El parque de la Ciudadela (en catalán parc de la Ciutadella) se encuentra en el distrito de Ciutat Vella, en Barcelona (España). Durante muchos años fue el único parque público de la Ciudad Condal. Fue trazado en los antiguos terrenos de la fortaleza de la Ciudadela —de ahí su nombre—, a imagen y semejanza de los jardines de Luxemburgo de París. Fue diseñado por Josep Fontserè e inaugurado en 1881. Pocos años después, en 1888, acogió la Exposición Universal de Barcelona.

Está situado en el barrio de La Ribera, en el triángulo comprendido entre la estación de Francia, el Arco de Triunfo y la Villa Olímpica. Está delimitado por cuatro vías principales: el paseo de Pujades, el paseo de Picasso, el paseo de Circunvalación y la calle de Wellington. Dispone de diez accesos y tiene una extensión de 17,42 hectáreas (31 con el Zoológico de Barcelona). Es el parque urbano más grande de Barcelona después del de Montjuic.

En el parque se encuentra el antiguo Arsenal de la Ciudadela, actual sede del Parlamento de Cataluña, además de diversos edificios: dos antiguos museos que forman parte del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona (en curso de reafectación), una iglesia y un colegio (IES Verdaguer), además del Umbráculo y el Invernáculo, dedicados a la conservación de especies botánicas. También alberga el Zoológico de Barcelona. En su terreno se halla una extensa colección de arte público que lo convierte en un museo de esculturas al aire libre.

En 1951, el parque fue declarado jardín artístico por lo que es bien de interés cultural con categoría de jardín histórico. Figura en el registro de Bienes Culturales de Interés Nacional del patrimonio catalán y en el registro de Bienes de Interés Cultural del patrimonio español, con el código RI-52-0000030.

Historia Orígenes

miniatura|izquierda|250px|Plano de Barcelona con la Ciudadela integrada dentro de las murallas (1806): Plano de la Ciudad y del Puerto de Barcelona, de Voyage de l'Espagne, Alexandre de Laborde, París, 1806

El solar en el que se emplaza el parque de la Ciudadela se encuentra en el barrio de La Ribera, en la parte oriental del llano aluvial del río Besós. En época medieval estaba situado a extramuros de la ciudad. Era un barrio de pescadores y marineros, cuyas principales construcciones eran la iglesia de Santa María del Mar y los conventos de San Agustín y Santa Clara.

En 1700, la muerte sin descendencia del rey Carlos II provocó un conflicto sucesorio que dio origen a la guerra de Sucesión, donde intervinieron las principales potencias europeas: Francia, en defensa del pretendiente Felipe de Borbón —futuro Felipe V— y el Sacro Imperio Romano Germánico, Inglaterra, Países Bajos y Portugal, a favor de Carlos de Austria —futuro emperador Carlos VI—.

Cataluña optó inicialmente por Felipe, el cual juró las constituciones catalanas ante las Cortes en 1701. Sin embargo, algunos excesos cometidos por el virrey Francisco Antonio de Velasco, junto a otros factores, provocaron un giro en las simpatías de algunos dirigentes catalanes, los cuales se pasaron al bando de Carlos, en 1705.

Felipe V intentó recuperar la capital catalana en 1706, con un ejército que sitió Barcelona por tierra y mar, pero fue obligado a retirarse. Pese a todo, el éxito de la ofensiva francesa en las batallas de Almansa (1707), Brihuega y Villaviciosa (1710) y la retirada del pretendiente austriaco tras su entronización como emperador en 1711 (Tratado de Utrecht, 1713) dejaron sola a Cataluña. Barcelona sufrió un asedio prolongado (14 meses), hasta que la ciudad fue tomada el 11 de septiembre de 1714.

miniatura|izquierda|Barcelona a vista de pájaro (1857), de Onofre Alsamora: a la izquierda se aprecia la Ciudadela y la explanada entre esta y la ciudad

