Okuribito (, El que despide) es una película dramática dirigida por el cineasta japonés Yōjirō Takita, protagonizada por Masahiro Motoki, Ryōko Hirosue y Tsutomu Yamazaki y estrenada en 2008. Su trama describe la historia de un joven llamado Daigo y su trabajo como preparador de cadáveres en una funeraria. Es conocida en español por varios títulos diferentes: Despedidas, Final de partida, La felicidad de vivir y Violines en el cielo.

Kundō Koyama redactó el guion basándose en el libro Coffinman, de Aoki Shinmon. La producción tuvo dificultades para obtener financiación y tuvo que cumplir ciertas restricciones para rodar la película, debido a los prejuicios de la sociedad japonesa hacia la muerte, considerada una fuente de contaminación espiritual. No fue exhibida en salas de cine de Japón hasta después de su estreno en el Festival Internacional de Cine de Montreal en agosto de 2008, en el que recibió el «Gran Premio del Jurado». Más tarde, se estrenó en otros países y recaudó un total de 69.9 millones de dólares.

La crítica destacó las actuaciones y dirección, así como la combinación de humor y drama de la historia. No obstante, hubo quienes estuvieron en desacuerdo con su duración y con el grado de emotividad y predictibilidad del argumento. En febrero de 2009, la Academia Japonesa de Cine la distinguió como la «Mejor película del año», además de que resultó triunfadora en la categoría «Mejor película de habla no inglesa» de los premios Óscar, lo cual marcó un hito en la industria cinematográfica japonesa, que nunca antes había obtenido ese galardón. A partir de ese momento, la distribuidora presentó la película en una mayor cantidad de salas de cine. Se produjeron tres adaptaciones literarias de la película: un manga, a cargo de Akira Sasō; una novela, escrita por Shinobu Momose, y un libro, ilustrado por Seitarō Kurota. Koyama y Takita produjeron en 2010 una puesta en escena, con el mismo título, que es una continuación de la trama de la película.

Argumento Al perder su trabajo como violonchelista en Tokio, Daigo Kobayashi (Masahiro Motoki) y su esposa Mika (Ryōko Hirosue) se mudan a la prefectura de Yamagata, ciudad natal del joven. La pareja se aloja en la casa donde Daigo creció y que heredó después de la muerte de su madre. El lugar le trae recuerdos, especialmente de una cafetería que su padre operaba en la parte frontal de la casa. Si bien le guarda resentimiento por haber abandonado a su madre para irse a vivir con otra mujer cuando él tenía seis años de edad, Daigo todavía conserva una de las «carta-piedra» que su padre le obsequió antes de dejarlos, similar a otras que intercambiaban cuando era niño.De acuerdo con la película, en Japón se acostumbra obsequiar una piedra a otra persona para transmitir sus sentimientos a través de la textura de la roca.

Un día, mientras lee el periódico, Daigo se topa con una oferta de empleo. Su primer pensamiento le lleva a creer que podría tratarse de un trabajo en una agencia de viajes, por lo que acude a la entrevista al lugar especificado en el anuncio, la Agencia NK.Sasaki le explica a Daigo que «NK» es la abreviatura de . Una vez ahí, la recepcionista Yuriko Kamimura (Kimiko Yo) le explica que el empleo consiste en la preparación de cuerpos como parte de un ritual funerario tradicional. Al principio, Daigo rechaza la propuesta, pero Sasaki (Tsutomu Yamazaki), su eventual jefe, le ofrece contratarlo de inmediato y pagarle por adelantado el primer sueldo. Esto le lleva a reconsiderar su postura, y al final acepta el empleo, aunque prefiere ocultarle la verdad a Mika sobre su nuevo trabajo.

El primer encargo del joven —la preparación del cuerpo en descomposición de una mujer que murió en su hogar y pasó dos semanas sin ser descubierta— le provoca náuseas. Al término de la jornada laboral, mientras viaja en autobús, unas desconocidas se burlan de él, debido al olor desagradable que despide por el contacto que tuvo con el cadáver. Antes de llegar a su casa, decide acudir a un viejo baño público. Cuando era niño, solía frecuentar este edificio, propiedad de Tsuyako Yamashita (Kazuko Yoshiyuki), madre de un antiguo compañero de escuela.

Conforme pasan los días, Daigo va sintiéndose más cómodo con sus actividades, pese al rechazo y la discriminación. Sin embargo, su esposa lo abandona y regresa a Tokio con su familia después de ver un DVD en el que su esposo aparece fingiendo ser un cadáver para mostrar las distintas técnicas de preparación de cuerpos. Algo similar ocurre cuando su excompañero de clase, Yamashita (Tetta Sugimoto), se entera de la situación de Daigo y le sugiere buscar un empleo «más honorable» si desea seguir teniendo contacto con él o con su familia. Mika regresa a Yamagata unos meses después para informar a Daigo que está embarazada, con la esperanza de que busque otro trabajo del cual su hijo pueda «sentirse orgulloso». Mientras la pareja conversa, Daigo recibe una llamada de la funeraria para pedirle que se encargue de preparar el cuerpo de Yamashita, la propietaria del baño público. Daigo lleva a cabo el ritual de preparación frente a Mika y la familia de la mujer, tras lo cual se gana el respeto de todos los presentes. A partir de ese momento, su esposa deja de insistir en que cambie de empleo.

