Manuel Yrigoyen Arias (Lima, 31 de marzo de 1829 - id. 5 de junio de 1912) fue abogado, diplomático, catedrático universitario y político peruano. Miembro del Partido Constitucional o partido cacerista. Fue presidente del Consejo de Ministros (1878-1879; 1890 y 1894-1895), ministro de Relaciones Exteriores (1878-1879; 1879, 1889-1890 y 1894-1895) y ministro de Hacienda y Comercio (1886-1887). Durante su primer periodo como Canciller (1878 a 1879) Chile declaró la guerra al Perú, el 5 de abril de 1879, correspondiéndole entonces orientar la acción diplomática en medio de la mayor crisis internacional de la historia republicana peruana. Fue también diputado por Castrovirreyna (1860), senador por Huánuco (1860-1861; 1883; 1886; 1894; 1903-1912); y alcalde de Chorrillos en 1881. En 1855 fue uno de los socios fundadores del Club Nacional en Lima, y años después su 13.º presidente durante los periodos 1901-1902.

Estudios y primeras actividades Miembro de una antigua familia limeña de origen colonial, fue hijo del coronel Pedro de Yrigoyen y Loyola y de Josefa Arias y Larrea.

Cursó sus estudios superiores en el Convictorio de San Carlos, regentado entonces por Bartolomé Herrera, quien supo distinguirlo desde entonces por sus cualidades académicas y personales. A los veinte años, en 1851, fue nombrado profesor de filosofía, pues había obtenido el primer premio en todos sus cursos y alcanzó la medalla de oro anual con la que el colegio distinguía a los alumnos sobresalientes.

Posteriormente se le encomendaron las cátedras de Derecho Civil y Eclesiástico, y más tarde, en 1853, obtuvo el cargo de vicerrector. En el mismo año (1853) se recibió de abogado e ingresó al Colegio de Lima, donde obtuvo el grado de doctor en la Facultad de Jurisprudencia.

En enero de 1860, y con motivo de la campaña del Ecuador, el mariscal Ramón Castilla, presidente de la República, lo nombró Secretario General en Guayaquil, que aceptó, pese a no ser simpatizante de la política del gobierno. Por su buen desempeño en esta misión logró ganar la confianza y estima del presidente, a cuya familia quedó estrechamente vinculado por el matrimonio que contrajo, terminada la campaña, con Mercedes Diez Canseco Olazábal, sobrina de Francisca Diez Canseco Corbacho, la esposa de Castilla.

Parlamentario en 1860

En 1860 fue nombrado Oficial Mayor del Ministerio de Justicia, y elegido diputado por la provincia de Castrovirreyna, participando en los trabajos del Congreso Constituyente. A su término, fue elegido senador por el departamento de Huánuco para el periodo 1860-1863.

En los debates a que dio lugar en el Congreso, tomó parte activa, demostrando tanto una tradición liberal como una fuerte influencia del Convictorio de San Carlos y de su director, quienes eran conservadores.

Dada la Ley que estableció la dualidad de Cámaras, Yrigoyen ocupó en el Senado la curul que correspondía al departamento de Huancavelica, y mereció de sus colegas la honrosa distinción de representarlos en la comisión permanente que, en aquella época, sustituyó al antiguo Consejo de Estado.

Durante su actuación parlamentaria reveló, por primera vez, sus especiales aptitudes de legislador, principalmente al sostener que las entradas del guano se empleasen en pagar las deudas del estado, y construir obras públicas, en lugar de atender con ellas los servicios ordinarios de la administración, que debían ser cubiertos con las contribuciones. Decía al respecto: «Este sistema, muy útil y cómodo en verdad para todos, pues casi en nada afecta la renta individual, tiene que llevarnos con el tiempo, sí por desgracia continua, a un estado político y social aterrador». A pesar de sus recomendaciones el dinero de la Era del Guano fue usado en los gastos corrientes de la administración. Agotadas las reservas vinieron crisis económicas.

