thumb|250px|Mapa de la bahía de Algeciras donde se indican las posiciones de los fuertes y baterías españoles y británicos.

El sitio de Gibraltar de 1779 o Gran asedio de Gibraltar (en inglés: Great Siege of Gibraltar), el tercero llevado a cabo por España desde la pérdida de la ciudad para tomar el territorio británico de ultramar, fue la campaña más importante que se realizó en la zona durante el y tuvo como antecedentes los asedios de 1704 y 1727. Durante casi cuatro años de bloqueo naval, bombardeos y la novedosa utilización de las llamadas baterías flotantes, el Imperio británico fue capaz de resistir la última acción militar española sobre Gibraltar.

Antecedentes El tercer sitio a Gibraltar por parte de España tuvo como antecedente diferencias en el tráfico de mercancías entre Europa y América. Ya en 1738 surgieron las primeras disputas entre España y Gran Bretaña: a instancias de la primera se intentó celebrar una convención en el Palacio Real de El Pardo, en enero del año 1739, pero el Parlamento Británico no aceptó la mediación de su ministro Robert Walpole, partidario de llegar a acuerdos con España. Poco después tendría lugar la Guerra del Asiento, la cual hizo que ambos países se declarasen la guerra el 23 de octubre de 1739 y comenzaran los primeros planes para formar trincheras frente a Gibraltar, motivo siempre de disputas entre ellos. Viendo estos primeros movimientos, Gran Bretaña mandó al vicealmirante Vernon que zarpara desde Portobelo y reforzara la escuadra del almirante Haddock que se encontraba ya en la bahía de Algeciras.

Sin embargo, los años pasaban y no llegaban a romperse las hostilidades en la zona. El 9 de julio de 1746 moría en Madrid el rey Felipe V. Su sucesor, Fernando VI, comenzó pronto las negociaciones con Gran Bretaña para llegar a acuerdos sobre el comercio. El parlamento británico también deseaba el fin de las hostilidades e incluso se veía con buenos ojos anular el acta que prohibía el comercio con España y se llegó a plantear la posibilidad de ceder la plaza de Gibraltar a España. La conferencia que se celebró en Aquisgrán el 18 de octubre de 1748 acabó con la firma del Tratado de Aquisgrán entre España, Francia, Austria y las potencias marítimas pero no con las beligerancias entre España y Gran Bretaña. Este sistema de neutralidad adoptado por Fernando VI acabó con su muerte en 1759. El nuevo rey, Carlos III, firmó en 1761 un pacto de familia con el rey de Francia Luis XV. Gran Bretaña reaccionó declarando la guerra a España, que causó grandes pérdidas en su comercio marítimo, y tomando las ciudades de Manila y La Habana. Dos años después, una vez terminadas las hostilidades, España las recuperó a cambio de sus posesiones en La Florida. Unos años más tarde, en 1779, mediante el tratado de Aranjuez se aseguraba Carlos III la alianza con Francia frente al Reino Unido debido a sus comunes intereses en América y a los agravios que ambas naciones decían sufrir por parte de Gran Bretaña; en virtud de dicho tratado ambas naciones actuarían conjuntamente para la recuperación de Gibraltar, Menorca y diversas plazas españolas en América. Ese mismo año se declaraba la guerra contra Gran Bretaña.

