La ocupación de Lima refiere a los sucesos ocurridos en la capital de Perú y sus alrededores durante el gobierno militar chileno que siguió a la derrota peruana en las batallas de Chorrillos y de Miraflores en 1881 durante la campaña de Lima, una de las fases terrestres de la Guerra del Pacífico.

La capital peruana había sido defendida por dos líneas: la de San Juan, formada por tropas del ejército del Perú y reforzada por las levas en las guarniciones de la sierra, y la de Miraflores, compuesta por reservistas civiles limeños y los sobrevivientes de la primera línea. Después de la victoria chilena en ambas líneas de defensa, el ejército de Chile ocupó los pueblos de Chorrillos y Barranco el —tras la batalla de Chorrillos— y el de Miraflores el —tras la batalla homónima—.

Luego de ambas derrotas peruanas, y después de la huida del presidente Nicolás de Piérola a los Andes y la renuncia del ministro de Relaciones Exteriores y Culto Pedro José Calderón, el alcalde Rufino Torrico quedó como la máxima autoridad en la capital peruana cuando el ejército chileno entró en ella.

La ocupación de Lima fue el medio utilizado por el gobierno de Chile para imponer la cesión territorial de Tarapacá —después del rechazo peruano a las condiciones chilenas en la Conferencia de Arica (22-27 de octubre de 1880)—, y se prolongó desde el hasta el , cuando, tras la firma del Tratado de Ancón, Miguel Iglesias asumió el gobierno de Perú.

Historia Antecedentes miniaturadeimagen|Detalle de la zona (1881) En la década de 1880, se ubicaban en la costa cercana a Lima los pueblos de Chorrillos, Barranco y, pasando la quebrada de Armendáriz, Miraflores —todos ellos hoy forman parte de la capital peruana y de su área metropolitana, al igual que muchos otros—. Estas localidades servían para el descanso de extranjeros y peruanos pudientes. Había bodegas, centros de esparcimiento, comercios y hoteles que servían a los pobladores y visitantes, bordeados por grandes haciendas que eran campos de siembra cultivados por chinos culíes —importados desde Macao a partir de 1849 para laborar en condiciones de semiesclavitud en la agricultura de la costa peruana— y por peones limeños y andinos.

En 1881 la provincia de Lima contaba con tres rutas nacionales de trenes: la primera, llamada «Ferrocarril inglés», entre Lima y Callao (1851); la segunda, de Lima a Chorrillos (1858), pasando por Miraflores y Barranco; y la tercera, entre Lima y Chancay, pasando por Ancón (1870). El pueblo de Magdalena, entre Callao y Miraflores, había contado con línea férrea entre 1875 y 1878.

Con el estallido de la Guerra del Pacífico, la embajada italiana —así como las demás establecidas en Perú— había declarado «la más absoluta neutralidad» en dicho conflicto, añadiendo que aquellos italianos que actuaran en él lo harían sin protección del Reino de Italia. La colonia italiana residente en Perú colaboró con la colecta nacional para la guerra, y hubo peninsulares que combatieron junto con los peruanos.Véase Premio pecuniario al súbdito italiano don José Antonio Cerruti otorgado por el Congreso del Perú

Desembarco chileno en Pisco y Curayaco

miniaturadeimagen|Desembarco chileno en Curayaco A comienzos de 1881, Chile ya controlaba no solo las provincias de Tarapacá, Arica y Tacna, sino también el mar frente a las costas de Perú —el bloqueo del Callao, operación en que la escuadra chilena impidió el ingreso de buques al Callao y las caletas vecinas, había comenzado el 10 de abril de 1880—.

Bajo el mando del general Manuel Baquedano, las tropas chilenas, entre 12 000 y 13 000 hombres, habían desembarcado en Chilca y Pisco desde el hasta el sin oposición peruana.

Enfrentamientos y preparativos para la defensa de Lima miniaturadeimagen|Ciudadela Piérola Entre el desembarco chileno y el domingo , ocurrieron enfrentamientos en las cercanías de la capital peruana: en Yerba Buena, Bujama, El Manzano, Humay y La Rinconada de Ate.

