miniatura|Lago de Puigcerdá, capital de la Baja Cerdaña. miniatura|Castillo de Llivia de arquitectura románica. miniatura|Vista de Bellver de Cerdaña, perteneciente a la provincia de Lérida. El arte románico de la Baja Cerdaña — comarca de Cataluña que se sitúa al norte de las provincias de Lérida y Gerona (España)— se da principalmente en la arquitectura religiosa de sus iglesias. De muchas de ellas se tiene noticias mediante el acta de consagración de la catedral de Santa María de Urgel, al final del , donde consta una lista de sesenta y ocho parroquias, iglesias y villas de la Cerdaña que fueron asignadas como dote a Santa María de Urgel. La importancia de la catedral se enmarca, sobre todo en su condición de sede obispal, ya datada de la época visigótica. La frontera eclesiástica tampoco correspondía a la frontera real establecida en el tratado de los Pirineos del año 1659; hasta el año 1802, de la diócesis de Urgel dependían los treinta y tres pueblos de la Cerdaña francesa. Más tarde la división provincial de 1833 rompió administrativamente la comarca, dividida entre las provincias de Gerona (once municipios) y Lérida (seis municipios).
Las características arquitectónicas principales de sus iglesias son la simplicidad estructural y las dimensiones reducidas. Este arte arquitectónico desarrollado en Cataluña alrededor del fue llamado por Puig i Cadafalch como el primer románico con corriente artística procedente de Francia e Italia.
El románico se ve representado también en fortificaciones como la de Sant Martí dels Castells en Bellver de Cerdanya, documentado desde el año 1050, como dominio de Ramón Wifredo, después infeudado al vizconde de Castellbó en el año 1134, y el Castillo de Llivia (Llivia), datado del y del cual sólo se conservan algunos restos.
Promotores y donaciones Las iglesias eran promovidas por el obispo, el señor de las tierras, nobles o por la misma población y normalmente se edificaba aprovechando algún muro de anteriores construcciones.
Muchas se donaban por parte de los obispos a monasterios de sus alrededores: Monasterio de Sant Miquel de Cuixà: Sant Andreu de Baltarga, Sant Julià de Tartera, Sant Tomàs de Ventajola, Santa Eugenia de Saga y Santa Cecilia de Bolvir. Monasterio de San Saturnino de Tabérnolas: Santa Coloma de Ger, Sant Esteve d'Umfred. Monasterio de Sant Pere de Rodes: Sant Pere de Osséja. Monasterio de Santa Maria de Serrabona: Sant Martí d'Urtx. Monasterio de Sant Martí del Canigó: Sant Esteve de Guils, Sant Bartomeu de Bajande y Santa María de Mosoll. <div style="float:center; margin: 3mm; padding: 1mm; width: 600px; border: 0px solid;"> Monasterios con más dotaciones de iglesias de la Baja Cerdaña. 160px 170px 185px 170px <center> Monasterio de Sant Miquel de Cuixà. <center> Monasterio de Santa Maria de Serrabona. <center> Monasterio de Sant Pere de Roda. <center> Monasterio de Sant Martí del Canigó. </small></div></center> El acto más importante después de su construcción o reconstrucción, era la consagración o dedicación por el obispo de la diócesis, en cuya ceremonia se otorgaba a un santo patrón. Los más frecuentes en la Cerdaña fueron las advocaciones a Santa María y a Sant Martí (san Martín). Se levantaban actas que firmaban algunos de los asistentes, normalmente obispos de otras diócesis o nobles invitados; en la misma acta o en algunos casos en otra adicional, llamada Dotalia, se nombraban los bienes con los que era dotada la parroquia y quiénes eran los donantes. Algunas de estas actas aún se conservan y por ellas se tienen los datos de muchas iglesias, como: El obispo Ingobert consagró la iglesia de Sant Andreu de Baltarga en el año 890. El obispo Nantigis, la de Santa Eugenia de Sallagosa en el año 913. El obispo Guillen Guifré, la de Sant Esteve de Guils, el año 1042. Los obispos Pere Berenguer de Urgel y Udalgar de Elna la de Sant Serni de Coborriu el año 1137. El obispo Pere de Puigvert la de Sant Pere de Osseja (Alta Cerdaña) el año 1219. El mantenimiento de sus posesiones originaron una tirantez constante y unas incesantes luchas a lo largo de toda la Edad Media. El condado de la Cerdaña fue invadido en el año 1198 por los cátaros, dirigidos por Ramón Wifredo de Foix y por el vizconde de Castellbó, causando muchos daños especialmente a las iglesias. La crisis albigense (siglos y ) afectó notablemente la zona más septentrional del obispado, ya que los centros principales del catarismo se ubicaron en territorios fronterizos de Francia (Toulouse, Foix, Carcasona). Su actividad resultó especialmente violenta en la Cerdaña, donde fueron expoliadas y destruidas muchas iglesias.
