miniatura|upright=0.7|Gran dama oferente del Cerro de los Santos, escultura íbera del siglo III o II a. C.

La historia antigua de la península ibérica es la subdivisión de la ciencia históricaA la que se suman muy particularmente, como ciencias auxiliares de la historia con gran protagonismo por sí mismas, la historiografía del arte, la ciencia arqueológica y la filología histórica. Francisco Villar, María Pilar Fernández Alvarez (eds.) Religión, lengua y cultura prerromanas de Hispania, volumen 283 de Acta Salmanticensia, VIII Coloquio sobre lenguas y culturas prerromanas de la Península Ibérica (en el XXV aniversario del I Coloquio), Universidad de Salamanca, 2001, ISBN 8478008934 y la periodización del tiempo histórico correspondiente a la Edad Antigua general y limitada espacialmente a la península ibérica. Cronológicamente comienza a finales del II y comienzos del I milenio a. C., cuando empieza a haber referencias a esta región en fuentes escritas —lo que propiamente es protohistoria de la península ibérica, dado que no se produjeron localmente, sino en otros espacios geográficos—, y termina en la Antigüedad Tardía, con el declive del Imperio romano —desde la crisis del siglo III—, la invasión de los pueblos germánicos —año 411— y el asentamiento definitivo de la Hispania visigoda, que pervivió hasta el año 711. Ni el comienzo ni el final de la Edad Antigua en la península ibérica significaron cortes bruscos, sino seculares periodos de transición.

Durante el I milenio a. C. se produjo un intenso contacto, especialmente en el este y sur peninsular, entre los llamados pueblos indígenas y los llamados pueblos colonizadores históricos provenientes del Mediterráneo oriental: fenicios, griegos y cartagineses. A finales del se produjo la intervención romana, en el contexto de las guerras púnicas, que dio inicio a un profundo proceso de romanización.

Denominación miniatura|Pectoral de oro perteneciente al llamado "Tesoro de El Carambolo", identificado como tartésico, o Su forma evoca la de los lingotes metálico llamados "galápagos" o "lingotes en rama chipriota", que a su vez imitaban la forma de las pieles de toros (relacionadas con rituales de sacrificio animal).Jorge Maier, El lingote en rama chipriota o de piel de toro - Símbolo divino de la antigua Iberia, en Fiestas de toros y sociedad: actas del Congreso Internacional celebrado en Sevilla del 26 de noviembre al 1 de diciembre de 2001, Universidad de Sevilla, 2003, ISBN 8447208176, pg. 86. Posiblemente el término Tarshish, utilizado en los textos semíticos para denominar las tierras más occidentales del Mediterráneo, fuera equivalente al término griego Tartessos. Su identificación con la península ibérica no es algo evidente, como ocurre con el término Hesperia, citado en las fuentes griegas más arcaicas como el lugar donde se pone el Sol, que también es de los campos Elíseos o las islas Afortunadas. Hesperia era el lejano lugar del mito de Hércules y el dorado manzanar de las Hespérides. Conforme fueron ampliándose los conocimientos geográficos de los griegos, este término fue muy empleado para referirse a la península, pero aun así, se interpretaba como el punto más occidental del Mediterráneo, sin especificar. La mayor parte de las fuentes griegas se refirieron a este territorio con el término Iberia (tomado del topónimo autóctono del río Iber –Ebro–, del de algún otro río, especialmente de la zona suroccidental, o bien del topónimo genérico para cualquier río). En cambio, las fuentes latinas utilizaron el término Hispania, de posible origen fenicio-cartaginés (y-spny –"costa del norte"–).Javier de Hoz, Historia lingüística de la Península Ibérica en la antigüedad, CSIC, 2010, ISBN 8400092767 vol. 1, pg. 431.

