thumb|Emperador Shōwa. La era Shōwa (昭和 «paz ilustrada») fue el período de la historia japonesa correspondiente al reinado del emperador Shōwa, que abarca desde el 25 de diciembre de 1926 al 7 de enero de 1989. En el mensaje en su coronación que fue leído al pueblo y al ejército, el recientemente coronado emperador hizo referencia a este nombre de la era japonesa o nengō: «He visitado los campos de batalla de la Gran Guerra en Francia. En presencia de tal devastación, entiendo la bendición de la paz y la necesidad de la concordia entre las naciones».Durschmied, Erik. (2002). Blood of Revolution: From the Reign of Terror to the Rise of Khomeini, p. 254.
La era Shōwa fue el reinado más largo de todos los emperadores japoneses. Durante esta era, Japón descendió al caos político con el colapso momentáneo del capitalismo y la amenaza creciente del comunismo dio paso al ultranacionalismo. En 1937, invadió China y en 1941 entró al conflicto de la Segunda Guerra Mundial al atacar la base de Pearl Harbor de los Estados Unidos. A inicios de agosto de 1945, Japón sufrió dos ataques con bombas atómicas enviadas por Estados Unidos.
La derrota en la Segunda Guerra Mundial trajo consigo un cambio trascendental. Por primera y única vez en su historia, Japón fue ocupada por una potencia extranjera durante siete años. La ocupación estadounidense llevó a cabo amplias reformas y, en 1952, Japón se convirtió en una nación soberana una vez más. Las décadas de 1960 y 1970 significaron un milagro económico similar al de Alemania Occidental. Así, Japón se convirtió en la segunda economía más grande del mundo y pareció por un momento que superaría a Estados Unidos como superpotencia económica hasta el desplome de la burbuja financiera e inmobiliaria en Japón a principios de la década de 1990. Debido a la naturaleza de la cultura, el paisaje y la historia de Japón durante este período, es útil dividirlo en al menos tres partes: el período militarista, la ocupación estadounidense y la era posterior a la ocupación. Se podría añadir a estas tres eras la etapa en que la democracia Taishō declinó y cayó, así como la etapa en la cual Japón luchó la segunda guerra sino-japonesa y las guerras del Pacífico, aunque estas últimas pueden considerarse parte del período militarista.
El fin de la democracia Taishō La elección de Katō Kōmei como primer ministro del Japón continuó las reformas democráticas que habían sido defendidas por personas influyentes de la izquierda. Estas tuvieron su culminación con la aprobación del sufragio universal masculino en marzo de 1925. Este proyecto de ley concedió a todos los varones mayores de veinticinco años el derecho a voto, siempre que hubieran vivido por lo menos un año en sus distritos electorales y que no fueran personas sin hogar. Con ello, el electorado aumentó de 3,3 millones a 12,5 millones.Hane, Mikiso, Modern Japan: A Historical Survey (Oxford: Westview Press, 1992) pág. 234.
Aun así, los antecedentes inmediatos del militarismo nacionalista de la era Shōwa comenzarían con la aprobación e implementación de la Ley de preservación de la paz aprobada por el primer ministro Katō antes de su muerte en 1926; la cual estaba destinada a suprimir los movimientos comunistas y de extrema izquierda en Japón, serían la constante en ese «período de transición» entre una era y otra. Sumado a ello, es después del fin de la democracia Taishō en la cual el kokutai se realza como parte del discurso nacionalista que marcaría los años siguientes de la era Shōwa.
Los inicios de la era Shōwa (1927-1931)
El ascenso del militarismo. miniaturadeimagen|314x314px|Celebraciones por la entronización del emperador Shōwa en 1928 Ya con la ascensión del emperador Shōwa, y sumado a ello el cada vez más creciente aumento de la influencia de la camarilla militarista, se empieza a desencadenar la retórica nacionalista amparada en los consorcios empresariales aliados con el ejército (Zaibatsu). El descontento frente a las exigencias de la conferencia naval de Washington, así como las cada vez más crecientes intenciones de expansión hacia China, convulsa en guerras civiles generaron un ambiente enrarecido, el cual vino a empeorar con una seguidilla de atentados contra varios primeros ministros por parte de los movimientos nacionalistas, orillando a la renuncia del pacifista Osachi Hamaguchi quien moriría un año más tarde por secuelas de un atentado en su contra. Su sucesor, Reijirō Wakatsuki, por temor a evitar la furia de los nacionalistas (y por consiguiente que lo asesinaran) fue cediendo frente a sus exigencias cada vez más crecientes en medio de un aumento del descontento, el colapso financiero en el primer año de la era Shōwa que antecedió a la Gran Depresión y la profunda incertidumbre de aquellos años. Aun así, el gabinete de Wakatsuki termina siendo disuelto, fracasando totalmente en sus intentos de estabilizar la política financiera y económica del país, haciendo que los años más tempranos de la era Shōwa estuviesen aparejados a una recesión económica profunda. Sin embargo, los Zaibatsu cobrarían una enorme importancia en estos años, siendo el principal motor económico del ascenso de la influencia militarista en los sucesivos gabinetes. izquierda|miniaturadeimagen|Editorial del Asahi Shinbun referente al asesinato del primer ministro Inukai el 15 de mayo de 1932 Sin embargo, el sucesor de Wakatsuki, Tsuyoshi Inukai se vio impotente al intentar frenar la cada vez más descontrolada ambición de las ramas de las fuerzas armadas imperiales, en especial la marina imperial, tomando cartas en el asunto con la ratificación del tratado naval de Londres en donde se aceptaban las condiciones de restricción de rearme exigidas por las grandes potencias. Ello le costaría la vida durante el golpe de Estado del 15 de mayo de 1932 en el cual es asesinado por oficiales de la marina imperial. Aun cuando el golpe del 15 de mayo fracasó, muchos de los oficiales implicados tuvieron sentencias demasiado leves, e incluso llegaron a usar el juicio en su contra como una plataforma política perfecta para sus ideales nacionalistas.