Siguiendo la opinión de sus consejeros militares, el presidente peruano Nicolás de Piérola dividió el ejército de reserva en dos líneas de defensa al sur de Lima —esta estrategia se inspiró en guerras de la época, como la guerra ruso-turca (1877-1878), en las que se había aplicado con éxito la implementación de trincheras defendidas por infantes armados con fusiles—: la de San Juan y la de Miraflores.

Ambas líneas de defensa estaban formadas por tropas del ejército del Perú —soldados de línea que habían sobrevivido a las fases terrestres en el sur (campañas de Tarapacá y de Tacna y Arica)— y reforzadas por montoneros, llegados desde distintos puntos del país en las levas de las guarniciones de la sierra, y reservistas civiles limeños de toda clase.

Asimismo, Piérola mandó instalar baterías sobre la cima del cerro San Cristóbal para atacar desde allí al ejército chileno cuando avanzara a Lima desde el norte, como se creía —en realidad, lo hizo desde el sur—. Este emplazamiento fue construido por el ingeniero austriaco Máximo Gorbitz desde fines de hasta comienzos de . La batería fue bautizada por Piérola como «Ciudadela Piérola» y nunca entró en acción.

13 de enero Batalla de San Juan y Chorrillos y ocupación de Chorrillos y Barranco

miniaturadeimagen|Croquis de las batallas de Chorrillos y Miraflores miniaturadeimagen|Chorrillos, los efectos de la guerra, enero de 1881 miniaturadeimagen|Malecón de Chorrillos, enero de 1881 El jueves 13 se produjo la batalla de San Juan y Chorrillos.

Los chilenos Vencida la línea peruana en los campos de San Juan, se combatió en el Morro Solar. Vencidos allí también, los soldados peruanos se replegaron a Miraflores, donde fueron reagrupados por los coroneles Andrés Avelino Cáceres, Ramón Ribeyro y Narciso de la Colina en los reductos N.º 1 (en el malecón), N.º 2 (en Miraflores) y N.º 6 (en Surquillo).

Próximo al Morro Solar se encuentra el balneario de Chorrillos, donde luego de la batalla quedaron civiles, soldados heridos y otros defendiendo el pueblo. Al entrar en el pueblo, los soldados chilenos lo hicieron en desorden, lo que produjo combates casa por casa con los peruanos, incendiando las viviendas para sacarlos. Armado como fuerte, el Salto del Fraile también fue derrotado por los soldados chilenos.

Entre las viviendas, se encontraban bodegas de pisco, que los soldados chilenos saquearon embriagándose, con lo que todo control de mando se perdió. Se produjeron riñas y asesinatos entre los propios chilenos al pelearse por comida y licores. Todo esto conllevó al saqueo, asesinatos de civiles y violación de mujeres.

La mayoría de las viviendas del distrito de Barranco eran propiedades de extranjeros, quienes habían huido, por lo que no hubo enfrentamientos allí. En cambio en Chorrillos, los defensores peruanos se parapetaron en cada casa, esquina y habitación, y los atacantes chilenos, con el fin de desalojarlos, prendieron fuego a las casas. Así, el fuego se extendió provocando incendios.

Esa noche el ejército chileno tuvo problemas para organizarse ante un eventual ataque de Nicolás de Piérola, cosa que no sucedió pese a que sus oficiales se lo pidieron. Sin embargo, y descontando a los soldados chilenos ebrios e indisciplinados —que no sobrepasaban el número de dos mil, según cálculos del historiador peruano Carlos Dellepiane—, el grueso del ejército chileno se hallaba alerta para responder cualquier sorpresa.

Los peruanos Finalizados los enfrentamientos en San Juan, se combatió en el Morro Solar y luego en las calles de Chorrillos. Las últimas líneas peruanas dejaron el pueblo que ya había sido ocupado por las fuerzas chilenas. Un tren llegó a Chorrillos con nueva tropa peruana, pero al ver que la ciudad estaba tomada retrocedió sin producirse contienda alguna.

