Beatriz de Bobadilla (Medina del Campo, década de 1460-Medina del Campo, noviembre de 1504) fue una dama castellana de la baja nobleza que vivió durante la época de la conquista y colonización europeas de Canarias ―España―, siendo conocida por ser señora de las islas de La Gomera y El Hierro al haberse casado con Hernán Peraza.
Es uno de los personajes femeninos más destacados y controvertidos de la historia de Canarias. La tradición histórica ha ensalzado tanto su belleza como su lado más cruel y despiadado. La primera faceta la llevó a despertar el interés romántico de personajes de la época tan sobresalientes como el propio rey Fernando II de Aragón o el almirante Cristóbal Colón, mientras que la segunda se debió sobre todo a su actuación durante la dura represión que siguió a la conocida como rebelión de los gomeros.
Fue apodada la Cazadora por el cargo de cazador mayor que tenía su padre para así diferenciarla de su famosa tía segunda, Beatriz de Bobadilla, primera marquesa de Moya y amiga íntima de la reina Isabel I de Castilla.
Fue ascendiente de varios detentadores de títulos nobiliarios de España, como los marqueses de Adeje y de Fuentes, o los condes de La Gomera.
Biografía
Orígenes familiares
Se desconoce la fecha exacta del nacimiento de Beatriz de Bobadilla, aunque debió hacerlo entre finales de la década de 1450 y mediados de la siguiente. Originaria de la villa castellana de Medina del Campo, pertenecía a una rama secundaria del linaje de los señores de Bobadilla.
Era una de las hijas del matrimonio formado por Juan de Bobadilla y Leonor Álvarez de Vadillo. Su padre ejerció los cargos de regidor de Medina del Campo, doncel del rey Enrique IV de Castilla, corregidor de la villa de Madrid, alcaide de sus alcázares y cazador mayor tanto de Enrique IV como de Fernando II de Aragón. mientras que se desconoce quiénes fueron sus abuelos maternos, si bien se sabe que su madre era sobrina de Diego Fernández de Vadillo, secretario del rey Fernando I de Aragón, y de su mujer Leonor Álvarez de Toro, camarera de la reina Leonor de Alburquerque.
Primeros años y juventud
No se conoce nada sobre los primeros años e infancia de Beatriz de Bobadilla.
Durante su juventud tuvo fama de tener varios amantes, tal y como recogió Baltasar de Castiglione en su obra El cortesano. Esta información la tomó el escritor italiano de Alonso Carrillo, quien había coincidido con Beatriz en la corte en varias ocasiones. No obstante, el único amante probado fue Rodrigo Téllez Girón, quien por su condición de maestre de la orden de Calatrava no podía contraer matrimonio.
Fallecido Téllez Girón en julio de 1482, Beatriz pasó a ser dama y criada de la reina Isabel la Católica, despertando entonces la atención amorosa del rey Fernando según algunos autores.
Matrimonio con Hernán Peraza y traslado a las islas Canarias
thumb|200px|Mapa de San Sebastián de La Gomera realizado en 1588 por Leonardo Torriani. La villa se convirtió en la nueva residencia de Beatriz de Bobadilla tras su matrimonio con Hernán Peraza en 1482.
En este tiempo estaba en la corte Hernán Peraza el Mozo, señor de la isla de La Gomera, quien había sido requerido por los reyes para responder por la muerte del capitán conquistador Juan Rejón en su isla. Para obtener el perdón real, Peraza fue obligado a casarse con Beatriz por mandato de la propia reina, así como a participar con sus vasallos en la conquista de Gran Canaria que se estaba realizando en aquellos momentos. Para la mayoría de los primeros historiadores, este matrimonio sirvió a la reina Isabel para alejar a Beatriz de la corte, ya que estaba celosa de las atenciones que le prestaba el rey Fernando. Sin embargo, también se ha propuesto que este matrimonio sirvió a los reyes para controlar de alguna manera a la familia Herrera-Peraza, señores de Canarias, al introducir en su seno a alguien afecto a la Corona, ya que por esa época seguía en trámite el traspaso de los derechos de conquista sobre Gran Canaria, Tenerife y La Palma.
