200px|thumb|Invasión de la casa de Joseph Priestley, Fairhill. Los disturbios de Birmingham de 1791, también conocidos como disturbios de Priestley (en inglés: Priestley Riots), tuvieron lugar entre el 14 y el 17 de julio de 1791 en Birmingham (Inglaterra). Los principales objetivos de los alborotadores eran los disidentes religiosos y muy particularmente Joseph Priestley, un personaje controvertido tanto teológica como políticamente. Varios asuntos de actualidad locales y nacionales contribuyeron a agitar las pasiones de los alborotadores, desde ciertos desacuerdos sobre la venta de ciertos libros en bibliotecas públicas hasta las controversias en torno a los intentos de los disidentes de obtener los plenos derechos civiles, así como el apoyo de los mismos a la Revolución francesa.
Los disturbios comenzaron con el ataque a un hotel donde se celebraba un banquete de solidaridad con la Revolución francesa. Después, tras comenzar por la casa y la iglesia de Joseph Priestley, los manifestantes atacaron y quemaron cuatro iglesias disidentes, veintisiete casas y varios comercios. Muchos de ellos se embriagaron con el licor que encontraban durante los saqueos o con el que trataban de sobornarlos para detener la quema de casas. Sin embargo, no pudieron sobornar a un pequeño grupo, que se mantuvo sobrio. Los alborotadores no solo quemaron las casas de los disidentes y sus iglesias, sino también las de personas a las que asociaban con ellos, como la casa donde se reunían los miembros de la científica Lunar Society (Sociedad Lunar).
Aunque los disturbios no los inició la administración del primer ministro William Pitt, el gobierno nacional fue lento en su respuesta a la solicitud de ayuda de los disidentes. Al parecer, algunos funcionarios locales de Birmingham participaron en la planificación de los disturbios y, posteriormente, fueron renuentes a la hora de perseguir a sus cabecillas. El industrial James Watt escribió que los disturbios «la dividieron [a Birmingham] en dos partidos que se odiaban mortalmente entre sí».Citado en Rose, 83. Los que habían sido atacados se vieron obligados a abandonar Birmingham poco a poco, dejando una ciudad aún más conservadora de lo que lo había sido a lo largo del .
Contexto histórico right|200px|thumb|Repeal of the Test Act: A Vision, caricatura de James Sayers, donde se muestra a Priestley vomitando el humo de la herejía desde el púlpito. Birmingham En el transcurso del , Birmingham llegó a cobrar notoriedad por sus disturbios. En 1714 y 1715, los habitantes, formando parte de una muchedumbre que seguía el lema «Church and King» («¡Iglesia y Rey!»), atacaron a los disidentes (protestantes que no se ajustaban a la Iglesia de Inglaterra) en los disturbios de Sacheverell, que tuvieron lugar durante el juicio de Henry Sacheverell en Londres, y, en 1751 y 1759, arremetieron contra los cuáqueros y los metodistas. Durante los disturbios anticatólicos de Gordon de 1780, se reunieron en Birmingham grandes multitudes. En 1766, 1782, 1795 y 1800, el populacho protestó por el alto precio de los alimentos.Rose, 70s; Schofield, 263s. Un contemporáneo describió a los manifestantes de Birmingham como «el populacho escandaloso, alborotador, descarado, desalmado, canalla, sinvergüenza y mafioso de Birmingham».Citado en Rose, 70.
