José María Arizmendiarrieta Madariaga (Marquina-Jeméin, Vizcaya, España; 22 de abril de 1915 - Mondragón, Guipúzcoa, España; 29 de noviembre de 1976) fue un sacerdote católico vasco, ideólogo del movimiento cooperativo vasco y promotor de la Corporación Mondragon, un grupo de cooperativas originario del País Vasco y actualmente extendido por todo el mundo. La Iglesia católica abrió su proceso de canonización en 2009 y en 2015 el papa Francisco le declaró Venerable.
Arizmendiarrieta era seminarista en Vitoria cuando comenzó la guerra civil española. Se alistó como soldado al Eusko Gudarostea y le destinaron a la redacción del nuevo periódico vascófono Eguna, donde permaneció hasta la entrada de las tropas franquistas a Bilbao. Fue detenido por estos, y nuevamente movilizado con destino al Gobierno Militar de Burgos hasta terminar la guerra. Tras la finalización de los estudios y su ordenación sacerdotal, fue destinado en 1941 como coadjutor de la parroquia al industrial pueblo de Mondragón, situado en el valle guipuzcoano del Alto Deba, donde permaneció hasta su muerte. Sacerdote pragmático y trabajador, con un gran sentido de la justicia social y la dignidad humana, promovió numerosas entidades y empresas para el bien de los trabajadores y la comunidad, en lo que denominó como la “experiencia cooperativa de Mondragón”. Miles de personas visitan anualmente Mondragón, para analizar el modelo cooperativo autogestionado de Arizmendiarrrieta de creación y mantenimiento del empleo.
Biografía
Infancia y juventud: 1915-1931 José María Arizmendiarrieta, nació el 22 de abril de 1915 en el modesto caserío denominado Iturbe, enclavado en la anteiglesia de Barinaga, en el municipio vizcaíno de Marquina-Jemein. Sus padres fueron José Luis y Tomasa. El padre tuvo fama de hombre de paz entre sus convecinos. De aspecto bonachón, alegre y decidido, tenía vida de sociedad al socaire de ferias y cofradías. La madre era una ama de casa al temple de la mujer bíblica: inteligente, ordenada, hacendosa y sacrificada. Llevó el peso y el estilo de la educación de sus hijos, y también la administración del caserío.
José María era el hijo mayor de cuatro hermanos, siendo los otros tres María, Francisco y Jesús. Cuando tenía tres años sufrió una caída frente al caserío, sufriendo un fuerte traumatismo craneal, y llevado al médico de Marquina, el daño físico en su vista era irreparable, de tal forma que perdió el ojo izquierdo, que le fue reemplazado por uno artificial. A los cuatro años comenzó a ir a la escuela rural anexa a la parroquia, que costeaban los caseríos y vecinos del barrio. Las secuelas del accidente influyeron en el temperamento futuro de José María, así como en la sobre-protección que su madre le dedicó desde entonces.
Dada su invalidez visual y su educación familiar, en vez de jugar y hacer travesuras como otros niños, se carácter era poco expansivo, tímido, tranquilo, y observador. José María era un crío inteligente poco dotado para la fuerza física. De esta forma, el niño fue adoptando un carácter austero, modesto y práctico, cercano a su pragmática madre, quien a pesar de ser analfabeta apreciaba su inclinación por las letras y la literatura, y le alentó al cumplir los doce años para acudir al Seminario Menor de Castillo Elejabeitia. Allí se puso las gafas que ocultaban su minusvalía, y se afianzó su vocación sacerdotal. En el seminario descubrió un mundo nuevo, pero siguió siendo fiel a su origen, a la tierra campesina en la que había crecido y donde aprendió de su madre el valor del trabajo práctico como elemento de subsistencia en un caserío modesto. Proveniente de un entorno monolingüe de su idioma vascuence en todos los ámbitos sociales, en el seminario estudió sobre todo cultura general en los dos idiomas permitidos, el castellano y el latín. Cuatro años más tarde, se incorporó al recién inaugurado Seminario Diocesano de Vitoria.
