El Puerto de Sevilla está situado al sur de la ciudad de Sevilla, en el estuario del río Guadalquivir y a unos 90 kilómetros de su desembocadura en el océano Atlántico. Actualmente es el único puerto comercial marítimo de interior de España.
Historia
miniatura|derecha|Monumento a la Milla Cero de la Tierra, dedicado a la primera circunnavegación del planeta, llevada a cabo por Juan Sebastián Elcano. El monumento es de 2010. miniatura|derecha|Antigua Grúa Fairbairn, ubicada en el Puerto de Sevilla. miniatura|derecha|Vista general del Puerto de Sevilla desde el puente de Los Remedios, con el puente del Centenario. miniatura|derecha|Plano del Puerto de Sevilla. miniatura|derecha|Panorámica del muelle de las Delicias.
Edad Antigua y Edad Media La Biblia dice que a Salomón, rey de Israel en el , le eran traídos oro, plata, marfil, monos y pavos reales en naves de Tarsis. Muchos autores han identificado la Tarsis bíblica con Tartessos, una civilización que abarcaba la actual Sevilla, aunque otros rechazan esto argumentando que esos productos eran traídos del mar Rojo, el golfo Pérsico o la India y que el término "naves de Tarsis" hace referencia a barcos para viajes largos, con independencia de su destino."Tarshish" in the Jewish Encyclopedia, por Isidore Singer y M. Seligsohn.
En el el griego Éforo de Cime escribió que Tartessos estaba bañada por un río por el que se llevaba oro, cobre y estaño traídos de territorio celta. Los tartesios probablemente transportaban estaño del norte de la península ibérica hasta su capital por tierra por la que posteriormente sería conocida como vía de la Plata. Luego este era objeto de un comercio en barco desde el Atlántico al Mediterráneo.
El comercio de estaño en la Antigüedad era muy importante porque es necesario para la producción de bronce.
En el Diodoro Sículo escribió que la colonia focense de Massalia (la actual Marsella), en el Mediterráneo, llevaba a cabo el comercio de estaño trayéndolo de la costa atlántica francesa por un camino terrestre que recorría la Galia en treinta días. Esto debió afectar económicamente el comercio de estaño tartesio.
Gracias a autores como Estrabón (I a. C.), Plinio el Viejo (), Pomponio Mela (), Apiano () y Avieno () se sabe que en la Edad Antigua los únicos ríos navegables de la vertiente atlántica de la península ibérica eran Miño, Duero, Voga, Limia, Mondego, Tajo, Sado, Guadiana y Guadalquivir (llamado Betis en época romana). En la vertiente mediterránea el único río navegable era el Ebro.
En el el griego Estrabón escribió sobre la región:
La exportación de aceite de oliva de la provincia Bética a Roma fue muy importante. Una muestra es el monte Testaccio de Roma. Se trata de una colina artificial de 250×150m (metros) en su base y de más de 50m de altura, formada por los millones de restos de ánforas olearias (de aceite de oliva), arrojadas en él durante casi trescientos años, desde la época de Augusto, hasta mediados del , donde el 80 % corresponde a ánforas bética. En donde está el Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla se encontró una alfarería que producía ánforas (sobre todo olearias del tipo Dressel 20 y 23 y de vino de tipo Dressel 28), cerámica común y materiales de construcción desde el hasta probablemente mediados del .
En la Antigüedad el río discurría unos cientos de metros al este del actual cauce, por el actual Casco Antiguo de la ciudad. Recorría la ciudad pasando por la actual Alameda de Hércules, por las actuales calle Trajano, plaza del Duque, calle Campana y calle Sierpes, hasta la avenida de la Constitución y los jardines del Cristina. En la época turdetana y de la República romana el puerto se encontraba en la zona donde actualmente se encuentran la parte septentrional del Patio de los Naranjos y el palacio arzobispal. En la cercana calle Alemanes se han encontrado restos de posibles almacenes portuarios.
Se ha encontrado una fábrica de salazones de la primera mitad del , ya en tiempos del Imperio romano, en la Plaza de la Encarnación. Los salazones debieron ser objeto de comercio por vía fluvial.
