La historiografía soviética es la forma cómo la historia fue escrita por parte de los historiadores soviéticos durante la existencia de la antigua Unión Soviética. Incluye también la práctica de historiadores actuales que estudian el período desde la perspectiva de los historiadores soviéticos. Se caracterizada por la alternancia de períodos de libertad y de restricción impuestas por el Partido Comunista, así como, por la lucha de los historiadores soviéticos para llevar a cabo sus estudios a partir de sus propias estimaciones.
Enfoques teóricos
Filosófica y metodológicamente, la historiografía soviética se circunscribe dentro una corriente conocida como materialismo histórico, que forma parte de la concepción marxista de la historia y la sociedad. Desde este punto de vista, el concepto de lucha de clases es de central importancia, pues es concebido como el motor de la historia. Otro de sus temas centrales es la historia del Partido Comunista de la URSS, desde los tiempos de Lenin.Afanásiev, Yuri (1996): [http://www.bu.edu/iscip/vol7/Afanasyev.html «Reclaiming Russian history» (‘la recuperación de la historia rusa’), artículo en inglés publicado en la revista Perspective, volumen 7, n.º 1, septiembre-octubre de 1996. En particular véase el capítulo «The phenomenon of Soviet historiography» (‘el fenómeno de la historiografía soviética’).
De acuerdo a Georges M. Enteen, existirían dos grandes enfoques en el estudio de la historiografía soviética. Por un lado, un enfoque totalitario, que se relaciona con los estudios que en Occidente se hacen de la Unión Soviética, considerándola una sociedad totalitaria controlada por el Comité Central del Partido Comunista. Este enfoque considera que las señas de disidencia solo indicarían una interpretación errónea de la versión oficial.Enteen, George M. (2002): [http://www.jstor.org/pss/2697122 «Recent writings about Soviet historiography», artículo en inglés publicado en la revista Slavic Review, 61 (2): págs. 357-363; 2002. En este sentido, uno de los factores habría influenciado el trabajo de los historiadores soviéticos era el control ejercido por las autoridades, destinada a promover una versión oficial de la historia, en concordancia con las posiciones del régimen.
Por ejemplo, se declaró formal y oficialmente que la «Gran Revolución Socialista de Octubre había dado inicio a una nueva época en la civilización humana», al igual que la Revolución francesa lo había hecho a partir de 1789.V.I. Kuzishchina o Kuziščina (Кузищина), Высшая школа, (Vysshaya o Vysšaya shkola), Историография античной истории (transliterado como Istoriografiya antichnoi istorii), Moscú, 1980А.В.Аdо, Французская революция в советской историографии (Frantsuzkaya Revolyutsiya v Sovietskoy istoriografii)
Evolución histórica
De acuerdo a la visión del historiador australiano Roger Markwirck, existen numerosos movimientos historiográficos de la posguerra, cuyos antecedentes se encuentran en la historiografía soviética de los años 1920 y 1930. Sorprendentemente, ellos incluyen las visiones culturalistas y psicológicas enfocadas a la historia.Markwick, Roger D (2001), Rewriting History in Soviet Russia: The Politics of Revisionist Historiography, 1956-1974. N.Y.: Palgrave. Hacia fines de la década de 1920, el naciente estalinismo comenzó a limitar estos puntos de vista individualistas, culminando con la publicación por parte de Stalin y otros, del célebre Curso breve de historia del Partido Comunista de la Unión Soviética, en 1938.Joseph Stalin and others (1938), Short Course. History of the Soviet Communist Party, Moscú, 1938. En él se cristaliza la piatichlenka o los cinco momentos en que se dividía la historia mundial, en términos de una vulgarización del materialismo dialéctico: el comunismo primitivo la esclavitud el feudalismo el capitalismo y el socialismo.George M. Enteen (2002): «Recent writings about soviet historiography», Slavic Review, 61 (2): págs. 357-363; 2002.
Si bien, a partir de los años 1930 el enfoque estalinista de la historia se estaba imponiendo, de todos modos emergían modos diferentes de ver la historia. Entre ellos Borís Aleksándrovich Románov (1889-1957), quien en 1947 publicó un estudio sobre la gente y las costumbres en la antigua Rusia, en el tiempo de la doctrina Zhdánov. Sin embargo, no fue sino hasta el 20.º Congreso del PCUS en 1956, en el cual Nikita Jrushchov denunció los graves excesos cometidos durante el régimen de Stalin, que las diferentes escuelas de la historia comenzaron a surgir de la congelación de estalinista. En primer lugar, se experimentó un «nuevo rumbo» en el materialismo leninista surgido como una oposición al materialismo dialéctico estalinista; en segundo lugar, surgió una psicología social de la historia a través de una lectura de la psicología leninista; y en tercer lugar surgieron tendencias «culturalistas».Markwick, Roger D. (2006): «Cultural history under Khrushchev and Brezhnev: from social psychology to mentalités», artículo en inglés publicado en la revista The Russian Review, 65: págs. 283-301; 2006.
Hasta la muerte de Iósif Stalin en 1953 prácticamente no existía ningún escrito oficial sobre la convulsionada historia política reciente del país, y la mayoría de los líderes que habían participado de la revolución rusa de 1917, comenzando por León Trotski, se habían transformado en «no personas» (innombrables) durante el régimen estalinista, por lo que no podían ser mencionados en ningún impreso ni en ningún artículo de prensa.Fitzpatrick, Sheila: The Russian Revolution, ISBN 0-19-280204-6, pág. 6.
