José María Torres Caicedo (Bogotá, 30 de marzo de 1830-París, 27 de septiembre de 1889) fue un escritor, diplomático e intelectual colombiano que residió en Europa y al que se atribuye la primera utilización de la expresión «América Latina». Desempeñó una amplia labor diplomática en Europa trabajando para la Nueva Granada (posteriormente, Colombia), Venezuela, y El Salvador.García Ortiz, L. (1946) «Las viejas librerías de Bogotá». En: Discursos académicos. (2). Bogotá, Colombia: Presidencia de la República. pp. 21-39. Igualmente, dentro de sus publicaciones, tanto en periódico como en sus obras personales, se encargaría de dar visibilidad a la literatura latinoamericana en Europa.

Primeros años José María de los Dolores Torres Caicedo nació en Bogotá el 30 de marzo de 1830. Era descendiente de una familia tradicionalista y realista que lo perdió todo después de que sus propiedades fueran expropiadas durante las guerras de independencia. Siendo niño, José María Torres Caicedo pierde a sus padres, Julián Torres y Peña y Tadea Caicedo Villegas, quedando bajo la protección de monseñor Manuel José Mosquera, quien le enseñaría habilidades que posteriormente le serían útiles en su trabajo como diplomático. Este arzobispo formaba parte de una de las familias neogranadinas más poderosas de la época, ya que era hermano de Joaquín Mosquera y de Tomás Cipriano de Mosquera. Además, entre sus tíos podemos encontrar a Santiago Torres, el último inquisidor de Santafé, y a José Antonio Torres, un afamado clérigo y poeta realista.

Torres Caicedo cursó estudios literarios en la Universidad del Primer Distrito y obtuvo el título de abogado del Colegio San Bartolomé. Durante esta época ya escribía en los periódicos iniciaría a tener publicaciones periódicas.

Labor en publicaciones periódicas neogranadinas En el año 1846 Torres Caicedo inició a trabajar en la redacción, edición y publicación de los periódicos El Día y La Civilización. Se sabe que uno de los dirigentes de El Día fue José Eusebio Caro y de La Civilización se sabe que era de Caro y Mariano Ospina Rodríguez. Desde el año 1849, Torres Caicedo pasa a ser uno de los dirigentes de El Día. También se le atribuye a la dirigencia de la publicación de El Progreso. Después del 7 de marzo de 1849, con la llegada al poder del Partido Liberal, Torres Caicedo se convertiría en «el mayor panfletario y oposicionista del gobierno», papel que le generaría varios problemas al corto plazo.

Una de las tantas dificultades a las que Torres Caicedo se enfrentó en territorio americano fue cuando él y José Eusebio Caro fueron víctimas en 1850 de la destrucción de sus respectivos periódicos, El Día y La Civilización, cuando un grupo de hombres armados irrumpieron en las oficinas de los periódicos mencionados y destruyeron diferentes piezas del inmobiliario, incluyendo las prensas.

El duelo con «los Alacranes» Otro de los problemas a los que Torres Caicedo se enfrentó fue a una disputa con los dirigentes del periódico satírico liberal El Alacrán. Se dice que la disputa inició por un escrito que apareció en El Día, y de supuesta autoría de Torres Caicedo, sobre Germán Gutiérrez de Piñeres, uno de los dirigentes de El Alacrán, en el que lo acusaba de haber robado la tienda de Vicente Azcuénaga. Gutiérrez de Piñeres, ofendido por la acusación, desafió a Torres Caicedo a un duelo, a lo que Torres se negó por considerarlo indigno. Sin embargo, Gutiérrez de Piñeres y su socio, también dirigente de El Alacrán, Joaquín Pablo Posada, idearon un plan para que el duelo se llevase a cabo. El plan era hacer que Posada retara a Torres Caicedo a un duelo y que, justo antes de iniciarse este, Posada dijera que no iba a combatir por miedo. Después de que Posada dijera esto, sería Gutiérrez de Piñeres quien volviera a retar a Torres Caicedo. El plan resultó como se había proyectado.