Hasta finales de los años 1780, las divisiones religiosas no afectaban a la élite de Birmingham. Disidentes y anglicanos vivían juntos en armonía. Estaban en los mismos comités de promoción de la ciudad, tenían intereses científicos comunes en la Sociedad Lunar y trabajaban juntos en el gobierno local. Se mantenían unidos contra lo que consideraban como la amenaza planteada por los plebeyos insubordinados.Rose, 70s. Después de los disturbios de 1791, el científico y clérigo Joseph Priestley aseguró en su Apelación al público sobre el tema de los disturbios de Birmingham (1791) que esa cooperación no había sido tan amistosa como se creía en general. Priestley reveló que las disputas sobre la biblioteca local Sunday Schools y sobre la asistencia a la iglesia habían dividido a los disidentes y a los anglicanos.Sheps, 50; Priestley, 6–12. En su «Narración de los disturbios de Birmingham» (1816), William Hutton, el impresor e historiador de Birmingham, coincidía con Priestley, explicando que fueron cinco los acontecimientos que atizaron el fuego de la fricción religiosa: los desacuerdos sobre la admisión de libros de Priestley en la biblioteca pública local, la preocupación sobre los intentos de los disidentes de derogar la Test Act y la Corporation Act de 1661, la polémica religiosa (en particular en relación con Priestley), un «panfleto incendiario» y una cena en la que se celebró el estallido de la Revolución francesa.Hutton, 158–62.
Una vez los disidentes de Birmingham empezaron a crear agitación para derogar la Test Act y la Corporation Act, que restringían los derechos civiles de los disidentes (impidiéndoles, por ejemplo, asistir a las universidades de Oxford o Cambridge, así como ocupar cargos públicos), la aparente unidad entre la élite de la ciudad había desaparecido. Unitaristas como Priestley se encontraban en la vanguardia de la campaña de derogación, por lo que el enojo y los nervios de los ortodoxos y los anglicanos crecieron. Después de 1787, la aparición de grupos disidentes formados con el único propósito de derogar estas leyes comenzó a dividir a la comunidad; sin embargo, los esfuerzos por lograr la derogación fracasaron en 1787, 1789 y 1790.Rose, 71; Sheps, 51s.; Schofield, 269–277. El apoyo de Priestley a la derogación y sus opiniones religiosas heterodoxas, que eran del dominio público, inflamaron al populacho.Schofield, 268s. En febrero de 1790, un grupo de activistas se reunió no solo para oponerse a los intereses de los disidentes, sino también para contrarrestar lo que consideraban una indeseable importación de los ideales revolucionarios franceses. Los disidentes apoyaban en gran medida la Revolución francesa y los esfuerzos de la misma por cuestionar el papel que la monarquía debía desempeñar en el gobierno.Rose, 72; Schofield, 277–83. Un mes antes de los disturbios, Priestley intentó fundar una sociedad reformista, la Sociedad Constitucional de Warwickshire, que había de apoyar el sufragio universal y los parlamentos cortos. A pesar de que este intento fracasó, los esfuerzos por establecer una sociedad de esa clase aumentaron las tensiones en Birmingham.Rose, 72; Schofield, 283.
Además de estas diferencias religiosas y políticas, tanto los alborotadores de clase baja como sus líderes anglicanos de clase alta tenían quejas por motivos económicos contra los disidentes, que eran de clase media. Envidiaban la creciente prosperidad de estos industriales así como el poder que venía acompañando a ese éxito económico.Sheps, 47–50; Thompson, E.P. The Making of the English Working Class ("La formación de la clase trabajadora inglesa"). New York: Vintage (1966), 73–75. El historiador R. B. Rose habla de estos empresarios como pertenecientes a «una élite interna de magnates». Rose, 70. El mismo Priestley había escrito un folleto, Informe sobre una sociedad para animar a los pobres industriosos (An Account of a Society for Encouraging the Industrious Poor, 1787), acerca de la mejor manera de extraer más trabajo de los pobres por la menor cantidad de dinero. Su insistencia en el cobro de deudas no le ganó las simpatías de las personas asoladas por la pobreza.Schofield, 266.
