thumb|Un jinete confiado, rodeado por pájaros de buen augurio, al que se aproxima una Niké llevando laureles de victoria en este kílix laconio de figuras negras, h. 550–530 a. C.

Un auspicio (del latín: «Avís», ave, y el verbo «spicio», ver, mirar; auspiciumauspice - definición de auspice (auspicio en inglés) en el Free Online Dictionary, Thesaurus and Encyclopediade auspex, literalmente «el que mira a los pájaros», plural. auspicia)auspic-, auspec- + (Latín: mirar, observar para hacer una predicción; ver augurios; de auspex [forma genitiva auspicis] avi-, raíz de avis, «pájaro» más -spex, «observador», de specere) es un tipo de augurio, una práctica de la religión grecorromana consistente en observar el comportamiento de las aves para recibir presagios. Los sacerdotes que practicaban esta forma de adivinación eran llamados augures.

La práctica era ya familiar en tiempos del rey de Alasiya, en Chipre quien, en las cartas de Amarna () tiene necesidad de que se le envíe un «adivino de águilas» desde Egipto.J.A. Knudtzon, Die El-Amarna Tafeln (1915:no. 35.26) anotado en Walter Burkert, The Orientalizing Revolution: Near Eastern Influences on Greek Culture in the Early Archaic Age (1992), p 42. La práctica primera, autóctona, de adivinar por signos de las aves, es familiar en la figura de Calcas, el adivino a través de las aves de Agamenón, quien había guiado al ejército (Ilíada I.69) y fue ampliamente reemplazado por la adivinación a través de la inspección del hígado de la víctima sacrificada — arúspices— durante el período orientalizante. «Por Platón sabemos que la hepatoscopia gozó de mayor prestigio que el augurio por las aves».Walter Burkert 1992:49, anotando el Fedro de Platón 244C.

En la antigua Roma, los auspicios eran signos de los dioses, interpretados por un augur. Los augures celebraban una ceremonia (conocida como «tomar los auspicios») y leían o interpretaban las pautas de las aves en el cielo. Dependiendo del ave, los auspicios de los dioses podían ser favorables o desfavorables (auspiciosos o inauspiciosos, de buen augurio o de mal augurio). A veces, sobornados o por motivos políticos, los augures fabricarían auspicios desfavorables para retardar ciertas funciones estatales, como las elecciones.Plinio el Viejo atribuye la invención del auspicio a Tiresias, el vidente de Tebas.Plinio el Viejo, Naturalis Historia 7.203.3

Uno de los más famosos auspicios es el que se relaciona con la fundación de Roma. Cuando los fundadores de Roma, Rómulo y Remo, llegaron al Palatino, discutieron sobre dónde querían exactamente alzar la ciudad, en el estratégico y fácilmente fortificable Aventino. Los dos estuvieron de acuerdo en decidir la discusión probando sus habilidades como augures y por el deseo de los dioses. Cada uno se sentó en el suelo, separados entre sí y, según Plutarco, Remo vio seis buitres, mientras que Rómulo vio doce.

Según Juan Bautista Carrasco,Juan Bautista Carrasco, Mitología universal, historia y explicación de las ideas religiosas y teológicas de todos los siglos, de los dioses de la India, el Tíbet, la China, el Asia, el Egipto, la Grecia y el mundo romano, de las divinidades de los pueblos eslavos, escandinavos y germanos... 1865. los adivinos ceñían su cabeza con coronas de laurel, porque este árbol estaba consagrado a Apolo, y además llevaban un ramo de lo mismo en la mano, a veces masticaban sus hojas, su alimento ordinario eran las partes principales de los animales proféticos; las cabezas de los cuervos, buitres. En el Pritaneo de Atenas se sostenía a los adivinos a expensas del Tesoro público.

