La basílica menor de Nuestra Señora de la Merced es una basílica colombiana de culto católico del municipio de Yarumal (Antioquia). Es la sede de la parroquia homónima y pertenece a la jurisdicción eclesiástica de la diócesis de Santa Rosa de Osos. El templo está dedicado a la Virgen María bajo la advocación de la Merced o de las Mercedes, siendo la patrona, y San Luis Gonzaga es el titular.
La basílica es de estilo neorrenacentista, es de planta rectangular, su interior está dividido en tres naves longitudinales, la principal o central y dos laterales. La fachada principal está conformada por dos torres rematadas en cúpulas, unidas por un cuerpo que enmarca la nave central.
El edificio fue construido para disponer de un templo de mayores proporciones en el mismo lugar donde se ubicaba la primitiva iglesia de Yarumal. Comenzado en 1866, su construcción pasó por múltiples dificultades. La ingente financiación que requería el proyecto, las guerras civiles de finales del , el desplome de parte del templo en 1890 o el sismo de 1938, retrasaron su conclusión hasta 1944, año de su consagración. Durante su construcción la capilla de San Luis (que originalmente era la iglesia del viejo cementerio) hizo de templo parroquial.
La iglesia alberga varios elementos artísticos, entre los que destaca el lienzo de la Virgen de la Merced que data de 1789, posiblemente de origen quiteño y considerado milagroso. También está el altar principal en forma de templete o medio baldaquino, construido en mármol de varios colores, cuenta con 12 metros de altura y pesa 70 toneladas. Igualmente destaca el pavimento del testero,Testero: cabecera de una iglesia. el cual posee artísticos dibujos elaborados en mármol.
En 1998, el Concejo Municipal de Yarumal declaró el templo de la Merced junto con la capilla de San Luis (aunque así se le conoce, su verdadero nombre es capilla del Carmen), como bienes inmuebles de interés cultural y arquitectónico del municipio. El 12 de agosto de 1999, el Papa Juan Pablo II le concedió al templo el título de basílica menor. Desde el año 2000, la iglesia preserva los restos del poeta Epifanio Mejía, autor del himno antioqueño.
Historia
Durante la edificación, se produjeron muchas dificultades. El asolamiento de las guerras civiles que sufrió Colombia durante el último cuarto del , la gran envergadura del proyecto y la ingente financiación que requería, el desplome en 1890 de una parte del templo en construcción o el seísmo de 1938, fueron causas de que la iglesia tardara más de ochenta años en ser construida.
Inicio y dificultades en el
Yarumal fue fundado en 1787 con el nombre de San Luis de Góngora, el cual, desde sus inicios contaba con una capilla en paja donde realizaban las ceremonias religiosas los sacerdotes de Santa Rosa de Osos, que esporádicamente visitaban el nuevo poblado. La capilla se edificó por sugerencia del alcalde pedáneo y juez poblador, Francisco Leonín de Estrada, incentivado por los habitantes que urgían su construcción para proporcionarle importancia a la colonización.
Para 1790 fue establecida la parroquia de "San Luis de Góngora" (hoy parroquia Nuestra Señora de la Merced) por orden de monseñor Ángel Velarde y Bustamante, obispo de Popayán, mediante el decreto de 22 de marzo del mismo año y nombró ejecutor del decreto al presbítero Juan Salvador de Villa y Castañeda, vicario superintendente de Antioquia, quien luego expidió el decreto de erección el 13 de agosto de 1790, el cual nombró como cura interino al presbítero Francisco Javier González. En ese entonces, gran parte del territorio de la provincia de Antioquia (hoy departamento de Antioquia) dependió de la diócesis de Popayán, creada en 1546. Debido a las distancias, se creó una vicaría superintendente en 1754 con sede en la villa de Medellín, con jurisdicción sobre las demás vicarías de la provincia. Luego, el 31 de agosto de 1804 el papa Pío VII erigió la diócesis de Antioquia. Quedando la parroquia bajo esta nueva jurisdicción eclesiástica.
thumb|220px|Plaza de Yarumal en 1831. Dicho espacio público se estaba consolidando. Se aprecia como era el anterior templo y sus escaleras de acceso.
