thumb|400px|right|Vista general de las minas de Montevecchio. La historia de la explotación minera en Cerdeña (Italia) se remonta a tiempos muy remotos, en torno al sexto milenio antes de Cristo.LAURENT-JACQUES COSTA, L'obsidienne, un marqueur d'echanges en Méditerranée préhistorique, Ediciones Errance, París 2007.

Los mercaderes y conquistadores frecuentaban las costas de la isla atraídos por las riquezas del subsuelo de Cerdeña.Página web de Euro-Export: Estudio. Testimonio del antiguo trabajo de los metales son también numerosos topónimos relacionados con la actividad extractora: Argentiera, Montiferru, Funtana Raminosa, Capo Ferrato, por mencionar solo algunos ejemplos.Según Eugenio Marchese -quien fuera director del distrito minero de Cerdeña-, el mismo término Gennargentu (puerta de plata) se remonta al recuerdo de una antigua elaboración de ese metal junto al pueblo de Talana. Sin embargo, la justa denominación en lengua sarda es Jenna 'e bentu (que se pronuncia: jenn'e entu). Nombre que significa Puerta del viento. La plata en sardo se dice pratta, de ahí Jenna 'e Pratta.

Prehistoria

miniaturadeimagen|Vista del golfo de Oristano desde el monte Arci La larga historia minera de Cerdeña comenzó casi con toda seguridad en torno al sexto milenio antes de Cristo con la actividad de extracción de obsidiana, en las cimas del Monte Arci, en la parte centro-oriental de la isla. El monte Arci fue uno de los más importantes centros mediterráneos de extracción y trabajo de este vidrio volcánico. De hecho, se han localizado al menos 70 centros de trabajos y cerca de 160 asentamientos estables o temporales desde donde la obsidiana era exportada hacia Francia meridional e Italia septentrional.

En torno al tercer milenio antes de Cristo, probablemente importados de la cuenca oriental del Mediterráneo, llegaron y se difundieron también en Cerdeña los conocimientos metalúrgicos, que alcanzaron durante la civilización nurágica un elevado nivel técnico.

Al mismo tiempo se desarrolló también la técnica minera, lo que permitió la extracción de cantidades crecientes de minerales y de metales. La posición geográfica de la isla y su patrimonio minero, atrajeron entre el DAYTON J. E, Sardinia, the Sherden and Bronze Age Trade Routes, Annali. Istituto Orientale di Napoli, Roma, 1984, vol. 44, no3, pp. 353-371. y el VIII a. C. a los mercaderes fenicios a quienes, hacia la mitad del , se unieron los cartagineses. Fenicios y cartagineses aprovecharon intensamente las riquezas minerales, sobre todo en Iglesiente, donde se encontraron restos de excavaciones y escoria de fusión atribuibles a este período.

Una intensa actividad metalúrgica, sea extractora o de fusión, está atestiguada desde el punto de vista arqueológico, junto a los ricos yacimientos metalíferos de Sarrabus, constituidos por minerales compuestos de óxidos y sulfuros de hierro, cobre y plomo.

Época romana thumb|250px|La región de Santadi, en la provincia de Cerdeña del Sur. En el año 238 a. C. se inició en Cerdeña la época de la dominación romana. De hecho, Cartago, tras la derrota sufrida en la primera guerra púnica y la rebelión de los mercenarios que vivían en la isla, fue obligada a ceder formalmente la Isla a Roma. En el año 226 a. C. le fue concedido el estatuto de provincia romana como parte de Corsica et Sardinia.

Bajo los romanos, la actividad minera creció intensamente, sobre todo en los yacimientos de plomo y de plata. Desde el 269 a. C. la república había adoptado la plata como base monetaria, mientras que el plomo era usado en diversos campos de la vida civil. Cerdeña, tras Hispania y Bretaña, constituía la tercera región, entre los dominios de Roma, por cantidad de metales producidos. La producción mineral durante todo el período de la dominación romana ha sido valorada en alrededor de 600.000 toneladas de plomo y mil toneladas de plata. La actividad extractora de los romanos no se limitó solo a la cuenca de Iglesiente; de hecho, conocieron y seguramente aprovecharon los yacimientos de plata de Sarrabus, a la que quizás se refería el geógrafo Solino al escribir:

Los sistemas de cultivo de las minas en época romana consistían en la excavación de pozos verticales profundos incluso de más de 100 metros; los trabajos se realizaban con utensilios manuales y fuego para separar la roca. Todo era realizado por mineros libres, llamados metallari y desde el año 190 a. C. también por esclavos o prisionerosPAUL CHRISTOPHE, L'Eglise dans l'histoire des hommes, 1983, p.69. Este autor toma el ejemplo de Ponciano y de Hipólito que habían sido enviados a las minas de Cerdeña durante la persecución de Maximino el Tracio. llamados damnati ad effodienda metalla.

En el año 369, el emperador Valentiniano I decretó que cada navío que atracase en Cerdeña debía pagar un dacio de cinco sueldos por cada metallaro que transportase. Sucesivamente los emperadores Graciano, Valente y Valentiniano II prohibieron totalmente a los metallari que se transfirieran a la isla. Se cree que estas medidas fueron tomadas porque la extraordinaria riqueza de los yacimientos de Cerdeña podría dañar las minas de plata ibéricas que eran de propiedad imperial.

En la época romana tardía, la producción minera sarda disminuyó considerablemente; la actividad se mantuvo en algunos pocos yacimientos con el fin de satisfacer las limitadas necesidades del mercado de la isla, pero muchos fueron abandonados y algunos de ellos, como los del Sarrabus, quedaron en el olvido.