Seminario de Vitoria: 1931-1936 Arizmendiarrieta estuvo en el Seminario en tiempos de la Segunda República española, justamente cuando resurgieron los temas sociales. Los seminaristas, además de cursar Filosofía y Teología, estudiaban la encíclica social Quadragessimo Anno de Pío XI. En consecuencia, profundizó en la espiritualidad del Movimiento Sacerdotal de Vitoria, teniendo como especiales preceptores a Joaquín Goikoetxeandia y Juan Thalamas. Y asumió el lema del primero: "Ser sacerdote, siempre y en todo sacerdote". Se concedía una gran importancia a valores como la austeridad corporal, la puntualidad, el silencio, la laboriosidad, la higiene y la presentación, tanto la física como la de los materiales didácticos. En el Seminario había dos grupos, uno era el de los más jóvenes e irreflexivos, que jugaban a fútbol y a la pelota, y otro de maduros, serios y responsables que paseaban pensando en los problemas del mundo, sobre paz y guerra, o cuestiones sociales como el hambre y las misiones. Arizmendiarrieta pertenecía a este grupo. Uno de los curas más influyentes fue Manuel Lekuona, profesor de lenguas y arte. Defendía que trabajar por el cultivo de la lengua vasca era un deber apremiante de los sacerdotes diocesanos, para enseñar la catequesis en la lengua vernácula. De hecho, en 1933 varios alumnos de 2.º de Filosofía decidieron fundar el “Tercer nivel de la Sociedad Kardaberaz” (Kardaberaz Bazkunaren hirugarren maila), y le dotaron del lema “Siempre adelante” (Aurrera beti). Todos acordaron que el más indicado para redactar sus estatutos era Arizmendiarrieta, quien elaboró también su manifiesto fundacional, en el que asociaba el trabajo de la sociedad con el ideario renacentista. Asimismo, fue nombrado Subdirector de la sociedad, es decir, su responsable de facto, pues el director, Lekuona, realizaba una labor de mera supervisión. Celebraban un promedio de tres reuniones por mes, a las que se añadían las juntas ordinarias y extraordinarias.
Tanto Lekuona como José Miguel Barandiarán trasladaron a los seminaristas el valor de la observación crítica, siendo reacios al mero estudio. Y es que el romanticismo monástico del Seminario enclaustraba la vocación sacerdotal, y según Arizmendiarrieta, “de tanto hablar de las tentaciones del mundo, quedaban ausentes y desconocedores de las auténticas tentaciones: el poder y la comodidad.”
Guerra Civil y ordenación sacerdotal: 1936-1941 Al comienzo de la guerra civil en julio de 1936, Arizmendiarrieta se encontraba en el caserío familiar de Barinaga disfrutando de sus vacaciones anuales del Seminario, y allí permaneció hasta que fue movilizado por el nuevo Gobierno Vasco de José Antonio Aguirre. Pero el tribunal médico militar certificó su incapacidad para el servicio activo de armas, y le destinó a cuerpos auxiliares, en concreto a la redacción del periódico Eguna (El día), donde cobraba un sueldo mensual como soldado. El periódico en vascuence había sido creado en enero de 1937 por el nuevo gobierno para comunicarse con la población vascófona, y muy en especial con los soldados del frente. Era miembro de la Asociación de Prensa de Bilbao, y en mayo y junio también escribió en el periódico bilingüe Gudari (Soldado), destinado directamente a los batallones de milicianos vascos. En sus artículos se mantenía el ideario antifascista, nacionalista y cristiano-demócrata de Eguna. Con Arizmendiarrieta trabajaban varios compañeros del grupo “Siempre adelante” del seminario de Vitoria, como Eusebio Erkiaga y Alejandro Mendizabal. El tratamiento de la información buscaba la defensa de la patria vasca y de sus componentes más importantes: la lengua y la religión. Todo ello desde una orientación política cristiano-demócrata, con insistentes referencias a la justicia social.
