El bombardeo de Cabra (7 de noviembre de 1938) fue un ataque aéreo realizado por la aviación republicana sobre Cabra (Córdoba) en el contexto de la guerra civil española. La localidad en el momento del bombardeo se encontraba en poder del ejército del bando sublevado en la retaguardia, a varios kilómetros del frente andaluz. Por su localización era la sede del Cuartel General de la 34.ª División, además de otras unidades del ejército sublevado. En una de las plazas del centro también se encontraba un campo de concentración de prisioneros y evadidos del ejército republicano. En la mañana del 7 de noviembre de 1938, tres bombarderos medios de la aviación republicana lanzaron unos 1800 kilogramos de bombas de distinto tamaño sobre el casco urbano por razones que aún no están del todo claras. El bombardeo se saldó con 109 personas fallecidas, la mayoría civiles, y más de 200 heridos.
El estudio del bombardeo de Cabra desde la década de 2000 ha permitido tener más conocimiento de las operaciones militares en el frente de Andalucía y un renovado interés por este y otros hechos dramáticos ocurridos durante la guerra civil española. En los últimos años, sin embargo, este acontecimiento está también siendo instrumentalizado como arma de confrontación política en España.
Antecedentes Córdoba al inicio de la guerra La provincia de Córdoba, donde se encuentra la localidad de Cabra, fue tomada casi sin resistencia por las fuerzas sublevadas en los primeros compases de la guerra civil en el verano de 1936. Sin embargo, a mediados de agosto unidades del ejército gubernamental al mando del general Miaja amenazaban las posiciones del ejército sublevado. Para contener esta amenaza, el general Varela envió una pequeña fuerza en el mes de septiembre que permitió estabilizar el frente y que apenas tuviese actividad durante la mayor parte de la guerra.
La batalla del Ebro En el verano de 1938, el alto mando republicano planifica una maniobra para liberar la presión que sobre Valencia estaban realizando las tropas franquistas. Las operaciones contemplaban un cruce del río Ebro a la orilla en manos del ejército sublevado en los alrededores de Gandesa, romper el frente y realizar un avance profundo en dirección suroeste. Además de las razones puramente militares, el presidente del gobierno republicano, Juan Negrín, pretendía convencer a las potencias occidentales de la capacidad de las fuerzas gubernamentales para combatir al ejército sublevado y de las posibilidades de victoria si recibían ayuda militar y presionaban internacionalmente a Italia y Alemania para que dejasen de suministrar material y hombres al ejército comandado por Francisco Franco. A finales de julio da comienzo la batalla del Ebro con el cruce del río, y la toma de Gandesa a principios de agosto, por parte del ejército gubernamental. Tras un avance inicial, la ofensiva se ve detenida y el ejército sublevado responde con una larga batalla de desgaste que el ejército republicano se ve obligado a combatir. En los momentos álgidos de la batalla, en septiembre, tiene lugar una conferencia internacional en Múnich con representantes de Reino Unido, Alemania, Francia e Italia. La conferencia se celebró para resolver la crisis de los Sudetes, si bien indirectamente afectaba al desarrollo de la guerra civil española de acuerdo a la postura que tomasen las diferentes potencias. El gobierno británico de Chamberlain, que ya se posicionaba favorablemente a una victoria de los franquistas, no quiso arriesgarse a una guerra con Alemania e igualmente aceptó el desmembramiento de Checoslovaquia con la firma de los Acuerdos de Múnich el 29 de septiembre de 1938. Estos acuerdos, en combinación con los reveses en el frente que sufría el ejército republicano, terminaron de hundir la moral del alto mando. Aunque surgieron algunas voces a favor de capitular, el presidente Negrín con el apoyo del jefe del Estado Mayor, Vicente Rojo, se inclinaba por continuar resistiendo para lograr de alguna manera una paz negociada con el bando franquista. Con ese objetivo y para liberar presión sobre Cataluña, el general Rojo trabaja en el detalle de un plan de operaciones que contempla una ofensiva en el frente andaluz.
El Plan P
El plan P fue un plan de operaciones militares elaborado por Vicente Rojo como evolución de una maniobra militar proyectada en la primavera de 1937 para debilitar estratégicamente al ejército sublevado. La maniobra original era conocida como Operación Extremadura, que tenía como objetivo atacar el sector débilmente defendido en las inmediaciones de Mérida, conquistar ese vital nudo de comunicaciones y progresar por la brecha hasta la frontera con Portugal para cortar en dos la zona en posesión del ejército sublevado. Al final la operación es sustituida por una maniobra que se llevaría a cabo por las fuerzas en la defensa de Madrid y que terminaría dando lugar a la batalla de Brunete.
En el mes de octubre del mismo año, el general Vicente Rojo retoma la idea de una ofensiva decisiva sobre Extremadura y Andalucía, elaborando una propuesta más madura conocida como Plan P. En este plan, además de la ofensiva sobre Mérida también se contemplan otros objetivos como la conquista de la cuenca minera de Peñarroya en la provincia de Córdoba, un golpe de mano sobre Granada y ataques a las líneas del frente andaluzas ante la previsión de un colapso general de su defensa. La elaboración del plan contó con reconocimiento aéreo del frente que luego sería utilizado en operaciones posteriores de bombardeo y ataques por tierra. Sin embargo, pese al esfuerzo empleado, el proyecto se abandona de nuevo aunque sirve de inspiración para una operación que permitió al ejército gubernamental avanzar en el frente de Aragón para tomar la ciudad de Teruel.
