Las invasiones bárbaras del (212/213-305) son una serie de incursiones dentro de los confines del Imperio Romano, llevadas a cabo para saquear o robarPor tanto, no se trataba todavía de traslados masivos de poblaciones enteras, como las que se darán en siglos posteriores, cuando la irrupción de los hunos en Europa obligará a varias tribus germánicas a buscar nuevos territorios donde asentarse dentro del Imperio romano. En el los que se trasladaban eran hordas más o menos numerosas de guerreros que en su gran mayoría dejaban atrás a sus familias y campamentos; tras una o dos estaciones de saqueos, volvían a sus bases, sin buscar crear colonias estables en el territorio romano. por bandas armadas de comunidades que habitaban a lo largo del limes septentrional: pictos, caledonios y sajones, en Britania; frisones, francos, alamanes, burgundios, marcomanos, cuados, lugios, vándalos, jutungos, gépidos, godos (tervingios en Occidente y greutungos en Oriente)Peter Heather, La migrazione dei Goti: dalla Scandinavia alla Tracia, en Roma e i Barbari, la nascita di un nuovo mondo, p. 239. las tribus tracias de carpos y sármatas de yázigas, roxolanos y alanos, así como de bastarnos, escitas, boranos y hérulos, a lo largo de los ríos Rin y Danubio y a orillas del mar Negro.

Desde tiempos de Marco Aurelio, durante las guerras marcomanas (165-189), las tribus germánico-sármatas no habían ejercido una presión tan fuerte en los confines septentrionales del Imperio.

El creciente peligro para el Imperio se debía principalmente a un cambio con respecto a siglos anteriores en la estructura tribal de su sociedad: la población, en constante crecimiento y empujada por los pueblos orientales, necesitaba nuevos territorios para expandirse: de lo contrario las tribus más débiles desaparecerían. Por ello se vio la necesidad de unirse en federaciones étnicas de grandes dimensiones, como las de los alamanes, francos y godos. La idea era agredir con mayor eficiencia al vecino Imperio o defenderse de la irrupción de otras poblaciones bárbaras fronterizas. Para otros estudiosos, además de la presión de las poblaciones externas, hay que contar con el contacto y la comparación con la civilización imperial romana (sus riquezas, lengua, armas, organización) como motivo para que los pueblos germánicos quisieran restructurarse y organizarse en sistemas sociales más robustos y permanentes, capaces de defenderse mejor o de atacar seriamente al Imperio.Giorgio Ruffolo, Quando l'Italia era una superpotenza, Einaudi, 2004, p. 84.

Por su parte, Roma, ya desde el buscaba impedir la penetración de los bárbaros atrincherándose detrás del limes, es decir, de la línea continua de fortificaciones que se extendía entre el Rin y el Danubio, construida precisamente para contener la presión de los pueblos germánicos.

La ruptura por parte de las poblaciones bárbaras que se encontraban a lo largo del limes fue facilitada también por un período de grave inestabilidad interna que aquejó al Imperio romano durante el . De hecho, en Roma había un continuo alternarse de emperadores y usurpadores (la anarquía militar). Las guerras intestinas no solo consumían inútilmente importantes recursos durante las reyertas entre los distintos contendientes, sino —más grave todavía— terminaban por desguarnecer precisamente las fronteras sometidas a la agresión de los bárbaros.

Como si esto no fuese suficiente, a lo largo del frente oriental de Mesopotamia y Armenia a partir de 224 la débil dinastía persa de los partos había sido sustituida por la de los sasánidas, que frecuentemente comprometió severamente al Imperio romano, obligado a sufrir ataques que a menudo se unían a las invasiones, menos implicantes pero de todos modos peligrosas, llevadas a cabo a lo largo del frente africano por tribus bereberes, bacuatos, quincuagentanos, nobates y blemios.