Para mantener la ciudad bajo un firme control, Felipe V mandó construir una fortaleza, la Ciudadela, como parte integrante de un conjunto militar para dominar la ciudad en el que, junto a la Ciudadela propiamente dicha, se reconstruyó el castillo de Montjuic, un antiguo baluarte situado en lo alto de la montaña homónima. La construcción de la Ciudadela se encargó al ingeniero militar de origen flamenco, Jorge Próspero de Verboom, y se realizó entre 1716 y 1751. Era un baluarte amurallado de forma pentagonal, con una fosa de protección y una explanada de de separación entre las murallas y las construcciones de alrededor.

Para su construcción fue necesario demoler parte del barrio de la Ribera: se derribaron 1200 casas, se desvió la Acequia Condal y se derribaron diversos edificios de interés artístico, como los conventos de San Agustín, Santa Clara y Nuestra Señora de la Piedad, la iglesia de Santa Marta y el hospicio de Montserrat. En total se desalojó a unas 4500 personas, que no recibieron indemnización alguna y fueron abandonadas a su suerte. Algunas fueron recolocadas tres décadas más tarde en el nuevo barrio de La Barceloneta, en unos terrenos ganados al mar.

La fortaleza estaba formada por cinco baluartes (del Rey, de la Reina, del Príncipe, de Don Felipe y de Don Fernando), unidos por muros rectilíneos con revellines, y también tenía otras dos pequeñas fortificaciones en las inmediaciones, el fuerte Pío y el de Don Carlos. En su interior, la torre de San Juan servía de prisión y la acompañaban diversas edificaciones para el acuartelamiento, entre las que destacaban el arsenal, la capilla y el palacio del gobernador. Cabe señalar que la torre de San Juan había sido el campanario de la iglesia de Santa Clara, que se aprovechó para su nuevo cometido tras algunas reformas.

Con el tiempo, la Ciudadela se convirtió en un símbolo de represión y en ella fueron ajusticiados numerosos presos políticos, especialmente durante la ocupación napoleónica y durante el gobierno absolutista de Fernando VII. Entre 1828 y 1830, el capitán general Carlos de España inició una brutal represión contra los liberales, con cientos de ejecuciones y miles de encarcelamientos, generalmente sin juicio ni pruebas. En 1836, las noticias llegadas a la ciudad de los excesos cometidos por los carlistas condujeron a la multitud a asaltar la cárcel de la Ciudadela y matar a unos cien carlistas prisioneros de guerra.

miniatura|Edificios de la fortaleza de la Ciudadela en 1870, en pleno proceso de derribo

En 1841, la Junta de Vigilancia constituida en la ciudad tras el acceso al poder del general Espartero inició el derribo de la fortaleza, pero el fracaso del golpe antiesparterista de O'Donnell en Pamplona paró la iniciativa y el Ayuntamiento fue obligado a reconstruir las partes derribadas, unas obras que se prolongaron hasta 1850.

miniatura|izquierda|250px|Derribo de la torre de San Juan (1868)

Con todo, a principios del se realizaron en torno a la Ciudadela diversas mejoras urbanísticas, como la apertura del paseo de la Explanada (1797), una amplia avenida jalonada de álamos y olmos y decorada con fuentes ornamentales, que durante un tiempo fue el principal espacio verde de la ciudad, desaparecido durante las obras de urbanización del parque de la Ciudadela; o la instalación en 1816 del jardín del General, el primer jardín público de la ciudad, una iniciativa del capitán general Francisco Javier Castaños, con una extensión de , desaparecido en 1877 también durante la urbanización del parque.

En 1854 se derribaron las murallas medievales de la ciudad, aunque tal circunstancia no afectó a la fortaleza. El derribo de las murallas propició el Ensanche, que se canalizó con un proyecto de Ildefons Cerdà elaborado en 1859: el Plan Cerdà instituía un trazado ortogonal entre Montjuic y el Besós, con un sistema de calles rectilíneas que delimitaban una serie de manzanas de planta octogonal. En el trazado de Cerdà, la Ciudadela estaba ocupada por manzanas de viviendas, excepto la parte septentrional, donde ubicaba un parque y un centro de servicios; por otro lado, este sector habría estado partido por la avenida Meridiana. Sin embargo, esta parte del plan no llegó a realizarse.