En junio de 1937, las tropas sublevadas invadieron Bilbao, y Arizmendiarrieta intentó huir a Francia. Pero temeroso de que tomasen represalias contra su familia, volvió a Barinaga y posteriormente fue detenido a causa de una denuncia. Estuvo un mes en la cárcel acusado de escribir en Eguna y Gudari, y tras un consejo de guerra sumarísimo contra 17 detenidos, solamente 4 se salvaron de ser fusilados, entre ellos Arizmendiarrieta, que declaró ser soldado y no periodista. Finalmente le dejaron en libertad sin cargos, y fue movilizado por el ejército franquista, siendo destinado al regimiento de artillería de Burgos. Consiguió permiso para seguir estudiando Teología en el seminario de esa ciudad, aprobando y logrando pasar a un nuevo curso. A finales de año se habilitó el seminario de Vergara, y allí se trasladó Arizmendiarrieta a proseguir sus estudios sacerdotales.
En septiembre de 1939 volvió de nuevo al Seminario de Vitoria, bajo la tutela del profesor Rufino Aldabalde, que había creado unos grupos de trabajo donde consideraba que, tras la convulsión de la guerra civil, la cuestión social era la tarea palpitante que debían afrontar las nuevas generaciones de sacerdotes. Las etapas de “Kardaberaz” y del trabajo en Eguna habían finalizado, y en diciembre Arizmendiarrieta fue nombrado por Aldabalde director de la hoja del grupo, que llevaba por nombre Pax. En marzo de 1940 la hoja cambia el nombre a Surge, y se crea el Movimiento Sacerdotal de Vitoria, donde el apostolado social, especialmente el de la juventud y el obrero, fueron los dos ámbitos de trabajo en que participó Arizmendiarrieta en esos meses previos a su ordenación.
El 1 de enero de 1941 celebró su primera misa en la iglesia de San Pedro de Barinaga en presencia de sus padres y familiares. En la ceremonia se cantó la misa de Perosi, y también el Nun duzu amandrea (Dónde tienes a la abuela), de su admirado presidente de Euskaltzaindia (Real Academia de la Lengua Vasca) Resurrección María de Azkue. Tras lo cual, y aunque él pretendía marchar a la universidad belga de Lovaina a estudiar Sociología, fue destinado como coadjutor auxiliar a Mondragón, que sufría inusuales niveles de desempleo y tensiones sociales como secuelas de la guerra civil. 300px|thumb|Primera cooperativa industrial ULGOR, en 1956.
Destinado a Mondragón: 1941-1954 En febrero de 1941 se trasladó de su Barinaga natal al deprimido pueblo de Mondragón de la posguerra. Allí, desde la Edad Media se trabajaba el hierro en sus ferrerías y talleres artesanales. Y a principios del contaba con una eficiente actividad industrial, dedicándose las empresas a la producción de laminados, perfiles y chapa, tornillería, cerrajería, ferretería, muebles metálicos, fundición maleable, aparatos de uso doméstico, accesorios de tubería de hierro, y mobiliario de oficina. A la llegada de Arizmendiarrieta esas empresas daban trabajo a 1500 obreros, de una población de 8800 habitantes.
La empresa más importante era la Unión Cerrajera con 800 empleados. Cotizaba en bolsa y disponía para sus empleados de un economato y su propia escuela de aprendices, donde Arizmendiarrieta comenzó a impartir una hora semanal de clase de formación social, como consiliario de la parroquia San Juan Bautista. Este trato con los jóvenes aprendices le llevó a dinamizar la Acción Católica como centro de ocio social, cultural y religioso. Además, creó en 1942 nuevas secciones como la Juventud Deportiva, la Academia de Sociología, y la revista Aleluya destinada a los reclutas que marchaban fuera. Pero Arizmendiarrieta quería socializar el saber, y ampliar la posibilidad de formación a todos los hijos de los trabajadores. Visitó la escuela profesional que había abierto en Vitoria Pedro Anitua, y decidió hacer lo mismo, creando en 1943 en precarias condiciones una escuela profesional, a nombre de Acción Católica. Era una escuela privada, no cooperativa, gobernada en un principio por un patronato con representantes de los empresarios, de los obreros y del Ayuntamiento. El primer año comenzaron veinte jóvenes, que durante los once meses del curso tenían un trabajo remunerado de cuatro horas por la mañana en las empresas, y por la tarde acudían a clase durante seis horas.