El Concilio de Constantinopla de 879-880 fue convocado por el emperador bizantino Basilio I en Constantinopla, con la finalidad de anular el Concilio de Constantinopla de 869-870.

Antecedentes El concilio de Constantinopla de 879–880 tuvo como antecedente inmediato el Concilio de Constantinopla de 869-870, convocado en un contexto de fuertes tensiones eclesiales y políticas tras la deposición del patriarca de Constantinopla Ignacio y su sustitución por Focio en la sede patriarcal.

Dicho concilio depuso y condenó a Focio, anuló su ordenación episcopal y contó con la participación de legados del obispo de Roma, siendo recibido en el occidente cristiano como una restauración del orden canónico. Sin embargo, su desarrollo estuvo condicionado por circunstancias excepcionales y una participación episcopal limitada, lo que generó reservas en amplios sectores orientales, especialmente por parte del emperador.

Tras la muerte de Ignacio en 877, Focio fue restituido como patriarca con el apoyo del emperador Basilio I, lo que abrió un proceso entre Oriente y Occidente que culminó en la convocatoria del concilio de 879–880, el cual revisó las decisiones anteriores y buscó restablecer la comunión eclesial mediante una solución conciliar más amplia.

Cuestiones tratadas

Una de las principales cuestiones abordadas fue la restitución de Focio en la sede patriarcal de Constantinopla. El concilio confirmó su legitimidad como patriarca, anuló las sanciones anteriores y proclamó la restauración de la comunión eclesial, con la participación y aceptación de los legados papales.

Otro tema central tratado por el concilio fue la adición de la cláusula filioque al Símbolo niceno-constantinopolitano. El concilio afirmó la inviolabilidad del Credo tal como había sido definido por los concilios ecuménicos anteriores, rechazando cualquier modificación unilateral. De tal modo, se condenó explícitamente la práctica de alterar el texto del Credo, lo que incluía la inserción del Filioque fuera de un concilio ecuménico.

El concilio, luego de leer el Credo sin el filioque, expresó esta condena en términos solemnes, declarando:

''«Pero si alguien se atreve a reescribir o a llamar Regla de la Fe alguna otra exposición distinta del santo Símbolo (Credo) que ha sido ampliamente difundido desde lo alto por nuestros bienaventurados y santos Padres hasta nosotros, (...) e imponer sobre ella sus propias expresiones inventadas, y presentar esto como enseñanza común a los fieles (...) mediante palabras ilegítimas, o adiciones, o sustracciones, tal persona debe, conforme al voto de los santos y ecuménicos Sínodos, que ya ha sido proclamado antes de nosotros, ser totalmente depuesta si resulta ser del clero, o enviada con anatema si fuera de los laicos"

Aceptación y recepción

El concilio de Constantinopla de 879–880 contó con una amplia participación episcopal. En su primera sesión estuvieron presentes aproximadamente 383 obispos, cifra significativamente superior a la del concilio de 869–870. Participaron representantes de los principales patriarcados, incluidos Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén, así como legados del Papa, lo que subraya su carácter pan-eclesial en el contexto del .

El concilio se celebró con el apoyo explícito del emperador Basilio I, quien promovió la restauración de la unidad eclesial entre Oriente y Occidente tras los conflictos precedentes. La convocatoria y el desarrollo del concilio respondieron a esta política imperial de reconciliación, en continuidad con la reinstauración de Focio en la sede patriarcal de Constantinopla.

En el marco de este concilio, el papa Juan VIII dio su aprobación limitada al patriarcado en 879, declarando que no aprobaba nada de lo que sus legados hicieran que contraviniera sus instrucciones. Reconoció a Focio como patriarca legítimo, y en su correspondencia lo llamó «colega» y «hermano», expresiones habituales de comunión episcopal. Los legados romanos presentes firmaron las actas conciliares, y fue confirmado mediante intercambios epistolares posteriores.

El historiador católico Warren Carroll, argumenta que el Papa rechazó el concilio o lo aceptó parcialmente. Otros como Philip Schaff opinan que el Papa, engañado por sus legados sobre los procedimientos reales, primero aplaudió al emperador, pero luego denunció el concilio.

La historiografía contemporánea distingue entre la recepción histórica inmediata del concilio —marcada por el consenso imperial y la recepción oriental— y su reclasificación posterior, vinculada a la evolución de las concepciones de autoridad eclesial tras el Cisma de Oriente del .

Actualmente algunos teólogos en la Iglesia Ortodoxa lo considera como el octavo de sus Concilios Ecuménicos, y se venera a Focio como santo.

Véase también Concilios de Constantinopla Concilio de Constantinopla de 869-870

Referencias

Enlaces externos Concilios de Constantinopla, en Encarta. (cerrada)

Constantinopla 7 Categoría:879 Categoría:Años 880 en el Imperio bizantino