Demografía

Pueblos indígenas Por muy profundas que fueran las transformaciones que la romanización (y posteriormente la islamización, la Reconquista y otros grandes procesos socioculturales de las sucesivas edades históricas) impuso a la configuración histórica en la península ibérica, el sustrato previo, determinado por los siglos en que los "pueblos indígenas" ocuparon el territorio, puede detectarse en notables pervivencias. Por ejemplo, se ha comprobado que la toponimia peninsular se divide, a grandes rasgos, en tres zonas: una céltica, con predominio del sufijo -briga, una íbera, con predomino de la raíz iltir/iltur, y una tartésica, con predominio de los sufijos -ipo, -ippo y -oba, -uba.Untermann, J. (1997): Monumenta Linguarum Hispanicarum. IV. Die tartessischen, keltiberischen und lusitanischen Inschriften. Wiesbaden. Ídem, "Lenguas y escrituras en torno a Tartessos" en ARGANTONIO. Rey de Tartessos (catálogo de la exposición), Madrid, pp. 69-77.Arturo Pérez Almoguera, iltir'/iltur = oppidum. Los nombres de lugar y la ciudad en el mundo ibérico, Faventia 23/1, 2001.

Tartesios

miniatura|El denominado "Bronce Carriazo", identificado como pieza tartésica de influencia fenicia y egipcia y relacionado con el entorno de las marismas y esteros. Finales del o comienzos del miniatura|Figurilla tartésica de una cabra usada como exvoto, del Tesoro de la Aliseda, miniatura|400px|Áreas tartésica y de influencia tartésica, y colonias fenicias y griegas.

En la zona sudoccidental, región denominada Tartéside o Turdetania, en torno a la desembocadura del Guadalquivir, que en época antigua era una extensa albufera —el Lacus Ligustinus—, se desarrolló durante la primera mitad del I milenio a. C. la cultura tartésica. Las fuentes semitas hacen referencia a esta cultura con el nombre de Tarshish, como una zona al extremo del Mediterráneo occidental, caracterizada por su riqueza metalífera, y que se relaciona con la navegación fenicia.

El control fenicio de las factorías comerciales en torno al Estrecho, y especialmente de la colonia de Gadir (Cádiz), mantuvo la exclusividad de su comercio con pocas excepciones, como la llegada de expedicionarios griegos a la corte de Argantonio que refieren las fuentes clásicas: Anacreonte, quien cita su longevidad y riqueza, Heródoto, que describe dos expediciones, la más antigua de las cuales se habría producido en torno al 630 a. C. o Pausanias, que duda del origen tartésico que sus contemporáneos atribuyen a los quinientos talentos de bronce del tesoro, en el santuario de Olimpia, donado por el tirano Mirón de Sición (ca. 600 a. C.).Pausanias, Periegesis tes Hollados (6, 19, 2-4). Citado en Ana Vázquez, Relaciones de Tartessos con los griegos y en Lorenzo Abad y Manuel Bendala, La toreútica, la orfebrería y otras artes suntuarias en Artehistoria.

Tal magnífica acogida es comprensible, al significar una diversificación de las relaciones comerciales, hasta entonces monopolizadas por los fenicios. La presencia griega en la zona fue efímera, manteniéndose como una región desconocida e inaccesible, excepto para los fenicios y sus sucesores, los cartagineses. Las fuentes griegas se mantuvieron envueltas en misterios míticos, confusas y contradictorias, cuyos primeros reyes serían los míticos Gerión -derrotado por Hércules-, Norax, Hispalo, Hispan, Gárgoris y Habis, descrito como héroe civilizador. Los únicos datos seguros son sus reiteradas referencias a una civilización localizada más allá de las columnas de Hércules, el actual Estrecho de Gibraltar, y que destacaba por su riqueza, tanto en su base agropecuaria como en los metales -el nombre de Argantonio se interpreta como relativo a la plata- y por su actividad comercial. También son notables las referencias a la constitución de una sociedad jerarquizada, en la que el trabajo es incompatible con la nobleza.

