miniaturadeimagen|291x291px|Folleto socialista utópico de Rudolf Sutermeister. Bajo el concepto socialismo utópico (en alemán, Frühsozialismus) o socialismo premarxista, primer socialismo y protosocialismo se engloba a los pensadores socialistas de principios del anteriores al marxismo —a saber, anterior a la fundación de la Liga de los Comunistas en 1847 y la publicación del Manifiesto comunista (al año siguiente)—.
Los representantes más destacados del primer socialismo son Robert Owen en Gran Bretaña, y Henri de Saint-Simon, Flora Tristán, Charles Fourier y Étienne Cabet en Francia. También se pueden incluir las corrientes insurreccionalistas de Graco Babeuf, Filippo Buonarroti y los neobabuvistas y de Auguste Blanqui. Una diferencia clave con el socialismo marxista y anarquismo moderno es que los socialistas utópicos no desarrollaron teoría sobre la lucha de clases y creían que las personas de todas las clases pueden adoptar voluntariamente su plan social si se presenta de manera convincente sin necesidad de una revolución social.
El socialismo utópico es originalmente parte de una perspectiva de progreso y confianza en el hombre y la tecnología. Esta corriente está influenciada por el humanismo, vinculada muchas veces con el catolicismo. Se describe a menudo el socialismo utópico como la presentación de sociedades ideales imaginarias y/o futuristas, así como importante precursor del socialismo científico. Los socialistas utópicos sienten que su forma de socialismo cooperativo se puede establecer entre personas de ideas afines dentro de la sociedad existente y que sus pequeñas comunidades pueden demostrar la viabilidad de su plan para la sociedad. Los socialistas posteriores y los críticos del socialismo utópico consideraron que este socialismo no se basaba en las condiciones materiales reales de la sociedad existente. Estas visiones de sociedades ideales compitieron con los movimientos socialdemócratas revolucionarios de inspiración marxista.
Las diferentes corrientes del socialismo utópico se disolvieron o se fueron integrando al vasto movimiento socialista hegemonizado desde la Asociación Internacional de Trabajadores (1864-1876) por las ideas de Marx y de Bakunin. No obstante, dejaron una impronta significativa en las ciencias sociales y en algunas luchas revolucionarias socialistas. Se puede notar su influencia en el cooperativismo, la socialdemocracia, el movimiento hippie, el ecologismo, el feminismo, las ecoaldeas, el anarco-sindicalismo y el socialismo cristiano. A principios del surgió una escuela de pensamiento similar que también defendía el socialismo sobre bases morales, el socialismo democrático.
Origen del término Friedrich Engels fue quien acuñó el término de «socialismo utópico» en Del socialismo utópico al socialismo científico (1880, sección de una obra anterior, el Anti-Dühring de 1878) para referirse a los primeros socialistas, por oposición al «socialismo científico» creado por él y por Karl Marx.Ver Manifiesto del Partido Comunista, Anti-Dühring y Del socialismo utópico al socialismo científico. De esta forma pretendía destacar que las propuestas de aquellos eran puras formulaciones «idealistas» —irrealizables, utópicas— ya que no se basaban en el análisis «científico» de la sociedad capitalista y de sus fundamentos económicos y no tenían en cuenta la realidad de la lucha de clases. Marx y Engels creían que no se debería fantasear con «imágenes» distractoras de falansterios o estados imaginarios, sino organizar a los trabajadores exponiendo las contradicciones del capitalismo. Los principales utopistas fueron: «Saint-Simon, en quien la tendencia burguesa sigue afirmándose todavía, hasta cierto punto, junto a la tendencia proletaria; Fourier y Owen, quien [...] expuso en forma sistemática una serie de medidas encaminadas a abolir las diferencias de clase». Según Lenin, los utopistas «no sabían explicar la esencia de la esclavitud asalariada bajo el capitalismo, ni descubrir las leyes de su desarrollo, ni encontrar aquella fuerza social capaz de convertirse en la creadora de la nueva sociedad».
Sin embargo, hoy en día se cuestiona que todos los protosocialistas se puedan calificar como verdaderos utopistas porque muchos de ellos partieron del análisis de la sociedad industrial y capitalista, por lo que se propone que el término se restrinja a aquellos que «se propusieron construir comunidades comunistas en el propio ámbito de una sociedad capitalista cuyos fundamentos permanecían inmutables». Pero incluso en este caso, como ocurre con Fourier, Owen o Cabet, se constata que muchas de sus ideas fueron plenamente realistas y que a diferencia de los utopistas antiguos no se quedaron en el plano de la mera especulación filosófica sino que intentaron llevar a la práctica sus ideas convirtiéndolas así en un proyecto político —«la verdad de mañana», como definió Víctor Hugo a la utopía— capaz de movilizar a determinados sectores de la sociedad.
Aunque las propuestas de los primeros socialistas no forman un cuerpo homogéneo ya que existen notables diferencias entre ellas, presentan algunas características comunes. Todos ellos critican la nueva sociedad capitalista resultado de la revolución industrial en la que los trabajadores quedan a merced del «frío» cálculo económico de los dueños de los talleres y de las fábricas, y todos entienden la propiedad privada no como un derecho natural sino como un fenómeno puramente histórico. Así el principal problema que abordan es cómo alcanzar la igualdad que vaya más allá de la mera igualdad legal, lo que les lleva a rechazar la exaltación de la libertad abstracta que propugnaba el liberalismo —que, como dijo el socialista francés Philippe Buchez, solo enseña «al hombre a ser egoísta, a convertirse en su propio Dios, su propia fe, su propia gloria, su propia razón y su propia fuerza»—. De ahí la importancia que conceden a la educación como medio para que arraiguen los valores que hagan posible la sociedad igualitaria y «armónica» que proyectan. Por otro lado, también comparten la idea de un cierto internacionalismo social-proletario que al superar las rivalidades de los nacientes estados-nación dé paso a una era de paz y de libre convivencia entre los pueblos. Un último rasgo, aunque no compartido absolutamente por todos, fue el optimismo, su confianza en el progreso y en la posibilidad del cambio social que pusiera fin a la explotación y a la opresión para conseguir la regeneración moral de la humanidad.
