Francisca de Orleans (París, 25 de diciembre de 1902-París, 25 de febrero de 1953) fue «hija de Francia»Los títulos se escriben entrecomillados pues no han sido otorgados por ninguna autoridad soberana y, a veces, son objeto de disputa entre legitimistas y orleanistas. El resto de títulos se escriben sin comillas. por nacimiento y princesa de Grecia y Dinamarca por matrimonio. Fue madre del escritor Miguel de Grecia, descendiente directa del rey Luis Felipe I de Francia y miembro de la familia real griega.
Francisca de Orleans pasó su infancia y su adolescencia entre Francia y Marruecos, donde sus padres, el «duque» y la «duquesa de Guisa», se instalaron en 1910. En Larache y Maarif, llevó una vida bastante libre y participó frecuentemente en trabajos agrícolas hasta tal punto que, durante la Primera Guerra Mundial, ayudó a su madre a dirigir la explotación familiar debido a la ausencia de personal europeo. En 1921, hubo un proyecto matrimonial entre Francisca y el joven rey Alejandro I de Yugoslavia que no se llevó a cabo a pesar del apoyo oficial del gobierno francés.
En 1929 se casó con el príncipe Cristóbal de Grecia. Con él se instaló en Italia, donde la pareja llevó una vida ociosa hasta que se arruinó. Sin dinero, Francisca se vio en la obligación de pedir dinero a su padre y posar en fotos publicitarias, no sin escándalo. En 1940, el príncipe Cristóbal murió y Francisca decidió abandonar, junto a sus hijos, Italia y su régimen fascista. Tras pensar en instalarse en Grecia, resolvió volver a Marruecos, junto a sus padres. En el protectorado norteafricano intentó, como pudo, apoyar a los aliados. Tras la Segunda Guerra Mundial la princesa se instaló en España y, posteriormente, en París, donde murió de depresión en 1953.
Familia thumb|left|El príncipe Juan de Orleans, «duque de Guisa».|150px Francisca de Orleans era la segunda hija del Juan de Orleans, «duque de Guisa» y pretendiente orleanista al trono de Francia, y de su esposa, la princesa Isabel de Orleans. Por parte de ambos fue tataranieta de Luis Felipe I de Francia. Fue también hermana de Enrique de Orleans, «conde de París», también pretendiente al trono de Francia y tía del pretendiente Enrique de Orleans, «conde de París» y «duque de Francia».
El 11 de febrero de 1929, Francisca se casó en Palermo con el príncipe Cristóbal de Grecia y de Dinamarca. Cristóbal, que ya había enviudado de Anastasia de Grecia, era el hijo menor de Jorge I de Grecia y su mujer la gran duquesa Olga Konstantínova Románova. Por parte de padre, era el nieto de Cristián IX de Dinamarca, apodado El abuelo de Europa, pues era primo o sobrino de muchos monarcas europeos. De esta unión, uno de los pocos matrimonios mixtos de la época,Era extraño ver matrimonios entre princesas católicas y príncipe ortodoxos o protestantes. Miguel de Grecia, Mémoires insolites, Pocket, París, 2004, p. 14-15 & Patricia H. Fleming « The Politics of Marriage Among Non-Catholic European Royalty » en Current Anthropology, vol. 14, n° 3, The University of Chicago Press, junio de 1973. nació un único hijo, Miguel de Grecia, príncipe de Grecia y Dinamarca. Se casó con la artista griega Marina Karella. Esta unión, al no estar conforme a las leyes dinásticas, privó al príncipe de cualquier derecho sobre las coronas de Grecia y Dinamarca.
Biografía Infancia en Marruecos Francisca nació en París en 1902. En aquella época, su padre no era aún jefe de la casa de Orleans y, por ello, no se le aplicaba la ley de exilio votada por el parlamento francés en 1886. La princesa pasó sus primeros años en el palacio familiar de los Orleans en Nouvions-en-Thiérache.Philippe de Montjouvent, Le Comte de París et sa descendance, Editions du Chaney, 1998, p. 22-23. En 1909, los «duques de Guisa» decidieron irse a vivir a Marruecos como colonos. Una vez allí, compraron sin dificultad grandes extensiones de tierra a las autoridades de la zona. La familia se instaló en Larache y adoptó el seudónimo de Orliac, apellido del tambor mayor del duque de Aumale.Georges Poisson, Les Orléans, une famille en quête d'un trône, Perrin, París, 1999, p. 339.Philippe de Montjouvent, op. cit., p. 23.
