sería así porque, al término de la misma, daría comienzo la procesión, esto es, entre las cinco y media y las seis de la tarde, para evitar que la noche los sorprendiera en la calle. La procesión estaba compuesta por el paso de la Virgen y dos pasos más en los que procesionaban San Felipe y Santa Juliana. Según algunos detalles que relata el libro, podemos afirmar que los pasos eran unas andas de madera de Flandes muy sencillas y, sobre todo, pequeñas, ya que, además de adaptarse al tamaño de las imágenes, tenían que adaptarse al tamaño de la puerta principal de la Iglesia, con cuatro maniguetas cada uno para llevar las imágenes sobre los hombros. Las parihuelas eran tapadas con cuatro faldones, mientras la parte superior de las mismas lo era con un hule. La Virgen se situaba sobre una peana verde jaspeada de perfiles dorados, con una nube y cuatro arcángeles en los extremos, que aún se conservan y procesionan en el paso del Stmo. Cristo del Perdón, tras haber sido sometidos a un proceso de restauración por parte de D. Enrique Lobo Lozano en 2.003. Cada santo por su parte se colocaba sobre una peana jaspeada lisa más sencilla que la de la Virgen. El paso de la Virgen, además, tenía una barandilla dorada con seis cubillos para las velas y, seguramente, algún candelabro y alguna jarra para las flores. También poseía la Hermandad un simpecado, con dos borlas y un cordón, rematado por una cruz, que es muy probable que también saliera en la procesión.

Tras la pérdida de actividad de la Hermandad como tal a finales del siglo XIX o principios del XX, se sabe, y todavía nuestros mayores lo recuerdan, que el tradicional Septenario en honor a la Virgen de los Dolores se siguió celebrando durante mucho tiempo. No se sabe con certeza si tras la desaparición de la Hermandad siempre se siguió celebrando, probablemente no, pero sí se tiene constancia que durante los años 50 y 60 así ocurría, como demuestran algunas fotos de aquella época en la que aparece el altar de cultos para el Septenario y algunos recibos, que hoy día se conservan, referentes al pago por la celebración de dicho acto de culto.

Como curiosidad se puede reseñar que tal Septenario fue costeado durante muchos años por D. Daniel de la Fuente Lama, cuyos antepasados habían pertenecido tradicionalmente a las Juntas de Gobierno de la Hermandad haciendo de esta familia una de las más representativas dentro de la nómina de hermanos. Tal es así, que a los pies del altar de la Virgen de los Dolores se encuentra enterrado un joven llamado Diego de la Fuente y Campos, que murió el 25 de octubre de 1869 por recibir de forma involuntaria un disparo en un muslo, cuyo padre, D. Francisco J. de la Fuente y Herrera, había sido Hermano Mayor y su hermano, D. Francisco J. de la Fuente y Campos, lo era en el momento de su muerte.

La Reorganización

Fue en el año 1965 cuando un grupo de jóvenes cigarreros, apasionados de las cofradías, entre los que se encontraban Eugenio Bejarano, Hipólito Lora, Francisco Pineda, Adolfo Suárez, Martín Vega, Manuel Lama, José González, Juan Manuel González, Joaquín Martínez, Manuel Campos y Baldomero Vargas, propusieron al cura párroco D. Antonio Palomar crear una Hermandad de Penitencia, siendo aprobada y optándose como titulares por la Stma. Virgen de los Dolores y el Stmo. Cristo del Perdón. El primer Hermano Mayor de esta nueva andadura fue D. Francisco Javier Pineda Terán. Los comienzos, como en casi todas las cosas, fueron muy duros. La ilusión era mucha, pero las dificultades también. Poco a poco fueron apareciendo los proyectos más necesarios de realizar entre los que cabría destacar la realización de los pasos procesionales y la compra de los primeros enseres. En referencia a esto, Serafín Jiménez Pérez se encargó en el año 1968 de realizar las nuevas parihuelas del paso de Cristo, cuyo diseño y talla se encargó posteriormente al prestigioso artista sevillano Antonio Martín, autor de muchos de los mejores pasos procesionales de la Semana Santa de Sevilla y del altar mayor del santuario de Ntra. Sra. del Rocío de Almonte entre otros, comprendiendo la realización del mismo desde 1.970 hasta 1.988. El primer paso de palio para María Santísima de los Dolores era un compendio de enseres antiguos. El palio, sostenido por varales de madera, era liso, tenía forma de cajón y estaba solamente adornado por un corazón traspasado por siete puñales que figuraba en la parte central de la bambalina frontal. Este palio al parecer pudo ser el que honraba a la Santísima Virgen antes de la disolución de la Hermandad. La candelería estaba compuesta por toda una serie de candelabros viejos pertenecientes a la parroquia, y los respiraderos, más simples si cabe, estaban confeccionados en tela.

En los siguientes años, la Hermandad empezó a realizar algunas mejoras en ambos pasos de tal manera que en 1.967 compró a Manuel Domínguez Rodríguez unos varales de metal plateado, sin apenas ornamentación, que son los que sostuvieron el palio de la Virgen hasta 1.994. Dos años después, en 1.969, se encargó a Orfebrería Villarreal los espléndidos respiraderos que en la actualidad posee el paso, restaurados años más tarde por el mismo taller. También se acometió el encargo de una nueva cruz para el Santísimo Cristo, pues la que tenía originariamente no era lo suficientemente larga y fuerte para procesionar en un paso. De esta manera, Francisco Buiza, prestigioso imaginero sevillano, ejecutó en 1.966 una nueva cruz de tipo arbóreo, de color negro y llagas doradas, que es la que ha sostenido al Señor hasta el año 2002.

En lo referente a la salida procesional, la Hermandad estuvo saliendo de la Parroquia desde 1.965 hasta 1.969, para lo cual tuvo que modificarse la puerta del Perdón y sustituirse por la actual ya que sus dimensiones eran excesivamente pequeñas. A partir de ese año, el Cura Párroco por aquel entonces D. Ramón González Gaviño, ordenó que la salida procesional se llevara a cabo desde la Capilla de San Sebastián con el objetivo de tener más espacio en la Parroquia para celebrar el Triduo Pascual. Esto motivó que la Hermandad tuviera que realizar nuevamente el encargo en 1.970 de una nueva puerta para la Capilla, ya que la que había, al igual que la de la Parroquia, era demasiado pequeña para que los pasos salieran, siendo esta la que existe en la actualidad.