También se han encontrado posibles almacenes portuarios, presentes en el , en las zonas de la calle Peris Mencheta, la Plaza de la Encarnación, la calle Cuna, la Cuesta del Rosario, el Patio de Banderas y la avenida de Roma. En la Plaza Virgen de los Reyes se encontraron restos de un posible edificio portuario, también del .
En el empezó a formarse por agradación un brazo occidental del río. El canal de río principal estuvo, desde el , prácticamente abandonado y parcialmente desecado, en favor del brazo occidental que coincide con el trazado de la dársena actual.
Consta que en el , cuando Sevilla estaba todavía en manos de los musulmanes, ya había una colonia de genoveses.
En 1248 Fernando III conquistó la ciudad y en 1251 les concedió a los genoveses privilegios para incentivar el comercio. Alfonso X confirmó estos privilegios en 1261.
En el , el rey Alfonso X señaló en su Crónica general que a la ciudad venían barcos de «Tánger, Ceuta, Túnez, Alejandría, Génova, Portugal, Inglaterra, Pisa, Lombardía, Burdeos, Bayona, Sicilia, Vasconia, Aragón e aún de Francia».
Alfonso XI les concedió en 1316 a los comerciantes genoveses en Sevilla la exención del pago del impuesto sobre las ventas (alcabalas) de bestias de carga y en 1346 les eximió de las alcabalas de cualquier cosa que comprasen. Alfonso XI en 1326 les otorgó un salvoconducto a los genoveses, confirmado en 1327, para que lo esgrimiesen ante los piratas y malhechores en tierra y Enrique III en 1397 firmó un decreto para que navegasen libremente durante la guerra con Portugal.
Puerto de Indias
Sevilla tenía un tejido comercial muy desarrollado a finales del . Por su puerto entraban productos como el oro de Sudán, azúcar de las Islas Canarias (el archipiélago canario empezó a producir azúcar en las últimas décadas del , alcanzando su apogeo azucarero en 1550, entrando este en decadencia en el ), colorantes del Magreb, telas de Flandes, armas italianas, estaño inglés y salazones del mar del Norte.
En septiembre de 1500 Alonso Vélez de Mendoza y Luis y Cristóbal Guerra partieron del puerto de Sevilla al mando de sendos barcos y descubrieron los actuales estados brasileños de Paraíba, Pernambuco, Bahía y Espíritu Santo.
Cristóbal Colón zarpó de Sevilla el 3 de abril de 1502 para realizar su cuarto viaje a América, en el cual recorrió la costa de Centroamérica.
En 1503 los Reyes Católicos establecieron en Sevilla la Casa de la Contratación de Indias, que centralizaba en su puerto todo el tráfico marítimo castellano y aragonés con el Nuevo Mundo. El motivo por el que se escogió esta ciudad como sede fue que tenía un puerto de interior (lo que protegía a los barcos de las tormentas y los posibles ataques), contaba con un tejido mercantil desarrollado, una abundante población para surtir las expediciones o para consumir productos (a finales del Sevilla era la ciudad más poblada del Reino de Castilla, con entre 40 000 y 65 000 habitantes) y unos alrededores agrícolas que podían abastecer a los barcos.
En el la zona típicamente portuaria estaba en el Arenal. Se disponía de una extensión de 720 metros de largo, entre la Torre del Oro y el Puente de Barcas de Triana, y 240 metros de ancho, que era lo que había entre la Torre del Oro y el Postigo del Carbón. En este lugar se encontraba el conocido como muelle de la Aduana. Esta zona del puerto fue conocida como el Compás de las Naos, el Compás del Río o el Compás de la Laguna (porque a veces se inundaba con las lluvias).
En el muchas salidas al Nuevo Mundo solían tener lugar desde el muelle de las Mulas, en el actual barrio sevillano de Los Remedios. La expedición de Rodrigo de Bastidas, en la que iban también Juan de la Cosa y Vasco Núñez de Balboa, que recorrió las costas de Venezuela, Colombia y Panamá salió de este lugar en 1502. La nao San Juan Bautista, que llevó a Hernán Cortés a Santo Domingo en 1506, se encontraba en este muelle.