thumb|Mapa del Marruecos español. En Marruecos, Francisca y su familia vivían en condiciones espartanas. Durante varios años, su casa no era más que una barraca de adobe cubierta de planchas onduladas. No sería hasta 1918 cuando esta modesta casa dejaría paso a una confortable villa con agua corriente. Antes de la instauración del protectorado francés, los «Guisa» vivían en una relativa inseguridad en Marruecos: en 1911, una gran revuelta bereber sacudió el país y decenas de europeos fueron masacrados mientras el sultán Abd al-Hafid estaba siendo asediado en Fez. Los padres de Francisca decidieron quedarse en Larache con sus hijos, pero, por precaución, los miembros de la familia dormían vestidos y con fusiles al alcance de la mano.Philippe de Montjouvent, op. cit., p. 24 et 31. En 1912, Francia y España se repartieron el país y la vivienda de los «Guisa» en Larache pasó a formar parte del protectorado español mientras que la explotación agrícola de Maarif quedó en la zona francesa.Philippe de Montjouvent, op. cit., p. 25.
Con la colonización, el día a día de Francisca y de su familia fue más fácil y los «Guisa» estrecharon lazos con el general francés Louis Hubert Lyautey así como con los administradores españoles en el Rif. Los niños llevaban una vida bastante libre en la plantación familiar,Miguel de Grecia, Mémoires insolites, Pocket, París, 2004, p. 37-38. pero recibieron una educación muy estricta dirigida por la propia duquesa. Esta les enseñó inglés a sus hijos, ya que ella lo hablaba de forma fluida, pues había pasado su infancia exiliada en el Reino Unido donde también aprendió alemán de manos de una preceptora alsaciana y toscano, de una institutriz italiana. Los hijos empezaron a aprender español, que era la lengua de los colonos de la región, así como árabe gracias al contacto con los indígenas. Bajo las órdenes de su madre, Francisca, su hermano y sus hermanas debían hablar cada día una lengua diferente mientras jugaban.Philippe de Montjouvent, op. cit., p. 26.
thumb|left|La «duquesa de Guisa» en 1935. La familia nunca olvidó sus raíces francesas. Cada verano, los «Guisa» y su prole veraneaban en Francia y se instalaban en la casa de la duquesa de Chartres, el castillo de Vineuil-Saint-Firmin, así como en casa de la condesa de París, el castillo de Randan.Philippe de Montjouvent, op. cit., p. 27-28 A veces, «el duque y la duquesa» salían de Marruecos sin sus hijos para visitar a todos los parientes que tenían en Europa. En estos casos, los hijos se hacían cargo de la plantación familiar, por lo que se descuidaba su educación.Miguel de Grecia, op. cit., p. 38. No obstante, la princesa Francisca aprovechaba el tiempo libre para aprender a montar a caballo y se convirtió en una excelente amazona. Con el tiempo se convirtió en la única mujer a la que se le permitió entrenar en la Escuela Romana de Caballería de Tor di Quinto.Miguel de Grecia, op. cit., p. 16.
De la Gran Guerra al exilio en Bruselas La «duquesa de Guisa» y sus hijos estaban de vacaciones en Randan cuando estalló la Primera Guerra Mundial, el 28 de julio de 1914. Enseguida, la princesa y su prole se dieron prisa por reunirse con Juan de Orleans, que estaba en Larache. Sin embargo, apenas entraron en Marruecos, Francisca y su familia volvieron a la metrópolis donde el «duque de Guisa» intentó, sin éxito, entrar en el ejército francés. El presidente Raymond Poincaré desestimó su petición y, finalmente, entró en la Cruz Roja francesa. Su esposa y sus hijos cuidaban a los heridos en el castillo de Randan, convertido en un hospital militar.Philippe de Montjouvent, op. cit., p. 28-29.
