El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) es un organismo estatal argentino aplicado a la investigación y el desarrollo agrotecnológico, con presencia en todo el territorio federal y dependiente de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca.
El INTA ofrece asistencia, asesoría y recursos técnicos al productor agropecuario argentino, empleando metodología científica conforme a los criterios del saber rural, en aras de resolver las demandas y necesidades propias de dicho sector.
Reconocido por su trayectoria, liderazgo e innovación, es un referente mundial en materia de siembra directa, genética vegetal y animal, biotecnología reproductiva, tecnología agrícola, medicina veterinaria y ecosistemas. Ha sido autor de inventos y patentados tales como el desarrollo de nanoanticuerpos, los cultivos transgénicos de soja y algodón. En los avances sistemáticos del carbón de maní, bioinsumos, recubrimientos biopoliméricos para semillas y nuevas variedades de trigo, caña de azúcar y yerba mate. En la identificación de especies invasoras del maíz, el perfeccionamiento de la agricultura de precisión y las energías renovables en el agro. Asimismo, ha ganado reputación por sus capacidades en la clonación bovina y equina de alta selectividad genética.
Estos resultados le han permitido a Argentina el acceso al mercado internacional, ofreciendo productos y servicios de alto valor agregado e impulsando su histórico papel como uno de los principales productores alimenticios del planeta.
Historia
Comienzos El primer antecedente de una institución de este tipo en la Argentina se puede encontrar en 1932, cuando el gobernador de Santa Fe Luciano Molinas crea en su provincia el "Instituto Experimental de Investigación Agrícola y Ganadera".
En 1956 la Argentina se encontraba en una grave crisis económica, con una balanza de pagos y una deuda externa marcadamente negativas. El 95% de las exportaciones provenían del sector agropecuario. El aumento de la actividad agropecuaria aparecía como el único medio eficaz para restablecer el desarrollo económico de la Argentina. La incorporación de tecnología existente y la creación de nuevas tecnologías aumentaría el rendimiento del campo. Como respuesta, la Comisión Conjunta Naciones Unidas/Gobierno Argentino – presidida por el economista argentino y secretario de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), Raúl Prebisch – recomendó la creación de un instituto específico.
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) fue creado el 4 de diciembre de 1956 por medio del Decreto Ley 21.680/56 con la finalidad de "impulsar, vigorizar y coordinar el desarrollo de la investigación y extensión agropecuaria y acelerar, con los beneficios de estas funciones fundamentales, la tecnificación y el mejoramiento de la empresa agraria y de la vida rural". La extensión y la transferencia de tecnología generaron la necesidad de instalar Unidades de Extensión Rural, distribuidas en todo el territorio nacional para atender a los requisitos de los productores del sector. Mediante la ley de creación se transfieron al INTA 18 estaciones experimentales creadas en los 40 años anteriores.
La financiación del INTA estaba estipulada en el Art. 16 del Decreto Ley 21.680/56. Allí se establecía que se iba a financiar con “una contribución que gravará en uno y medio por ciento (1,5%) a los productos y subproductos de agricultura y ganadería que se exporten.”
En 1958 es electo presidente el radical Arturo Frondizi. Al momento de asumir el INTA contaba con una dotación de 2343 empleados. El primer presidente del INTA durante el período democrático fue el Ing. Agr. Horacio Giberti. El gobierno de Frondizi ratificó la ley de creación del INTA y su forma de financiamiento. Durante su gobierno se crearon 11 nuevas estaciones experimentales.
Asimismo en 1958 coincidió con la unificación de los consejos profesionales, dado a partir del Decreto Ley 6070/58 del presidente, donde se unifican todas las ramas de la Ingeniería en una Junta Central, entre la cual se encontraba el Consejo Profesional de Ingeniería Agronómica de la República Argentina con el cual el INTA mantendría una histórica relación. (IPEA 291)
Décadas de 1960 a 1970 En 1962 un golpe militar interrumpe el gobierno de Frondizi, quedando el poder en manos del gobierno interino de José María Guido. Bajo la gestión de Guido se dispuso un ajuste presupuestario de la administración nacional y la suspensión de nuevos ingresos de empleados, lo que resultó un freno a la etapa de expansión en la que se encontraba el INTA. Cuatro meses más tarde Guido anula esta medida para el caso del INTA.miniaturadeimagen|Ley de creación del INTA publicada en el Boletín Oficial de la República ArgentinaA mediados de 1963 se realizan nuevamente elecciones resultando elegido el radical Arturo Umberto Illia. Para ese año el personal de INTA había aumentado a 3991 empleados. En este período el INTA continuó creciendo, sumando estaciones experimentales y empleados, a la vez que no existieron modificaciones normativas.
Sin embargo, Illia no podría terminar su mandato al ser derrocado por la autodenominada Revolución Argentina en junio de 1966. Una de las primeras medidas del gobierno fue el cierro de fábricas azucareras en Tucumán. A los empleados despedidos se les dio tierras en compensación, que con ayuda del INTA pudieron explotar mediante una cooperativa.
En 1969, el gobierno del teniente general Onganía publica una ley que extiende el impuesto del 1,5% para financiar el INTA a productos agroindustriales, no contemplados por la norma original que solo incluía productos primarios. A pesar de contar con un presupuesto independiente, el INTA debía contar con aprobación del gobierno militar para aumentar los sueldos, lo cual hizo que perdieran poder adquisitivo. En 1970 se autorizó al INTA a contratar nuevos empleados para renovar su planta pero los mismos debían ser autorizados por la Secretaría de Inteligencia (SIDE) que controlaba sus antecedentes en el marco de la represión hacia militantes de izquierda.