Así fue que Jrushchov desacopló a Lenin de Stalin, permitiendo a los historiadores soviéticos escribir libros y artículos de mayor diversidad que los publicados durante la anterior era de Stalin. Las reformas implementadas en la narración y escritura de la historia fueron oficialmente presentadas como un intento de volver a las «normas leninistas».Sheila Fitzpatrick, The Russian Revolution, ISBN 0-19-280204-6, pág. 7. A partir de entonces fue posible hacer referencia a figuras como León Trotski y Grigori Zinóviev.
Por su parte, la posterior era de Brézhnev vio el surgimiento del fenómeno samizdat (la circulación de copias manuscritas o mecanografiadas de obras oficialmente prohibidas en la URSS) y del tamizdat (la publicación ilegal en el extranjero de obras ideológicamente sensibles para el régimen soviético). Los tres principales disidentes soviéticos de esa época fueron Aleksandr Solzhenitsyn, Andréi Sájarov y Roy Medvédev.Lea Sellers, Soviet dissidents and the Western world (‘los disidentes soviéticos y el mundo occidental’), Fletcher Forum of world affairs, Tufts University, 1976. Entre los autores de la variante tamizdat, Solzhenitsyn llegó a convertirse en el más famoso, habiendo publicado clandestinamente su provocativa obra Archipiélago Gulag en Occidente a partir de 1973. Por su parte, la obra de Medvédev Dejemos que la historia juzgue: los orígenes y las consecuencias del estalinismo ya había sido publicada en el extranjero en 1971.Let History Judge by Roy Medvedev; ISBN 0-231-06350-4 Ninguno de ellos pudo publicar sus obras dentro de la Unión Soviética hasta el advenimiento de las políticas de glásnost y perestroika, lanzadas por el líder Mijaíl Gorbachov en la segunda mitad de la década de 1980.
La línea oficial del Partido Comunista
La historiografía oficial soviética ha sido severamente criticada por parte de algunos especialistas, principalmente ―pero no sólo― desde fuera de la URSS. Su status de supuestamente “académica” siempre ha sido cuestionado, y a veces ha sido descalificada como mera ideología y pseudociencia.Gwidon Zalejko, Jerzy Topolski (ed.), Soviet historiography as “normal science” (“La historiografía soviética como ciencia normal”) en Google Print], en Historiography between modernism and postmodernism (“Historiografía entre la modernidad y la posmodernidad”), Rodopi, 1994, ISBN 90-5183-721-6, páginas 179-191.
Los hechos y estadísticas reales pasaron a formar de una suerte de “reino de fantasía”. La historia soviética en general, en especial la del Partido Comunista fue especialmente reescrita. Las denominadas “no personas” simplemente desaparecían sin más de los registros oficiales. Un nuevo pasado, así como un nuevo presente fue impuesto en las mentes cautivas de la población soviética, como sería, por supuesto, admitido cuando la verdad emergió a fines de la década de 1980, como consecuencia directa del relajamiento de la censura derivado de la política de glásnost (“transparencia”) lanzada por el entonces líder soviético Mijaíl Gorbachov. Tal crítica parte del concepto de que, en la Unión Soviética, la ciencia estaba lejos de ser independiente.
Desde fines de la década de 1930, la historiografía oficial soviética consideraba que la línea del Partido y la realidad eran una sola (y ante cualquier desavenencia la ortodoxia partidaria debía necesariamente imponerse y prevalecer).Taisia Osipova, Peasant rebellions: Origin, scope, design and consequences (“Rebeliones campesinas: Origen, alcance, diseño y consecuencias”), en Vladimir N. Brovkin (ed.), The Bolsheviks in Russian society: The revolution and the civil wars (“Los bolcheviques en la sociedad rusa: La revolución y las guerras civiles”), Yale University Press, 1997, ISBN 0-300-06706-2. Google Print, páginas 154-176
Como tal, si era una “ciencia”, lo era claramente al servicio de una determinada agenda política e ideológica, usual comúnmente usando el denominado revisionismo histórico negacionista.Roger D. Markwick, Donald J. Raleigh, Rewriting History in Soviet Russia: The politics of revisionist historiography (“Reescribiendo la Historia en la Rusia soviética: La política de la historiografía revisionista”), Palgrave Macmillan, 2001, ISBN 0-333-79209-2, Google Print, páginas 4-5
Durante la década de 1930, los archivos históricos fueron cerrados y la investigación original fue severamente restringida. En esa época se les comenzó a requerir a los historiadores que complementasen o sazonasen sus obras con referencias ―apropiadas o no― a Iósif Stalin y a otros “clásicos marxistas-leninistas”, además de pasar la prueba ―tal como lo prescribía el propio Partido― sobre figuras históricas rusas prerrevolucionarias.John L. H. Keep: A history of the Soviet Union 1945-1991: Last of the Empires (“Historia de la Unión Soviética 1945-1991: El último de los imperios”), páginas 30-31.
Las historia oficial aprobada por el Estado estaba abiertamente sujeta a la manipulación política y propagandística, similar a lo que sucedía con la filosofía, con el denominado realismo socialista y con varios campos dentro de la investigación científica. El Partido, fuente de “sabiduría” derivada de los principios supuestamente científicos del marxismo (presentado a su vez como la “ciencia social definitiva”), era infalible y no podía jamás estar equivocado, por lo que la realidad debía conformarse a su línea o a sus principios doctrinarios (y no al revés, como sería mucho más lógico). El mismo Lenin había dicho al respecto “pues lo siento por la realidad”. Cualquier otra historia alternativa y no enteramente conformista con el status quo debía ser totalmente eliminada, además de que el cuestionamiento a la historia oficial era ilegal.