Algún tiempo después, Daigo se entera de la muerte de su padre y acude, acompañado de Mika, a la aldea donde se encuentra su cadáver. Aunque en un inicio no lo reconoce, acaba por identificarlo, y se percata del trato descuidado que le han dado los empleados funerarios del lugar. Enfurecido, les exige que lo dejen cambiarle la ropa y, mientras lo hace, se da cuenta de que su padre lleva entre sus manos una carta-piedra que Daigo le había regalado cuando era pequeño. En las últimas escenas de la película, el protagonista vuelve a recordar el aspecto físico de su padre antes de abandonarlos, tras lo cual toma la carta-piedra de sus manos y la coloca sobre el vientre de Mika.

Producción Antecedentes culturales

Los funerales japoneses varían, dependiendo de la región en la que se realicen, así como de algunos aspectos socioeconómicos, tales como la religión que profesaba el difunto o la de su familia, su sexo, su estatus social o su situación financiera. Por lo general, se realizan una serie de rituales que incluyen elementos budistas. Durante los preparativos mortuorios, se baña el cadáver y se cubren los orificios de la nariz y la boca con algodón o con gasa. Rara vez se practica, en la vida real, el rito de preparación de cadáveres —llamado nōkan— que aparece en ciertas escenas de Okuribito. Este se realiza solo en zonas rurales, y generalmente lo llevan a cabo embalsamadores profesionales, conocidos con el nombre de ,Los embalsamadores también son conocidos como ; es la denominación que recibe el proceso de purificación del cuerpo antes del ritual nōkan. quienes se encargan de preparar el cuerpo, vestir al difunto con ropas blancas y, en ocasiones, de maquillarlo. Luego, lo depositan en un ataúd junto con sus objetos personales y otros artículos considerados necesarios para su «viaje a la otra vida».

Pese a su importancia en la cultura tradicional japonesa, en varias regiones del país la muerte es asociada con la impureza, y se considera que todo lo que esté relacionado con ella es fuente de (‘contaminación’), y resulta extremadamente peligrosa y contagiosa. Por lo tanto, cualquier persona que esté en contacto con un cadáver o que asista a un funeral debe eliminar la contaminación a la que estuvo expuesta, por medio de rituales de purificación, que utilizan sal y agua. Durante la época feudal de Japón, el personal funerario era objeto de discriminación y se veía obligado a vivir apartado de la sociedad, en sus propias aldeas debido a su contacto con los muertos. Aunque hubo un cambio cultural a partir de la Restauración Meiji en 1868, el estigma de la muerte todavía prevalece en la sociedad contemporánea, y suele discriminarse a los funerarios.

Hasta 1972, la mayoría de los rituales funerarios eran llevados a cabo por los familiares del difunto o por casas funerarias. En 2014 las estadísticas indicaban que alrededor del 80 % de las muertes en Japón ocurrían en hospitales, y el cuerpo era preparado por el personal hospitalario para el ritual. En estos casos, la familia no suele ver el cuerpo sino hasta el momento del funeral. Una encuesta de 1998 señaló que el 29.5 % de la población japonesa creían firmemente en «el más allá» y que otro 40 % estaban dispuestos a creer en este concepto, principalmente los jóvenes. Otros temas afines que resultaron populares entre los encuestados fueron las creencias en la existencia de un alma —54 %— y en un vínculo entre el mundo de los vivos y el de los muertos —64.9 %—.

Concepción y preproducción miniaturadeimagen|Ghat en Benarés en donde se aprecia la purificación de cadáveres en el río Ganges, en la India. En 1993, por recomendación de un amigo con quien después habría de viajar a la India, el actor Masahiro Motoki leyó el libro Memento mori —expresión que en latín significa «recuerda que morirás»— del autor Shin'ya Fujiwara. Estando en la India, visitaron Benarés, ciudad sagrada para el budismo, donde presenciaron una ceremonia fúnebre en la que, tras incinerar los cadáveres, se esparcieron las cenizas en el río Ganges. Este suceso impactó a Motoki por el contraste que observó entre la solemnidad del ritual funerario y la multitud de personas en los alrededores que desarrollaban sus actividades cotidianas. De vuelta en Japón, consultó varios libros que hablaban sobre la muerte, entre los cuales estaba , una autobiografía de Aoki Shinmon, que le permitió conocer en detalle el ritual . Ese mismo año, escribió un libro acerca del vínculo entre la vida y la muerte que tituló Tenkuu Seiza—Hill Heaven. En su opinión, las cualidades «misteriosas y casi eróticas» inherentes del trabajo funerario podían ser recogidas en una producción cinematográfica.

No fue fácil conseguir financiamiento para la película. Varios estudios rechazaron el proyecto por considerar que no era adecuado trasladar el tema de la muerte a una película. Según el director de la cinta, Yōjirō Takita, la consideración del filme fue la edad del equipo: «llegamos a un cierto punto en nuestras vidas cuando la muerte se acercaba para convertirse en un factor que nos rodea». Kundō Koyama, que previamente había colaborado en los guiones de algunas producciones televisivas y teatrales, se encargó de redactar el guion de la película, mientras que Takita asumió el rol de director después de que el productor Toshiaki Nakazawa le mostró un borrador de Koyama. Cabe señalar que Takita había comenzado su carrera en el género Pinky Violence. En una entrevista sobre su labor en Okuribito, explicó: «Yo quería hacer una película desde la perspectiva de una persona que se ocupa de algo tan universal y que, sin embargo, es menospreciado y discriminado». A pesar de que tenía noción sobre el procedimiento de amortajamiento, nunca había presenciado uno.