Encargado de Negocios en Europa En 1861 fue nombrado Encargado de Negocios ante las cortes de Bélgica y Prusia, en la primera de las cuales sostuvo los derechos del Perú, con motivo de una reclamación de los Estados Unidos, y que de mutuo acuerdo fue sometida a la decisión arbitral del rey de Bélgica. Estando en Europa como muestra de gratitud hacia su antiguo maestro, hizo construir en Italia de su propio dinero un monumento de mármol de Carrara con el busto del obispo Bartolomé Herrera, pieza que hasta hoy se conserva en el cementerio de la Catedral de Arequipa.

A su regreso de Europa en 1866, la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima lo nombró uno de sus miembros del directorio, y en 1868 fue llamado a la Dirección General de Hacienda, puesto que desempeñó hasta que por ley se suprimió ese cargo.

En 1870, el gobierno le encargó, en compañía de Pedro Carbajal y Tomás Dávila, la difícil comisión de informar sobre el estado político, social, y económico del departamento de Puno y proponer las medidas que deberían adoptarse para mejorar los servicios de la administración pública y la condición de las clases populares.

Ministro en Brasil, Uruguay y Argentina Durante el gobierno de Manuel Pardo y Lavalle y siendo canciller José de la Riva Agüero y Looz Corswarem, fue nombrado ministro residente del Perú en Brasil, Uruguay y Argentina (1873). Poco después, fue elevado al rango de enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en esos mismos países, donde permaneció cinco años.

Tuvo una efectiva acción en fortalecer los lazos de amistad con dichos países. Celebró con Argentina, un Tratado de Amistad, Comercio, y Navegación, una Convención Consular y otra Postal, y desempeñó su triple cargo diplomático, durante las críticas situaciones por las que atravesaba la política sudamericana, haciéndose merecedor a reiteradas felicitaciones de los gobiernos del Perú y Bolivia, cuya representación ostentaba, por decreto del presidente boliviano Adolfo Ballivián. Fue él quien estuvo encargado en calidad de ministro plenipotenciario del Perú y Bolivia, de obtener la adhesión de Argentina al Tratado de Alianza Defensiva Perú-Boliviana, lo que no logró.

Canciller y Presidente del Consejo de Ministros (1878-1879) Terminada su actuación en el extranjero, el general Mariano Ignacio Prado, entonces presidente del Perú, le confió el 18 de junio de 1878 la cartera de Relaciones Exteriores. El 17 de diciembre asumió la presidencia del Consejo de Ministros, manteniéndose como Canciller.

La declaratoria de guerra entre Perú, Bolivia y Chile, y la profunda conmoción que causara tan grave acontecimiento en el ánimo de la población, encontraron pues a Manuel Yrigoyen al frente a la Cancillería; siendo por consiguiente quien contestó el manifiesto del ministro de Relaciones Exteriores de Chile en un extenso e importantísimo documento que pasó a todos los países extranjeros y en el cual hace un análisis completo y documentado de las verdaderas causas de esa sangrienta lucha armada.

Cuando el presidente Prado partió al sur para asumir la Dirección de Guerra, dejando en el poder en Lima al anciano general Luis La Puerta, Yrigoyen y su gabinete presentaron su renuncia (17 de mayo de 1879), dando pase al gabinete presidido por el general Manuel de Mendiburu. La cartera de Relaciones Exteriores quedó vacante, pues el gobierno esperaba que Yrigoyen aceptara volver a ocuparla, pero este se mostraba reticente. Pocos días después, el 22 de mayo, ante la presencia amenazadora de la escuadra chilena en el Callao, Yrigoyen asumió nuevamente la Cancillería, al considerar que era un deber patriótico aceptar el puesto que se le asignaba en un momento de peligro nacional.

En octubre del mismo año, presentó nuevamente su dimisión, pero fue otra vez nombrado el 28 del mismo mes, viéndose obligado a aceptar el cargo, por habérsele pedido en un comicio público que tuvo lugar en la Municipalidad de Lima. Pero renunció definitivamente el 2 de noviembre, para favorecer el arreglo de la crisis política interna, poco antes del golpe de Estado de Nicolás de Piérola y la instauración de la dictadura.