Posteriormente, en 1850 el pueblo ya contaba con 3.000 habitantes y el viejo templo comenzaba a quedarse pequeño, por lo cual se vio la necesidad de construir un nuevo templo de mayores proporciones. Por ello, el 20 de diciembre de 1860 el padre Julián Palacio reunió a los habitantes en la plaza, les informó de la necesidad de un nuevo templo, instó a proporcionar toda la ayuda posible para la obra, y para tal fin, se procedió a conformar la primera junta que emprendería los trabajos del templo. Resultaron elegidos para dicha junta el Pbro. Julián Palacio -presidente-, Sebastián Mejía, Lucas María Misas, Zoilo Cuartas, Manuel María Hoyos y Leonzo Tamayo, siendo el último secretario de otra junta.
En la sesión del 15 de enero de 1861 (la tercera reunión a partir de su creación), el Pbro. Julián Palacio propone que se comenzaran los trabajos del templo en el próximo mes de abril. En la misma reunión se autorizó la primera adquisición de tablones para los tapiales, a fin de que estuvieran secos cuando se fueran a utilizar.
Como era un proyecto de gran envergadura, pronto llegaron las ofertas de mano de obra. Fue así como el 5 de febrero de 1861, Gregorio Álvarez ofreció sus servicios como albañil y director de la obra, quien se contrató a razón de tres pesos de ocho décimos con dos reales diarios, en una jornada laboral de seis a seis. El 6 de ese mismo mes el padre Julián Palacio colocó la primera piedra y comenzó a conseguir recursos económicos.
Entre tanto, en la Diócesis de Antioquia se tramitaba una solicitud para que el prelado autorizara la edificación del nuevo templo. La población recibió, el 2 de marzo de 1861, el comunicado del obispo Domingo Antonio Riaño, donde se concedía la licencia para el nuevo templo, además, resaltaba que para la construcción, la Junta debía organizarse lo mejor posible. Para lo cual, la Junta dictó su propio reglamento de siete capítulos, de acuerdo con las atribuciones otorgadas por la Constitución 21 del Título XIX de las Sinodales de la diócesis. Se estipulaba que el “Examen de Cuentas” se haría ante dos instancias. La primera ante la Junta Directiva de los Trabajos del Templo y la segunda ante la Junta de Fábrica, que a su vez daba informe al prelado diocesano. Además, la presidencia tenía una duración de seis meses y se rotaba entre los mismos miembros de la junta.Muchas y muy prestantes personas integraron la Junta durante el largo tiempo que demoró la construcción. Entre ellos, a más de los que se anotaron en la constitución de la primera Junta, vale la pena mencionar a los Pbros. Emigdio A. Palacio, Eugenio Sarrazola y Agapito Delio Gómez; los laicos Jacinto Palacio, Cipriano Mejía, José María Uribe Villa, Rafael Roldan, Rafael Villegas, José M. Hoyos, Juan de Dios Mejía, Victoriano Valencia, Joaquín Mejía, Alejandro Hernández, Heliodoro González, Daniel Gil, Heliodoro Medina, Virgilio Zuluaga, Martiniano Palacio, Ignacio Hernández, Juan B. Mejía, José A. Palacio, Rubén Puerta, Lázaro María Rivera, Vicente Villegas, Rafael Ruiz, José María Calle, Juan de Dios Calle, Rafael Posada, Joaquín Ramírez, Roberto Sánchez, Hernando Ramírez, Francisco Rivera, Nepomuceno Jiménez, Emilio Jaramillo, Félix A. Díaz, Miguel Molina, Baldomero Jaramillo, José María Rodríguez, el boticario Basiliso Mejía, Wenceslao Soto, Emilio Soto, Luis Palacio, Agustín Zabala, Ismael Ocampo, Paulo E. Franco, Pablo E. Acevedo, Rafael Villegas, Rubén Restrepo, Cipriano Jaramillo, los doctores Pablo J. Osorio, Pedro Pablo Betancourt y Carlos Mejía V.