La construcción del nacionalismo imperial. izquierda|miniaturadeimagen|Asedio a los cuarteles la policía de Tokio durante el incidente del 26 de febrero. A su vez y en forma paralela, la intelectualidad japonesa fue construyendo el ideario nacionalista alrededor de la figura del emperador y el «destino» del Japón como única potencia gobernante. En este período de tiempo sería crucial las influencias del fascismo europeo, traídas por el intelectual Ikki Kita, quien estuvo marcadamente orientado por las sociedades secretas nacionalistas existentes, como lo fue la Genyōsha y la Sociedad del Dragón Negro, quienes estarían fuertemente inspiradas en los principios del bushidō, así como la propia tradición religiosa construida desde el sintoísmo estatal establecido durante la era Meiji.
En este marco de ideas y así mismo, el notorio descontento antioccidental derivado de los tratados militares de desarme, fue creciendo la idea de un Japón poderoso y dominante que expulsara totalmente la «corruptora influencia occidental». La violencia política de los primeros años de la era Shōwa, y así mismo el rechazo cada vez más creciente del incipiente liberalismo moderado en la política japonesa fueron especialmente decisivos en todo este periodo de tiempo en el cual se buscaba una Restauración Shōwa. Otros ideólogos como Shūmei Ōkawa y el barón Sadao Araki hablaban directamente del hecho ineludible de una confrontación entre Japón y los valores occidentales, dada la incompatibilidad de la visión occidental frente a lo que representaba «ser japonés».
El incidente del 26 de febrero. Para los nacionalistas el verdadero punto de inflexión política fue el intento de golpe de Estado del 26 de febrero, en el cual varios oficiales y soldados del ejército imperial intentan tomar por asalto el poder para «restaurar la autoridad del emperador», buscando una emulación similar al mismo proceso de la Restauración Meiji, iniciada muchas décadas atrás por los patriotas del Ishin Shishi como Saigō Takamori, Kido Takayoshi y Ōkubo Toshimichi, pero denominada como la Restauración Shōwa. Entre las personas a asesinar estaba el príncipe Saionji Kinmochi, último superviviente de la ya casi extinta aristocracia Meiji, el guardián del sello privado quien era el vizconde Makoto Saitō, el almirante Keisuke Okada, quien era en ese momento el primer ministro, así como diferentes ministros de su gabinete. Aun con el asesinato del vizconde Saitō, el golpe fue conjurado de manera exitosa por las autoridades militares quienes fueron cediendo ante las exigencias de los golpistas. En total, aunque el golpe solo había cobrado siete vidas (entre ellas, uno de los golpistas que optó por suicidarse ritualmente por medio del haraquiri), sirvió a los propósitos de los nacionalistas para poder proyectar su mensaje al resto de la sociedad japonesa. miniaturadeimagen|290x290px|Fuerzas de desembarco navales especiales japonesas que ocupan una posición detrás de la esquina de un edificio con una ametralladora ligera Tipo 11, equipadas con máscaras de gas Tipo 99, en Shanghái, China, agosto-noviembre de 1937 izquierda|miniaturadeimagen|El príncipe Yasuhiko Asaka, uno de los principales comandantes del ejército imperial durante la segunda guerra sino-japonesa
La política belicista en China (1931-1945). Un punto especial de atención durante los años treinta, y especialmente antes de la Segunda Guerra Mundial fue China, la cual estaba profundamente despedazada por la guerra civil existente entre los nacionalistas de Chiang Kai-shek y los comunistas dirigidos por Mao Zedong. El aprovechamiento de esta delicada coyuntura permitió que las fuerzas armadas japonesas aprovecharan las tensiones previas, las cuales estallaron con el famoso incidente del puente de Marco Polo.
Sin embargo, años antes del estallido de la guerra Japón había conseguido establecer un estado cliente en Manchuria en 1931, denominado Manchukuo, y que en la teoría estaba gobernado por el derrocado emperador Puyi bajo el nombre de emperador Kangde. Para todos los efectos, la mayor parte de la administración pública de Manchukuo dependía enteramente de los «asesores» japoneses nombrados desde Tokio y que solamente respondían ante el gabinete imperial japonés.
La expansión del ejército japonés durante las primeras fases de la guerra fue especialmente brutal y violenta por parte de todos sus comandantes, destacándose entre ellos varios miembros de la familia imperial como lo eran el príncipe Asaka, que fue uno de los principales implicados en la infamemente conocida masacre de Nankín, además de otros diversos tipos de atrocidades cometidas como lo fueron los experimentos del escuadrón 731 miniaturadeimagen|227x227px|Postal de año nuevo de los 2600 años del imperio de Japón
La Segunda Guerra Mundial Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial las ansias expansionistas de los militaristas japoneses se expanden aún más, bajo el amparo del Pacto Tripartito. Así mismo, en el interior del Japón se va readaptando y reajustando los principios del fascismo europeo, pero adaptados a las particularidades japonesas. En esta etapa los dos principales actores de la política doméstica y exterior estarían dominados por el príncipe Fumimaro Konoe (perteneciente al poderoso y antiquísimo clan Fujiwara, el cual consolidó su poder durante la era Heian a través de políticas matrimoniales y el establecimiento de regentes en nombre del Mikado) y a su vez por el general Hideiki Tōjō. En el mayor apogeo del poder militarista, Konoe y Tōjō condensan el poder a través del Taisei Yokusankai, que se convirtió en el partido único durante el resto de la guerra.