Durante la ocupación de Lima. Alcalde de Chorrillos Se retiró entonces a la vida privada, hasta que ocurrieron las derrotas peruanas en las batallas de San Juan y Miraflores, que trajo por consecuencia la inmediata la ocupación de la capital por el ejército invasor.

Entonces se dirigió a Jauja, lugar en que se hallaba su familia, y del cual regresó a Lima en febrero de 1881, con el nombramiento de Agente Confidencial que le confirió el Jefe Supremo Nicolás de Piérola, cerca al cuerpo diplomático, para que mediante la intervención de los ministros extranjeros, se pusiera término honroso a la guerra. Más aún habiendo las autoridades chilenas declarado que no aceptaban la intervención ni los buenos oficios del cuerpo diplomático peruano, y que no tratarían con el gobierno dictatorial de Piérola y elevó su renuncia el mismo febrero.

Proclamado en Lima el restablecimiento de la constitución por una junta de notables y elegido Presidente Provisorio Francisco García Calderón Landa, fue nombrado alcalde de San Pedro de los Chorrillos. En ese balneario que todavía estaba en ruinas luego de la guerra, Yrigoyen, apoyado por el teniente alcalde Felipe Varela y Valle, de los sindicos legales Juan Ignacio Elguera y José Albarracín, de los sindicos, Rafael Canevaro Y Valega, Ulderico Tenderini, Gustavo Heudebert y el Ingeniero Teodoro Elmore, entre otros, luchó por su reconstrucción en medio del abandono y de la estrechez de recursos, arriesgando los peligros que se corría entonces allí. Hizo levantar los escombros, arreglar las cañerías de agua que inundaban el pueblo, organizar los planos topográficos y catastrales e inició muchas otras obras, que no pudo continuar por habérselo prohibido las autoridades chilenas que lo ocupaban.

Por este motivo se vio obligado a regresar a Lima, donde se le impuso el cupo de guerra y, no obstante habérselo pagado, se trató de tomarlo preso para mandarlo prisionero a Chile.

Senador por Junín en 1883 y 1886

No aceptando prestarse a vejámenes personales, huyó de la capital, exponiéndose a todos los inconvenientes y azares de una vida de persecución constante y peligrosa, hasta reunirse en Tarma con Andrés Avelino Cáceres, quien, en representación del gobierno del presidente Lizardo Montero, lo distinguió eligiéndolo senador por el departamento de Junín en el congreso reunido en Arequipa en 1883 lugar hasta el que se vio precisado a hacer una larga y penosa travesía por tierra y en el que permaneció tranquilo hasta la desocupación de Lima, que se logró en virtud de los arreglos negociados por el general Iglesias con el gobierno de Chile.

Habiendo regresado entonces a Lima, no quiso tener participación alguna en la administración pública y abrió su estudio de abogado para contraerse al ejercicio de la profesión en que había prestado importantes servicios, como magistrado íntegro e inteligente, y como juez de la Corte Suprema, en diversas ocasiones, siendo la última en el año judicial de 1885.

Al terminar el año 1885, triunfando la revolución que encabezó el general Andrés Avelino Cáceres, se anunció que sería enviado a Santiago de Chile como ministro del Perú, a pesar de que el diario El Comercio impugnó tal propósito, alegando que a su falta de capacidad diplomática se debía el que no hubiera llegado a sellarse la alianza de nuestro país con Argentina, antes de que estallara la guerra del Pacífico. Manuel Yrigoyen acudió al diario El Comercio para que enviara a uno de sus redactores a revisar, bajo estricta reserva, el archivo de la legación que pocos años antes había desempeñado en Buenos Aires, y que el mismo conservaba en su poder. La revisión se hizo, resultando plenamente comprobado que el plenipotenciario peruano había procedido con tino y notable éxito, y que si hubo un momento en que sus activas gestiones para realizar la alianza languidecieron, fue en virtud de instrucciones expresas del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, que tuvo, o creyó tener, razones para no continuar agitándolas.