La financiación de la obra procedió de limosnas, colectas, mandas, rifas, bazares y venta de fincas que algunos benefactores donaron a la Iglesia. Las limosnas eran recolectadas por comisiones que tenían establecidas las áreas urbanas y rurales de Yarumal; el área rural era visitada sobre todo por hombres y la zona urbana principalmente por mujeres. La jurisdicción de la parroquia de Yarumal, era en ese tiempo un extenso territorio que hoy concierne a otros municipios.
El 4 de julio de 1865, Santos Sánchez ofreció sus servicios para dirigir la obra, en calidad de arquitecto y albañil, al precio de cinco pesos de ocho décimos diarios pero no fue aprobado. En la misma fecha se citó a la reunión a Policarpo Rivera para plantearle compra de unos terrenos con el propósito de establecer allí unos tejares para la obra. Rivera cedió gratis, el derecho de explotar los terrenos por el tiempo que durara la edificación del templo, autorizó levantar en él un cobertizo y extraer el barro, con la única condición de que una vez finalizada la obra se le devolviera el lote. Por la misma época se contrataron unas caleras en la vereda Sepulturas.Sepulturas era una zona rural de Yarumal que actualmente está comprendida entre los corregimientos de El Cedro y Cedeño.
El 25 de agosto de ese año se contrató a José María Zapata Muñoz para la dirección de la obra, en calidad de arquitecto y albañil, a razón de cuatro pesos con ocho décimos diariamente, con el convenio de incluir también trabajos de pintura y construcción de estatuas. Los términos de este contrato fueron modificados el 15 de julio de 1866. Cuatro años más tarde se unió como oficial Floro Hernández y a partir del 18 de julio de 1869 se contrataron los oficiales Francisco Arroyave y el campamenteño Francisco Puerta.
El 2 de abril de 1866 comenzó la demolición del viejo templo, tarea realizada por el maestro Gregorio Álvarez. El lote del antiguo templo era de la parroquia y era contiguo a un terreno propiedad del distrito municipal, situados ambos en el costado norte de la plaza de Bolívar (hoy parque Epifanio Mejía). Ambos terrenos no tenían los límites claramente definidos por lo que fue preciso, mucho tiempo después, llegar a un convenio entre las partes para demarcar las propiedades, lo que se realizó mediante escritura pública N.º 587 del 27 de julio de 1898 de la Notaría Primera de Yarumal.
En esa misma fecha de la demolición del viejo templo, el párroco Julián Palacio envió un oficio al provisor Pbro. Valerio Antonio Jiménez en el que exponía que al tener la necesidad de demoler la antigua iglesia para la edificación de la nueva, solicitaba permiso para colocar en la capilla del viejo cementerio (actualmente conocida como capilla de San Luis) "a nuestro amo sacramentado".El viejo cementerio se localizaba a dos cuadras del parque principal hacia el occidente, (al lado de la capilla conocida actualmente como de San Luis), como el pueblo fue creciendo y al quedar dentro del área urbana, se vio la necesidad de trasladarlo a las afueras. Se acordó que después de exhumar los restos humanos, se vendiera el terreno que ocupaba dicho cementerio, y el dinero obtenido se invirtiera en el nuevo campo santo. Cuando se inició la construcción de la nueva iglesia de la Merced, la capilla del viejo cementerio pasó a ser el templo parroquial mientras duraba su construcción, por lo cual fue necesario ampliar y adaptar la capilla para mayor comodidad. Por consiguiente se decidió que el dinero obtenido con la venta del terreno del viejo cementerio se invirtiera mejor en la ampliación y adaptación de la capilla. Licencia que fue concedida desde Marinilla el 17 de abril de 1866.
thumb|190px|left|Aspecto de la vieja capilla del cementerio más conocida como Capilla de San Luis, pero cuyo verdadero nombre es Capilla del Carmen. Erróneamente se le ha considerado como el primer templo de Yarumal lo cual no es cierto.Como la construcción del templo de la Merced tardó más de 80 años, fueron muchas generaciones las que nacieron y murieron teniendo como templo parroquial a la Capilla de San Luis, de ahí nace la confusión, la cual asegura que la capilla fue el primer templo de Yarumal, lo cual no es cierto.