El empeoramiento de la situación militar para la República a lo largo de 1938 anuló cualquier intento realista de llevar a cabo cualquier operación en Extremadura. Además, unidades del ejército sublevado al mando del general Gonzalo Queipo de Llano llevaron a cabo unos ataques tácticos que lograron ensanchar la franja entre la frontera portuguesa y el frente por Extremadura; y que hicieron más difícil la posibilidad de romper el territorio rebelde en dos. A finales de 1938, y para evitar la conquista de Cataluña por parte del ejército sublevado, el general Vicente Rojo adaptó su plan original para los medios disponibles en ese momento que se llevaría a cabo en coordinación con un desembarco anfibio en Motril. Por la situación general de la guerra y por problemas internos en el ejército republicano, la ofensiva no pudo ponerse en marcha en el sector de Valsequillo hasta el 5 de enero de 1939 y sin el ataque anfibio, que nunca se pudo llevar a cabo. Los refuerzos del ejército sublevado en las inmediaciones lograron hacer fracasar la operación casi desde el inicio de la misma.
Se reactiva el frente andaluz Para apoyar la ofensiva en el Ebro desde septiembre de 1938, el general Vicente Rojo da órdenes al general Manuel Matallana, jefe del Estado Mayor del Ejército Centro-Sur, de movilizar a las fuerzas gubernamentales en los frentes de Andalucía, Extremadura y Levante. Al principio, Rojo y Matallana valoraron un ataque por el sector del Levante, pero al fracasar la movilización por disensiones internas del alto mando republicano al final se optó por un ataque por Villafranca de Córdoba en septiembre, que fracasó. Desde principios de noviembre se decantaron por un ataque más decidido en el frente extremeño y un desembarco en Motril de acuerdo al Plan P. Este cambio coincide con un empeoramiento dramático en el frente del Ebro, cuando el 30 de octubre la Primera División de Navarra del ejército sublevado, al mando de Mohammed ben Mizzian, logró romper el frente ocupando la sierra de Cavalls y progresar por la brecha.
Las operaciones preparativas de la ofensiva de acuerdo al Plan P contemplaba una campaña de operaciones aéreas de fotografía y bombardeos selectivos para debilitar a las fuerzas franquistas y distraer a su alto mando del lugar de ruptura en el frente planeado por el Ejército Centro-Sur republicano. Entre octubre de 1938 y enero de 1939 (cuando se inicia la ofensiva), fueron bombardeadas las localidades de Motril en Granada, Porcuna en Jaén, y Aguilar de la Frontera, Albendín, Baena, Belmez, Cabra, Carcabuey, Córdoba, Espiel, Nueva Carteya, Luque y Peñarroya-Pueblonuevo en la provincia de Córdoba. La aviación franquista respondió a estos ataques con bombardeos en posiciones del ejército republicano y localidades en su retaguardia.
El bombardeo Situación de Cabra en noviembre de 1938
Cabra, durante la Guerra Civil, rondaba los 20 000 habitantes. En el momento del bombardeo se encontraba en la retaguardia a varios kilómetros de la línea del frente. La población contaba con una estación de tren y era un nudo de comunicaciones, lo que había servido como lugar de acantonamiento para diversas unidades del ejército sublevado a lo largo de la guerra. A principios de noviembre, de acuerdo al Diario de Operaciones de la 34.ª División del ejército sublevado, en la localidad de Cabra se encontraba el Cuartel General de la 34.ª División acompañado por la 34.ª Compañía de Automovilismo, la 34.ª Compañía de Transmisiones y también los Puestos de Mando de los comandantes de las unidades de Artillería e Ingenieros. Además, en Cabra también se encontraba acuartelado la unidad paramilitar del Primer Batallón de la Bandera de Falange de Huelva.https://blogs.publico.es/dominiopublico/30053/lo-que-no-interesa-contar-sobre-el-bombardeo-de-cabra/
En la plaza Vieja (en el momento del bombardeo denominada plaza Calvo Sotelo) se encontraba un campo de concentración constituido por prisioneros de guerra y evadidos. El campo se creó en el verano de 1938 para aliviar la sobrepoblación de otros campos de la zona. En noviembre de 1938, el campo contenía entre 60 y 80 prisioneros (en total estuvieron recluidos entre agosto y abril de 1939 en algún momento 1302 hombres y 24 mujeres).
La inteligencia militar republicana había informado de la existencia de unidades militares italianas acantonadas en Cabra. Esta información pudo haber influido en el plan de bombardeo de la localidad al ser confundidos los toldos desplegados para venta en día de mercado con tiendas de campaña de tropas italianas establecidas en Cabra de acuerdo a las fotografías en un vuelo de reconocimiento llevado a cabo el día anterior. En el pasado, varias unidades del cuerpo expedicionario italiano habían estado acuarteladas efectivamente en Cabra. Sin embargo, desde la ofensiva sobre Málaga y la movilización de unidades al norte de Madrid para dar lugar a lo que luego sería la batalla de Guadalajara, no hubo presencia italiana en el sector desde marzo de 1937.
Unidades aéreas republicanas implicadas