Claridad fue el órgano de difusión de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH), que de hecho se convirtió en la revista de la generación de 1920,Página consagrada a Claridad en el portal de Universidad de Chile, s/f; acceso 17.10.2015 una de las primeras de una red de publicaciones del mismo nombre que nació en Francia en 1919 a raíz del llamado pacifista que hicieron Henri Barbusse y Anatole France en el manifiesto El resplandor en el abismo: lo que quiere el Grupo Claridad.La Editorial Claridad, Monografías, 22.07.2012; acceso 17.10.2015
Su primer número apareció el 12 de octubre de ese año, fundada por los entonces jóvenes poetas Alberto Rojas Jiménez, Rafael Yépez Alvear y el periodista y escritor Raúl Silva Castro.
Su primera etapa de vida duró hasta 1926 (135 números), cuando fue interrumpida en vísperas de la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo y resurgió brevemente durante 1931 para cerrar sus ediciones en 1932 (5 números más). El subtítulo fue en un comienzo “periódico de sociología, arte y actualidades”, pero después cambió por el de “Periódico de sociología, crítica y actualidades”. Más tarde con el mismo título de Claridad la FECH sacaría otra publicación, pero ya no sería una revista de influencia nacional, sino que se limitaría a ser un órgano estudiantil universitario.
Historia El grupo Claridad de Chile, que dio vida a la publicación homónima, cultivó de manera especial las ideas ácratas; en sus páginas que trataron temas estudiantiles, culturales, artísticos, políticos e ideológicos de una manera amplia y heterodoxa que difícilmente se ha vuelto a ver en Chile. Los objetivos de la revista fueron la lucha contra “el capitalismo, la oligarquía y los intereses creados”. El primer número salió a la calle el 12 de octubre de 1920, en medio de las disputa por la sucesión presidencial entre Arturo Alessandri por la Alianza Liberal y Luis Barros Borgoño por la conservadora Unión Nacional y el ascenso de la clase media y los sectores populares a la política.
La publicación fue la obra del grupo homónimo y con el tiempo tanto la revista como la figura del poeta mártir José Domingo Gómez Rojas, se transformaron en el símbolo de esta generación estudiantil e intelectual. Estaba inspirado en el grupo Clarté o ¡Claridad!, que había nacido en Francia y que pugnaba por los ideales pacifistas surgidos después de la Primera Guerra Mundial. Los principales postulados de ¡Claridad! estaban contenidos en el manifiesto de Anatole France y Henri Barbusse El resplandor en el abismo (lo que quiere el grupo Claridad), que además tuvo formato de libro y cuyos “capítulos más interesantes” fueron reproducidos en los números 3, 4, 5 y 6 de la revista chilena entre el 26 de octubre y el 13 de noviembre de 1920.
El segundo número dedicaba una nota a la convocatoria de los fundadores con el objeto de formar una “internacional del pensamiento” y reunir así a la “inmensa familia de los feligreses de la idea” e incitarlos a abandonar la “torre de marfil” y organizar la paz mundial inspirados en el socialismo:
France y Barbusse dirigieron en marzo de 1921, a través de José Ingenieros, un “Mensaje a los intelectuales y estudiantes de la América Latina” que en uno de sus párrafos principales decía:
Con el surgimiento de este grupo en Chile se consolidó entre los estudiantes el movimiento intelectual internacionalista y pacifista.
Los fundadores del periódico, que salía los sábados, fueron los jóvenes poetas Alberto Rojas Jiménez, Rafael Yépez Alvera y el periodista Raúl Silva Castro; al poco tiempo la dirección la continuó Carlos Caro —pronto Rojas y Yépez se alejaron, pero Silva continuó colaborando—, al que se le unieron luego José Santos González Vera y Juan Gandulfo. Los principales redactores fueron Eugenio González Rojas (elegido presidente de la FECH en 1922), que, inspirado en la novela de Romain Rolland, firmaba como Juan Cristóbal; Sergio Atria era Poil de Carotte y Juan Gandulfo, Juan Canerra y Juan Guerra.
El 22 de enero de 1921, en la sección «Los Nuevos», apareció una selección de poemas Pablo Neruda, con una introducción firmada por Fernando Ossorio, seudónimo de Silva Castro; fueron aquellos versos la primera publicación importante que Neftalí Reyes firmaba con el nombre que lo haría famoso.Raúl Silva Castro. Pablo Neruda, capítulo «Aparición de Neruda en Claridad»; Editorial Universiria, 1964 El poeta, que ese año llegó a Santiago a estudiar en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, se unió al grupo de colaboradores de la revista, donde usaba el seudónimo Sachka, lo cual rebelaba influencias de la literatura francesa y rusa.
Las caricaturas eran hechas por Chao, firma de Raúl Figueroa, también dibujante del vespertino La Época y la revista Sucesos. En Claridad Atria escribía crónicas humorísticas tituladas “Patrioterópolis” (un escarnio al sentimiento patriótico que profesaba la cultura oficial chilena promovida desde los poderes del Estado), y traducía poesía francesa. Acevedo Hernández y Pedro Sienna escribían crítica teatral. Juan Gandulfo generalmente elaboraba la portada o “Cartel”, que incluía una ilustración relacionadas con temas reivindicativos o el momento político. Fernando García Oldini, otro de sus elaboradores, escribió en el segundo número:
Jorge Neut Latour (colaborador durante 1919 de Juventud, órgano de la FECH predecesor de Claridad), estaba encargado de la página internacional, y era el experto en materias de marxismo y socialismo. Alfredo Demaría, presidente de la Federación de Estudiantes en 1921, pasó los últimos meses de su mandato en la tertulia que se solía formar en la oficina de la revista: “Si escaseaba la colaboración escribía un artículo humorístico, otro de doctrina y alguna vez un tercero, de una sentada”.