Los parajes en que funcionaban los adivinos se nombraban Entheus, Entheatus y Thalamos en Grecia, así como Fanum, en Roma, era el sitio destinado para rendir los oráculos. Entre los Romanos, además de los fanáticos y fatuarios, los auspices, augures, arúspices, extispices y fulguratores, eran los principales ministros que profesaban la ciencia adivinatoria, reducida especialmente a los auspicios llamados después augurios y también a la aruspicina, de la cual se sacaban igualmente los presagios.

Plinio el Joven atribuye la invención del auspicio a Tiresias, famoso adivino natural de Tebas, modelo genérico de un vidente en la cultura literaria grecorromana y primer nombre que en un principio llevaron los augures. Por auspicare, esto es, ab aviuin aspecto o avispicium voz derivada de inspicere es decir mirar, se entendió en los primeros tiempos mirar, consultar y predecir sobre el vuelo de las aves. Algunos autores han confundido la ciencia auspicina con la augural, que es la Menachesh, que la Escritura dice, profesaban los Caldeos como arte particular que aprendieron los Griegos, y estos comunicaron a los Etruscos y de estos se trasmitió a los Latinos, en cuyo país mereció gran consideración en tiempo de Ascanio (hacia 60 a. C.), cuando este príncipe al observar hacia el lado izquierdo de su campamento, que brillaba el relámpago, dio una encarnizada batalla a Mexencio, tirano de los Tyrrhenios, en la cual este fue derrotado completamente.

El uso de los auspicios en los romanos data de Rómulo, porque es sabido que este príncipe los consultó antes de poner los cimientos de Roma, y que por una ley prohibió expresamente a todos los funcionarios que admitieran ningún cargo o empleo público, incluso la misma dignidad real, sin haber antes obtenido los auspicios favorables. Esta práctica adivinatoria fue observada con la mayor escrupulosidad en tiempo de Tarquinio Prisco (133 de Roma – 578 a. C.), a causa de la superchería atribuida al célebre Accio Nevio, de haber partido una piedra con una navaja de afeitar: de modo que para la creación de los magistrados, declarar y emprender la guerra o la celebración de los comicios, era indispensable que le precedieran los auspicios. Esta ley de Rómulo dictada por la política, con el designio de erigirse en árbitro para declarar buenos o malos los presagios, porque en sí arrogó el carácter y las funciones de augur, fue observada estrictamente en tiempo de la República romana, hasta que los tribunos, logrando entrar en la participación y libre ejercicio de los cargos y dignidades que servían los patricios, privó a estos de uno de los varios resortes que empleaban para saciar su ambición.

Los auspicios siempre necesarios para todos los negocios públicos y privados, incluso para la celebración del matrimonio, como dice Cicerón, sufrieron modificaciones conforme los objetos y maneras en que se practicaban.

Tipos de auspicios Ex acuminibus, era el auspicio que se sacaba por el giro que hacia la punta de los dardos, flechas y picas lanzados por el aire, indicando el feliz o funesto resultado de una batalla. Juge, se entendía funesto cuando dos animales uncidos chocaban entre sí. Liquidum, el auspicio que se tomaba cuando el cielo se veía claro y despejado. Pedestre, el sacado de los cuadrúpedos. Piaculare, funestísimo , porque la víctima o había huido del altar o hubía mugido después de estar herida o finalmente, había caído de distinta manera de la que convenía.

Los auspicios, por último, se practicaban en el campo, y por lo que se ha indicar, se observa que ampliados aquellos en mayor escala cedieron su nombre a los augurios o ciencia augural, esto es, avium gairilu(f)esto, por el canto de las aves o ramas de los árboles sobre las que posaban, abrazando además su vuelo, su manera de comer y beber y el modo con que salían de la nasa: esta misma ciencia comprendía en general, no solo todos los fenómenos extraordinarios que se observaban en el cielo y en la tierra, sino también los accidentes imprevistos de la vida del hombre.

Los griegos y los romanos procedían en sentido inverso en el modo de tomar los augurios: los griegos volviéndose al N. (Norte) tenían el E. (Oriente) a su derecha: pero los romanos como mirasen al S. (Mediodía) dejaban el E. a su izquierda: no obstante, el resultado era el mismo para significar el presagio favorable o triste: por lo tanto el E., prescindiendo del lado que se miraba, era presagio favorable.