Se ha contabilizado que, entre finales del y comienzos del , hubo una quincena de lugares de parada habitual de barcos en el curso del río Guadalquivir hasta Sevilla. De estos lugares, tenían villas Sanlúcar de Barrameda y Coria del Río. Sanlúcar de Barrameda era una parada técnica, donde solía haber un cambio de pilotos y donde se esperaban buenas condiciones para poder cruzar la barra. Coria del Río, por su parte, era un lugar para cargar productos de la comarca del Aljarafe, como aceite de oliva y leguminosas. Los barcos más grandes solían parar en el paraje de La Horcada, para aligerar su carga antes de seguir subiendo el Guadalquivir o para completar la carga si partían. En el el paraje de El Borrego tomó el relevo de este lugar.
En 1508 se autorizó a Cádiz y Sanlúcar de Barrameda el embarque a las Indias, bajo la supervisión de un delegado de la Casa de Contratación.
En 15 de mayo de 1509 Juana I autorizó a los barcos que se encontraban en Cádiz y que no quisieran navegar hasta Sevilla a ser registrados en Cádiz por el contino real Pedro del Águila, con la asistencia del entonces escribano del concejo gaditano Antón Romí.
Juan Ponce de León zarpó con tres barcos desde Sevilla en 14 de mayo de 1515 para las Antillas.
La expedición de Magallanes-Elcano, que dio la primera vuelta al mundo, zarpó con cinco naves el 10 de agosto de 1519 del muelle de las Mulas.
En 1519 se decidió autorizar el flete y descarga de barcos de las Indias en Cádiz y Sanlúcar de Barrameda, también con supervisión de delegados de la Casa de Contratación.
En 1522 se autorizó al puerto de La Coruña a organizar expediciones a las Islas Molucas, en las Indias Orientales, pero en 1529 el puerto gallego perdió el acceso a este tráfico cuando esas islas pasaron a Portugal.
Entre 1525 y 1534 se permitió a las Islas Canarias participar en el comercio americano. Desde mediados del se permitió zarpar de Canarias a las Indias a los barcos, con supervisión de delegados de la Casa de Contratación.
En 1529 Carlos I suavizó el monopolio sevillano autorizando a ocho puertos españoles (La Coruña, Bayona, Avilés, Laredo, Bilbao, San Sebastián, Cartagena y Málaga) a comerciar con América, aunque los barcos debían pasar antes por Sevilla para facilitar la tarea fiscalizadora de la Casa de la Contratación. En 1573 Felipe II restableció el monopolio de Sevilla.
Desde el se exportó al Nuevo Mundo desde Sevilla gran cantidad de vino producido en comarcas andaluzas como el Aljarafe sevillano y el Condado de Huelva. También se embarcaba aceite de oliva, trigo, lana, cueros, frutos secos y mercurio de Almadén (que se usaba para extraer la plata por el procedimiento de la amalgama).
En el consta que la industria naval sevillana no tenía mucho crédito porque la madera de la que se servía para construir barcos no era de buena calidad. El velamen, las cuerdas y otras partes esenciales había que traerlas de fuera. Todo esto impidió que la ciudad tuviese una industria naval potente. Además, por temas de calado, no se podían fabricar barcos de más de 500 toneladas. Por Real Cédula del 16 de junio de 1593 se prohibió que los barcos fabricados en Sevilla se empleasen en las rutas con las Indias. Esta norma tuvo algunas excepciones en el tiempo. El astillero que hubo en el barrio de Triana en los siglos y se dedicó, sobre todo, a fabricar barquitos de pesca, chalupas, gabarras y veloces avisos de 50 toneladas, así como a la reparación de buques.
Que los barcos tuvieran que ir por el golfo de Cádiz para remontar luego el río Guadalquivir hasta Sevilla provocó numerosos naufragios, debido a la barra de Sanlúcar de Barrameda y a fondos arenosos y escollos de este municipio y de las cercanías de Chipiona. En un estudio de 1987 se contabilizaron 161 naufragios en esta zona entre 1525 y 1812.