La Revolución francesa de 1848, también conocida como Revolución de Febrero, fue una insurrección popular que tuvo lugar en París entre el 22 y el 24 de febrero de 1848 y que provocó la caída de la Monarquía de Julio. La crisis, desencadenada por la prohibición de una manifestación vinculada a la campaña de los banquetes, desembocó en una insurrección que se extendió por la capital y obligó al rey Luis Felipe I a abdicar el 24 de febrero.
Tras la abdicación, los intentos de mantener la monarquía mediante una regencia fracasaron ante la presión de los republicanos y de los manifestantes. Ese mismo día se constituyó un Gobierno provisional, y el 25 de febrero se proclamó la Segunda República francesa.
La Revolución de Febrero tuvo repercusiones en otros territorios europeos y contribuyó a desencadenar la oleada revolucionaria de 1848, conocida como la Primavera de los Pueblos.
Antecedentes
La Monarquía de Julio y la crisis política La Monarquía de Julio se estableció en 1830 tras la Revolución de Julio, que provocó la abdicación de Carlos X y la llegada al trono de Luis Felipe I, perteneciente a la rama orleanista de la casa de Borbón. El nuevo régimen se organizó como una monarquía constitucional y estuvo basado en la Carta de 1830, que amplió algunas libertades respecto al régimen anterior, aunque mantuvo un sistema electoral censitario que limitaba la participación política a una reducida parte de la población.
Luis Felipe contó inicialmente con el apoyo de sectores liberales y orleanistas, pero su régimen estuvo marcado por una creciente oposición tanto de los legitimistas, partidarios de la rama primogénita de los Borbones, como de los republicanos, que defendían la instauración de una república. A la izquierda del régimen también fueron ganando fuerza distintas corrientes democráticas y socialistas, que reclamaban una ampliación de los derechos políticos y reformas sociales.
Durante la década de 1830 se sucedieron diversos episodios de conflictividad política y social en París. Entre ellos destacaron la insurrección republicana de junio de 1832 y las revueltas de 1834. El régimen respondió en distintos momentos mediante la represión y la limitación de las asociaciones y de la actividad de la oposición.
Durante la década siguiente, el principal problema político fue el rechazo del gobierno a ampliar el sufragio. Adolphe Thiers y François Guizot, entre otros dirigentes, defendieron posiciones contrarias al sufragio universal en la Cámara de Diputados. Guizot se convirtió en una de las principales figuras políticas del régimen y presidió el Consejo de Ministros durante la última etapa de la Monarquía de Julio, desde 1840 hasta la Revolución de Febrero de 1848. Su gobierno se opuso a las demandas de reforma electoral.
El sistema político estaba dominado por una reducida élite de propietarios, ya que el sufragio censitario restringía el derecho al voto a los sectores que cumplían determinados requisitos de riqueza. En 1848, solo una pequeña parte de la población tenía derecho al voto, lo que favoreció el creciente distanciamiento entre el régimen y sectores de las clases medias y populares. La negativa del gobierno a introducir reformas políticas contribuyó a aumentar el descontento y proporcionó un punto de convergencia a la oposición liberal, republicana y democrática.
Crisis económica y social A la crisis política se sumó una grave crisis económica y social. Las malas cosechas de 1845 y 1846, agravadas por la enfermedad de la patata, provocaron un aumento de los precios de los alimentos y una crisis de subsistencia que afectó especialmente a las clases populares. En 1846 se inició además una crisis financiera que desembocó en una depresión económica durante el año siguiente.
La crisis tuvo importantes consecuencias sobre el empleo. La contracción de la actividad económica provocó un aumento del desempleo, especialmente entre los trabajadores urbanos.
La situación también generó conflictos en las zonas rurales. La escasez y el aumento del precio de los cereales provocaron diversos disturbios, entre ellos la revuelta de Buzançais, en el departamento de Indre, en enero de 1847, cuando trabajadores y jornaleros intentaron impedir el transporte de grano fuera de la localidad.
En las ciudades, el deterioro de las condiciones laborales y el desempleo alimentaron el descontento entre los trabajadores. Las protestas obreras y las reivindicaciones sociales se combinaron progresivamente con las demandas políticas de los sectores democráticos y republicanos. Algunos pensadores socialistas, como Louis Blanc, defendían además una mayor intervención del Estado en la economía y la organización del trabajo para mejorar las condiciones de las clases trabajadoras.
La crisis económica contribuyó así a debilitar el apoyo social de la Monarquía de Julio y a crear un contexto favorable para la movilización política de 1847 y 1848.
Oposición republicana y reformista El rechazo del régimen a ampliar el sufragio favoreció la aparición de un movimiento de oposición cada vez más amplio. Los sectores liberales y republicanos reclamaban una reforma del sistema electoral, mientras que los sectores más radicales defendían la instauración de una república y la introducción de reformas sociales.
La oposición estaba dividida en distintas corrientes. Los republicanos moderados se agrupaban principalmente en torno al periódico Le National, mientras que los republicanos radicales y socialistas estaban vinculados a La Réforme. Entre sus principales representantes se encontraban Alphonse de Lamartine, Alexandre Ledru-Rollin, Louis Blanc, Ferdinand Flocon y François-Vincent Raspail.