Reacción británica a la Revolución francesa 225px|thumb|left|The Treacherous Rebel and Birmingham Rioter («El rebelde traicionero y el alborotador de Birmingham», ca. 1791), donde Priestley aparece como el rebelde perseguido por Satán (a la derecha). El debate público sobre la Revolución francesa en Gran Bretaña duró desde 1789 hasta 1795.Butler, «Introduction», 1. Inicialmente, muchas personas a ambos lados del canal de la Mancha pensaban que los franceses iban a seguir el patrón de la Revolución Gloriosa inglesa de hacía un siglo y por eso una gran parte del público británico veía positivamente la revolución. La mayoría de los británicos celebraron la Toma de la Bastilla en 1789, creyendo que la monarquía absoluta de Francia iba a sustituirse por una forma de gobierno más democrática. En esos primeros días tan intensos, los partidarios de la revolución creían, asimismo, que el propio sistema de gobierno del Reino Unido también sería sometido a reformas. Se extendería el derecho al voto y la redistribución de los límites de las circunscripciones parlamentarias eliminaría los llamados rotten boroughs («municipios podridos», en los que el sistema de voto estaba corrupto).Butler, "Introducción", 3.
Después de la publicación de las Reflexiones sobre la Revolución francesa (1790) del estadista y filósofo Edmund Burke, en las cuales sorprendentemente rompía con sus colegas liberales whig para apoyar a la aristocracia francesa, comenzó una auténtica guerra de panfletos discutiendo sobre la revolución. Dado que Burke había apoyado a los colonos americanos en su rebelión contra Inglaterra, sus opiniones conmocionaron a todo el país. Mientras Burke apoyaba a la aristocracia, a la monarquía y a la iglesia establecida, liberales como Charles James Fox apoyaban la revolución y estaban a favor de un programa de libertades individuales, virtudes cívicas y tolerancia religiosa, y radicales como Joseph Priestley, William Godwin, Thomas Paine y Mary Wollstonecraft abogaban por un nuevo programa de republicanismo, socialismo agrario y la abolición de los «intereses territoriales».Butler, "Introducción", 1-4. Alfred Cobban describe el debate que estalló como «quizás el último debate real sobre los fundamentos de la política en [Gran Bretaña]». Sin embargo, en diciembre de 1795, después del Reinado del Terror y de la guerra con Francia, quedaban pocos que apoyaran la causa francesa o creyeran que esa reforma se hubiera de extender a Gran Bretaña, y los sospechosos de seguir siendo radicales se convirtieron en el objeto de la suspicacia oficial y popular.
Los acontecimientos que precipitaron los disturbios de Priestley llegaron menos de un mes después de la fuga y posterior arresto de la familia real francesa y en un momento en el que gran parte de las promesas iniciales de la Revolución francesa ya se habían disipado. No obstante, la espiral de violencia de la fase tardía de la Revolución francesa todavía no había comenzado.
Indicios de los problemas 225px|thumb|Caricatura de James Gillray, en la que se hace mofa de la cena del 14 de julio. El 11 de julio de 1791, un periódico de Birmingham anunció que el 14 de julio se celebraría el segundo aniversario de la Toma de la Bastilla con una cena en un hotel local para conmemorar el estallido de la Revolución francesa; la invitación alentaba a que asistieran «todos los amigos de la libertad»:
A este anuncio lo acompañaba una amenaza: «una auténtica lista» de los participantes se publicaría después de la cena.Rose, 72; Schofield, 283s. El mismo día, un panfleto «ultrarrevolucionario», escrito por James Hobson (aunque su autoría no era conocida en esos momentos), se puso en circulación. Los funcionarios de la ciudad ofrecieron cien guineas para obtener información sobre la publicación del panfleto y su autor, lo cual fue en vano. Los disidentes se vieron obligados a alegar su ignorancia al respecto y renegar de las ideas «radicales» que promovía el panfleto.Rose, 72s.Sheps, 55–57.Schofield, 283–s. Para el 12 de julio, cada vez era más evidente que habría problemas en la cena. En la mañana del 14 de julio, se pintaron muchas paredes de la ciudad con grafiti con mensajes como «destruyamos a los presbiterianos» y «¡viva la Iglesia y el Rey!»Rose, 73. En este punto, los amigos de Priestley, temiendo por su seguridad, le disuadieron de que asistiera a la cena.Rose, 73; Schofield, 284s; Maddison and Maddison, 99s.
14 de julio thumb|left|250px|Destrucción de la capilla Old Meeting (grabado de Robert Dent, 1879).