El Gran Sitio de Gibraltar thumb|250px|Defensas de Gibraltar. thumb|250px|Línea de Contravalación. El 21 de junio de 1779 fue cerrada por parte española la frontera con Gibraltar al tiempo que se mandó constituir en la ciudad un consejo de guerra encabezado por el gobernador de Gibraltar George Eliott. En la parte española el bloqueo fue dirigido por Martín Álvarez de Sotomayor. Las fuerzas terrestres españolas estaban compuestas por dos batallones de guardias españoles, dos valonas, mil artilleros y doce escuadrones de caballería: unos 13000 efectivos. La artillería estaba al mando de Rudesindo Tilly, mientras que la caballería y los dragones franceses serían comandados por el marqués de Arellano. Las fuerzas marítimas que debían realizar acciones de bloqueo de suministros en la bahía estaban a las órdenes de Antonio Barceló, que tenía su base establecida en Algeciras y estaba al mando de una flota de varios jabeques y lanchas cañoneras. Una flota de once navíos y dos fragatas se situó en el Golfo de Cádiz al mando de Luis de Córdova con el objetivo de impedir el paso de refuerzos británicos. Desde los primeros días del asedio se comenzaron a reconstruir las antiguas baterías del istmo que vendrían a completar las ya creadas en los años treinta bajo la supervisión del marqués de Verboom. Estas obras, parte de un ambicioso proyecto de fortificación llevado a cabo en toda la bahía de Algeciras, fortificaban especialmente la zona del istmo en la llamada Línea de Contravalación de Gibraltar mientras el resto del litoral estaba reforzado por gran número de fuertes y baterías que eran capaces de cruzar fuego contra un único enemigo. La construcción de estos fuertes y baterías artilladas había comenzado en 1729, siendo objeto de quejas por parte de las autoridades gibraltareñas durante los años siguientes. En octubre llegaron a la zona 20 000 hombres para engrosar las filas españolas que se asentarían en una zona especialmente preparada para ello y aún hoy denominada Campamento, en los alrededores del fuerte de Punta Mala. La artillería se situaría en la zona de la Tunara, junto a la batería del mismo nombre y más cerca de la frontera.

El gobernador de Gibraltar, sir George Eliott, tenía a su disposición 5382 hombres y el almirante Robert Duff una flota de un navío, tres fragatas y una goleta. La ciudad rompió fuego contra los trabajos de reparación de fuertes el 12 de septiembre desde las baterías de Green’s Lodge, Wills’s y Queen Charlotte cercanas a los sitiadores. El fuego español no se hizo esperar y pronto las baterías del istmo abrieron fuego contra las situadas en las faldas del peñón.

La principal baza para la toma de la ciudad no era, sin embargo, la acción de la artillería y el asalto directo; este tipo de acciones ya habían demostrado ser insuficientes en los anteriores asedios de 1704 y de 1727. Debía ser fundamental el bloqueo de suministros a la ciudad, ya que en los anteriores sitios se había puesto de manifiesto que mientras la ciudad tuviese víveres resistiría la acción armada. De este modo, durante las primeras semanas la flota de Juan de Lángara y Huarte situada en las proximidades del Estrecho conseguía evitar la llegada de ayuda a Gibraltar, de modo que al cabo de unos meses la situación dentro de la ciudad comenzaba a ser desesperada al escasear los alimentos. Desde la ciudad el consejo de guerra había garantizado, tan pronto como se conoció el cierre de la frontera, contactos con el reino de Marruecos con el objetivo de recibir los suministros necesarios desde los cercanos puertos norteafricanos.

Infructuosas negociaciones thumb|left|Lord North, primer ministro británico desde 1770 hasta 1782. En octubre de 1779 se iniciaron negociaciones entre los gobiernos español y británico con el fin de poner fin a las desavenencias existentes entre ambos y que en aquellos momentos, recién iniciada la guerra de independencia de los Estados Unidos, no beneficiaban en nada a los británicos. A través del comodoro Johnstone se mandaron comunicaciones al conde de Floridablanca para que supiera el gobierno español que Lord North, primer ministro del Reino Unido, estaba dispuesto a negociar con la ciudad de Gibraltar para lograr una tregua. A partir del 29 de diciembre de 1779 se celebraron reuniones entre Floridablanca y el clérigo irlandés Hussey. Al regreso de este a Londres, se acordó que sólo existiría cesión si España aceptaba ceder a Gran Bretaña las islas de Puerto Rico, la fortaleza de Omoa, un puerto y una extensión de terreno suficiente en la bahía de Orán, además de la compra de las unidades de artillería existentes en Gibraltar y una compensación por los gastos de fortificación que se habían llevado a cabo en la ciudad. Estos puntos preliminares fueron comunicados a los ministros británicos, rechazándose firmemente la cesión de la ciudad bajo cualquier término y poniéndose en duda la capacidad del comodoro Johnstone para intermediar entre los dos países. Al ser comunicados los resultados de las deliberaciones al ministro español se acordó continuarlas dejando aparte el tema de Gibraltar. Las nuevas pretensiones británicas serían a partir de este momento que España rompiese sus lazos de amistad con Francia. Estos términos, sin embargo, serían totalmente rechazados por Floridablanca.