La comprobación arqueológica es muy problemática, dada la radical transformación geográfica del entorno (el Lacus Ligustinus se colmató) y la intensa ocupación de todos los núcleos urbanos por las civilizaciones que se sucedieron. Existiera o no una ciudad de Tartesos (hoy perdida o confundida con los cimientos de alguna de las existentes) no es probable que fuera la capital de un Estado de grandes dimensiones territoriales; de serlo, es imposible determinar cuál sería su territorio efectivo, si se limitaría a las ciudades ribereñas del Lacus Ligustinus (Luciferi Fanum, Ipora –ambas en el territorio del actual Sanlúcar de Barrameda–, Asta –Écija–, Nebrisa –Lebrija–, Caura –Coria del Río–) y los núcleos urbanos, rurales y metalúrgicos del entorno del bajo Guadalquivir (Niebla, San Bartolomé de Almonte, Tejada la Vieja, Carmo –Carmona–, IspalIspal en Sevillapedia –Sevilla–), o extendería su influencia más al interior, hasta Corduba (Córdoba) o incluso a núcleos más alejados, como Conisturgis (Medellín)Medellín, la necrópolis tartésica más rica de España, reseña del libro La necrópolis de Medellín, de Martín Almagro-Gorbea. o Mastia Tarseion (Cartagena). La historiografía reciente habla más bien de un área tartésica o de un ámbito de influencia tartésica, que va desde Sierra Morena hasta el Golfo de Cádiz y desde la desembocadura del TajoMariano Torres Ortiz, ¿Una colonización tartésica en el interfluvio Tajo-Sado durante la Primera Edad del Hierro?, pg. 205: hasta la del Segura, o incluso de una especie de "confederación tartésica".en todo caso, no llegaría a desembocar en la aparición de un verdadero Estado territorial con una institución monárquica, sino en una especie de confederación tartésica en la que los distintos caudillos locales reconocerían la autoridad de un jefe común: el Argantonio de Tartessos. Manuel Álvarez, Tarteso: La Construcción de un Mito en la Historiografía Española, Diputación de Málaga, ISBN 8477856796, pg. 212.

A partir de la batalla de Alalia (enfrentamiento greco-cartaginés por la hegemonía en el Mediterráneo occidental –tuvo lugar en las aguas de Córcega en el año 537 a. C.–), Tartessos desaparece de las fuentes escritas, y la cultura material de la zona de influencia tartésica entra en una etapa de decadencia. Se han aducido desde causas externas, manifestadas de forma violenta (la imposición de la colonización territorial cartaginesa, que habría destruido Tartessos, bien físicamente como ciudad, o bien en su entidad política); hasta causas endógenas, manifestadas de forma gradual (agotamiento de las vetas más fácilmente aprovechables, decadencia del comercio colonial fenicio, ruptura de la ruta terrestre del estaño –controlada ahora por los griegos de Massalia–),El final del mundo tartésico en Artehistoria que habrían llevado a las culturas nativas de nuevo a una economía casi exclusivamente agrícola y ganadera, y al cambio tecnológico del bronce al hierro. No obstante, los turdetanos, el pueblo que habitaba la zona a la llegada de los romanos (finales del ), seguía siendo visto como el más rico y de mayor desarrollo cultural de toda la península.

Íberos y celtas

La historiografía tradicional identificó con las categorías "íberos y celtas" a los pueblos prerromanos de la península ibérica. Aunque obsoleta en cuanto a determinados extremos que se han demostrado erróneos, la "población" de la península por grupos de supuesto origen norteafricano o semítico –los "íberos"– y centroeuropeo –los "celtas"–, la clasificación sigue teniendo validez genérica.Luis Berrocal y Philippe Gardes, Entre celtas e íberos - Las poblaciones protohistóricas de las Galias e Hispania, Casa de Velázquez, 2001, ISBN 9788495555106.