Iglesias miniatura|Muro construido con aparejo de hileras de piedra en forma de espiga opus spicatum. miniatura|Muro en Inglaterra
La mayoría de ellas han llegado al dedicadas al mismo servicio para el cual fueron construidas. No eran en conjunto grandes iglesias, pues se edificaban para las necesidades de las pequeñas poblaciones que tenían a su cargo y eran construidas con proporciones pequeñas, sencillas y homogéneas entre sí: de este modo las primeras pertenecientes al y , estaban realizadas en materiales pobres, piedra sin trabajar, barro, madera y caña, con lo que era fácil que algún incendio las destruyera, o simplemente por la degradación natural del tiempo. Hacia el final del ya se hicieron mejores construcciones y se empezó a ver la decoración escultórica en el exterior de tipo lombardo con frisos de arcos ciegos y lesenas.
Un siglo más tarde, las sillerías ya se observan bien talladas y puestas en filas más regulares; algunas paredes están construidas con el aparejo de hileras de piedras inclinadas en forma de espiga opus spicatum como se muestra en la iglesia de Sant Miquel de Soriguerola, y en la mitad del se puede ver el arco ojival en las bóvedas.
Las ventanas son pequeñas, generalmente del tipo aspillera y orientadas al este, hacia el sol. El arco de medio punto fue el primero empleado, según la categoría de la iglesia, se utilizaban los portales en degradación y con un número diverso formando las arquivoltas que estaban decoradas con diversos motivos.
Normalmente se comenzaban a construir a partir del ábside, donde es fácil observar una construcción de más calidad, seguramente realizada por personal más experimentado por ser la parte más difícil de la construcción de la iglesia; esta diferencia se puede ver claramente en la de Sant Serni de Meranges y Sant Martí de Víllec.
Arquitectura miniatura|Esquema de bóveda de cañón. Constaban, sin grandes variaciones de edificaciones de una sola nave con ábside de forma semicircular en la cabecera. Normalmente se emplazaban en un lugar bien visible para aprovechar cualquier prominencia del terreno. Las cubiertas eran de bóveda de cañón y un campanario de espadaña sobre el frontispicio. La puerta estaba orientada al mediodía y las hojas de madera estaban ornamentadas con forja. Poseían un terreno adosado al templo para usarlo de cementerio. La iglesia de Sant Julià de Tartera es la única de la Cerdaña que presenta dos naves con sus correspondientes ábsides.
La nave La nave es de planta rectangular; algunas se presentan descentradas con respecto al ábside, sin ninguna lógica, lo que hace pensar que es debido a una deficiencia constructiva. Pocas están divididas en tramos por pilares o arcos torales como las de Sant Andreu de Baltarga o la de Santa María de All.
Las primeras en construirse fueron cubiertas con estructuras y vigas de madera; así se encontraban las iglesias de Sant Julià de Pedra y Sant Tomàs de Ventajola, ambas con paredes de muros de unos ochenta centímetros, ya que sólo trasmitían cargas verticales y no necesitaban paredes muy gruesas. La bóveda de cañón propia del románico necesita de robustas paredes para resistirla; según la anchura de la nave y la altura del muro, se acostumbraba a poner para dar un refuerzo una hilera de arcos formeros de unos cuarenta centímetros de grueso adosados en los muros, aplicándose esta solución desde el para la reconstrucción de las iglesias, (que habían perdido la cubierta de madera), con una bóveda de piedra. Así se hizo entre otras en Sant Julià de Pedra, Santa Eugenia de Saga y Sant Esteve de Prullans.
