La «Zamba de Vargas» es una conocida canción popular de autor anónimo integrante del folklore argentino y, a su vez, la zamba más antigua de la que se tenga registro musical. De ella se ha dicho que es "la madre de todas las zambas". Es probable que la "Zamba de Vargas" exprese el momento histórico y artístico en que la zamacueca afroperuana, ya en versión de cueca chilena, se transformó para dar origen a la zamba argentina, uno de los estilos musicales más representativos del folklore de ese país.
Su origen data de la época en que se libró la sangrienta Batalla de Pozo de Vargas, sucedida el 10 de abril de 1867, durante las guerras civiles argentinas, donde se enfrentaron las fuerzas federales del caudillo Felipe Varela y las del gobierno nacional argentino, dirigidas por el general Antonino Taboada, y que la tradición popular interpreta como un enfrentamiento entre riojanos y santiagueños, principalmente, adoptando los primeros el bando federal y los últimos el bando del gobierno nacional presidido por Bartolomé Mitre.En este artículo se utiliza la identificación tradicional de ambos bandos de la Batalla de Pozo de Vargas, como riojanos y santiagueños. Sin embargo dicha denominación no es exacta, porque el bando riojano también estaba integrado por catamarqueños y chilenos, mientras que el bando santiagueño también lo componían tucumanos y un escuadrón del Regimiento de Granaderos a Caballo. Por otra parte, las tropas santiagueñas estaban bajo el mando del Presidente de la Nación, Bartolomé Mitre, mientras que las tropas riojanas estaban bajo el mando de Felipe Varela, quien en ese momento tenía el poder de hecho sobre La Rioja y Catamarca. La tradición popular le ha atribuido haber sido interpretada por una banda militar en pleno combate y haber revertido la suerte de las armas, a favor de los santiagueños. La canción se transmitió durante décadas en forma oral, con letras variables según el bando que defendían los intérpretes, y es una manifestación de los sentimientos patrióticos ligados a la pertenencia a las diferentes provincias o patrias chicas que integran la Argentina, enfrentadas en el curso del , a causa del sistema de gobierno que habría de establecerse en la Constitución.
Se interpreta con dos melodías, una recopilada por Andrés Chazarreta en 1906, y la otra por Luis Peralta Luna. Por otra parte, se han recopilado y arreglado diversas letras, agrupadas en lo que se conoce como versión riojana y versión santiagueña. Entre las recopilaciones se destacan las realizadas por Domingo Lombardi, Juan Alfonso Carrizo, Vicente Forte, Los Hermanos Ábalos y Bartolomé Peralta Luna.
Contexto histórico Antecedentes thumb|200px|Felipe Varela (izq. abajo) y sus lugartenientes. Comando de las fuerzas federales de La Rioja y Catamarca. thumb|200px|Antonino Taboada, comandante de las tropas del gobierno nacional, formadas por santiagueños.
La Zamba de Vargas apareció en la época de la batalla de Pozo de Vargas, sucedida el 10 de abril de 1867 en la etapa final del período conocido como de las guerras civiles argentinas. Se trató de un hecho importante porque definió la derrota de Felipe Varela, un caudillo catamarqueño-riojano que lideró el último gran levantamiento federal contra el centralismo de la Provincia de Buenos Aires. Fue también una de las batallas más sangrientas de la historia argentina, con un saldo de 1.400 muertos.
Los hechos suceden unos años después de que la Confederación Argentina y la Provincia de Buenos Aires se reunificaran bajo el mando del porteño Bartolomé Mitre, victorioso en la batalla de Pavón (1861). La batalla del Pozo de Vargas se produjo en el marco de la Revolución de los Colorados de 1867, un gran alzamiento federalista de las provincias del oeste contra el gobierno nacional del presidente Bartolomé Mitre (1862-1868), en oposición a la Guerra del Paraguay (1864-1870).