El término "utópico" se usó como peyorativo para implicar ingenuidad y descartar sus ideas como poco realistas."Newman, Michael". (2005) Socialism: A Very Short Introduction, Oxford University Press, . Historiadores franceses actualmente prefieren utilizar para definirlas las categorías de “primeros socialismos”, “socialismos románticos”, “socialismos premarxistas”, “socialismos conceptuales” incluso para Loïc Rignol son los primeros “socialismos científicos”.
Antecedentes miniaturadeimagen|Edición de 1777 de Utopía por Thomas More. miniaturadeimagen|Jean-Jacques Rousseau. Hasta finales del , la concepción de una sociedad utópica estuvo confinado a elucubraciones filosóficas o literarias. Se puede comenzar en la concepción del paraíso perdido, en la Biblia cristiana, hasta la Edad de Oro en la mitología griega y romana. Pero a menudo se señala a La República, de Platón, como el primer planteamiento literario-filosófico de una comunidad ideal. En Asia, algunos aseguran que el primer revolucionario socialista de la historia fue el iraní Mazdak (m. 524), fundador de una corriente específica de mazdeísmo.
Ya hacia el Renacimiento, Tomás Moro escribe su famosa novela Utopía (1516), que inventa el término que nombrará a esta corriente del socialismo. Otras utopías literarias son La ciudad del sol (1602), de Tommaso Campanella; Código de la naturaleza (1755), de Morelly; Foción (1763), de Gabriel Bonnot de Mably. El reformador protestante inglés Gerrard Winstanley abogó por la colectivización de la tierra y de todos los recursos naturales como bienes fundamentales de todo el pueblo. Críticas hacia la propiedad privada y el Antiguo Régimen continuaron durante la Ilustración en el a través de pensadores como Gabriel Bonnot de Mably y Jean-Jacques Rousseau en Francia.
Tras la agitación de la Revolución Francesa, el comunismo surgió más tarde como una doctrina política."communism" en Merriam-Webster Dictionary, definición 2.d
Cuando el momento de auge del socialismo utópico había sido superado, volvió a frecuentarse el género de la utopía literaria. Se pueden citar Looking backward (1884), de Edward Bellamy, conocida en castellano como El año 2000; News from nowhere o Noticias de ninguna parte (1890), de William Morris; La ciudad anarquista americana (1914), de Pierre Quiroule; Buenos Aires en 1950 bajo el régimen socialista (1908), de Julio Dittrich, entre otros.
Representantes principales internacionales Saint-Simon y sus seguidores
miniaturadeimagen|Henri de Saint-Simon En rigor, Saint-Simon no desarrolló una idea de mundo perfecto en el futuro, sino que sometió a la sociedad surgida de la Revolución francesa a una crítica radical. En ese marco, entendía que todo lo que hicieran los gobiernos debía tender a mejorar la situación moral y material de los que trabajaban, y terminar con los dos flagelos que seguían azotando al mundo: la pobreza y las guerras. Para ello, debía desplazarse a los sectores improductivos y los productivos debían dirigir los destinos de la nación, ejerciendo cada vez menos gobierno (entendido como despotismo) y más administración
En función de esa propuesta, no se oponía a la propiedad privada, pero propuso suprimir la herencia, de manera que la acumulación que cada uno lograra fuera producto del propio esfuerzo y no hubiera enormes acumulaciones generacionales. Por otra parte, la industria (entendida como toda actividad productiva) debía ser el centro de los esfuerzos de la sociedad, para subvenir a las necesidades de todos. El Estado debía realizar grandes emprendimientos en beneficio del conjunto social: ferrocarriles, diques, puentes, canales de comunicación (fueron los que idearon los canales de Suez y de Panamá), bancos populares, etc.
En definitiva, su utopía consistía en un capitalismo equitativo, sin anarquía económica, con una planificación que permitiera superar la pobreza y evitara las guerras entre naciones. Para Saint-Simon, su propuesta consistía sobre todo en trasladar a la política los preceptos del cristianismo. Insistió en la necesidad de la solidaridad social y en la organización racional de la producción. Según Gian Mario Bravo:
Charles Fourier y el falansterio miniaturadeimagen|Charles Fourier. Charles Fourier desarrolló durante la década de 1820 su propuesta de crear establecimientos agrario-industriales que convocaran a unas 1600 personas, alojadas en un edificio especialmente diseñado al efecto, que trabajarían las tierras circundantes y compartirían las ganancias de las ventas. La comunidad garantizaría los servicios generales y todos trabajarían, incluso los niños, pero el trabajo no sería penoso sino atractivo. Los miembros del falansterio elegirían las labores que más les gustaran, ninguna tarea duraría más de dos horas, pero la jornada laboral sería muy extensa. Fourier era un defensor del «trabajo atractivo», idea que desarrolló más tarde Pierre-Joseph Proudhon.
En la concepción de Fourier, el falansterio se crearía con inversiones privadas, a las cuales se les devolvería el dinero prestado sin intereses. A su vez, los miembros del falansterio cobrarían un salario por las tareas realizadas, pero éstas no tendrían todas la misma remuneración. Por otra parte, el talento sería recompensado especialmente. Se armaba de esa forma el triángulo de intereses que planteaba Fourier: el capital, el talento y el trabajo.