Una de las iglesias más grandes, con tres naves, es la de Santa Maria de All, mandada construir por el conde Guillermo Ramón (1068-1095), según consta en un documento del año 1265.
Las ventanas Las ventanas se abren en las paredes más soleadas, son pequeñas y escasas. Realizadas con arco, las que pertenecen al ábside aún suelen ser más pequeñas y normalmente hay una en el centro. Casi siempre son del tipo de aspillera alta y estrecha, de doce centímetros de anchura por 60/95 de altura. Uno de los motivos principales de estas medidas era la falta de vidrio para cerrarlas y así no dejar pasar a nadie a través de ellas.
Las dovelas del arco en las primeras iglesias son toscas y ligeramente retocadas para darles forma. A medida que pasa el tiempo se fue perfeccionando la técnica y fueron mejor pulidas y mejor trabajadas, adquiriendo la forma de falca. En la iglesia de Sant Julià de Tartera hay ventanas con arco monolítico hecho en una piedra rectangular. En el se alargan, son más numerosas y se decoran como las portaladas con diversos temas de bolas, cabezas y otros. También se enmarcan con arquivoltas como en Sant Julià d'Estavar y Sant Esteve de Guils.
El ábside miniatura|Ábside con un friso de arcuaciones ciegas de la iglesia de Santa María de Talló. Situado en la cabecera del edificio y normalmente por donde se empieza su construcción, el ábside es punto principal de las celebraciones litúrgicas dentro del templo. De planta semicircular con bóveda de cuarto de esfera y siempre en las iglesias de la Baja Cerdaña con una ventana en el centro para recoger las primeras luces del día. En iglesias de comunidades más grandes se acostumbraba pintar su interior al fresco, representando el pantocrátor en el centro y en el resto del tambor, personajes bíblicos o escenas evangélicas. Se han conservado alguna parte de estos murales en Sant Andreu de Baltarga, Sant Julià d'Estavar y Santa María de Mosoll.
En el exterior, aunque hay lisos, es normal que tengan alguna decoración, en el la característica es del románico lombardo, que consiste en un friso de arcos ciegos que puede estar agrupado en series de dos o más arcos separados por una franja vertical llamada lesena. Desde el el friso se encuentra sobre ménsulas como en las de Santa Eugènia de Saga o Sant Pere d'Olopte. El ábside de Sant Esteve de Guils está decorado con un friso de dientes de sierra, pilastras y medias columnas adosadas con capiteles y ménsulas esculpidas.
La estructura del ábside es más estable que la de la nave, la prueba se tiene en que muchos templos conservan el ábside original y en cambio la nave ha debido ser reconstruida total o parcialmente, como en las iglesias de Estavar o Músser.
La puerta miniatura|Esquema de un arco de medio punto. miniatura|Herraje típico de puerta románica ceretana. miniatura|Torre campanario de la iglesia de Santa Eugenia de Nerellá. La situación de la puerta se hacía normalmente orientándola al mediodía, por ser la orientación más cálida. En estas tierras de la Baja Cerdaña también era corriente hacer un porche o pórtico, que servía para proteger la entrada de las inclemencias del tiempo. Normalmente era una construcción ligera de madera y se descubre por las marcas donde se engargolaban las vigas o en muchas iglesias también por las ménsulas de soporte de la viga del tejado. Los porches más modernos de las iglesias de Santa María de Talló y de Sant Pere d'Olopte dan una idea de cómo debían ser los anteriores. A pesar de esto, algunas veces se encuentra la puerta en la fachada de poniente, como en Sant Martí de Víllec o Sant Genís de Montellà, pero se trata de construcciones del . En Sant Julià de Tartera la puerta está situada en el norte, pero no se sabe con certeza si éste era su lugar original.