Los federales se hicieron del gobierno en las provincias de Mendoza, San Luis, San Juan, La Rioja y Catamarca. Entre ellos estaba el general Felipe Varela, un militar y estanciero riojano, nacido en Catamarca, que había sido oficial de los ejércitos federales de Justo José de Urquiza y del Chacho Peñaloza, y que había vuelto de Chile para hacerse fuerte en La Rioja y Catamarca.
Cuando se produjo la Revolución de los Colorados, el presidente Mitre se encontraba en Paraguay, comandando las tropas argentinas en la guerra. Enterado de la revolución de las provincias occidentales, volvió de urgencia y dispuso la represión de los sublevados, mediante una estrategia de pinzas: el general Wenceslao Paunero debía atacar las tres provincias del sur, en tanto que las dos del norte (La Rioja y Catamarca), dominadas por el coronel Felipe Varela, serían atacadas por el llamado Ejército del Norte, comandado inicialmente por el general Anselmo Rojo y luego por Antonino Taboada.
El 29 de marzo de 1867, el ejército nacional comandado por el general Arredondo venció a los revolucionarios de Mendoza, San Luis y San Juan, en la batalla de San Ignacio, tomando control de esas tres provincias. Felipe Varela, en el norte, al frente de una gran fuerza integrada por unos 4000 hombres, y secundado por los principales caudillos de la región, quedó sólo para enfrentar al ejército nacional, al mando de Antonino Taboada secundado por su hermano Manuel.
En esa confrontación, Taboada ocupó la ciudad de La Rioja, y cuando Varela se enteró, cometió un grave error estratégico que terminaría llevándolo a la derrota: retrocedió hacia la capital de la provincia para retomar la ciudad, pero sin asegurarse la provisión de agua, que en esos parajes desérticos era vital. De ese modo su tropa llegaría agotada y sedienta hasta el jagüel o pozo de Vargas, en las afueras de la ciudad de La Rioja, donde se acumulaba el agua. Pero allí también estaba el ejército nacional esperándolo, con menor cantidad de soldados (2100), pero mejor armados y con la intención de aprovechar el cansancio y la sed de los federales.
La batalla de Pozo de Vargas thumb|200px|Mapa de la Batalla de Vargas.
La batalla de Pozo de Vargas se produjo el 10 de abril de 1867. El lugar del enfrentamiento era una hondonada ubicada a dos kilómetros y medio al noroeste de la ciudad de La Rioja, donde se fabricaban ladrillos y se encontraba precisamente el Jagüel o Pozo de Vargas, estratégico por constituir uno de los pocos puntos con agua en una amplia zona desértica. Actualmente el sitio está urbanizado e integrado a la ciudad con el nombre de barrio de Vargas, y en el lugar se ha colocado un busto de Felipe Varela y un monolito rindiendo homenaje a los caídos en la batalla, frente al cual el gobierno local la conmemora anualmente.
Las tropas de Felipe Varela, unos 4.000 hombres, estaban integradas principalmente por riojanos, con un aporte muy importante de chilenos al mando de Estanislao Medina. El arma dominante era la caballería, integrada por unos 2300 jinetes armados con lanzas, composición usual de los ejércitos de las guerras civiles que les valió el nombre de montoneras o montoneros. Contaba también con dos cañones. El ejército riojano fue dividido en cuatro batallones en los que se combinaban infantes y jinetes, dos al centro y uno en cada flanco, al mando del propio Varela, Sebastián Elizondo, Estanislao Medina y Severo Chumbita. Otros lugartenientes de Varela presentes en el campo de batalla fueron Santos Guayama y Aurelio Zalazar.
Las tropas de los Taboada, unos 2100 hombres, estaban integradas principalmente por santiagueños, con un importante aporte de tucumanos. El arma dominante era la infantería, integrada por unos 1.600 soldados armados con modernas carabinas Sharps, provistos por el gobierno nacional, adquiridos para la Guerra del Paraguay en curso. 200px|left|thumb|Carabinas Sharps de 1863, con las que estaba armada la infantería de Taboada, ubicada en trincheras para enfrentar exitosamente a la caballería montonera armada con lanzas de Felipe Varela.