Varios meses después, Francisca, su madre y sus hermanos volvieron a Marruecos, pero esta vez se instalaron en zona francesa. En aquel momento, los ejércitos españoles estacionados en el Rif eran bastante germanófilos y la familia prefirió escapar de la atmósfera antifrancesa que reinaba en la colonia. Durante cerca de cuatro años, los «Guisa» esperaron el final del conflicto y la vuelta del príncipe Juan, pero no permanecieron inactivos. La guerra había dejado a la plantación sin personal europeo, por lo que la «duquesa», ayudada por sus dos hijas mayores, Francisca e Isabel, tomó las riendas de los terrenos en suelo marroquí y la propia familia se ocupó de algunas tareas agrícolas.Philippe de Montjouvent, op. cit., p. 29-30.
Con el fin de la guerra, Juan regresó a Marruecos y los «Guisa» volvieron a vivir en Larache donde los trabajos ya habían terminado en la residencia familiar.Philippe de Montjouvent, op. cit., p. 31. Sin embargo, los «Guisa» siguieron realizando estancias de forma regular en Francia. En 1921, los «duques» y sus hijos mantuvieron una reunión secreta en Randan con el rey Alejandro I de Yugoslavia,El título exacto de Alejandro I era «rey de los Serbios, de los Croatas y de los Eslovenos». Solo a partir de 1929 recibiría oficialmente el título de rey de Yugoslavia. Dominique Frémy (dir.) «Yougoslavie» dans Quid 2001, Éditions Robert Laffont, 2000, p. 1260, col. B. (en francés) que buscaba una esposa y deseaba casarse con Francisca. Sin embargo, y a pesar del apoyo del gobierno francés que veía con buenos ojos esta alianza, el proyecto matrimonial fue un fracaso y el soberano se casó finalmente con la princesa María de Rumanía.Philippe de Montjouvent, op. cit., p. 33.
Entre 1923 y 1927 se casaron las dos hermanas de la princesa Francisca, Isabel y Ana,Philippe de Montjouvent, op. cit., p. 33 et 47. y su hermano Enrique se fue de la residencia familiar para continuar con sus estudios.Philippe de Montjouvent, op. cit., p. 35-36. Mientras, el «duque de Guisa» se convirtió en el jefe de la casa de Orleans tras la muerte de su cuñado, el príncipe Felipe, en 1926.Philippe de Montjouvent, op. cit., p. 37. El nuevo pretendiente al trono francés decidió trasladarse de Marruecos a Bélgica para poder estar más fácilmente en contacto con las organizaciones monárquicas francesas.Philippe de Montjouvent, op. cit., p. 40. A pesar de todo, Francisca y sus padres siguieron residiendo cerca de la mitad del año en sus terrenos en Marruecos.Miguel de Grecia, op. cit., p. 40.
Princesa de Grecia thumb|left|La princesa Francisca a principios de los años 1920. Francisca estuvo soltera durante mucho tiempo hasta que conoció a su futuro esposo durante la boda de la princesa Mafalda de Saboya y el príncipe Felipe de Hesse-Kassel, en 1925, en el palacio Racconigi, cerca de Turín.Ricardo Mateos Sainz de Medrano, La Familia de la Reina Sofίa, La Dinastίa griega, la Casa de Hannover y los reales primos de Europa, La Esfera de los Libros, Madrid, 2004 p. 319. No sería, sin embargo, hasta cuatro años más tarde, en 1929, cuando Cristóbal de Grecia y Francisca empezaron una relación. Fue en casa de una tía de Francisca, Elena de Orleans, donde los dos jóvenes pudieron empezar a conocerse realmente. El flechazo fue instantáneoCristóbal de Grecia, Memoirs of HRH Prince Christopher of Greece, The Right Book Club, Londres, 1938, p. 246. y el príncipe heleno buscaba acercarse a la joven dama, a la que empezaba a cortejar.Miguel de Grecia, op. cit., p. 30. Tenía trece años más que ella y era viudo de una rica americana, Anastasia de Grecia, de la que heredó una gran parte de su fortuna. Vivió entre Roma y Palermo tras el desastre de la Guerra greco-turca, que supuso el exilio de la mayor parte de los miembros de la familia real griega.Miguel de Grecia, op. cit., p. 15-16. Corpulento y bastante calvo, el príncipe era un hombre seductor: su humor y sus dotes artísticas suplían las imperfecciones de su físico.Miguel de Grecia, op. cit., p. 16 et 31. Además, estaba envuelto en un aura de misterio que tenía relación con su gusto por las ciencias ocultas.Ricardo Mateos Sainz de Medrano, op. cit., p. 487-489