Gracias a la sucesiva división, interna y provisoria, del estado romano en tres partes (en Occidente el Imperio galo, en el centro el Imperio romano propiamente dicho y el Oriente el Imperio de Palmira) el Imperio logró salvarse de una caída definitiva. Pero solo tras la muerte de Galieno (268), un grupo de emperadores-soldados de origen ilirio (Claudio II, Aureliano y Probo) logró reunificar el Imperio en un solo bloque, aun cuando las guerras civiles que se habían subseguido por casi 50 años y las invasiones bárbaras habían obligado a los romanos a renunciar tanto a los Agri decumates (dejados en manos de los alamanes alrededor de 260), como a la provincia de la Dacia (256-271), sometida a las incursiones de la población autóctona de los carpos, godos tervingios y de los sármatas yázigas.Averil Cameron, Il tardo Impero romano, p. 12ss.

Las invasiones del , según la tradición, comenzaron con la primera incursión conducida por la confederación germánica de los alamanes en 212.

Contexto histórico

Después de unos treinta años de relativa calma a lo largo de las fronteras reno-danubianas, en 212 estalló una nueva crisis a lo largo del limes germano-réticas, provocada por la primera invasión de la confederación de los alamanes.

El mundo germánico entre el y el

En la Europa centro-oriental, el mundo bárbaro sufría fuertes agitaciones tanto internas como provenientes de los movimientos migratorios de otras poblaciones que intentaban modificar los equilibrios con el Imperio romano. Estos pueblos, que buscaban nuevos territorios donde establecerse por el creciente aumento demográfico de la población en la Germania Magna, se sentían atraídos también por las riquezas y por la cómoda vida del mundo romano. Cincuenta años antes, en los confines de la zona germánica, a lo largo de la frontera danubiana y carpática se habían producido movimientos y mezclas de pueblos, con la llegada de un fenómeno nuevo entre los germanos, que representaba una superación de la dimensión tribal: pueblos enteros (como los marcomanos, cuados y naristas (o variscos), vándalos, cotinos, yázigas, burios, etc.) se habían reagrupado en coaliciones de naturaleza más bien militar, ejerciendo así más presión en el vecino limes romano.

Bajo Caracalla el fenómeno de agregación se había desarrollado todavía más, llegando a constituir en el área de los Agri decumates algunas verdaderas confederaciones étnicas de tribus: los alamanes, que añadieron a los catos, naristas, hermunduros y parte de los semnones y se afincaron en el Alto Rin, desde Mogontiacum hasta el Danubio, cerca de Castra Regina; los francos, en el Bajo Rin, desde la boca del río hasta Bonna. y los sajones, compuesto por pueblos marineros entre las desembocaduras de los ríos Weser y Elba onichan

Contemporáneamente creció también el empuje de los germanos orientales, llegados desde Escandinavia, como los godos (en sus varias ramas de ostrogodos, visigodos y hérulos) que provenían del Vístula: desde hacía ya cincuenta años estaban en lento traslado hacia el sudeste, y habían llegado a las cercanías de las costas septentrionales del mar Negro. En esa región entraron en conflicto con las poblaciones sármatas de roxolanos y alanos. Siempre de la región de la Silesia-Vístula provenían también otras dos grandes poblaciones: los vándalos, que ya habían tenido encuentros con el ejército romano de la Panonia y de la Dacia porolissensis en tiempos de las guerras marcomanas bajo Marco Aurelio, y los burgundios, que se dirigían al Oeste hacia los ríos Elba y Meno.

Preludio de las invasiones del : las guerras marcomanas (166-189)

thumb|La culminación de las guerras marcomanas en los años 178-179.