El duelo se concertó para el 8 de enero de 1850 a las afueras del barrio Las Cruces. Gutiérrez de Piñeres y Posada acudieron juntos, y Torres Caicedo fue con su padrino Valentín Ferro. Cuando el duelo acordado entre Torres Caicedo y Posada iba a iniciar, Posada, como había planeado, se rehusó a luchar porque dijo que tenía miedo. Es entonces cuando Gutiérrez de Piñeres le dice a Torres Caicedo que ambos se tendrían que batirse a duelo viendo las circunstancias. Después de que Torres Caicedo se negara una vez más al desafío, se formó una disputa en la que los cuatro sujetos presentes se amenazaron los unos a los otros, lo que obligaría a Torres Caicedo a aceptar el duelo finalmente. Torres Caicedo recibió un tiro en el omóplato y quedó gravemente herido. Él insinuaría posteriormente en un artículo para La Civilización unas posibles trampas llevadas a cabo por los dirigentes de El Alacrán, como medir el terreno para hacerlo favorable a Gutiérrez de Piñeres e, incluso, haber recibido una pistola descargada. Posada dijo que las pistolas fueron escogidas por Torres Caicedo.

La noticia del duelo se difundió rápidamente entre los amigos de los implicados. José Rodríguez Borda, amigo de Torres Caicedo, al enterarse del duelo, fue apresuradamente al lugar de los acontecimientos para impedir que el duelo se llevase a cabo, sin embargo, cuando llegó se encontró a Torres malherido. Es aquí cuando, supuestamente, Rodríguez Borda lleva a Torres Caicedo a su casa en Las Cruces. Sin embargo, en la versión de Torres Caicedo se relata que Posada lo depositó en la hierba de un terreno llano. Posteriormente sería Ferro quien lo llevaría a la casa de Rodríguez Borda donde sería atendido por los doctores Andrés Pardo, Jorge Vargas y Librado Rivas. Cordovez relata que el 9 de enero de 1850 el arzobispo de Bogotá, monseñor Manuel José Mosquera salió de la catedral cargando los Santos Viáticos para darle la comunión a Torres Caicedo. Al arzobispo lo acompañaba una procesión en reproche a quien había herido a «Torrecitos» (como era conocido Torres Caicedo por su pequeño cuerpo). La justicia quiso levantar un sumario contra Gutiérrez ya que no consideraban el acto como un duelo sino como una ‘legítima defensa’. Sumado a esto, la sociedad capitalina de la época «se conmovió ante tales hechos» que mostraban «la descomposición de la moral de la época».

Es a causa de este duelo que Torres Caicedo decide ir al exterior, con la ayuda económica de varios de sus amigos. Esto con el fin de que le extrajeran la bala alojada en su cuerpo después del duelo, ya que en Bogotá «no había cirujanos, ni instrumentos que pudieran garantizar el éxito de tan delicada operación». Sin embargo, también hay que decir que a esta decisión también pudo haber contribuido el resto de problemas de carácter político que tuvo en el territorio neogranadino, problemas que generaban gran incertidumbre en alguien que trabajaba en publicaciones opositoras al gobierno de turno. Por ejemplo, cronistas de la época relatan que Marina Bermúdez, por entonces amante de Manuel Murillo, atacó a Torres Caicedo con un zurriago hasta cansarse en el atrio de la catedral debido a un suelto aparecido en El Día donde se le atacaba. Es por todo esto que el día martes 29 de octubre de 1850 la nota editorial de El Día se tituló «Despedida», siendo Torres Caicedo el que anunciaba su marcha. Mientras esto pasaba, José Eusebio Caro, en medio de su fuga emprendida para evadir un juicio de imprenta iniciado en su contra se puso en contacto con Torres Caicedo. Finalmente, el 12 de diciembre de 1850, Torres Caicedo y Caro partieron juntos, desde Cartagena a Nueva York, a bordo del barco a vapor inglés ‘El Jay’; Torres nunca volvería a América del Sur. Este barco iba con destino a Londres, entonces Torres Caicedo y Caro hicieron transbordo en San Tomás a otro barco que sí se dirigía a Nueva York.