Se trataba de una composición inusual, que influiría decisivamente, tanto en la elección del campo de batalla, como en las tácticas adoptadas en el curso de la misma. El ejército nacional fue dividido en cinco batallones de infantería ubicados en trincheras cavadas en la vanguardia, al mando del capitán Manuel Taboada, una reserva de infantería y caballería, colocada en el centro y 6 escuadrones de caballería escalonados detrás, cubriendo cada flanco y la espalda. El general Antonino Taboada se instaló en un convoy de mando, al centro, detrás de la reserva. thumb|200px|Las tropas de Felipe Varela estaban constituidas principalmente por la caballería armada con lanzas o tacuaras organizada como montonera (pintura de Cándido López).
Las fuerzas nacionales controlaban el pozo de agua, colocándose en derredor y dejándolo "como cebo". Para las tropas riojanas, sedientas luego de varios días sin beber, tomar el sitio constituía una razón de vida o muerte. La batalla comenzó a la una de la tarde y finalizaría al anochecer. El terreno, irregular, barroso y lleno de obstáculos, resultaría decisivo para el predominio de la infantería con armas de fuego que era la base de las tropas de Taboada.
Inicialmente los riojanos desbordaron a los santiagueños, sobre todo en el flanco izquierdo y en el frente del batallón Chileno, obligando a los hombres de Taboada a replegarse y al mismo convoy de mando a retroceder y ubicarse sobre la derecha, para evitar que lo atacaran por detrás.
Sin embargo los santiagueños se recuperaron a medida que las armas de fuego iban aumentando las bajas entre la caballería riojana, que llegó a efectuar diez cargas, en tanto que el terreno y las trincheras limitaban la peligrosidad de los jinetes y sus lanzas. Uno de los versos recopilados de la "Zamba de Vargas" utiliza con acierto la expresión "lanzas contra fusiles" para definir la característica esencial que adoptó la batalla. El propio Varela salvó su vida, luego de que su caballo cayera muerto y fuera rescatado por la montonera Dolores Díaz, La Tigra. Al anochecer dio orden de retirada con sólo 180 hombres de los 4.000 con que había llegado. En el campo quedaron muertos 1200 montoneros y 200 nacionales.
Origen de la canción y evolución posterior
La tradición popular dice que la canción fue ejecutada en pleno combate, insuflando de valor a los soldados santiagueños que integraban las tropas nacionales al mando de Taboada, que así revirtieron la suerte de las armas que les era adversa, y que por esa razón tomó desde entonces el nombre de "Zamba de Vargas".
La veracidad de la versión se encuentra cuestionada por los investigadores,El historiador riojano Teófilo Celindo Mercado en su libro Historia del Folklore Riojano dice con referencia a la supuesta ejecución de la zamba durante la batalla que «este hecho... no está debida y definitivamente documentado, por lo que todos los autores e investigadores que han tomado el punto están acordes en su ubicación estrictamente folklórica». Mercado, Teófilo Celindo (1987). "Música y Danzas Tradicionales", Historia del Folklore Riojano, Buenos Aires: Talleres Gráficos Latingraf. pero está sostenida documentalmente por un artículo publicado el 10 de abril de 1906, por Ambrosio Salvatierra, un excapitán del ejército de Taboada y sobreviviente del Pozo de Vargas. Salvatierra relató sus vivencias de la batalla en una carta firmada con el seudónimo de Un veterano, y publicada por el diario El Siglo de Santiago del Estero, para conmemorar el 39.º aniversario de la batalla. Allí sostiene que Taboada mandó tocar "un gato" para levantar la moral de sus tropas y cuenta lo siguiente:
La letra recopilada por Antonio Lombardi, que acompaña la versión de Chazarreta, da cuenta de esa tradición cuando dice:
En idéntico sentido, el recitado compuesto por Bartolomé Peralta Luna dice: