miniaturadeimagen|275x275px|Bandera tricolor de la República Española, usada entre 1931 y 1939. El exilio republicano español fue el exilio del conjunto de ciudadanos de la Segunda República española que, durante la guerra civil española y los primeros años de la dictadura franquista, se vieron forzados a abandonar España y establecerse en otros países como consecuencia de la derrota de la República y del temor a las represalias del bando vencedor. Los exiliados permanecieron en el extranjero hasta que la evolución de las circunstancias internas del país les permitió regresar paulatinamente, aunque muchos acabaron integrándose en las sociedades que les dieron refugio.

La principal oleada del exilio tuvo lugar a comienzos de 1939, tras la ofensiva de Cataluña, cuando cerca de medio millón de personas cruzaron la frontera francesa durante la retirada. Muchos de los refugiados fueron internados en campos de concentración y otros centros de acogida en Francia, donde las condiciones de vida se vieron agravadas posteriormente por el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Aunque una parte de los exiliados regresó a España en los años siguientes, alrededor de 220 000 permanecieron en el exilio de forma permanente.

Los principales países de acogida fueron Francia, México, Argentina y la Unión Soviética, aunque también se establecieron comunidades relevantes en otros países de Europa y América. El exilio estuvo integrado por militares, dirigentes políticos y funcionarios republicanos, así como por miles de civiles, intelectuales, artistas, científicos, docentes y otros profesionales cualificados, que desarrollaron una notable actividad cultural, científica y política tanto en los países de acogida como en España.

Desplazamientos de población durante la guerra right|250px|thumb|Niños preparados para la evacuación de España con el puño en alto, símbolo utilizado por la izquierda. Los primeros desplazamientos de refugiados y exiliados se produjeron durante los primeros meses de la guerra y particularmente en el período de agosto a diciembre de 1936. Este período estuvo marcado por los episodios de violencia sistemática en contra de la población civil, tanto como resultado de la represión por motivos ideológicos por parte de las fuerzas sublevadas, como por los partidarios de la revolución social y el avance de las operaciones militares. Estos desplazamientos se dieron principalmente hacia Francia y estuvieron caracterizados por su naturaleza provisional. Agrupaban a personas provenientes de las regiones fronterizas de Aragón, Cataluña y el País Vasco, ya fuera por su condición de proximidad al bando sublevado, en el caso de las dos primeras, o de partidarios del Gobierno que huían del avance del frente de Irún, en el último, o simplemente de personas «neutras» que se veían amenazadas por el clima de hostilidad y violencia.

A medida que se desarrollaba el conflicto, el carácter provisional fue volviéndose más permanente y masivo en el caso de los desplazados próximos al bando republicano, al punto que, si bien los episodios de huida en desbandada continuarían produciéndose, se emprendieron acciones desde el gobierno republicano para ordenar de manera planificada algunas de las evacuaciones, particularmente las de menores. La Oficina Central de Evacuación y Asistencia al Refugiado fue constituida en octubre de 1936, en vísperas de la batalla de Madrid, en previsión de realizar operaciones masivas de evacuación hacia la costa mediterránea, mientras que la Confederación General del Trabajo de Francia creó el Comité d’accueil aux enfants d’Espagne (CAEE) en París en noviembre.Los organismos creados para la gestión de los refugiados dentro del territorio republicano calcularon que llegó a haber 1.800.000 de personas consideradas oficialmente refugiadas. 200px|miniaturadeimagen|izquierda|Milicianas republicanas durante el asedio del Alcázar de Toledo. Las primeras evacuaciones de niños se produjeron desde Madrid y Valencia, con el envío de 100 menores hacia la Unión Soviética en febrero de 1937, y desde el País Vasco, donde se evacuaron a 450 personas hacia la isla francesa de Oléron, en la colonia . Más adelante, cerca de 300 de ellos fueron llevados a París y los restantes, albergados en Oostduinkerke, en Bélgica. También en 1937, en el mes de junio, llegaron 456 menores a México, que a partir de ese momento recibirían el apelativo de Niños de Morelia. Las gestiones para su traslado fueron posibles gracias al Comité de Ayuda a los Niños del Pueblo Español.

Bartolomé Bennassar (2004) señala que cerca de 10 000 ciudadanos del País Vasco huyeron por carretera hacia Francia. De Cataluña salieron muchos refugiados por vía marítima hacia Marsella y Génova así como a pie por los Pirineos, a la vez que intentaban evitar ser vistos por milicianos y carabineros. En total, se calcula que entre 30 000 y 35 000 refugiados de Cataluña llegaron a Francia e Italia entre julio de 1936 y finales de 1938.

Las operaciones militares en el llamado frente del Norte, que vieron progresar a las unidades franquistas desde Vizcaya hacia Santander en la primavera de 1937 provocaron una nueva oleada de miles de exiliados, con un número considerable de niños, esta vez exclusivamente republicanos, que se dirigían hacia Burdeos, La Rochela y Lorient. A raíz del bombardeo de Guernica, el Reino Unido aceptó acoger a niños republicanos. De este modo, el 21 de mayo de 1937 partían al exilio desde Santurce con destino al puerto inglés de Southampton cerca de 4 000 niños vascos a bordo del buque Habana (con capacidad para 400 pasajeros).

Meses más tarde Arthur Hinsley, cardenal y arzobispo prelado de Westminster, ejemplificaba la actitud profranquista de la jerarquía católica inglesa al mostrarse públicamente partidario de expulsar a España a los niños vascos refugiados en el país. En 1938, tras la batalla de la bolsa de Bielsa y la retirada de la 43.ª División del Ejército Popular, tuvo lugar un nuevo desplazamiento de personas en Aragón que se refugiaron directamente del otro lado de la frontera. A finales de 1938, se estima que en suelo francés permanecían 40 000 exiliados, aunque se consideraba que mantenían una situación de desplazamiento provisional.