Claridad y las vanguardias Pablo Neruda, el joven poeta parralino, escribió semanalmente para Claridad algunos artículos en prosa, y le publicaron poemas en la sección «Los Nuevos», destinada a exponer los trabajos de los escritores emergentes. La labor del futuro Nobel en la revista fue muy fecunda (se han contabilizado sus colaboraciones en más de un centenar, entre las que figuraron varios poemas que luego formarían su primer libro, Crepusculario, entre ellas, el famoso «Farewell»).
En sus páginas escribieron los miembros de la bohemia que se reunió en torno a José Domingo Gómez Rojas y el grupo los Inmortales, así como Los Caimanes, donde participaban artistas y estudiantes de Medicina de la Universidad de Chile; también encontraron espacio algunos estudiantes católicos y, por supuesto, los jóvenes de la Asamblea de la Juventud Radical de Santiago que "coqueteaban" con el anarquismo: Santiago Labarca, Alfredo Larraín Niell y Rigoberto Soto Rengifo; casi todos los artistas vanguardistas locales.
El número 6 de la revista publicó el «Primer manifiesto Agú», que firmaban Juan Martín y Zain Guimel, este último era el seudónimo de Alberto Rojas Jiménez:
Los editores mantenían contacto con numerosas revistas de la vanguardia política e intelectual del continente especialmente las argentinas, entre ellas Insurrexit, de Buenos Aires; La Gaceta Universitaria, de Córdoba; Renovación de la Universidad de la Plata; las uruguayas Ariel, de los estudiantes, y Germinal, órgano del Partido Socialista de ese país, ambas de Montevideo; y de otros países como Justicia, semanario de La Habana; Solidaridad, semanario de la IWW de Chicago; Repertorio Americano de Costa Rica; A Plebe, periódico comunista de São Paulo; Vida Obrera, semanario sindicalista de Asturias y una larga lista de pequeños periódicos chilenos desde Arica hasta Punta Arenas. Gracias a su continuidad, Claridad fue una de las revistas que más discutió ideológicamente. En sus páginas se reflejó la enorme búsqueda de una generación tras certezas ideológicas y que era profundamente ecléctica intelectualmente, pero que deseaba, por sobre todo, incidir radicalmente en la política chilena. Más allá de sus posiciones extremas y entre las muchas influencias intelectuales que se trasuntan de su lectura, una de las más importantes fue la de los españoles de la “Generación del 1898”. Según Mario Góngora, lo que la generación de Claridad tenía dentro de su bagaje ideológico, que no era marxista, era un:
Si pudiéramos caracterizarlo, el ideal de Claridad fue de un individualismo político, anarquismo intelectual, internacionalismo proletario (aunque todos fueran estudiantes o intelectuales), pacifismo (por lo tanto antimilitarismo), obrerismo y antioligarquismo. Esta actitud, que se tradujo en una postura política, específica fue producto de un balance acerca del sistema parlamentarista chileno y del capitalismo. Siempre mantuvieron un diálogo crítico con el marxismo; en sus páginas campean las citas y los artículos de los principales ideólogos europeos del anarquismo (extraídos de revistas del Viejo Continente) y escasean las de Marx y Engels aunque discutieron profundamente a Lenin y sus trabajos sobre el Estado y el Imperialismo. Este análisis generacional los llevó a rechazar de plano todo el sistema y como es natural, el anarquismo les otorgó un sustento teórico a sus planteamientos iniciales. La Revolución rusa fue uno de los más complejos de resolver para este grupo que había nacido con una gran influencia del “maximalismo” soviético. Desde los primeros números dedicaron una buena cantidad de editoriales a tratar el tema y una entrega especial la del 6 de noviembre de 1920, que primero valoraban enormemente el legado soviético. Una parte importante de esta discusión la efectuaron en torno al problema nacional y la formación de un partido aliado a la Tercera Internacional. Si bien el anarquismo doctrinario de la mayoría de los integrantes del grupo rechazaba la participación en el sistema, valoraron la formación de un “partido de clase”. La lectura que hicieron fue que éste era necesario para:
“La formación de la conciencia de clase, de la cual carece la inmensa mayoría del proletariado chileno Esta es la razón por la que los obreros chilenos se están agotando estérilmente en el campo político, en luchas fratricidas desde distintos partidos burgueses”.
La independencia orgánica e ideológica Pero ya en 1923 se habían alejado ideológicamente del comunismo de la Tercera Internacional y la Revolución rusa y reafirmado su anarquismo intelectual, diletante y heterodoxo. Hacia 1924 se transformó en una revista independiente de la Federación de Estudiantes que desarrolló una fuerte crítica a la intervención militar en la política cuando sendos golpes de Estado sacaron y repusieron al presidente Arturo Alessandri (1920-1925).
Claridad desapareció poco antes del ascenso de [(Carlos Ibáñez del Campo)] al poder (1927-1931). Su renacimiento en 1931 mantuvo estas mismas líneas programáticas y editoriales pero la repentina muerte de Juan Gandulfo, la derrota política e histórica del anarquismo y la nueva etapa a la que estaba entrando el país terminaron por dispersar al grupo.
Resurgimiento y muerte Claridad interrumpió su aparición en 1926 y no volvió a editarse hasta 1931, cuando había caído la dictadura de Ibáñez. Pese a las intenciones del grupo, esta segunda época tuvo una corta vida, sin embargo, las líneas centrales se mantuvieron casi inalterables.