En su diario de campaña, el subteniente chileno Alberto del Solar recogió el relato que le habría entregado uno de los oficiales peruanos que se esforzaron por hacer de Chorrillos un punto defensivo, que estaba prisionero entre las filas chilenas y cuyo nombre omitió, que describiría la situación que se produjo allí.

Trece bomberos italianos fueron fusilados al tratar de combatir los incendios provocados por los atacantes chilenos para desalojar a los defensores peruanos.

14 de enero El armisticio de San Juan

El viernes 14, el ministro chileno de guerra en campaña José Francisco Vergara envió a su secretario Isidoro Errázuriz en compañía del coronel Miguel Iglesias, quien había sido capturado por Baquedano, a dialogar con Piérola para evitar otro derramamiento de sangre. Para el armisticio se pedían los buques del Callao y el desarme de los fuertes. Piérola contestó que solo negociaría con ministros debidamente autorizados. Tras esa respuesta, Baquedano ordenó preparar la continuación de la batalla para el día 15.

Sin embargo, el intento de Vergara fue seguido con atención por el cuerpo diplomático de Lima, cuyo decano era el cónsul de Argentina y Bolivia, Jorge de Tezanos Pinto. Los diplomáticos primero hablaron con los representantes peruanos y luego solicitaron una cita con Baquedano, quien, en vista de lo avanzado de la noche, se las dio para el día siguiente.

15 de enero Fracaso del armisticio A las 8:00 del sábado 15 llegaron en tren a Chorrillos los cónsules Jorge de Tezanos Pinto, Spenser St. John de Gran Bretaña y M. Domet de Vorges de Francia como parlamentarios de la tregua. Su interés era salvaguardar los bienes y las propiedades de los extranjeros neutrales en Lima. Con ese mismo fin, marinos británicos e italianos desembarcaron en Chorrillos después de su ocupación por el ejército de Chile.

Los buenos oficios de los cónsules intentaron iniciar la paz; sin embargo, esto no tuvo éxito. Tras acordar de palabra no abrir fuego hasta conocer los resultados de las gestiones a mediodía, Baquedano efectuó un reconocimiento de las tropas chilenas; las fuerzas peruanas de los batallones «Marina» y «Guardia Peruana», al interpretar estos movimientos como el inicio de un ataque, violaron el armisticio y rompieron fuego.

Batalla y ocupación de Miraflores

miniaturadeimagen|izquierda|Muertos y heridos tras la batalla Lo anterior desencadenó la batalla y, como consecuencia, antes de las 14 horas, el bombardeo de los buques chilenos a Miraflores mientras Piérola se encontraba en la casa del banquero Guillermo Shell, el alcalde miraflorino, para recibir a Jorge de Tezanos Pinto, cónsul de Argentina y Bolivia.

De los diez reductos de defensa en Miraflores, tres entraron en combate. Producida la derrota en ellos, los peruanos hicieron fuertes en las casas del pueblo y combatieron a los chilenos. Miraflores estaba minada; hubo italianos que dirigieron las minas que estallaron,Véase Premio pecuniario al súbdito italiano don Pablo Pomi otorgado por el Congreso del Perú sorprendiendo el paso de la tropa de Chile.

El pueblo fue incendiado y saqueado por las tropas chilenas, y bombardeado por la armada chilena para facilitar la ocupación. Los heridos fueron repasados y otros prisioneros, fusilados. Los comandantes chilenos ordenaron prender fuego a los depósitos de alcohol para evitar mayores desmanes de la tropa, pero, en el caos general, aquella orden no fue totalmente cumplida. En Miraflores, el subteniente chileno Byssivinger fue muerto por sus soldados cuando defendía la vida de un oficial peruano prisionero. El teniente coronel Baldomero Dublé Almeyda, que intentó imponer el orden a los soldados dispersos, fue herido por una bala extraviada. Los chilenos muertos fueron enterrados en tumbas cavadas por prisioneros peruanos en los cementerios que existían en el pueblo.

Terminada la batalla de Miraflores, Baquedano comunicó a Tezanos Pinto, decano del cuerpo diplomático en Lima, que debido a la violación del armisticio por los soldados peruanos había resuelto bombardear la capital peruana hasta que se rindiera incondicionalmente.