La mayor avalancha se produjo con ocasión de la pérdida de Barcelona por la República (febrero de 1939). En esos momentos, más de medio millón de personas huyeron a Francia. Sobre todo en las primeras etapas, una gran parte fue internada en los campos que el gobierno francés de Daladier habilitó para tal caso. Las condiciones en tales campos fueron deplorables, como en el caso del Campo de Gurs. En esos primeros meses, cerca de la mitad de aquellos que se habían refugiado inicialmente en Francia regresaron a España (ya enteramente dominada por los franquistas).

Unas semanas antes del fin de la guerra, el informe Valière realizado a petición del gobierno francés, estimaba que a 9 de marzo de 1939 había alrededor de 440 000 refugiados en Francia, de los cuales 170 000 eran mujeres, niños y ancianos, 220 000 soldados y milicianos, 40 000 inválidos y 10 000 heridos.

El éxodo republicano de 1939 hacia Francia

La retirada (enero-febrero 1939) La emigración hacia Francia se aceleró de manera significativa durante el transcurso de la Batalla del Ebro y los meses posteriores, en un movimiento que vino a denominarse la retirada. El éxodo de ciudadanos provenientes de Cataluña fue masivo después de la caída de Barcelona el 26 de enero de 1939. El gobierno de Daladier decidió abrir la frontera franco-española el 27 de enero y los refugiados huyeron a través de los Pirineos por la Junquera, Portbou, Le Perthus, Cerbère y Bourg-Madame. Según un informe oficial con fecha de marzo de 1939, el número de refugiados españoles en Francia se estima en 440 000 personas. Además, los historiadores han estimado en 465 000 el número de refugiados después de la caída de Cataluña, de los que 170 000 eran civiles.

Acogida de los refugiados En la misma Francia, fueron los departamentos del sudoeste, próximos a España, los que acogieron al mayor número de refugiados, con una fuerte inmigración española en las ciudades de Burdeos y Toulouse, donde ya residían españoles. Los otros departamentos de la costa atlántica, en mayor medida Loira, también acogieron refugiados, así como el Macizo Central, Bocas del Ródano y la región parisina.

La acogida de los viajeros fue diferente según el lugar. Unos fueron bien recibidos y objeto de acciones de solidaridad, mientras que otros fueron vistos con desconfianza y hasta hostilidad en una Francia en crisis, con visos de xenofobia.

Los campos de concentración franceses

Principales campos de internamiento 250px|miniaturadeimagen|derecha|Liberación por los estadounidenses del campo de concentración de Mauthausen-Gusen bajo una pancarta escrita en español que reza: «Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras». Alrededor de 9 000 republicanos españoles acabaron en campos de concentración nazis.Estos campos fueron evolucionando con el tiempo. Las autoridades francesas, agobiadas por el volumen de la mascaret humain —como la denominó el ministro del Interior Albert Sarraut—de la retirada, reagruparon a los refugiados en centros de «control» o «clasificación» en la frontera. Más tarde, los ubicaron en campos de concentración (término oficial de la época) o de «internamiento» ubicados en las faldas de los Pirineos y, especialmente, en las playas mediterráneas más próximas a la frontera. Allí serían recluidos unos 270 000 hombres, la mayoría excombatientes del ejército republicano. Consistía en un terreno de arena cercado por alambradas en el que ni siquiera existía un techo bajo el que cobijarse y rodeado de soldados senegaleses armados de ametralladoras y fusiles.

Fueron situados en principio en el departamento de Pirineos Orientales, como en el caso del campo de Saint-Cyprien, el campo de concentración de Argelès-sur-Mer o el campo de Le Barcarès en las playas. Estos campos de internamiento especializados—que agrupaban especialmente a vascos, antiguos combatientes de las Brigadas internacionales (campo de Gurs), catalanes (Agda, campo de Rivesaltes), ancianos (Bram) y a la división Durruti (Campo de Le Vernet), fueron creados tierra adentro en febrero de 1939 en los departamentos vecinos del Rosellón, para compensar por el crecimiento de las estructuras del litoral y las condiciones sanitarias deterioradas.

Al mencionar las cifras de exiliados españoles, los registros a menudo omiten a aquellos que desembarcaron en el norte de África, que fueron cerca de 10 000. Anne Charaudeau (1992) explica en detalle la forma en que estos desterrados fueron tratados después de su llegada. Al principio, fueron detenidos en los campos a causa de su potencial peligrosidad, pero rápidamente se convierten en una mano de obra indispensable en tiempo de guerra. En la Argelia francesa, los exiliados a quienes se les volvía a capturar se les empleó en las canteras para la construcción del ferrocarril transahariano a partir de 1939. El historiador Peter Gaida (2014), describe así las condiciones de vida de los trabajadores forzados en el ferrocarril transahariano después de 1940:

En los campos se producían enfrentamientos ideológicos entre los prisioneros, derivados de la guerra civil española, que eran explotados por las autoridades francesas. Estas aprovechaban, por ejemplo, las tensiones entre anarquistas y comunistas para controlar a estos últimos, como en el caso del campo de Vernet d'Ariège, que se convertiría en un campo disciplinario para prisioneros políticos bajo el régimen de Vichy.

Los refugiados durante la Segunda Guerra Mundial (1940-1945) Internamiento y trabajos forzados bajo el Régimen de Vichy