Edad Media Tras la caída del Imperio Romano de Occidente, Cerdeña ya no quedó directamente bajo la influencia de la península itálica. Tras un breve paréntesis debido a la ocupación vandálica, la isla cayó bajo el dominio del imperio bizantino.

Fue bajo este dominio que la producción minera y la actividad metalúrgica registraron un cierto renacer y la plata volvió a ser uno de los principales productos de exportación de la isla, aunque alrededor del año 700 el tráfico comercial en el Mar Mediterráneo se volvió peligroso debido a los ataques de los sarracenos.PIETRO MARTINI, Storia delle invasioni degli Arabi e delle piraterie dei barbeschi in Sardegna, pág. 60. Para Cerdeña los ataques continuos de los árabes a lo largo de las costas constituyó, por un largo período, un peligro constante, que provocó el despoblamiento de vastas áreas y el traslado de la población hacia áreas al interior de la isla. thumb|250px|Los “giudicati” sardos. Cada vez más aislada del centro del imperio bizantino, Cerdeña obtuvo en este período –y por primera vez en su historia– una autonomía real político administrativa. La isla se organizó en cuatro reinos soberanos e independientes: los así llamados, Giudicati de Cagliari, Arborea, Torres y Gallura.

De la historia minera del período “giudicale” (expresión usada en relación con los giudicati) no existen más que algunos pocos documentos. Sin embargo, resulta lícito pensar que la actividad extractora no se abandonó nunca del todo. En 1131 el juez Gonario di Torres donó la mitad de la Argentiera della Nurra a la iglesia primada de Santa María de Pisa, como testimonio por las relaciones políticas cada vez más estrechas entre los débiles estados sardos y el municipio toscano.

A inicios del , bajo el auspicio de la corte papal, entonces regida por Benedicto XIII, las repúblicas de Génova y de Pisa habían intervenido contra el emir musulmán Mujāhid al-Āmirī que se había adueñado de algunas áreas de la isla, que competían por el predominio sobre los débiles estados “giudicali”. El enfrentamiento se resolvió a favor de Pisa: la paz de 1087 entre genoveses y pisanos llevó -durante el período inmediatamente precedente a la conquista aragonesa- al predominio de Pisa sobre toda Cerdeña.

Desde el punto de vista de la historia minera, el período pisano resulta mucho más documentado. La familia pisana de los condes de Donoratico, con Ugolino della Gherardesca, dio nuevo impulso a la actividad extractora en sus dominios en Cerdeña,MORI DE ALBERTO – BENITO SPANO, I porti della Sardegna, Editorial Harbors, Nápoles 1953, pág. 163. y en el actual Iglesiente. Ugolino operó en un territorio de alrededor de 500 kilómetros cuadrados, denominado Argentaria del Sigerro por los minerales de plaza de su subsuelo. Favoreció además el traslado hacia la isla de talleres toscanos, expertos en el trabajo minero, e intentó repoblar todos sus dominios. El principal resultado de la política demográfica de los Donoratico fue el surgimiento y desarrollo del centro Villa di Chiesa, la actual Iglesias.

En la zona de Iglesiente, los pisanos retomaron los trabajos abandonados por los romanos abriendo numerosas fosas y sacando de nuevo a la luz los antiguos filones. La intensa actividad extractora, así como la vida política, económica y social, fueron normadas a través de una serie de leyes, reunidas en un código subdividido en cuatro libros conocido con el nombre de Breve di Villa di Chiesa.PHILIPPE BRAUNSTEIN, Travail et entrepise au Moyen Âge, De Boeck Université, 2003, ISBN 2-8041-4377-5, pág. 151. En este código la reglamentación de la actividad minera, sobre todo la extracción de la plata, reviste un rol de importancia primordial. Los delitos contra la actividad extractora eran castigados severamente: la pena de muerte estaba prevista para quienes robasen plata o mineral argénteo pero también para quienes extrayesen plata de mineral robado.

En el territorio de Argentiera cualquier persona podía emprender la actividad extractora; no era raro que con tal objeto se constituyeran compañías cuyos participantes (parsonavili) poseían cuotas (trente) de la sociedad. Algunos socios de estas compañías llamados bistanti se limitaban a anticipar el capital necesario.

Los trabajos se desarrollaron a través de la excavación de fosas, y aumentaron en profundidad mediante pozos y galerías. Se ahondaba en el filón del mineral, de tal manera que la extensión de los trabajos era más bien limitada. Para atacar la masa rocosa se usaban picas, cuñas y otros utensilios manuales; cuando se requería se usaba el fuego para disgregar las piedras más duras. La semana de trabajo se iniciaba a mediodía del lunes y terminaba a mediodía del sábado. Los obreros trabajaban durante 12 horas al día y durante la semana no podían abandonar el trabajo. En la estación veraniega los trabajos se suspendían a causa de lo insalubre del clima, ya que las áreas costeras eran atacadas por la malaria.

Se ha calculado que las minas sardas han proporcionado a Pisa cerca de 15 toneladas anuales de plata en el período que va desde fines del hasta inicios del . En el período de máximo esplendor, las minas alrededor de la Villa di Chiesa llegaron a ocupar a 6500 obreros.

Alrededor de 1326 Pisa perdió sus dominios en Cerdeña en favor de la Corona de Aragón. La pérdida de la isla, pero sobre todo de la plata que recibía de allí, representó el inicio de la decadencia de la ciudad toscana bajo la presión en el continente de sus rivales Lucca y Florencia. La Corona aragonesa se arrogó los derechos inherentes al uso de los yacimientos de plata con el fin de evitar que se desencadenaran disputas entre los nobles aragoneses para explotar las riquezas minerales de la zona.

El nivel de actividad extractora en este período se redujo notablemente si se compara con el del dominio pisano.