thumb|400 px|Civiles chinos enterrados vivos.
Los crímenes de guerra japoneses se refieren a aquellos crímenes ocurridos durante el período de expansionismo japonés, principalmente durante la segunda guerra sino-japonesa y la Segunda Guerra Mundial. También se utilizan los términos Holocausto asiático o atrocidades de guerra japonesas para referirse a estos hechos. Algunos crímenes de guerra fueron cometidos por personal militar del Imperio del Japón a fines del , aunque la mayor parte tuvo lugar durante la primera parte de la Era Shōwa, período que designa al reinado del emperador Hirohito hasta la derrota militar del Imperio japonés en agosto de 1945.
De manera oficial, historiadores y gobiernos de varios países han considerado al personal militar del Imperio del Japón, es decir, al Ejército Imperial Japonés y a la Armada Imperial Japonesa, como los responsables de las matanzas y otros crímenes cometidos contra varios millones de civiles y prisioneros de guerra en el curso de la primera mitad del .
Definiciones
miniatura|300 px|Una zanja llena de cadáveres de civiles chinos asesinados por soldados japoneses en la ciudad de Xuzhou (China), el 21 de mayo de 1938.
La fotografía de la masacre de Xuzhou que se encuentra en la Universidad Princeton y aparece en Wikipedia no tiene una fecha exacta indicada en la fuente disponible. La masacre en Xuzhou está vinculada a la batalla que tuvo lugar entre el 9 de febrero y el 21 de mayo de 1938, cuando las fuerzas japonesas capturaron la ciudad, por lo que cualquier masacre relacionada ocurrió probablemente en ese período, culminando alrededor del 21 de mayo de 1938. Sin embargo, no hay una fecha precisa documentada para la masacre en sí en las fuentes consultadas ni en Wikipedia, solo se menciona el contexto bélico y la ocupación japonesa de la ciudad en esa fecha.
. (22 de octubre de 1938).
Los crímenes de guerra han sido definidos en la Carta de Londres como «violaciones de las leyes o costumbres de guerra, incluyendo crímenes contra civiles enemigos y combatientes enemigos». El personal militar del Imperio de Japón ha sido acusado o condenado por cometer muchos de tales actos durante el periodo del imperialismo japonés desde finales del hasta mediados del . Han sido acusados de llevar a cabo una serie de abusos contra los derechos humanos de civiles y prisioneros de guerra a lo largo del Sureste Asiático y la región occidental del océano Pacífico. Estos eventos alcanzaron su punto cumbre durante la Segunda Guerra Sino-japonesa de 1937–1945 y las campañas asiáticas y del Pacífico de la Segunda Guerra Mundial (1941-1945).
Derecho internacional y ley japonesa Si bien el Imperio de Japón no era signatario de las Convenciones de Ginebra que habían provisto la definición estándar de crímenes de guerras a partir de 1864, los crímenes cometidos se englobaban dentro de otros aspectos del Derecho internacional y la legislación japonesa. Por ejemplo, muchos de los presuntos crímenes cometidos por personal japonés durante la Segunda Guerra Mundial infringían la ley militar y no fueron objeto de una corte marcial, como era requerido por ley.Véase, por ejemplo: Wai Keng Kwok, 2001, "Justice Done? Criminal and Moral Responsibility Issues In the Chinese Massacres Trial Singapore, 1947" (Genocide Studies Program Working Paper n.º 18, Yale University), pág. 27. Fecha de acceso: 23 de abril de 2007. Asimismo, el Imperio violó tratados internacionales firmados por Japón, incluyendo las provisiones de las Conferencias de La Haya de 1899 y 1907, tales como la prohibición del uso de armas químicas y la protección de prisioneros de guerra.
El gobierno japonés también firmó el Pacto Briand-Kellogg (1929), de tal modo que las acciones cometidas entre 1937 y 1945 eran imputables en los cargos de crímenes contra la paz, un cargo que fue introducido en el Tribunal Penal Militar Internacional para el Lejano Oriente para procesar a los criminales de guerra de «clase A». Los criminales de guerra de «clase B» fueron aquellos encontrados culpables de crímenes de guerra per se, mientras que los criminales de guerra de «clase C» fueron aquellos declarados culpables de crímenes contra la humanidad. El gobierno japonés también aceptó los términos puestos por la Declaración de Potsdam (1945) al final de la guerra, incluyendo la provisión en el artículo 10 de castigo a «todos los criminales de guerra, incluyendo a aquellos que han infligido crueldad sobre nuestros prisioneros».
El Tribunal Penal Militar Internacional para el Lejano Oriente no procesó los supuestos crímenes de guerra que involucraban a oficiales de rango medio o personal de rango inferior. Aquellos fueron tratados por separado en otras ciudades a lo largo de la región del Asia-Pacífico. En este mismo sentido, la ley japonesa no define a aquellos condenados en los juicios posteriores a 1945 como criminales, a pesar del hecho de que los gobiernos de Japón han aceptado los juicios llevados a cabo en los tribunales y en el Tratado de San Francisco (1952), en el cual no se menciona la validez legal del tribunal. El primer ministro Shinzō Abe ha abogado por la posición de que Japón aceptó el Tribunal de Tokio y sus juicios como una condición para el fin de la guerra, pero que sus veredictos no tienen relación con la legislación interna. De acuerdo a esta perspectiva, aquellos condenados por crímenes de guerra en dicho tribunal no son criminales bajo la ley japonesa.
