240px|miniaturadeimagen|derecha|Antiguo alto horno de Sestao, en el País Vasco, conservado como monumento. Perteneció a Altos Hornos de Vizcaya, una de las principales empresas siderúrgicas españolas del siglo XX.
La reestructuración industrial es el proceso de reestructuración de sectores industriales que han perdido competitividad, presentan un exceso de capacidad productiva o deben adaptarse a cambios tecnológicos, económicos o en la demanda. Puede comprender el cierre o reducción de instalaciones, fusiones y reorganizaciones empresariales, disminuciones de plantilla, saneamiento financiero, modernización tecnológica y reorientación hacia nuevas actividades.
Las políticas de reconversión adquirieron especial importancia en numerosos países industrializados desde la década de 1970, como consecuencia de las crisis del petróleo, la transformación del comercio internacional, el cambio tecnológico y la aparición de nuevos competidores industriales. Sectores como la siderurgia, la construcción naval, la minería, el textil y otras industrias maduras experimentaron importantes procesos de ajuste.
La reconversión suele ir acompañada de políticas de reindustrialización destinadas a fomentar nuevas inversiones, modernizar las actividades que permanecen y diversificar la economía de las regiones afectadas. Desde la década de 1980, las políticas aplicadas por los países de la OCDE tendieron a combinar ayudas a la inversión, infraestructuras y medidas específicas de renovación y diversificación del tejido productivo regional.
Causas y características
La necesidad de reconversión puede aparecer cuando existe un desequilibrio prolongado entre la capacidad productiva de un sector y la demanda de sus productos. También puede deberse a cambios tecnológicos, a la aparición de productores con menores costes, a transformaciones de los patrones de consumo o a modificaciones de las condiciones del comercio internacional.
Durante las décadas de 1970 y 1980, una parte importante de estas transformaciones afectó a las denominadas industrias maduras, caracterizadas por grandes instalaciones, un elevado número de trabajadores y fuertes concentraciones geográficas de la producción. La siderurgia y la construcción naval fueron dos de los ejemplos más significativos.
Las medidas de reconversión pueden incluir:
reducción de la capacidad productiva y cierre de instalaciones; fusiones, concentraciones y reorganizaciones empresariales; saneamiento financiero de empresas; reducciones de plantilla, jubilaciones anticipadas y programas de recolocación; modernización de maquinaria y procesos; incorporación de nuevas tecnologías; especialización en productos de mayor valor añadido; formación y recualificación de trabajadores; ayudas a nuevas inversiones en las zonas afectadas.
Estas políticas pueden entrañar elevados costes sociales y territoriales cuando una actividad en declive concentra una parte importante del empleo de una ciudad o región. Los cierres industriales pueden generar desempleo, pérdida de población y deterioro urbano, lo que ha favorecido la utilización de políticas de desarrollo regional y diversificación económica junto con las medidas dirigidas directamente a las empresas.
Reconversión y reindustrialización
Aunque están estrechamente relacionadas, reconversión y reindustrialización designan procesos diferentes.
La reconversión actúa principalmente sobre actividades industriales existentes para ajustar su dimensión, organización y tecnología a las nuevas condiciones económicas. La reindustrialización pretende favorecer la aparición o expansión de actividades productivas que sustituyan o complementen a las industrias en declive.
En la práctica, ambas políticas se han aplicado frecuentemente de manera conjunta. Durante los años ochenta, numerosos gobiernos de la OCDE desplazaron progresivamente sus políticas desde las ayudas generales hacia medidas más selectivas destinadas a renovar y diversificar el tejido industrial de regiones especialmente afectadas por la pérdida de empleo.
La reindustrialización puede orientarse tanto hacia la modernización de los sectores tradicionales que continúan siendo viables como hacia nuevas ramas industriales y de servicios avanzados. La eficacia de estos procesos ha variado considerablemente según los sectores y territorios.
Reconversión industrial desde la década de 1970
La crisis del petróleo de 1973 coincidió con transformaciones profundas de la economía industrial internacional. La ralentización del crecimiento, el encarecimiento de la energía, la caída de la demanda de determinados productos y la creciente competencia internacional pusieron de manifiesto importantes excesos de capacidad en varias industrias.
La respuesta no fue idéntica en todos los países. Algunos gobiernos subvencionaron inicialmente la continuidad de empresas y plantas consideradas estratégicas o socialmente importantes; posteriormente se extendieron políticas de reducción de capacidad, reorganización empresarial, modernización y asistencia a trabajadores y regiones afectadas.
Siderurgia
La industria siderúrgica experimentó una profunda transformación en los países industrializados. Entre 1980 y 1995 se redujo significativamente la capacidad de producción tradicional y se realizaron grandes inversiones en tecnologías como la colada continua y los hornos eléctricos.
Según la OCDE, el empleo siderúrgico del conjunto de sus países miembros disminuyó cerca de un 40 % desde 1980 hasta mediados de la década de 1990, a pesar de que la producción de acero acabado aumentó. La evolución estuvo vinculada tanto al cierre de plantas como al fuerte aumento de la productividad derivado de las nuevas tecnologías.
En Europa occidental, la reestructuración siderúrgica se desarrolló paralelamente a políticas comunitarias destinadas a reducir el exceso de capacidad y las ayudas estatales. Francia, Alemania, Reino Unido, Bélgica, España y otros productores realizaron importantes reorganizaciones de sus empresas siderúrgicas durante este período.
Construcción naval
La construcción naval europea sufrió una fuerte contracción tras el colapso de la demanda mundial de grandes buques a mediados de la década de 1970. Europa, que había dominado durante décadas la construcción naval internacional, perdió progresivamente cuota de mercado frente a los astilleros de Asia oriental.
Los países europeos aplicaron estrategias diferentes. En Suecia, gran parte de la construcción naval comercial desapareció y las empresas se diversificaron hacia otras actividades; en Francia se produjeron fusiones y concentraciones de astilleros; Alemania impulsó la modernización tecnológica, mientras que otros países buscaron especializarse en determinados segmentos del mercado.
Japón, que había alcanzado aproximadamente la mitad del mercado mundial durante la década de 1970, afrontó asimismo dos grandes procesos de ajuste derivados de la caída de la demanda naval. Las autoridades y empresas japonesas aplicaron programas coordinados de reducción del exceso de capacidad. Por países
Reino Unido
El Reino Unido experimentó desde la década de 1970 una intensa transformación de su estructura industrial. Sectores históricamente importantes, entre ellos la minería del carbón, la siderurgia, la construcción naval, el textil y determinadas ramas manufactureras, redujeron notablemente su empleo y capacidad productiva. El proceso afectó especialmente al norte de Inglaterra, Yorkshire, las Midlands, Gales y diversas áreas industriales de Escocia.
La pérdida de empleo industrial se aceleró durante las décadas de 1970 y 1980. El Gobierno británico ha caracterizado posteriormente este proceso como una desindustrialización particularmente rápida y extensa en comparación con otros países desarrollados, con efectos territoriales duraderos en las antiguas regiones industriales.
La siderurgia fue uno de los sectores sometidos a una profunda reorganización. La empresa estatal British Steel Corporation redujo instalaciones y empleo y concentró la producción en un número menor de plantas, al tiempo que realizó inversiones para modernizar el proceso productivo. La construcción naval experimentó asimismo cierres, fusiones y una fuerte reducción de su participación en el mercado mundial.
La transformación se produjo paralelamente al retroceso de la minería del carbón. Durante la década de 1980, el cierre de explotaciones y los planes de reducción de plantilla generaron una importante conflictividad laboral, cuyo episodio más conocido fue la huelga de los mineros británicos de 1984-1985.
Las políticas posteriores incluyeron programas de regeneración urbana, recuperación de suelos industriales y diversificación económica. Antiguos espacios industriales de ciudades como Manchester, Liverpool, Sheffield, Newcastle o Glasgow fueron progresivamente destinados a nuevas actividades productivas, comerciales, culturales o residenciales.
La experiencia británica ha quedado estrechamente vinculada al debate sobre la desindustrialización. Ambos conceptos están relacionados, aunque no son equivalentes: la desindustrialización describe la pérdida de peso o actividad industrial, mientras que la reestructuración comprende también la reorganización y modernización de las actividades que permanecen.
Francia
En Francia, la reestructuración industrial afectó particularmente a la siderurgia, la minería del carbón, la construcción naval y otras industrias tradicionales. El proceso adquirió especial intensidad desde mediados de la década de 1970 y tuvo importantes consecuencias en regiones fuertemente especializadas en la industria pesada.
Uno de los casos más significativos fue la siderurgia de Lorena. En esta región, cuya economía se había desarrollado alrededor de la extracción de mineral de hierro y la producción de acero, sucesivos planes de reestructuración redujeron de manera drástica el empleo y la capacidad productiva. Un informe oficial francés señalaba que el número de trabajadores siderúrgicos en las cuencas industriales de Lorena había pasado de unos 88 000 en 1962 a menos de 8000 cuatro décadas después.
En marzo de 1984, el Gobierno francés aprobó un nuevo plan acier destinado a reorganizar la siderurgia. Las medidas incluyeron reducción de capacidad, modernización de instalaciones y concentración empresarial, además de políticas específicas para las zonas más afectadas.
El proceso desencadenó importantes movilizaciones sindicales. En abril de 1984, trabajadores siderúrgicos de Lorena se manifestaron en París contra los planes gubernamentales de reducción del sector.
El Gobierno desarrolló paralelamente los denominados pôles de conversion, destinados a diversificar la economía de territorios especialmente afectados por cierres industriales. Estas políticas incluían ayudas a la creación de empresas, formación y recolocación de trabajadores, prejubilaciones, mejoras de infraestructuras y apoyo a nuevas actividades productivas.
La construcción naval también sufrió una fuerte reducción. Las políticas públicas combinaron ayudas sociales a los trabajadores, reorganización de los astilleros y medidas destinadas a favorecer la industrialización y diversificación de las regiones afectadas.
Alemania
En Alemania Occidental, la transformación industrial tuvo uno de sus principales focos en la cuenca del Ruhr, históricamente especializada en la minería del carbón y la siderurgia.
La crisis de la minería comenzó ya a finales de la década de 1950, cuando el petróleo desplazó progresivamente al carbón como principal fuente de energía. En 1969 las principales empresas mineras fueron agrupadas en Ruhrkohle AG, acompañándose el proceso de cierre gradual de minas de políticas públicas, subvenciones y medidas de protección laboral.