Ante las restricciones existentes sobre las reuniones políticas, la oposición recurrió a diferentes formas de movilización. Entre ellas destacaron los banquetes políticos, organizados en torno a las demandas de reforma electoral. Este tipo de reuniones permitía congregar a partidarios de la oposición y difundir sus reivindicaciones en un contexto en el que las reuniones políticas estaban sometidas a restricciones.
A partir de julio de 1847, la oposición impulsó una nueva campaña de banquetes que se extendió progresivamente por distintas ciudades francesas. Los actos, organizados formalmente como comidas privadas, se convirtieron en espacios de debate y movilización política y permitieron coordinar a sectores liberales, republicanos y democráticos. La campaña adquirió una importancia creciente durante los meses siguientes y terminó situando la reforma electoral en el centro de la crisis política que precedió a la Revolución de Febrero.
La creciente tensión política fue percibida también por algunos miembros de las propias instituciones. El 27 de enero de 1848, Alexis de Tocqueville advirtió ante la Cámara de Diputados sobre el deterioro de las costumbres políticas y el riesgo de una nueva revolución. Pocas semanas después, la oposición y el gobierno perderían el control de los acontecimientos.
Contexto parisino París constituía el principal escenario de la conflictividad política y social de la Monarquía de Julio. Con alrededor de un millón de habitantes, la ciudad mantenía todavía buena parte de su estructura urbana anterior a las grandes transformaciones de la segunda mitad del siglo . Estaba delimitada por el muro de los Fermiers généraux y sus barreras de octroi, mientras que la estructura de sus calles y la concentración de población en determinados barrios facilitaban la movilización popular y la construcción de barricadas durante los episodios insurreccionales.
La ciudad presentaba importantes diferencias sociales y espaciales. Los sectores más acomodados se concentraban principalmente en el oeste, mientras que buena parte de los trabajadores y las clases populares residían en los barrios orientales y en los faubourgs. Esta división no era absoluta, pero reflejaba las profundas desigualdades sociales existentes en la capital.
El mundo de los pequeños comerciantes y artesanos tenía una importancia considerable. Una gran parte de los trabajadores estaba empleada en pequeños talleres, muchos de ellos relacionados con la producción de artículos de lujo. El sector de la confección y el de la construcción reunían a decenas de miles de trabajadores, mientras que existía una gran diversidad de oficios.
Las condiciones de vida de las clases populares eran difíciles, debido a los bajos salarios, la duración de las jornadas laborales, el desempleo y unas deficientes condiciones de higiene y salud. La crisis económica de 1846-1847 agravó todavía más esta situación.
París contaba además con una tradición reciente de movilización popular. Las insurrecciones de 1830 y 1832, las revueltas de 1834 y los disturbios posteriores habían demostrado la capacidad de los sectores populares para ocupar las calles y levantar barricadas. En 1848, la combinación de esta tradición insurreccional, la crisis económica y el descontento político convirtió a la capital en un terreno especialmente favorable para una nueva movilización.
Campaña de los banquetes
Las elecciones legislativas de 1846 otorgaron una mayoría parlamentaria al gobierno de François Guizot, mientras que la oposición reclamaba una reforma del sistema electoral y una ampliación del derecho al voto. Ante las restricciones existentes sobre las reuniones políticas, los sectores opositores recurrieron a los banquetes como una forma de organizar actos públicos sin presentarlos formalmente como reuniones políticas.
La campaña comenzó en julio de 1847 y se extendió progresivamente por distintas ciudades francesas. Los banquetes eran organizados por miembros de la oposición y, con frecuencia, por periódicos opositores. Los asistentes pagaban por participar en una comida durante la cual los dirigentes pronunciaban discursos y se debatían cuestiones políticas, especialmente la reforma electoral. De este modo, los banquetes se convirtieron en espacios de movilización y permitieron reunir a sectores liberales, republicanos y democráticos en torno a una reivindicación común.
La campaña adquirió rápidamente una dimensión nacional. Entre julio de 1847 y febrero de 1848 se celebraron decenas de banquetes en diferentes localidades, con miles de participantes. Aunque los grupos que formaban la oposición mantenían diferencias respecto al alcance de las reformas que debían adoptarse, la campaña permitió coordinar sus acciones y situó la reforma electoral en el centro del debate político.
A comienzos de 1848, el gobierno decidió poner fin a la tolerancia hacia estas reuniones. Un banquete organizado en París por oficiales de la Guardia Nacional, previsto inicialmente para el 19 de febrero, fue prohibido por el ministro del Interior, Charles Marie Tanneguy Duchâtel. Los organizadores aplazaron el acto hasta el 22 de febrero y convocaron una manifestación para esa fecha. Aunque posteriormente retiraron la convocatoria para evitar enfrentamientos, la prohibición desencadenó una crisis política que pronto escapó al control de la oposición y del gobierno.
La movilización del 22 de febrero marcó el comienzo de la Revolución de Febrero. Las protestas evolucionaron rápidamente hacia una insurrección en París, que culminó dos días después con la abdicación de Luis Felipe I y el final de la Monarquía de Julio.
23-25 de febrero