Alcance histórico y geográfico Fuera de Japón, diferentes sociedades utilizan periodos de referencia distintos para los crímenes de guerra japoneses. Así, la ocupación japonesa de Corea que fue impuesta en 1910 por los militares japoneses y fue seguida por la privación de libertades civiles y la explotación del pueblo coreano. Por este motivo, algunos coreanos se refieren a los «crímenes de guerra japoneses» como eventos que ocurrieron durante el periodo de 1910 (o antes) a 1945.Véase, por ejemplo Yutaka Kawasaki, “Was the 1910 Annexation Treaty Between Korea and Japan Concluded Legally?” Murdoch University Electronic Journal of Law, 3 (2), julio de 1996. Consultado el 15 de febrero de 2007.
En contraste, los Aliados occidentales no entraron en conflicto con Japón hasta 1941, de forma que los habitantes de América del Norte, Australasia, el Sureste Asiático y Europa pueden considerar los «crímenes de guerra japoneses» como eventos que tuvieron lugar entre 1941 y 1945.Véase, por ejemplo: Craig Symonds, “War, Politics, and Grand Strategy in the Pacific, 1941-1945”, Air University Review, noviembre-diciembre de 1979 (Fecha de acceso: 15 de febrero de 2007): “La mayoría de los historiadores estadounidenses fechan el inicio de la guerra en diciembre de 1941". Véase también: Edward Drea, "Introduction", en: Edward Drea, Greg Bradsher, Robert Hanyok, James Lide, Michael Petersen & Daqing Yang, 2006, Researching Japanese War Crimes Records (National Archives and Records Administration, Washington D. C.; pág. 15): "Las atrocidades en Nanjing ocurrieron cuatro años antes de que los Estados Unidos entraran en guerra. En ese momento, el gobierno de los Estados Unidos no tenía una gran red militar o de inteligencia diplomática en China. Un puñado de militares entrenados o personal de la embajada informó sobre los eventos, algunas veces de segunda mano; comparado con la sensacional cobertura de prensa, la documentación oficial estadounidense era escasa. Como resultado, con la excepción de los registros producidos durante el juicio de los crímenes de guerra de clase A de la cúpula militar japonesa considerada responsable por la violación de Nanking, existe poco material sobre este tema en los Archivos Nacionales (de Estados Unidos)." Véase también, Ben-Ami Shillony, "Book Review, Book Title: A History of Japan, 1582-1941 Internal and External Worlds, Author: L. M. Cullen Professor of History, Trinity College, Dublin" (Institute of Historical Research, February 2004) (Fecha de acceso: 15 de febrero de 2007); Grant K. Goodman, "Review 'The Kempei Tai in the Philippines: 1941-1945' por Ma. Felisa A. Syjuco" Pacific Affairs, v. 64, n.º 2 (verano de 1991), ppág. 282-283 (Fecha de acceso: 15 de febrero de 2007); United Nations Human Rights Committee, "Fifty-Ninth Session, 24 March - 11 April 1997, Decisions, Communication No. 601/1994" (3 de abril de 1997) (Fecha de acceso: 15 de febrero de 2007); Gary K. Reynolds, 2002, U.S. prisoners of war and civilian american citizens captured and interned by Japan in World War II: the issue of compensation by Japan(Congressional Research Service, The Library of Congress, December 17, 2002) Fecha de acceso: 15 de febrero de 2007).
Los crímenes de guerra japoneses no fueron siempre llevados a cabo por personal de etnia japonesa. Una pequeña minoría de personal en todo país asiático y del Pacífico invadido u ocupado por Japón colaboraron con los militares japoneses, o incluso sirvieron en las fuerzas armadas japonesas, por una amplia variedad de razones, tales como privación económica, coerción o antipatía hacia otras potencias imperialistas.
La soberanía del Imperio de Japón sobre Corea y Formosa (Taiwán) en la primera mitad del fue reconocida por acuerdos internacionales —el Tratado de Shimonoseki (1895) y el Tratado de anexión Japón-Corea (1910)— y fueron considerados en la época partes integrantes del Imperio del Japón; sin embargo, la legalidad de estos tratados está en cuestionamiento.
Antecedentes thumb|300px|Dos oficiales japoneses, Toshiaki Mukai y Tsuyoshi Noda compitiendo para ver quién mataba (con una espada) primero a cien personas. El titular en negritas dice: «"Récord increíble" (en la Competencia para matar a 100 personas —Mukai 106–105 Noda— Ambos tenientes van a los extras».
Cultura militar e imperialismo japonés
La cultura militar, especialmente durante la fase de expansionismo japonés tuvo gran importancia en la conducta de los militares japoneses antes y durante la Segunda Guerra Mundial.
Siglos atrás, los guerreros medievales samurái del Japón habían aprendido a obedecer sin cuestionamientos a sus señores, así como a ser valientes en combate. Tras la Restauración Meiji y el colapso del Shogunato Tokugawa, el Emperador de Japón se convirtió en el centro de la lealtad militar. Durante la denominada «Edad del Imperio» a fines del , Japón siguió el camino de las otras potencias mundiales para desarrollar un imperio, persiguiendo este objetivo de manera agresiva. Como las otras potencias imperiales, la cultura popular japonesa se volvió crecientemente jingoísta hacia el final del y principios del . El ascenso del nacionalismo japonés se debe en parte a la adopción del Sintoísmo como la religión de Estado desde 1890, incluyendo su incorporación en el sistema educativo. El sintoísmo sostenía que el Emperador era un ser divino debido a que se le consideraba un descendiente de la diosa del Sol, Amaterasu. Esto permitió justificar la exigencia de obediencia incondicional al emperador y a sus representantes.