La boda se llevó a cabo en la villa de Madrid en algún momento entre noviembre y diciembre de 1482. Los reyes otorgaron a Beatriz como dote una finca en el Aljarafe sevillano denominada la Mairenilla, así como la cantidad de 500 000 maravedíes que habían de recaudarse sobre las rentas de ese año de las villas y lugares pertenecientes a la orden de Calatrava.
El matrimonio abandonó la corte y se trasladó a su nueva residencia en la villa de San Sebastián de La Gomera, dedicándose Bobadilla en los años siguientes a la crianza de los dos hijos que habían tenido.
En 1486 se convierte también en señora consorte de la isla de El Hierro, al habérsela cedido Inés Peraza a su hijo por escritura firmada en la villa de Moguer.
Muerte de Hernán Peraza y rebelión de los gomeros
miniaturadeimagen|350x|Torre de San Sebastián, lugar donde Beatriz de Bobadilla y sus hijos se refugiaron tras la muerte de su esposo a manos de los aborígenes gomeros.
A finales de 1488 los aborígenes gomeros se sublevaron contra el señorío castellano y asesinaron a su señor Hernán Peraza, dando así comienzo a la conocida como «rebelión de los gomeros». Bobadilla se refugió en la torre de San Sebastián con sus hijos y otros vecinos de la villa, y allí fueron sitiados por los rebeldes. Después de varios días cercados, los vasallos de Beatriz lograron abatir a Hautacuperche, el principal caudillo de los gomeros, con lo que estos se retiraron a las montañas. Bobadilla envió entonces un mensajero a Gran Canaria para solicitar la ayuda del gobernador Pedro de Vera, que acudió en breve tiempo con cuatrocientos hombres.
Poco después de su llegada el gobernador Vera y sus hombres lograron arrestar a los rebeldes, iniciando él y Bobadilla un proceso judicial contra ellos. Según los primeros historiadores, todos los varones mayores de quince años fueron ejecutados de diversas y crueles maneras, mientras que la mayoría de las mujeres y niños fueron apresados y vendidos como esclavos.
La actuación de Bobadilla y Vera fue posteriormente denunciada ante los reyes por fray Miguel López de la Serna, obispo de Canarias, quien argumentaba que los gomeros habían sido vendidos ilegalmente puesto que eran cristianos. El Consejo Real dio por buena la denuncia del obispo, e inició un proceso para la liberación de los esclavos que se demoró varios años. Asimismo, tanto Bobadilla como Vera fueron condenados a entregar 500 000 maravedíes cada uno con el que sufragar las indemnizaciones por la libertad de los gomeros.
No obstante, Bobadilla se resistió a la entrega del dinero y fue requerida por el Consejo en varias ocasiones hasta que en septiembre de 1491 acudió personalmente a la corte establecida en la ciudad de Córdoba para defenderse de las acusaciones. Allí argumentó que los gomeros no eran buenos cristianos, «non cuidando de se baptizar, llamándose con nombres gentiles, viviendo desnudos e teniendo ocho o diez mugeres», y que habían hecho un pacto con Peraza años atrás por el cual podían ser tomados como cautivos si no se apartaban de sus ritos antiguos. Bobadilla logró demorar la resolución del Consejo Real, pero el profesor Antonio Rumeu de Armas cree que finalmente debió claudicar y depositar el medio millón de maravedíes.
La represión realizada por Bobadilla y Vera en La Gomera en 1489 dejó la isla prácticamente diezmada de población aborigen, considerándose por los historiadores como el hecho definitivo de la conquista e incorporación de la isla a la Corona de Castilla.
Gobernación de La Gomera y El Hierro
thumb|200px|El valle de Hermigua, cuyo poblamiento se debió principalmente a la gestión del señorío por parte de Beatriz de Bobadilla a partir de 1489.