El gobierno militar fue continuado por Levingston y posteriormente por Lanusse. Pocos días antes de dejar el poder, Lanusse amplió los recursos del INTA al elevar la alícuota del impuesto al 1,75% a partir del 1 de julio de 1973 y al 2% desde el 1 de enero de 1974.
En marzo de 1973, Héctor Campora es elegido presidente en elecciones democráticas pero renuncia al poco tiempo para que Juan Domingo Perón se pueda presentar a elecciones. Perón gana pero muere al año siguiente, dejando en el poder a la vicepresidenta, María Estela Martínez. Su gobierno atravesó una crisis económica y política, durante la cual se realizaron bruscos cambios de política. Según Alberto Goldberg, quien trabajaba en el INTA en esa época, "la dirección del INTA era manejada por la Guardia de Hierro”. En 1974 comienzan los despidos en el INTA, que se profundizarían durante la dictadura.
En marzo de 1976, un nuevo golpe de Estado ocurre en el país, tomando el poder un gobierno autodenominado Proceso de Reorganización Nacional. El INTA fue uno de los organismos estatales más golpeados por la última dictadura cívico militar. Apenas asume emite leyes que le permiten despedir empleados públicos por "razones de seguridad". La primera resolución de la nueva dirección del INTA dispone la cesantía de 153 empleados. Entre 1974 y 1981 cerca de 800 trabajadores del Instituto fueron cesanteados, y muchos de ellos fueron perseguidos, detenidos, torturados o asesinados; al menos cinco investigadores y asistentes del INTA Castelar fueron desaparecidos.
En 1980 dicta la ley 22.294 que deroga la contribución del 1,5% “sobre los productos y subproductos de la agricultura y ganadería que se exporten”, con lo cual el INTA perdía su autonomía financiera. Sus funciones también se vieron afectadas durante este período al quedar relegado a la investigación básica, debiendo dejar el desarrollo y la comercialización de las variantes producidas en manos de empresas transnacionales. Este fue el caso del mejoramiento vegetal en 1979.
thumb|250px|Imagen histórica del INTA.|alt=
Décadas de 1980 y 1990 En 1983 regresa la democracia tras la victoria de Raúl Alfonsín en las elecciones presidenciales. A pocos días de asumir, envía al congreso un proyecto de ley para devolver la autarquía al INTA y reinstaurar el impuesto a las exportaciones primarias, que es aprobado en marzo. El 12 de diciembre de 1983 Alfonsín interviene el INTA con el objeto de normalizarsu funcionamiento. La intervención perdura hasta marzo de 1985 cuando se designa el nuevo Consejo Directivo.
En la década del 80 se observó una desaceleración relativa de la productividad agrícola, en el marco de transformaciones significativas en los mercados de los productos primarios. Por ello, se efectuó un profundo rediseño de la organización, con énfasis en la descentralización, la participación y la integración. En 1986 Alfonsón modifica la estructura del INTA para descentralizar sus funciones. La descentralización se concretó principalmente en la constitución de los 15 Consejos de Centros Regionales y 3 Consejos de Centros de Investigación, a los cuales se les confirió la responsabilidad de determinar prioridades y distribuir los fondos en cada una de sus jurisdicciones. Estos Consejos se conformaron con representantes de distintas asociaciones de productores, de los gobiernos provinciales, de la comunidad científica y de las universidades.
En la década de 1990, durante el gobierno de Carlos Menem, se produjo una drástica disminución de presupuesto y una reducción del 70% de su personal. Entre 1991 y 1996 la planta de INTA se redujo en 2337 empleados. En noviembre de 1992 el gobierno emite el decreto 2.049/92 que termina con el cobro 1,5% de las exportaciones agropecuarias para financiar al INTA. El gobierno había eliminado previamente las retenciones y consideraba que este arancel constituía "un sobrecosto y desalienta la política de exportación" de los productos primarios.
En 1994, el INTA impulsó el proyecto Fertilizar, a partir de los trabajos de los investigadores Ricardo Melgar y Néstor Darwich, que identificaron como limitantes para el aumento de los rendimientos agrícolas las bajas dosis de fertilizantes aplicadas y las dificultades para detectar deficiencias nutricionales en los suelos. Con el fin de superar esas restricciones, promovieron la conformación de un fondo integrado por compañías del sector, destinado a apoyar actividades de educación y experimentación en el uso de fertilizantes.
En este período, gran parte de las tareas del INTA se orientaban a la validación de variedades desarrolladas por grandes semilleros. Ante el contexto de desfinanciamiento, la institución buscó nuevas fuentes de recursos mediante la creación de empresas vinculadas, como la Fundación ArgenINTA y INTeA, fundadas en 1993.
Paralelamente, el INTA reforzó su labor de extensión con la puesta en marcha de programas destinados a pequeños y medianos productores, entre ellos el Programa Social Agropecuario, el Programa de Reconversión Productiva “Cambio Rural” y ProHuerta. Asimismo, desempeñó un papel clave frente a la crisis internacional del mal de la vaca loca, logrando la certificación del país como libre de la enfermedad.Junto con universidades y asociaciones de productores, también fue un actor central en la introducción y difusión de la siembra directa en la Argentina.
Décadas del 2000 y 2010