En 166/167, se produjo el primer enfrentamiento a lo largo de las fronteras de Panonia entre algunas bandas de asaltantes longobardos y osios que, gracias a la rápida intervención de las tropas fronterizas, fueron rápidamente repelidas. La paz estipulada con las poblaciones germánicas vecinas al norte del Danubio fue gestionada directamente por los propios emperadores, Marco Aurelio y Lucio Vero, quienes ahora desconfiaban de los agresores bárbaros y habían viajado por este motivo a la lejana Carnuntum (en 168). La muerte prematura de su hermano Lucio (en 169, no lejos deAquilea), y el incumplimiento de los acuerdos por parte de los bárbaros (muchos de los cuales habían sido "clientes" desde la época de Tiberio), trajo una masa nunca antes vista derramarse devastadoramente hacia el norte de Italia justo debajo de los muros de Aquilea, el corazón de Venetia. La impresión que causó fue enorme: desde la época de Mario, una población bárbara no había sitiado los centros del norte de Italia.

Se dice que Marco Aurelio libró una larga y agotadora guerra contra las poblaciones bárbaras, primero rechazándolas y "limpiando" los territorios de la Galia Cisalpina, Noricum y Recia (170-171), luego contraatacando con una ofensiva masiva en territorio germánico, que requirió varios años de enfrentamientos, hasta 175. Estos acontecimientos obligaron al propio emperador a residir durante muchos años a lo largo del frente de Panonia, sin regresar jamás a Roma. La tregua aparentemente firmada con estas poblaciones, en particular con los marcomanos, los cuados y los yázigas, duró sólo un par de años. A finales de 178 el emperador Marco Aurelio se vio obligado a regresar al castrum de Brigetio desde donde, en la primavera siguiente de 179, se llevó a cabo la última campaña. La muerte del emperador romano en 180 pronto puso fin a los planes expansionistas romanos y supuso el abandono de los territorios ocupados de Marcomannia y la estipulación de nuevos tratados con las poblaciones "clientes" del noreste del Danubio medio.

Fuerzas sobre el terreno a lo largo del frente europeo del Rin y el Danubio Hubo numerosas fuerzas legionarias y auxiliares desplegadas en este período por el Imperio romano. Las cifras son difíciles de estimar, ya que a lo largo del siglo algunas unidades fueron destruidas y reemplazadas por otras nuevas; además, cuando asumió el poder el nuevo sistema tetrárquico de Diocleciano, la propia organización estratégica general cambió.

Romanos

En el , el Imperio romano desplegó numerosas legiones contra las invasiones bárbaras: I Adiutrix, I Illyricorum (reclutada bajo Aureliano), I Italica, I Maximiana (bajo Maximiano), I Minervia, I Pontica (bajo Diocleciano), II Adiutrix, II Italica, legio II Parthica, III Italica , IIII Flavia, IIII Italica (bajo Alejandro Severo), V Macedonica, VII Claudia, VIII Augusta, X Gemina, XI Claudia Pia Fidelis, XIII Gemina, Legio XIIII Gemina Martia Victrix, XV Apollinaris, XX Valeria Victrix, XXII Primigenia y XXX Ulpia Victrix.. Las fuerzas totales desplegadas por el Imperio romano pueden haber superado los 200/250.000 hombres armados desde principios hasta finales del ; de ellos, la mitad estaban formadas por legionarios, el resto por el mismo número de auxiliares..

Se sabe que a la muerte de Caracalla, de las 33 legiones desplegadas a lo largo de todo el sistema de fortificaciones imperiales, 16 estaban en los limes renanos y danubianos (lo que equivale al 48,5% del total), así como otras 2 en la retaguardia como "reserva estratégica" (en Hispania e Italia), como se destaca a continuación en la tabla resumen sobre su ubicación (en 217). Poco menos de un siglo después, durante el período de la Tetrarquía de Diocleciano, el número de legiones colocadas a lo largo del frente norte (Rin y Danubio) se incrementó a 24, además de las 3 posicionadas para proteger los Alpes (legio I Iulia Alpina, legio II Iulia Alpina y legio III Iulia AlpinaNotitia dignitatum, Occ., V e VII.), de un total de 56 (el 48,2%), como evidencia la tabla que sigue.; G. Cascarino, L'esercito romano. Armamento e organizzazione, Vol. III - Dal III secolo alla fine dell'Impero d'Occidente, Rimini, 2009, p. 44.