Tras la muerte de Peraza, Bobadilla asumió el gobierno de La Gomera y El Hierro como tutora de su hijo Guillén Peraza de Ayala, heredero del señorío.
En cuanto a su gestión, en documentación de 1506 algunos testigos dicen que «ella por su buen saver pobló la isla de la Gomera», y que los vasallos «heran mejor governados della que agora».
A su iniciativa atribuyen los historiadores la introducción del cultivo de la caña de azúcar en La Gomera, lo que dinamizó el nuevo orden socioeconómico de la isla y contribuyó a la colonización y asentamiento permanente de europeos en los valles más alejados de la villa capital, como los de Hermigua o Vallehermoso.
No obstante, algunas de sus actuaciones más polémicas como gobernadora quedaron recogidas por los primeros historiadores. Así, Juan de Abréu Galindo narra que en 1490 Hernando de Vera, hijo del gobernador de Gran Canaria Pedro de Vera, acudió a Bobadilla en busca de ayuda. Hernando había huido de la justicia y había sido condenado a muerte en rebeldía tras ser acusado de hacer en público comentarios contrarios a la autoridad de los reyes. Bobadilla lo recibió en su casa, pero después de conocer que la reina «le perdonaría todo delito y le haría mercedes» a quien diese preso a Hernando, lo mandó arrestar y se embarcó con él rumbo a Castilla. No obstante, durante la travesía un temporal los obligó a arribar a la isla de Madeira, donde los portugueses abordaron la nave y liberaron a Hernando, dejando regresar a Bobadilla a Canarias.
Asimismo, en su posición a la cabeza del señorío Bobadilla administraba la justicia sobre sus vasallos al ejercer su derecho al mero et mixto imperio. En este sentido, Abréu Galindo indica su proceder contra un vecino principal de La Gomera llamado Francisco Núñez de Castañeda, que era «algún tanto libre en el hablar» y «puso mácula en su señora». Bobadilla lo mandó prender y tras hacerlo confesar lo ejecutó ahorcándolo de una viga de su casa, para luego ordenar que colgaran el cuerpo de una palma que había en la plaza de la villa.
Estos hechos contribuyeron a su imagen historiográfica como una gobernante despiadada y cruel. Sin embargo, en opinión de los profesores González Zalacain y Muñoz Gómez, este juicio se debió a su condición de mujer, pues según estos autores «su gestión al frente del señorío (…) no se diferencia apenas de la que podría haberse llevado a cabo por un varón».
Conflictos con la familia Herrera-Peraza por el señorío de las islas
La tutoría que ejerció Bobadilla sobre sus hijos menores tras la muerte de Peraza, y su renuencia a seguir las directrices de su suegra Inés Peraza provocaron el distanciamiento y la hostilidad con su familia política.
En 1491 comenzará un período para Bobadilla de pleitos constantes con los Herrera-Peraza. El motivo principal fue la confiscación que el Consejo Real ordenó sobre sus bienes por negarse a depositar la multa de medio millón de maravedíes que le habían impuesto por la venta indebida de gomeros como esclavos. Ante esto, su cuñado Sancho de Herrera la demandó ante el Consejo en octubre para que rindiera cuentas sobre los bienes legados por Hernán Peraza a sus hijos, así como de las rentas de La Gomera. En su denuncia, Herrera la tachó de «sospechosa tutriz, despilfarradora y manirrota».
Para hacer frente a las demandas, Bobadilla se trasladó a la península en el verano de 1491, residiendo en Andalucía hasta julio del año siguiente.
Temerosa de que su suegra revocara el mayorazgo de las islas que había instituido en favor de su hijo Hernán y sus sucesores, Bobadilla se trasladó al real de Santa Fe en mayo de 1492 y logró de los reyes la confirmación del vínculo en favor de su hijo Guillén. Posteriormente consiguió además que el Consejo paralizara la obligación del depósito de la multa por la venta de los gomeros mientras se investigaban sus argumentos defendiendo su actuación.