El aprovisionamiento de Gibraltar thumb|right|La batalla del Cabo de San Vicente de 1780, la primera de las acontecidas en el lugar según la historiografía. The Moonlight Battle off Cape St Vincent, 16 January 1780, obra de Richard Paton (1717-1791). En la ciudad el hambre comenzaba a hacer mella en los sitiados, mientras las autoridades gibraltareñas esperaban la llegada del Almirante George Brydges Rodney que había zarpado a principios de 1780 desde Londres con la orden de hacer puerto en la ciudad a toda costa. Escaseaba el pan y los alimentos, mientras que los artículos de primera necesidad adquirían por estas fechas precios desorbitados. Aunque diversos barcos habían podido llevar alimento a la ciudad desde Marruecos, muchos gibraltareños empezaban a acusar los efectos de una alimentación deficiente.

El 16 de enero la flota que debía aprovisionar a la ciudad sitiada, compuesta por 21 navíos de línea, avistó a la flota de once barcos que, al mando de Lángara, estaba apostada en las proximidades del cabo de San Vicente impidiendo el paso de barcos británicos. El español no fue capaz de advertir la gran cantidad de barcos que se le acercaban debido a la niebla que en esos momentos invadía la zona; cuando por fin pudo constatar la superioridad de los ingleses, Lángara optó por regresar a Cádiz antes de hacer frente al enemigo. Los barcos británicos emprendieron la persecución de Lángara convencidos de la ventaja que poseían. A las cuatro de la tarde de ese 16 de enero, ambas flotas entraban en combate a pesar de que la de Rodney casi doblaba en número a la de Lángara. Tras una hora de lucha el navío español Santo Domingo fue incendiado, muriendo todos sus ocupantes. La escuadra española puso dirección a Cádiz, siendo perseguida e interceptada. Poco después el navío del almirante, el Fénix, se vio rodeado hasta por cinco barcos británicos y, herido el capitán por una bala en su oído izquierdo, perdido el palo de mesana y haciendo agua, se rindió. Después de haber capturado cinco barcos españoles, el almirante Rodney llegaba a Gibraltar el 18 de enero con los víveres. Tras dejar varios barcos en la zona, marchó con el grueso de su flota a Marbella, abandonando las aguas de la bahía y tomando la ventaja del mar abierto ante la posible llegada de la flota española de Cádiz. thumb|250px|Perspectiva de Gibraltar el 1 de noviembre de 1779. Tras las inútiles negociaciones de 1779, las acciones bélicas contra la ciudad sitiada aumentaron a partir de mediados del año 1780. Los barcos de provisiones continuaban llegando al puerto de Gibraltar e informaban al mando sobre los movimientos de la escuadra española en los alrededores de la bahía de Algeciras. Los trabajos en las trincheras y el fuego inglés eran ya una constante en el sitio, como había ocurrido en los anteriores. Los buques estacionados en el muelle norte hacían fuego constantemente contra los fuertes españoles, por lo que Barceló mandó varias lanchas cañoneras durante la noche con el objetivo de incendiar los barcos ingleses. Alertadas por el buque Enterprise, las lanchas británicas salieron en persecución de las cañoneras españolas, que hubieron de refugiarse en Algeciras al amparo del fuerte de Isla Verde. Durante todo ese año se sucederían las escaramuzas entre las dos fuerzas. El intenso cañoneo que caracterizó los primeros años del sitio obligaba también a refugiarse a gran parte de la población civil de Gibraltar en Punta Europa, lejos de la zona batida por las baterías españolas.