El barco llega a puerto el 3 de enero de 1851, luego de un tortuoso viaje para «Torrecitos». Caro cuenta que Torres «se mareó como de costumbre, es decir, horriblemente y durante toda la navegación». Poco después, Torres Caicedo se embarca a París, donde avisó que el 15 de marzo de ese año el doctor Velpeau le operaría al día siguiente. En 1852, vuelve a Nueva York, participando en la redacción de periódicos en español. En la ciudad norteamericana dejaría una gran parte de su biblioteca y papeles de importancia para volver a embarcarse a París. Sería en esta ciudad donde Torres Caicedo se establecería finalmente.

A los diecisiete años, comienza a escribir poesía y a publicar artículos en periódicos de Bogotá. Opositor al gobierno, es elegido diputado en el congreso colombiano; posteriormente es nombrado representante de Venezuela, Colombia y El Salvador en París y Londres, así como miembro correspondiente de la Real Academia Española y de la de Ciencias Morales y Políticas del Instituto de Francia.

A partir de 1864, instalado en París, se dedica exclusivamente a su labor de escritor. Se encarga de la parte política de El Correo de Ultramar (periódico en español publicado en París entre 1842 y 1886 por Xavier de Lasalle), en el que aparecen sus artículos políticos, económicos, filosóficos y literarios.

Entre 1875 preside en Nancy (Francia) el Primer Congreso Internacional de Americanistas (del 18 al 22 de julio) y en Viena (actual Austria) el Congreso de Propiedad Literaria (del 23 al 27 de julio).

Vida en París La ascensión de Napoleón III al poder en Francia buscaría configurar al país, y en específico París, como una capital que guiara los avances tecnológicos, literarios y artísticos de todo el mundo. Esto la llevaría a competir con otras capitales, como Londres, que pujaban por lo mismo. Por lo anterior, la producción literaria de Torres Caicedo contaría con una cobertura mayor y con un grado de validación dentro de lo círculos intelectuales americanos.

Torres Caicedo comienza su producción literaria allí, lo que lo llevaría a ser el director de la sección Revista Américana en El Correo de Ultramar, una revista distribuida en Francia, España y América. Así mismo, en esta ciudad, imprime, escribe y publica distintas obras en las que divulgaba sobre la producción intelectual de distintos autores americanos. Este trabajo volvió a Torres Caicedo una figura importante de los americanos en París, pues sus críticas y análisis de poesía y literatura latinoamericana adquirieron popularidad e hicieron que la producción intelectual latinoamericana fuera difundida en Europa y América.

De esta forma, algunos de los escritos más populares de Torres Caicedo, como el poema de «Las dos Américas», Ensayos y Críticas y Unión latino-americana, serían impresos y publicados en París en imprentas como Imprenta nueva (Asociación obrera) y librerías como la Librería Rosa y Bouret, y de ahí serían distribuidos a España y a América.

Fundación y primeros años de la Asociación Literaria y Artística Internacional (ALAI) thumb|right|600px|Vista panorámica del sitio de la Exposición: a la izquierda, se encuentra el palacio del Trocadéro, que fue diseñado específicamente para la ocasión por los arquitectos Davioud y Bourdais. El edificio tenía tres partes: la monumental rotonda central servía como sala de recepción y sala de conciertos que podía alojar alrededor de 5000 personas. Dos galerías en cada lado salían desde la rotonda hacia el exterior del edificio, y se inspiraban en la Piazza de San Pedro en Roma. El Palacio fue dañado por un incendio en 1935, y ya no existe. En la otra orilla del Sena se encuentra el «Palais du Champ-de-Mars», que también fue construido para la ocasión, pero que sería destruido poco después de la Exposición. En 1889, la Torre Eiffel se construiría en ese sitio.