Finalmente, con el estallido de la Revolución de 1868 se abrió el camino para la demolición de la Ciudadela: el 12 de diciembre de 1869, el gobierno del general Prim aprobó el decreto que cedía la fortaleza a la ciudad con la condición de que el terreno fuese destinado a un jardín público y el Ayuntamiento se hiciese cargo del coste de la demolición. Se comenzó con el derribo de la torre de San Juan, la prisión militar situada en la plaza de armas de la Ciudadela. De la fortaleza original quedaron solo la capilla —actual iglesia castrense—, el palacio del gobernador —hoy en día un instituto de educación secundaria, el IES Verdaguer— y el arsenal —actual sede del Parlamento de Cataluña—. Las obras de derribo corrieron a cargo del arquitecto municipal Antonio Rovira y Trías.

Proyecto del parque miniatura|Proyecto de Josep Fontserè (1871)

Ante la perspectiva del derribo de la Ciudadela creada tras la revolución de 1868, surgieron ya algunos anteproyectos de arquitectos y maestros de obras que ofrecieron sus propuestas al Ayuntamiento: ese fue el caso de Miquel Garriga (15 de octubre de 1868, 17 de noviembre de 1868 y 29 de septiembre de 1871), Josep Fontserè (19 de octubre de 1868) y Ermengol Támaro (27 de febrero de 1869). Todos ellos compartían la idea de una gran zona de ocio combinada con la construcción de un palacio de exposiciones, en la línea del construido en 1860 en el Campo de Marte —una explanada frente a la Ciudadela— para la visita de la reina Isabel II.

Para el proyecto del parque la comisión del Ayuntamiento que dirigía la reconversión de la Ciudadela, presidida por Francesc de Paula Rius i Taulet, convocó un concurso público en 1871. El jurado estaba formado mayoritariamente por políticos y la ambigüedad de las bases y el hecho de que estuviese abierto a cualquier persona, fuese arquitecto o no, generó confusión entre los participantes. Por otro lado, la obtención del premio no comportaba la adjudicación de las obras.

miniatura|izquierda|250px|Vista aérea del parque de la Ciudadela, según el proyecto original de Josep Fontserè

El 19 de marzo de 1872, el concurso se declaró desierto y se concedió un primer accésit al proyecto presentado por Josep Fontserè bajo el lema «los jardines son a las ciudades lo que los pulmones al cuerpo humano». Hubo sospechas de que la adjudicación fue realizada a dedo y la polémica se acrecentó porque Fontserè no era arquitecto, sino maestro de obras, por lo que no podía realizar obras públicas, monumentales o religiosas. También se otorgó una segunda mención al proyecto de un arquitecto milanés, Carlo Maciachini, quien esbozó un proyecto más académico y estético, pero inconexo con la trama urbana de Barcelona, seguramente por desconocimiento de la misma.

Fontserè proyectó unos amplios jardines para esparcimiento de los ciudadanos, inspirado en jardines europeos como los de William Rent en Inglaterra, André Le Nôtre en Francia o las villas de recreo de Roma y Florencia. Junto con la zona verde proyectó una plaza central con un palacio de exposiciones, un paseo de circunvalación, una fuente monumental y diversos elementos ornamentales, dos lagos y una zona de bosque, además de diversos edificios auxiliares e infraestructuras, como un mercado (el del Borne), un matadero, un depósito de agua (actual Biblioteca de la Universidad Pompeu Fabra), un puente de hierro sobre las líneas de ferrocarril y varias casetas de servicios.

miniatura|250px|Proyecto de parque de la Ciudadela de Carlo Maciachini (1871)