Auguraculum según Festo, Arx, Templum, Tabernaculum, fueron los nombres que se conocían como sitio elevado que escogían los augures para hacer sus observaciones; este paraje estaba situado dentro de la población, y como no era permitido tomar augurios fuera de ella, Varrón los llama urbana auspicia, aunque terminaba la ceremonia en el Pomaerium (pome, junto, inmediato; moeri, pomerio) espacio que comprendía parte de los muros de dentro y fuera de la población. Aulo Gelio habla de este paraje y dice que el Pomaerium más antiguo de los Romanos y que hubo señalado Rómulo, estaba al pie del monte Palatino. Con posterioridad, por los tiempos de Servio Tulio en que se extendieron los muros de Roma, se llevaron más allá los límites del Pomaerium. Iguales mudanzas sufrió, según Tácito, en las épocas de los emperadores Augusto, Nerón, Trajano y Marco Aurelio, aunque se ignora el paraje fijo en donde le situaron.

thumb|left|310px|Grabado del donde se muestra al augur tomando los auspicios en la entronización del rey romano Numa Pompilio. El augur, vestido con la toga auguralis o trabea, indicaba que iba a ejercer su ministerio y para hacer sus observaciones subía al punto más alto del auguraculum: entonces se volvía de la parte de Oriente, señalaba con el lituus o bastón augural el templum una parte del cielo, en cuyo instante profería las palabras partiri telzn el tabernaculum capere y de este modo dividía el cielo en cuatro partes, se ofrecían sacrificios a los dioses cubriéndose la cabeza con sus vestiduras, verificado lo cual, el augur por el sedere augurem, ocupaba su asiento y se ponía a observar con todo cuidado las aves que aparecían, la manera como volaban, sus cantos y hacia qué lado de la parte llamada templum se encontraban.

Como la elección del auguraculum se reputaba por una de las ceremonias más importantes, con especialidad en el caso de elegirse magistrados, era suficiente que el augur dijera tabenaculum captum, esto es, este paraje no se ha elegido con todas las solemnidades indispensables, para que quedaran anulados todos los actos de los comicios.

Al proseguir la ceremonia si decía annuntiare, era buen presagio; así como obnuntiare se entendía en sentido contrario: estas frases, que proferían los augures a su capricho, conforme a sus intereses o a las miras particulares de los magistrados, por los asuntos que habían de consultar al pueblo, daban por lo común el resultado a los congregados en el día prefijado, porque el augur hacía saber al pueblo que su reunión se había prorrogado para otro día ya que en el día señalado los presagios se presentaban funestos. Las voces augurales obnuntiare u obnuntiatio estuvieron en vigor hasta que conocidos los abusos de los augures, fueron abolidos por el tribuno P. Clodius (695 de Roma - 659 a. C.) y se prohibió tornar los auspicios y observar el cielo cuando llegase la época de celebrar los Comicios y estuvieran congregados para tratar los asuntos públicos.

Se ha dicho que la parte de Oriente era signo favorable, pero no bastaba que este se presentara una sola vez, era indispensable, como dice Virgilio, su confirmación en segunda prueba, que practicaba el augur inmediatamente, escogiendo la noche con el mismo propósito para esta operación. Eran auspicios:

La entrada en una casa de uno o varios animales domesticados o silvestres. Los animales que de repente se presentaban a un viajero en el camino. El rayo, incendio de una casa o de otro objeto cualquiera. Un ratón que royera unos muebles, un lobo que se llevara una oveja, una zorra que se comiera un pollo u otros accidentes de este género. Un ruido que se percibiera en la casa y se creyese proviniera de algún espíritu imaginario o duende. Un ave que cayese sobre el camino y se dejara coger, un búho o mochuelo que cantase, o una corneja que graznase. Un gato que contra su costumbre entrara en el aposento por algún agujero o hueco.